domingo, 28 de agosto de 2022

Tabla sumaria de las relaciones entre el Santo Patriarca Isaac y Nuestro Señor Jesucristo (I de V)

   Tabla sumaria de las relaciones entre el Santo Patriarca Isaac Nuestro Señor Jesucristo

 Nota del Blog: Ya antes habíamos dado la tabla sumaria de otro libro muy parecido al actual (ver AQUI) donde se mostraba la admirable tipología entre José hijo de Jacob, y Nuestro Señor. En este caso presentamos el resumen del siguiente libro escrito por el P. Caron, pero esta vez sobre las admirables similitudes entre Isaac y Jesucristo. El original puede leerse aquí: Vol. I y Vol. II.

 *** 

CAPÍTULO PRIMERO 

NACIMIENTO DE ISAAC PREDICHO 

1. Isaac, el hijo de la promesa de Dios.

2. Es esperado y deseado durante cuarenta años.

3. Su nacimiento fue predicho varias veces al santo patriarca Abraham.

4. Esta promesa consoladora, concebida en términos generales y obscuros, se va aclarando sucesivamente y por grados.

5. Dios revela que Isaac nacerá de una mujer que se ha vuelto milagrosamente fértil.

6. Dios indica el momento preciso de su nacimiento.

7. Dios indica el nombre que debe llevar este niño milagroso.

8. Este nombre, misterioso y profético, significa que este niño tan deseado será la gloria y alegría de Abraham y su familia. 


NACIMIENTO DE JESUCRISTO PREDICHO 

1. Jesucristo, el hijo de la promesa de Dios.

2. Es esperado y deseado durante cuarenta siglos.

3. Su advenimiento fue predicho en varias ocasiones a los santos Patriarcas.

4. Esta promesa consoladora, concebida en términos generales y obscuros, se va aclarando sucesivamente y por grados.

5. Dios revela que Jesucristo nacerá de una virgen que se ha vuelto milagrosamente fértil.

6. Dios indica el momento preciso de su nacimiento.

7. Dios indica el nombre que debe llevar este divino niño.

8. Este nombre, misterioso y profético, significa que este niño tan ardientemente deseado será la gloria y alegría de los santos Patriarcas y su familia. 


CAPÍTULO SEGUNDO 

DIOS REVELA LOS ALTOS DESTINOS DE ISAAC 

miércoles, 24 de agosto de 2022

He aquí que vengo, por Magdalena Chasles, Segunda Parte, Las Congregaciones alrededor del Anticristo (VI de VI)

 e) Se congregarán en Harmagedón 

La Bestia y el Falso Profeta unirán sus esfuerzos para establecer su política económica de “dirigismo”, de estatismo, sin dejar ninguna libertad, ni al productor, ni al consumidor, ni al vendedor, ni al comprador, ni a la gran empresa, ni al artesano. 

Todos los estados totalitarios –fascistas o comunistas– viven sobre este principio: economía dirigida. 

Pero este método, que parecería ser capaz de producir el bienestar en un país, crea exactamente lo contrario: 

Puede haber allí una prosperidad ficticia, una repartición aparentemente más equitativa, pero, de hecho, el país se empobrece, se esteriliza. Los capitales se ocultan o son destruidos, los productos se agotan o se esconden. Es preciso entonces comprar en el extranjero y, por lo tanto, procurarse de divisas, de donde surge inevitablemente una crisis monetaria. Lo que hacía la riqueza de un país pasa a ser moneda de cambio. Mientras más produce un territorio trigo o vino, menos reciben entonces los consumidores. El producto destinado a la exportación desaparece de la circulación interior, pero el estado recoge divisas. 

El dirigismo conduce fatalmente a un país a la ruina, a la inflación monetaria, a la esclavitud de los hombres libres. 

La utopía comunista colocará pronto a Europa entera ante el hambre. Lo grave es que nadie ignora a dónde conduce el estatismo, pero una fuerza, que parece imposible de detener, empuja a los países a adherirse a los regímenes dictatoriales. 

Es exactamente lo que sucederá en tiempos de la Tribulación; la Bestia, todopoderosa, impondrá sus exigencias totalitarias. 

“E hizo poner a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos una marca impresa en la mano derecha o en la frente, a fin de que nadie pudiese comprar ni vender si no estaba marcado con el nombre de la Bestia o el número de su nombre” (Apoc. XIII, 16-7). 

sábado, 20 de agosto de 2022

Hacia un adecuado tratado teológico De Ecclesia, por Mons. Fenton (V de V)

   Otro campo en el que la mayoría de los manuales de teología contemporáneos son inadecuados en su trato de la Iglesia es la enseñanza sobre las características del reino de Dios sobre la tierra como tal. Los escritos más antiguos, como la Summa de ecclesia de Torquemada, trataban esta materia bajo el epígrafe de los nombres asignados en la Escritura y en la tradición a la Iglesia y a sus miembros. 

En última instancia, esta enseñanza se presenta como una descripción de la Iglesia en términos de cuatro dimensiones: las relaciones de la Iglesia con Dios, y con la sagrada humanidad de Cristo, y con Nuestra Señora; con el reino de Dios en la antigua dispensación; con la Iglesia triunfante, y con la unidad social designada por el Papa León XIII como el reino de Satanás. La ausencia de un trato adecuado de esta sección de la enseñanza teológica sobre la Iglesia en la mayoría de nuestros manuales contemporáneos ha tenido un efecto muy desafortunado en la cultura teológica de nuestro tiempo. 

De nuevo, con su énfasis principalmente polémico puesto en la autoridad jurisdiccional y doctrinal de la jerarquía católica, la teología escolástica contemporánea sobre la Iglesia casi ha perdido de vista la tremenda responsabilidad que implica la cura de almas. Desde la publicación de la encíclica Mystici Corporis Christi ha sido una enseñanza católica común que los obispos diocesanos obtienen su poder de jurisdicción de Nuestro Señor por medio del Pontífice Romano[1]. En otras palabras, hubo una concesión soberana de autoridad por parte de Nuestro Señor a Su Iglesia, la concesión descrita en las líneas del Evangelio de San Juan que narra que Nuestro Señor encargó a San Pedro que alimentara o cuidara de Sus corderos y ovejas (Jn. XXI, 15-17). Toda autoridad eclesiástica legítima que se ha ejercido desde ese día se ha basado en ese encargo. 

Al conceder ese encargo, Nuestro Señor ciertamente dotó a San Pedro, y a través de él a los demás miembros del colegio apostólico, de una auténtica autoridad jurisdiccional. Al mismo tiempo, sin embargo, les impuso una gran responsabilidad. Les encomendó la obligación de velar por el bienestar espiritual de los hombres y mujeres por los que Él murió. Y ciertamente está dentro de la competencia de un tratado adecuado sobre la Iglesia católica estudiar y exponer la gravedad y el alcance de esa obligación. 

martes, 16 de agosto de 2022

He aquí que vengo, por Magdalena Chasles, Segunda Parte, Las Congregaciones alrededor del Anticristo (V de VI)

    c) Los dos Testigos

Si el Apocalipsis no nos describe las diversas etapas tan netamente como las exponemos, sin embargo, resaltan de lo que San Juan nos dice de “los dos Testigos”. ¿No son como el ensayo del “resto” de los fieles de Israel arrojado en el crisol de la purificación, de ese Israel que deberá resistir a la Bestia –pues resistencia habrá–, sufrir la persecución, a menudo la muerte, para conocer la gloria de la resurrección y del llamado de lo alto? Estos dos hombres misteriosos apoyarán su testimonio, como el mismo Cristo durante su vida pública, sobre la profecía y el poder del milagro. 

Precursores, como Elías y Juan el Bautista, estarán, al igual que ellos, cubiertos de vestimenta tosca. Al igual que ellos predicarán la penitencia: 

“Arrepentíos porque el Reino de los cielos está cerca”. 

“Y cuando hayan acabado su testimonio, la Bestia que sube del abismo les hará guerra, los vencerá, y les quitará la vida. Y sus cadáveres (yacerán) en la plaza de la gran ciudad que se llama alegóricamente Sodoma y Egipto, que es también el lugar donde el Señor de ellos fue crucificado” (Apoc. XI, 7-8). 

Esta ciudad es, pues, Jerusalén y su muerte estará claramente asociada a la de Cristo. Sin embargo, sus cadáveres no recibirán sepultura. Los fanáticos del Anticristo les habrán jurado un odio feroz y un extremo desprecio. Mientras sus cuerpos inanimados estén yaciendo, “los habitantes de la tierra” –los hijos de la Serpiente antigua– se alegrarán; estarán en la alegría pensando que la oposición que se levantó contra ellos ya ha pasado y que van a tener todo el poder para dominar a los que todavía resisten… pero su alegría será corta. 

“Pero, al cabo de los tres días y medio, un espíritu de vida que venía de Dios, entró en ellos y se levantaron sobre sus pies, y cayó un gran temor sobre quienes los vieron” (Apoc. XI, 11). 

Los dos Testigos son resucitados después de tres días y medio, como el Señor con algunas horas de diferencia. 

“Y oyeron una poderosa voz del cielo que les decía: “Subid acá”. Y subieron al cielo en la nube, a la vista de sus enemigos.

En aquella hora se produjo un gran terremoto, se derrumbó la décima parte de la ciudad y fueron muertos en el terremoto siete mil nombres de hombres; los demás, sobrecogidos de temor, dieron gloria al Dios del cielo” (Apoc. XI, 12-13). 

La visión de los Testigos es un conjunto de magníficas promesas, capaz de fortificar a los de Israel y a los de las Naciones que sean alistados en el campo de batalla, pues serán figura de los que en aquellos días combatirán contra el Anticristo. 

d) La Angustia de Jacob 

viernes, 12 de agosto de 2022

Hacia un adecuado tratado teológico De Ecclesia, por Mons. Fenton (IV de V)

  El tratado sobre la Iglesia estaba destinado a aparecer en el curso de la teología escolástica bajo otro enfoque, el de la apologética. La sección de la teología dogmática fundamental que ahora conocemos como apologética o tractatus de revelatione fue la última entrada en la organización de la teología escolástica. Puede decirse que el tratado asumió su forma científica con la publicación de Religionis naturalis et revelatae principia de Hooke en 1752. Incluía necesariamente material sobre la fundación de la Iglesia militante del Nuevo Testamento y, en el transcurso del siglo XIX, tendía a ir acompañado de un tratado sobre la Iglesia como regla de fe y a dividirse en una demonstratio christiana y una demonstratio catholica. Con el tiempo, este procedimiento dio lugar a la división del propio tractatus de ecclesia en una pars apologetica y una pars theologica. 

Durante el siglo XIX y en los primeros días del XX, el tratado sobre la Iglesia asumió la forma que ahora tiene en los manuales. Este movimiento se caracterizó por cuatro tendencias. 

En primer lugar, hubo una tendencia a desarrollar la tesis sobre la fundación de la Iglesia militante del Nuevo Testamento y, al mismo tiempo, a abandonar la tesis igualmente teológica sobre el establecimiento del reino sobrenatural de Dios sobre la tierra en los días de nuestros primeros padres. En manos de teólogos como Dieckmann, la tesis sobre la fundación de la Iglesia militante del Nuevo Testamento quedó un tanto obscurecida por una explicación del término "reino de Dios" que tomó la forma de una polémica contra Loisy y no fue ni de cerca una exposición adecuada de la teología del reino. 

La segunda característica del desarrollo del tractatus de ecclesia en los manuales de teología escolástica durante el último siglo ha sido la tendencia a introducir la mayor parte del material de los antiguos tratados sobre el Romano Pontífice y un poco del material de los antiguos tratados sobre los Concilios en el tejido del tratado escolástico sobre la Iglesia. 

lunes, 8 de agosto de 2022

He aquí que vengo, por Magdalena Chasles, Segunda Parte, Las Congregaciones alrededor del Anticristo (IV de VI)

   Jesús recomendó una actitud de circunspección, sobre todo a los que vean “la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel, instalada en el lugar santo, el que lee, entiéndalo” (Mt. XXIV, 15). ¡Qué suprema gravedad en semejante situación! No habrá ni un minuto para perder; será preciso separarse resueltamente de todo y huir al desierto. 

“Los que estén en Judea, huyan a las montañas; quien se encuentre en la terraza, no baje a recoger las cosas de la casa; quien se encuentre en el campo, no vuelva atrás para tomar su manto” (Mt. XXIV, 16-18). 

“Acordaos de la mujer de Lot” (Lc. XVII, 32). 

No está permitida ninguna hesitación; el peligro es terrible y muy cercano. 

“Porque habrá, entonces, grande tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá más. Y si aquellos días no fueran acortados, nadie se salvaría; más por razón de los elegidos serán acortados esos días” (Mt. XXIV, 21-22). 

Lo que Dios pedirá a su pueblo es romper radicalmente toda relación con el impostor y esconderse en el desierto. Los que no huyan serán martirizados por el impío, antes que el Señor vuelva. 

“Primero debe venir la apostasía y hacerse manifiesto el hombre de iniquidad, el hijo de perdición; el adversario, el que se ensalza sobre todo lo que se llama Dios o sagrado, hasta sentarse él mismo en el templo de Dios, ostentándose como si fuera Dios... (aquel inicuo) cuya aparición es obra de Satanás con todo poder y señales y prodigios de mentira, y con toda seducción de iniquidad para los que han de perderse (II Tes. II, 3-4.9-11). 

¡Qué inmenso peligro dejarse seducir por los milagros no controlados! 

El Anticristo acumulará lo maravilloso; las fuerzas magnéticas, los poderes físicos, los espíritus de demonios estarán a sus órdenes; pero sobre todo el Diablo tendrá junto a sí un jefe para su propaganda, un fascinador de las masas que los seducirá por medio de sus discursos, “el Falso Profeta”, llamado también “la Bestia de la tierra”. 

jueves, 4 de agosto de 2022

Hacia un adecuado tratado teológico De Ecclesia, por Mons. Fenton (III de V)

  La controversia eclesiológica central en la época de la Reforma tenía que ver con la ubicación o identidad del reino sobrenatural de Dios sobre la tierra. Los escritores protestantes no discutían la existencia de una auténtica ecclesia Christi en este mundo. Ellos, al igual que los teólogos católicos, sostenían que no podía haber salvación fuera de esta verdadera ecclesia. Donde se apartaron de la verdad revelada fue en su afirmación de que el reino sobrenatural de Dios sobre la tierra no era la sociedad religiosa organizada que preside el sucesor San Pedro, sino algo invisible, la suma total de todos los hombres y mujeres buenos o predestinados sobre la tierra. 

De ahí que, en sus escritos polémicos, los teólogos de la Contrarreforma tendieran a pasar por encima las enseñanzas sobre la naturaleza y prerrogativas de la verdadera ecclesia como tal y a concentrarse en la tarea de demostrar que esta unidad social se identifica realmente, en el estatus del Nuevo Testamento, con la sociedad religiosa que preside el Obispo de Roma como Vicario de Cristo y como sucesor de San Pedro. Y, puesto que los herejes habían negado que la enseñanza del magisterium católico es realmente la norma inmediata de la fe cristiana, teólogos brillantes como Stapleton tendieron a centrar su enseñanza sobre la Iglesia en el punto de que su enseñanza está divinamente establecida como norma para la aceptación de la revelación pública divina mediante el acto de fe. 

En su mayor parte, los primeros teólogos de la Contrarreforma escribieron como brillantes panfletistas polémicos. Escribieron su doctrina de ecclesia sin ninguna consideración especial por la disposición en el cuerpo de la teología escolástica. De hecho, en lo que respecta a la mayoría de ellos, tales enseñanzas se situaban simplemente en el orden en que los propios herejes habían colocado sus negaciones de la verdad católica en sus propias profesiones de fe. Había, por supuesto, excepciones. Driedo, por poner sólo un ejemplo, integró su tratado sobre la Iglesia en su magnífico De ecclesiasticis scripturis et dogmatibus. En esta obra, el primer libro trata del catálogo de la Sagrada Escritura, y el segundo de las diversas traducciones y exposiciones de la Escritura, junto con los diferentes sentidos en que puede entenderse la enseñanza de los libros inspirados. El tercer libro se ocupa de 

"Algunas breves reglas y dogmas con los que se ayuda a los estudiantes a comprender los lugares obscuros y a discernir las significado literal y místico de la Sagrada Escritura". 

El cuarto libro está dedicado al estudio de la tradición y de la Iglesia.