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sábado, 1 de noviembre de 2025

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis (VII de VII)

 Creo que el mejor resumen de la vida y gesta de Josué como imagen de Cristo está descrita en el libro del Eclesiástico, donde pasa revista a los principales personajes del Antiguo Testamento.

De Josué dice lo siguiente: 

Eccli. XLVI, 1-8: “Esforzado en la guerra fue Jesús, hijo de Nave, sucesor de Moisés en el don de la profecía; el cual fue grande, como lo denota su nombre, grandísimo en salvar a los escogidos de Dios, en sojuzgar a los enemigos que se levantaban contra él, y en conseguir para Israel la herencia. ¡Cuánta gloria alcanzó, teniendo levantado su brazo, y vibrando la espada contra las ciudades! ¿Quién antes de él combatió así? Porque el mismo Señor le puso en sus manos los enemigos. ¿No se detuvo al ardor de su celo el sol, por lo que un día llegó a ser como dos? Invocó al Altísimo Todopoderoso cuando batía por todos los lados a los enemigos, y el grande, el santo Dios, oyendo su oración, envió piedras de granizo muy duras y pesadas. Se arrojó impetuosamente sobre las huestes enemigas, y en la bajada arrolló a los contrarios, para que conociesen las naciones su poder, porque no es fácil pelear contra Dios. Fue siempre en pos del Omnipotente”.

 Josué es sucesor de Moisés en cuanto profeta y, además, fue grande por su nombre, porque llevaba en sí el nombre del Salvador.

Pero las 3 grandes características de Josué como imagen de Jesús creo que están claramente marcadas cuando dice:

 a) Salvar a los escogidos de Dios, lo cual nos hace pensar en el Discurso Parusíaco: 

Mt. XXIV, 22-24.30-31: “Y si no hubiesen sido acortados los días aquellos, no sería salva toda carne; más a causa de los elegidos serán acortados los días aquellos. "Entonces si alguien os dice: "Ved, aquí (está) el Cristo” o “aquí”, no creáis. Se levantarán, en efecto, falsos cristos y falsos profetas, y darán señales grandes y prodigios, hasta el punto de engañar, si fuera posible, aún a los elegidos” (…) Y entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo, y entonces harán luto todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con virtud y gloria mucha. Y enviará sus ángeles con trompeta grande y congregarán a sus elegidos de los cuatro vientos, de extremos del cielo a extremos de ellos”. 

Y el Apocalipsis, al hablar de la batalla del Harmagedón dice que Cristo viene junto con los escogidos (XVII, 14).

 b) Sojuzgar a los enemigos que se levantaban contra él: como vimos que hizo Josué y que hará Jesús cuando, por medio de diversos juicios, vaya destruyendo a sus enemigos: Babilonia, el falso Profeta y el Anticristo, las Naciones y, por último, Satanás (Apoc. XVII-XX), es decir, el demonio y el mundo, 2 de los 3 enemigos del alma.

 c) Conseguir para Israel la herencia: como vimos en Josué y veremos en Jesús cuando divida la tierra Santa según la profecía de Ezequiel.

 Imposible no recordar las palabras de San Justino: 

domingo, 26 de octubre de 2025

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis (VI de VII)

 c) Distribución de la tierra conquistada: XIII a XXIV

 Después de las guerras, la tierra descansa y es dividida, lo cual nos lleva directamente a los últimos 9 capítulos de Ezequiel donde describe minuciosamente el nuevo Templo de Jerusalén durante el Milenio, como así también el reparto de la tierra, todo lo cual vemos claramente aquí en figura.

Toda esta sección reúne los datos y nombres de las ciudades que le cupo a cada una de las tribus en suerte, y la verdad que no hay mucho más para notar.

 a) Lo que sí es importante, en lo que hace a la cronología de todos estos acontecimientos, es reparar en lo que dice Caleb a Josué cuando le pide la ciudad de Hebrón:

 

Jos. XIV, 7-12: “Tenía yo cuarenta años cuando Moisés, siervo de Jehová, me envió desde Cadesbarnea a explorar el país, y yo le referí lo que tenía en mi corazón. Mis hermanos que conmigo habían subido desanimaron al pueblo, pero yo seguí fielmente a Jehová, mi Dios. En aquel día juró Moisés, diciendo: «La tierra que tu pie ha pisado será porción tuya y de tus hijos para siempre; por cuanto has seguido fielmente a Jehová, mi Dios». Y ahora, he aquí que Jehová me ha conservado la vida, como lo prometió, durante los cuarenta y cinco años, desde que Jehová dijo esta palabra a Moisés cuando Israel andaba por el desierto. Mira, tengo actualmente ochenta y cinco años, y todavía hoy estoy tan robusto como estaba en aquel tiempo en que Moisés me envió. La fuerza que tenía entonces la tengo todavía hoy, para luchar, para salir y para entrar. Ahora bien, dame esta montaña de la cual habló Jehová aquel día”.

 

Y acá uno podría preguntarse: ¿y a mí de qué me sirve saber esto?

Bueno, vamos a hacer ahora un poco de matemática:

martes, 21 de octubre de 2025

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis (V de VII)

 Capítulos IX-X

 Pacto con los gabaonitas y

batalla con coalición de reyes

 

Llegamos a los capítulos 9-10, tal vez de los más interesantes, sobre todo el último.

En el cap. 9 sucede algo muy curioso: uno de los pueblos que habitaba la tierra Santa se dijo a sí mismo: “si no hacemos nada, vamos a ser masacrados por los hebreos”, y así, idearon una pequeña estrategia.

Se pusieron ropa vieja y sucia, dejaron crecer sus barbas y cabellos, cargaron pan duro y fueron hasta donde estaba el campamento de Josué en Gálgala. Y al llegar dijeron que eran un pueblo lejano y que hicieran alianza con ellos, que no los mataran, que serían sus esclavos. Josué hizo pacto con ellos sin consultar a Dios, pero luego Dios les dijo quiénes eran y que había sido engañado, pero que debía mantener el juramento que había hecho.

Este pueblo fue agregado al de Israel y se ocupó de los trabajos más humildes: llevar leña y transportar el agua para el Templo.

Hay en este capítulo una frase que por demás interesante. En IX, 8, Josué les pregunta:

 

“¿Quiénes sois y de dónde venís?”.

 

Esta misma frase, si no me equivoco, aparece en un solo lugar en toda la Biblia… cuando San Juan tiene la visión en el cielo de los Mártires del Anticristo entrando en procesión al cielo, el ángel le preguntó a san Juan para probarlo:

 

“¿Quiénes son y de dónde han venido?”.

jueves, 16 de octubre de 2025

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis (IV de VII)

 Capítulos VII-VIII

Toma de Hai

 

Bueno, en los capítulos 7-8 vemos el segundo ataque que lanza Israel contra sus enemigos: en este caso, contra el pueblo de Hai. Pero acá ocurre algo único en todo el libro y es que Israel es derrotado en una primera batalla.

Josué lo que hizo fue enviar unos exploradores a Hai y éstos vinieron y le dijeron que era fácil de conquistar, que no era preciso enviar todo el ejército. Cuando atacaron, murieron 36 judíos y el resto del ejército se tuvo que retirar.

Entonces Josué se postró ante Dios y le pidió que, por amor a su nombre y a su palabra, no permitiera que Israel fuera destruido por sus enemigos y entonces Dios le reveló por qué habían perdido la batalla.

Le dijo que uno de los soldados había robado para sí en Jericó algo de lo que debía ser consagrado a Dios y que no iba a triunfar en ninguna batalla hasta tanto no eliminaran de entre el pueblo a esta persona.

La razón por la cual los soldados no podían quedarse con nada en la primera batalla, sino que todo debía ser de Dios, es porque Jericó, al ser la primera ciudad tomada, era como las primicias. Y las primicias pertenecen a Dios. Dios se reservó para Sí todos los despojos, a diferencia de lo que pasó después.

Después de tirar suertes, Acán salió designado como el ladrón y fue lapidado él y toda su familia y luego prendidos fuego. Recién después pudo Israel volver a las batallas.

La estrategia de Josué para tomar Hai fue muy simple. Una parte del ejército fue al otro lado de la ciudad y se escondió, mientras que la otra parte del ejército atacó por el frente como la otra vez, y cuando los habitantes de Hai salieron a hacerles frente, entonces el ejército de Israel huyó y sus enemigos creyeron que iba a pasar lo mismo que la otra vez, por eso salieron todos confiados tras los judíos y dejaron las puertas de la ciudad abiertas, tras lo cual la otra parte del ejército que estaba escondida, entró a la ciudad y la prendió fuego, y cuando vieron los habitantes de Hai el incendio se dieron cuenta lo que habían pasado y que estaban rodeados, y así fueron todos aniquilados.

En estos dos capítulos veo como tipología bíblica dos hechos muy interesantes.

 a) En primer lugar, llama mucho la atención lo que roba Acán… Acán se roba un manto de… Babilonia.

 

Jos. VII, 20-21: “Acán respondió a Josué, diciendo: “Es verdad que he pecado contra Jehová, el Dios de Israel. He aquí lo que he hecho: Vi entre los despojos un hermoso manto de Babilonia, doscientos siclos de plata y una barra de oro de cincuenta siclos de peso; y llevado de codicia lo tomé, y he aquí que está escondido en la tierra en medio de mi tienda, y el dinero está debajo (del manto).”

 

Y la pregunta es: ¿qué hace Babilonia nombrada expresamente en este versículo? Otra vez, ¿justo tenía que ser de Babilonia?

lunes, 6 de octubre de 2025

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis (III de VII)

 b) Batallas: VI-XII

 

Capitulo VI

Toma de Jericó

 

Llegamos por fin al capítulo VI, donde se narra la toma de Jericó, que tiene un montón de cosas raras: la forma en que es conquistado Jericó es totalmente bizarra. Cuando en la Biblia hay algo raro, casi seguro que es señal de que hay “algo más”.

 La historia es la siguiente:

Dios le pidió a Josué que durante seis días diera una vuelta a la ciudad de Jericó junto con todos los soldados y los sacerdotes, los cuales tenían que ir tocando las trompetas delante del arca. Y al séptimo día, tenían que hacer lo mismo, pero siete veces y cuando terminaran, entonces todo el pueblo tenía que gritar.

Los judíos hicieron exactamente eso, y entonces las murallas de Jericó cayeron, los soldados entraron y mataron a todo ser vivo que había ahí, excepto Rahab y los que estaban con ella en su casa.

Luego, todo el oro y las cosas de valor quedó para Dios, o sea para el culto, y a todo lo demás se le prendió fuego.

 

***

 1) Empecemos por Rahab, a quien habíamos dejado más arriba y veamos su aplicación a los últimos tiempos.

sábado, 27 de septiembre de 2025

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis (II de VII)

 Capitulo II 

Envío de dos espías a Jericó

 

Ya con el cap. II vamos a empezar a notar cosas muy interesantes.

Josué decide enviar dos exploradores a Jericó, que era la ciudad inmediata que estaba tras el Río Jordán.

Estos exploradores se alojan en la casa de la una prostituta llamada Rahab y por ella se enteran que todos los habitantes de Jericó estaban con mucho miedo de los judíos, porque sabían todo lo que Dios había hecho por ellos en Egipto y también durante su estadía en el desierto, y Rahab hace una hermosa profesión de fe en el Dios de Israel.

Ahora bien, resulta que el Rey de Jericó envió soldados a la casa de Rahab porque se enteró de unos extranjeros que habían entrado en la ciudad, y temía que podían ser judíos. Entonces fue a lo de Rahab y le dijo que los entregara. Pero Rahab les dijo que ya se habían ido, pero no era cierto, sino que estaban escondidos en el techo.

Una vez que los soldados se fueron a buscar a los exploradores, Rahab les dijo que se fueran a la montaña, y que estuvieran ahí algunos días hasta que termine la búsqueda y recién entonces volvieran al campamento, e hicieron un pacto entre ellos. Los judíos le prometieron que Rahab y su casa no iban a ser destruidos y que, para diferenciar su casa de las demás, colgara un cordón rojo en la entrada.

 

***

 

Hay varias cosas aquí dignas de atención.

lunes, 22 de septiembre de 2025

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis (I de VII)

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis

 Nota del Blog: Presentamos, levemente modificada para su publicación, el texto de una conferencia. De ahí el tono un tanto diferente al resto de las entradas.


 ***

 El libro de Josué puede dividirse fácilmente en tres partes:

 a) Preparativos: capítulos 1 a 5.

b) Batallas: capítulos 6 a 12

c) Distribución de la tierra conquistada: capítulos 13 a 24.

  

a) Preparativos: I-V

 Capitulo I

 Josué

 

Lo primero que salta a la vista en la vida de Josué es que no se llamaba Josué, sino Oseas, hijo de Nun.

Y uno podría preguntarse ¿y qué importancia tiene que Josué se haya llamado de otra manera antes?

La importancia para este estudio es doble:

 a) Primero, el hecho de cambiarle el nombre: esto que para nosotros parece sin importancia, no lo era para los antiguos, y menos para los judíos, que veían en el nombre sea la substancia de la cosa, sea, en el caso de los seres inteligentes, alguna misión o característica muy importante.

Tenemos en la Biblia varios ej. 

Gen. XVII, 3-6: “Dios siguió diciéndole: “En cuanto a Mí, he aquí mi pacto contigo: tú serás padre de una multitud de pueblos; y no te llamarás más Abram, sino que tu nombre será Abrahán, porque te he puesto por padre de muchos pueblos. Te haré crecer sobremanera, y te haré padre de pueblos, y reyes saldrán de ti.” 

Con lo cual, tenemos:

Abram: Padre excelso

Abraham: Padre excelso de la muchedumbre.

 Y en el N.T. vemos el conocido caso de San Pedro: 

viernes, 21 de marzo de 2025

Introducción a Jesucristo, el verdadero Isaac, por el P. Louis-Hilaire Caron (III de III)

 II. Pero no basta que la figura, para ser demostrativa, tenga un indudable parecido con el objeto que representa; es necesario, además, que ese parecido sólo haya tenido a Dios como autor. Porque si fuera efecto del azar o de la impostura, es obvio que no demostraría nada.

Ahora bien, es muy fácil averiguar si el parecido entre el objeto figurativo y el objeto figurado es efecto de la casualidad u obra de la impostura.

Porque, en primer lugar, «el sentido común distingue fácilmente –dice el P. Felicité de Lamennais[1]– lo que puede ser efecto fortuito, de lo que debe atribuirse a una causa determinada, sin la cual, no pudiendo ni siquiera sospechar la existencia del orden, no tendríamos idea de él»[2].

«El azar –dice el orador romano– nunca imita perfectamente a la verdad, nunca se asemeja perfectamente a ella en todos los aspectos»[3].

«Si uno tuviera ante sus ojos –dice Fenelón–, un hermoso cuadro que representara, por ejemplo, el paso del Mar Rojo por Moisés, a cuya voz las aguas se dividieron y se levantaron como dos muros para permitir a los israelitas pasar a pie seco a través del abismo, vería, por un lado, esa innumerable multitud de personas llenas de confianza y alegría, levantando las manos al cielo, y del otro, se vería al Faraón con los egipcios, llenos de confusión y miedo al ver las olas que se reunirían para tragarlos.

»En verdad, ¿dónde estaría el hombre que se atreviera a decir que una sirvienta, chapuceando en la tela con una escoba, haría que los colores se dispusieran por sí mismos para formar ese vívido colorido, esas actitudes tan variadas, esos gestos faciales tan apasionados, ese bello orden de figuras en tan gran número sin confusión, esa disposición admirable de drapeados, esas distribuciones de luz, esas degradaciones de colores, esa perspectiva exacta, y, en fin, todo lo que el genio más sublime de un pintor puede representar?[4]».

lunes, 17 de marzo de 2025

Introducción a Jesucristo, el verdadero Isaac, por el P. Louis-Hilaire Caron (II de III)

 II. Ahora bien, puesto que el Antiguo Testamento contiene los grandes e inefables misterios del reino de Dios, ocultos bajo una prodigiosa variedad de símbolos y enigmas, ¿no sería estudiarlo como judío, y no como cristiano, no levantar el velo con el que está cubierto y contentarse con una superficie rica en verdades y preciosidades, pero que oculta, dice el sabio Rollin[1], otras riquezas de un precio infinitamente más estimable? No buscar nada más allá de la letra sería, pues, renunciar a las mayores ventajas de este libro divino; ignorar lo que es su alma, y privar a nuestra santa religión de la más bella, sensible y convincente de todas sus pruebas, las que resultan de la milagrosa analogía de los hechos contenidos en los dos Testamentos. ¿Está Nuestro Señor en todas partes en estos libros sagrados para no ser visto allí? ¿quién puede creerlo? Y si está ahí para nuestra instrucción, como no podemos dudar razonablemente, ¿no es de suma importancia tratar de descubrir las maravillas inefables que el espíritu de Dios ha ocultado bajo el velo sagrado de la letra, escudriñar esa mina fértil de tesoros celestiales, excavar esos manantiales inagotables de agua viva, que los enemigos del verdadero Isaac se esfuerzan por llenar con tierra (Gén. XXVI, 15-18), es decir, con interpretaciones carnales?

Este es el plan que nos hemos formado, y a cuya realización dedicaremos todos los momentos de ocio que las múltiples funciones del santo ministerio puedan dejarnos.

Ya en el Ensayo sobre las similitudes entre el Santo Patriarca José y Nuestro Señor Jesucristo[2], publicado en 1825, nos hemos esforzado por mostrar con qué claridad, precisión y exactitud el Hijo de Dios fue prefigurado por los más pequeños detalles de la historia del hijo de Jacob[3]. Dios se ha dignado bendecir este primer fruto de nuestros trabajos y hacerlo útil para su gloria, pues hemos tenido la satisfacción de saber, por parte del Sr. Drach, sabio rabino converso, que «este libro causa una profunda impresión en todos los israelitas que lo leen, y ha contribuido a la conversión de algunos de ellos»[4].

lunes, 3 de marzo de 2025

Introducción a Jesucristo, el verdadero Isaac, por el P. Louis-Hilaire Caron (I de III)

 Introducción a Jesucristo, el verdadero Isaac, o La divinidad del cristianismo demostrada por la historia del Santo Patriarca Isaac

Por el P. Louis-Hilaire Caron

 

Nota del Blog: Sobre el autor, ya habíamos publicado antes algunas cosas de otro de sus libros, las similitudes entre José, hijo de Jacob y Nuestro Señor. Ver ACÁ.

 

INTRODUCCIÓN

 

Siendo Nuestro Señor Jesucristo «el fin de todas las obras de Dios, dice el gran obispo de Meaux[1], todo lo que se ha hecho de extraordinario desde el principio del mundo no miraba más que a él. Todas las cosas sucedían a nuestros padres en figura (Gál. IV, 3; I Cor. X, 11), dice San Pablo. Para aclarar esta verdad[2] con la doctrina del santo Apóstol, expongamos primero este principio: todo lo que actúa por medio de la inteligencia se propone necesariamente un fin con el que relaciona sus acciones; y cuanto más perfecta es la causa, más exacta es la relación, y la razón de esto es evidente; pues si la causa es más excelente, se sigue que la operación está mejor ordenada. Ahora bien, es cierto que el orden consiste en la concordancia del fin con los medios, y de esta concordancia resulta esa rectitud que se llama orden.

»Asumida esta verdad, pasemos ahora a decir: la ley mosaica es obra de la inteligencia, y de inteligencia infinita, pues es una obra del espíritu de Dios. Por lo tanto, tiene un fin al que está destinada, y cuando conocemos este fin, no debemos dudar de que todas las partes de la ley están relacionadas con él. Ahora bien, el Apóstol Pablo nos asegura que Jesucristo es el fin de la ley (Rom. X, 4). Por esta razón los Patriarcas y Profetas suspiraban continuamente por su venida, porque Él era el fin de la ley y el tema principal de sus profecías. De esto se desprende que todas las ceremonias de la ley, todas sus solemnidades, todos sus sacrificios, se referían únicamente al Salvador, y que no hay página de las Escrituras en la que no lo veamos, si nuestros ojos están suficientemente afinados.

»Y ciertamente, puesto que a nuestro gran Dios le agradó revestirse de carne humana, era conveniente que, al igual que este misterio se había cumplido, celebráramos su grandeza con acción de gracias; así también, los que precedieron a su realización vivían en la expectativa de esa felicidad que iba a llegar a nuestra naturaleza. Es cierto que el Verbo eterno, al hacerse hombre, nació en un tiempo limitado, pues es consecuencia de la condición humana. La eternidad se combinó con el tiempo para que los que están sujetos al tiempo puedan aspirar a la eternidad. Pero, aunque la venida del Salvador fue detenida por un cierto tiempo por los designios de la divina Providencia, es necesario reconocer que el misterio del Verbo encarnado debía llenar y honrar todos los tiempos. Por eso era conveniente que, donde no estaba por la verdad de su presencia, lo estuviera, al menos de otra manera, por figuras muy excelentes. Por eso la ley de Moisés está llena de figuras maravillosas que nos representan al Salvador Jesús. Esto es lo que hizo decir a Tertuliano: ¡Qué antiguo es Jesús en la novedad de su Evangelio[3]! Lo que honramos es nuevo porque Jesucristo lo trajo a un nuevo día; lo que honramos es antiguo porque su figura se encuentra desde los primeros tiempos».

domingo, 26 de marzo de 2023

Similitudes entre el Santo Patriarca José, hijo de Jacob, y Nuestro Señor Jesucristo (Introducción) (VI de VI)

VI. Destinatarios 

Más arriba me preguntaba cómo hacer para que el hombre moderno se interese hoy en día por la Biblia, y la verdad es que creo que la mejor manera es explicarla de la misma forma que aquí presentamos al lector, pues es pedagógicamente excelente dado que no solamente sirve para explicar numerosos pasajes obscuros, sino también porque hace que toda la Biblia adquiera un nuevo sentido y la podamos leer con otros ojos.

Estoy convencido que esta clase de libros es útil tanto para el ateo y racionalista que no cree en nada, como también para los judíos y, por último y, sobre todo, para los mismos miembros de la Iglesia Católica.

En primer lugar, para el ateo y racionalista porque se vería forzado a aceptar que más de mil quinientos años antes, Moisés pudo retratar perfectamente la historia de Jesucristo al delinear la de José. Como dice el P. Caron: 

“La vida de ese ilustre Patriarca es ese cuadro milagroso donde están dibujados todos los misterios del Hijo de Dios: su misión, su nacimiento milagroso, su vida, sus trabajos, su pasión, su resurrección, su gloria, su omnipotencia, su unión con la Iglesia, la vocación de los gentiles, la reprobación de los judíos, el estado actual del pueblo deicida, su llamado claramente anunciado por San Pablo y todos los Profetas, la unión de los dos pueblos en el seno de la Iglesia católica, el reino espiritual del Salvador, el desprendimiento universal que exige a todos sus discípulos, el uso que hace de su autoridad para someter todo a su Padre, la sentencia que pronunciará en el último día sobre todos los hombres reunidos al pie de su trono, todos estos altos y sublimes misterios de nuestra fe están allí representados con características tan sorprendentes, y tan perfectamente inimitables, que es imposible que ningún espíritu recto y sincero los desprecie”. 

Y como si esto fuera poco, Dios –“¡Oh, profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de su ciencia!” (Rom. XI, 33)- hizo lo que nadie se atreve a hacer y es profetizar esa historia utilizando para ello instrumentos vivos, libres y racionales.

En la conclusión, nuestro autor rematará su argumentación con estas palabras: 

jueves, 23 de marzo de 2023

Similitudes entre el Santo Patriarca José, hijo de Jacob, y Nuestro Señor Jesucristo (Introducción) (V de VI)

 V. La historia de José 

Prácticamente no existe en el Antiguo Testamento ningún personaje más o menos importante, y lo mismo puede decirse de las ceremonias, sucesos, etc., que no prefigure algún aspecto de ese misterio de Cristo del que acabo de hablar.

Creo que un breve repaso por algunos de ellos nos podrá ser de alguna utilidad.

1) Adán es imagen de Cristo como cabeza de la humanidad. Este aspecto lo desarrolla san Pablo a los Romanos y en la I a los Corintios, y la imagen se ve en que, así como Adán era cabeza de la humanidad y por su pecado todos pecamos, de la misma manera Cristo es cabeza de la humanidad y con su muerte pagó la deuda de todos.

2) Abel es imagen de Cristo en cuanto mártir porque, así como Abel fue muerto por su hermano por envidia, Jesús fue muerto por sus hermanos los judíos, también por envidia.

Por eso Mt XXVII, 17-18, dice: 

“Estando, pues, reunido el pueblo, Pilato les dijo: “¿A cuál queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el que se dice Cristo?”, porque sabía que lo habían entregado por envidia”. 

3) Noé es imagen de Cristo en cuanto Salvador ya que salvó del Diluvio a quienes entraron al Arca, así como Cristo nos salva de la muerte eterna si entramos en su Iglesia.

4) Melquisedec es imagen de Cristo en cuanto Sacerdote, ya que ofreció un sacrificio de pan y vino[1].

5) Isaac, cargando con el leño en que iba a ser sacrificado por Abraham su padre, prefigura la pasión, muerte y resurrección de Jesús, entregado a la muerte por Dios Padre (Rom. VIII, 32, etc.).

6) Jacob también es una hermosa imagen de Nuestro Señor en cuanto al carácter solidario y vicario de la Redención ya que para recibir la bendición que le correspondía a Esaú, engañó a su padre vistiéndose como Esaú y recibió la bendición que en principio no le correspondía; exactamente lo mismo que hizo Jesús cuando, a fin de recibir la maldición que Dios había decretado contra Adán en el Paraíso, engañó a Su Padre “vistiéndose” de la naturaleza humana y recibió sobre Sí, ya no la bendición como Jacob, sino la maldición que todos nosotros merecíamos.

7) Moisés es imagen de Jesús como Legislador, pues, así como éste recibió de parte de Dios la ley en el monte Sinaí, de la misma manera Jesús promulgó su Ley Nueva en el conocido Sermón del monte.

lunes, 20 de marzo de 2023

Similitudes entre el Santo Patriarca José, hijo de Jacob, y Nuestro Señor Jesucristo (Introducción) (IV de VI)

 Llegados aquí, se impone una pregunta: ¿cómo reconocer el sentido espiritual? O dicho de otra manera ¿sobre qué puede tratar?

Para responder a esta pregunta, comenzaré por citar a León Bloy que dice en una de sus obras: 

“Dios no puede hablar sino de sí mismo”. 

O para decirlo de otra manera, el sentido espiritual va a tratar sobre el mismo Dios, y más en particular sobre la persona adorable de Jesucristo.

Pero es imprescindible tener en cuenta que el misterio de Cristo es más amplio de lo que puede parecer a primera vista, ya que puede ser considerado en un doble aspecto: 

1) Cuerpo Físico de Jesucristo: 

Y esto a su vez se subdividirá en dos, según se trate de:

1.a) La primera Venida.

1.b) La segunda Venida. 

2) Cuerpo Místico de Jesucristo, o sea, la Iglesia Católica, a la cual hay que añadir los sacramentos que están implícitos, como así también la vida de la gracia.

San Gregorio Magno resumirá admirablemente en una frase el sentido místico, afirmando que es: 

“Una acción, realmente ejecutada, significativa de otra futura”[1]. 

Teniendo en cuenta estas cosas, bueno será resumir a algunos principios generales la interpretación bíblica:

viernes, 17 de marzo de 2023

Similitudes entre el Santo Patriarca José, hijo de Jacob, y Nuestro Señor Jesucristo (Introducción) (III de VI)

 IV. Interpretación 

Lamentablemente, sobre la manera de interpretar la Biblia ha existido mucha confusión, debido más que nada a una falta de uniformidad en los términos, la cual salta rápidamente a la vista de cualquiera que decida repasar la historia de la exégesis católica desde los primeros tiempos, pero no tenemos que desesperar pues creo que mucho se ha avanzado en todo este tiempo.

Lejos de mí intentar en esta pequeña introducción un análisis acabado del tema, que por otra parte estaría más allá de mis fuerzas, pero sí pretendo al menos presentar un sistema, no propio claro está, sino basado en diversos autores, a fin de tratar de ordenar y reducir a una cierta unidad todos los datos esparcidos aquí y allí.

Enseña el P. Cornely que el sentido de las Sagradas Escrituras es “todo aquello que por la intención del Espíritu Santo significan y manifiestan sus palabras, sea inmediata, sea mediatamente”[1], lo cual nos da un doble sentido bíblico.

El primero es el llamado sentido literal que, como su nombre lo indica, es aquel que se obtiene analizando el significado de las palabras. Esta manera de expresar una verdad es común a todas las ciencias humanas y de ella hablábamos más arriba cuando nos referíamos a la condescendencia divina.

Dicho de otra manera, así como las palabras que usamos tienen un significado, Dios utiliza las palabras para comunicarse con nosotros; pero existe aquí una subdivisión pues, como explica Santo Tomás: 

“Las palabras pueden tener un significado propio y otro figurado; y así, cuando la Sagrada Escritura habla del brazo de Dios, el sentido literal no es que Dios tenga semejante miembro corpóreo, sino lo que este miembro significa, o sea, la potencia operativa”[2]. 

Este es el sentido inmediato del que habla Cornely.

martes, 14 de marzo de 2023

Similitudes entre el Santo Patriarca José, hijo de Jacob, y Nuestro Señor Jesucristo (Introducción) (II de VI)

 III. Contenido 

Pero de nada sirve al creyente tener en sus manos las Sagradas Escrituras si carece de las herramientas básicas para poder entender e interpretar este libro tan magnífico como profundo.

Antes que nada, es importante conocer a grandes rasgos cuál es el contenido de esa “carta” que Dios nos ha mandado; y, en primer lugar, no hay dudas que en los 73 libros que consta la Biblia hay muchas cosas, pero creo que todo se puede resumir a una sola:

Podríamos decir que lo que Dios nos ha revelado es, básicamente, una historia. En efecto, desde el primer versículo del Génesis, donde se narra la creación del cielo y la tierra, hasta los últimos versículos del Apocalipsis, donde se describen los cielos nuevos y tierra nueva, lo que tenemos es, en substancia, una historia.

Pero esta historia no es cualquier historia. Es, antes que nada, una historia sagrada, obviamente, como no podía ser de otra manera, pero además es, podríamos decirlo, una historia de salvación porque, como todos sabemos, Adán y Eva fueron creados de forma tal de ser capaces de conocer y amar a Dios como Él mismo se conoce y se ama; Dios quiso compartir con ellos su vida, su naturaleza, hacerlos formar parte de la familia divina. En definitiva: los creó en estado de gracia, la cual los teólogos definen, siguiendo a San Pedro, como una participación de la naturaleza divina en la criatura intelectual. Pero ese estado de amistad con Dios por el cual eran hijos adoptivos suyos, Adán y Eva lo habían recibido con la obligación de transmitirlo a sus descendientes. Era un don dado en ellos a toda la raza humana, un don que Adán había recibido como cabeza de la humanidad; pero como todos sabemos, fueron infieles a su misión, desobedecieron a Dios y pecaron. Y es por eso que somos concebidos en pecado original. Alejados de Dios. Enemigos de Dios.

Y si Dios hubiera dejado las cosas así, entonces la única historia que nos podría haber revelado hubiera sido una historia de condenación pues el hombre hubiera sido incapaz por sí mismo de pagar la deuda contraída ante Dios y de evitar el pecado, y entonces hubiera perecido eternamente en el infierno; pero en su infinita misericordia, lo que Dios hizo fue prometernos un Redentor que iba a pagar y satisfacer el pecado no sólo de ellos sino el de todos sus descendientes.

Y desde entonces lo que tenemos en la Biblia es, pues, una historia de Salvación y, por lo tanto, nada más obvio y natural que el centro de esa historia, o si me permite la expresión, el “actor principal” de esa historia, sea y no pueda ser otro más que el Salvador.

Y si el centro de esa historia es el Salvador, entonces nada más natural que Dios hable de Él a través de toda la Biblia.

 Y esta es la primera conclusión que tenemos que sacar:

Si la Biblia es una historia de salvación, entonces de una u otra manera toda la Biblia va a hablar del Salvador o estar dirigida a él.

La duda que inmediatamente viene al espíritu es de qué forma se valió Dios para hablar del Salvador a través de toda la Biblia, porque si bien está claro que el Nuevo Testamento no hace más que describir a Jesucristo y a su obra, lo cierto es que una lectura superficial del Antiguo Testamento nos puede convencer fácilmente de lo contrario.

A esta duda voy a tratar de responder a continuación al explicar lo que se ha dado en llamar los sentidos bíblicos.

sábado, 11 de marzo de 2023

Similitudes entre el Santo Patriarca José, hijo de Jacob, y Nuestro Señor Jesucristo (Introducción) (I de VI)

Introducción al libro de José del P. Caron

 

Nota del Blog: Compartimos la introducción del traductor del libro del P. Caron sobre la tipología bíblica entre Nuestro Señor Jesucristo y José, hijo de Jacob, que ya habíamos reseñado AQUÍ. 

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De la misma manera que el apetito es una de las mejores pruebas

de salud corporal, el gustar la Palabra de Dios,

que es un apetito espiritual, es también señal bastante segura

de la salud espiritual del alma

(San Francisco de Sales)


I. Necesidad de la Revelación 

Nos enseña la Iglesia que Dios, en su infinita bondad, y no contento con haber creado al hombre, decidió, por un acto libérrimo de su voluntad, elevarlo al estado sobrenatural, haciéndolo capaz, por lo tanto, de conocer y amar a Dios de la misma manera que Él se conoce y se ama, y que en eso, en definitiva, consiste nuestra felicidad, como ya lo enseñó Nuestro Señor cuando dijo: 

“Y la vida eterna es: que te conozcan a Ti, solo Dios verdadero y a Jesucristo, Enviado tuyo” (Jn. XVII, 3). 

Pero para que este don de Dios pudiera efectuarse en nosotros, fue preciso, como lo enseña el Concilio Vaticano I (Dz. 3005) que Dios se revelase al hombre, que se diera a conocer de alguna manera y por eso, en uno de sus tantos actos de condescendencia (tema tan caro a San Juan Crisóstomo), decidió revelarse a nosotros por el mismo medio que nos comunicamos entre los hombres: la palabra.

Por eso, pintorescamente nota el gran exégeta alemán, y nuestro por adopción, Mons. Straubinger[1]: 

“Dios pudo habernos hablado por medio de la pintura o de la música. Si así fuese, nuestro interés debería estar en todo lo que se refiere a esas artes y las leyes que las gobiernan, debido a que de ellas se habría valido Dios para expresar sus pensamientos. Puesto que Dios ha visto como medio apropiado las palabras, debemos interesarnos por esas palabras depositadas en la Sagrada Escritura y estudiarlas aun en sus matices para descubrir en ellas todo cuanto rinda plenamente y destaque al máximum la fuerza de cada expresión”. 

Pero, así como nos comunicamos entre nosotros por dos vías diversas, a saber, de manera escrita y de manera oral, la condescendencia de Dios bajó hasta allí y decidió revelarse al hombre exactamente de la misma forma: escrita y oral, y así nos dio su Palabra escrita y su Palabra oral o, dicho en otros términos, la Biblia y la Tradición.

Ya San Hilario notaba esta similitud[2]: 

sábado, 4 de marzo de 2023

P. Louis H. Caron, Similitudes entre el Santo Patriarca José, hijo de Jacob, y Nuestro Señor Jesucristo (Reseña)

 P. Louis H. Caron, Similitudes entre el Santo Patriarca José, hijo de Jacob, y Nuestro Señor Jesucristo. Alfa Ediciones. Villa Allende, Córdoba, Argentina, 2023. Págs. 194. 

 


 Hay libros que pueden hacer un bien inmenso pero que tienen la mala fortuna de pasar completamente desapercibidos. Los libros del P. Caron son un claro ejemplo de ello. De no haber sido por nuestro querido Drach, tal vez nunca hubiéramos conocido al Autor, pues jamás lo hemos visto citado en ninguna otra parte.

No encontramos explicación para semejante situación, pues, tal como ya lo describía el mismo Drach, es un libro que “espanta por su talento y erudición” y que tuvo la gracia inmensa de haber sido el instrumento del cual se valió Dios para convertir a algunos judíos.

Los lectores del Blog seguramente recordarán al autor, pues hemos publicados la tabla sumaria tanto de este libro como la del que le siguió: Isaac (ver AQUI). Libro que esperamos poder publicar algún día.

Esta clase de libros desarrolla en forma magistral el sentido típico de la Biblia, y nos muestra con un ejemplo más que patente, algo que solamente Dios puede hacer: utilizar instrumentos libres cuyas acciones profetizan la vida de Jesucristo.

Tal como dice el Autor en su introducción: 

“… sea cual sea bajo el aspecto literario el mérito de esta in­comparable historia, a los ojos de la fe tiene otro, ciertamente generalmente menos conocido, pero infinitamente más estimable: es el de ofrecernos un retrato acabado de Nuestro Señor Jesucristo. En efecto, todas las circuns­tancias de la vida de José están relacionadas tan perfectamente con Nuestro divino Salvador, que prácticamente basta con cambiar los nombres y poner en lugar del nombre de José, el de Jesucristo, para hacer la historia del Justo por excelencia.

Ahora bien, si un pintor hubiera representado, diecisiete siglos antes de la era cristiana, en un cuadro lleno de similitudes, toda la historia del Hijo de Dios ¿no se miraría y no se debería mirar a ese pintor como un hom­bre iluminado desde lo alto, como un verdadero profeta? ¿Hubiera podido representar con tan vivos colores y con tan asombrosos detalles tantos su­cesos extraordinarios sin haberlos visto? ¿Y hubiera podido verlos en otra parte que no sea en la luz infinita de aquel para quien todos los siglos están presentes, y que ve todo junto el pasado, el presente y el futuro? La inspi­ración de ese pintor estaría pues desde entonces invenciblemente probada, así como la divinidad del cristianismo. ¡Y bien! Ese misterioso pintor es José: la vida de ese ilustre Patriarca es ese cuadro milagroso donde están dibujados todos los misterios del Hijo de Dios… se descubre allí al poco tiempo, y por así decirlo, de un golpe de vista, el orden y todo el conjunto de los consejos de Dios, el plan y toda la economía del cristianismo, el resumen de todas las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento; en una palabra, la historia de Jesucristo completa, la historia de todos los siglos ya que, como lo observa el gran Bossuet, todo lo que ha sucedido desde el comienzo del mundo y todo lo que sucederá hasta el fin de los tiempos no mira más que a él solo.

Pero lo que lleva al colmo la admiración que inspira este misterioso cua­dro es que es vivo y animado; y que fue necesario, por lo tanto, que Dios, por un milagro de su omnipotencia, hiciera concurrir un gran número de sucesos extraordinarios y de voluntades libres para la ejecución del gran dibujo donde tenía pensado pintar la historia de Nuestro Señor Jesucristo en la de José y que, para formar esta fiel y viva imagen, no sólo la sabiduría de Dios condujo el pincel sino que su poder preparó los colores”. 

En las siguientes entradas publicaremos el prólogo del traductor.

Por ahora, el libro está solamente disponible en Amazon (ver AQUI), pero muy pronto nuestros amigos de Lectio y Alfa Ediciones nos darán la versión impresa en Argentina.

jueves, 29 de septiembre de 2022

Tabla sumaria de las relaciones entre el Santo Patriarca Isaac y Nuestro Señor Jesucristo (V de V)

 CAPÍTULO DÉCIMO NOVENO

JACOB SUPLANTA A ESAÚ 

1. Jacob, por naturaleza, no tenía ningún derecho a la bendición de Isaac.

2. Pero Dios le había dado el derecho de primogenitura.

3. El propio Esaú había renunciado libremente a ella.

4. Así, Jacob se convirtió realmente en el primogénito y heredero de Isaac.

5. Sin embargo, Isaac quería bendecir a Esaú.

6. Le da a Esaú una orden que debe cumplir, a la que va unida su bendición.

7. Esaú se esfuerza, pero en vano, por ganarse la bendición.

8. Difiere el cumplimiento de la condición requerida.

9. Mientras tanto, Rebeca llama a Jacob a la bendición.

10. Jacob duda al principio, pero, tranquilizado por Rebeca, acepta ocupar el lugar de Esaú.

11. Rebeca le enseña los medios para obtener la bendición de Isaac.

12. Rebeca reviste a Jacob con las preciosas ropas de Esaú.

13. Lo cubre con los restos de las víctimas que se sacrificaban por los pecados.

14. Pone en sus manos regalos que agradan a su esposo.

15. Jacob se presenta ante Isaac y se atribuye, con razón, el nombre y el título de su hijo mayor.

16. Ofrece sus presentes a su padre, reconociendo que los debe a la gracia de Dios.

17. Isaac recibe sus presentes favorablemente, le da el beso de la paz, lo bendice y lo establece señor de Esaú, su hermano.


EL GENTIL SUPLANTA AL JUDÍO

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Tabla sumaria de las relaciones entre el Santo Patriarca Isaac y Nuestro Señor Jesucristo (IV de V)

 

CAPÍTULO DÉCIMO SEXTO

ISAAC SE CASA CON REBECA

 1. Sin embargo, el hijo de Abraham había dejado los aposentos de su padre.

2. Había salido al campo, hacia el final del día, para entregarse por completo a los ejercicios de la religión.

3. Rebeca encontró a Isaac en el pozo del Dios vivo.

4. Fue Eliécer quien le dio a conocer a Isaac.

5. Alta idea que le da de su esposo.

6. Humildad y modestia de Rebeca al ver a Isaac.

7. Eliécer comunica a Isaac el éxito de su misión y le entrega con alegría la esposa que ha elegido para él.

8. Isaac se enamora de la belleza de Rebeca.

9. La hace ocupar en la casa de Abraham el lugar de Sara, su madre, que había muerto tres años antes.

10. Isaac la toma como esposa.

11. Su afecto por ella es tan grande que atempera el dolor que sintió por la muerte de Sara, su madre.

12. Rebeca es la única esposa de Isaac.

13. Rebeca posee y poseerá por siempre, sola y sin compartir, el corazón de su esposo.

14. Isaac nunca abandonará a Rebeca.

15. Esta santa unión será el modelo de los esposos cristianos de todos los tiempos.

 

JESUCRISTO SE CASA CON LA IGLESIA

 1. Sin embargo, el hijo de Dios había dejado los aposentos de su Padre.

2. Había venido al mundo, hacia el final de los tiempos, para entregarse por completo a los ejercicios de la religión.

3. La Iglesia encontró a Jesucristo en la fuente del Dios vivo.

4. Son los Apóstoles quienes le dan a conocer a Jesucristo.

5. Alta idea que le dan de su esposo.

6. Humildad y modestia de la Iglesia al ver a Jesucristo.

7. Los Apóstoles comunican a Jesucristo el éxito de su misión y le entregan con alegría la esposa que han elegido para él.

8. Jesucristo se enamora de la belleza de la Iglesia.

9. La hace ocupar en la casa de Dios el lugar de la Sinagoga, su madre, que había muerto tres años antes.

10. Jesucristo la toma como esposa.

11. Su amor por ella es tan grande que atempera el dolor que sintió por la muerte de la Sinagoga, su madre.

12. La Iglesia es la única esposa de Jesucristo.

13. La Iglesia posee y poseerá por siempre, sola y sin compartir, el corazón de su divino esposo.

14. Jesucristo nunca abandonará a la Iglesia.

15. Esta divina unión será el modelo de los esposos cristianos de todos los tiempos.


 CAPÍTULO DÉCIMO SÉPTIMO

PREDESTINACIÓN DE JACOB, REPROBACIÓN DE ESAÚ