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lunes, 18 de septiembre de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (XV de XV)

Además de lo dicho hasta aquí, no estará de más señalar que esta teoría tiene una ventaja no despreciable.

Esta nueva exégesis nos permite observar la maravillosa unidad y perfecta identidad de la predicación de San Pablo y la de Nuestro Señor en el Discurso Parusíaco[1] cuando, al ser interrogado sobre los signos de la Parusía, se contentó con dar dos[2], uno remoto: la Abominación de la Desolación en el Lugar Santo; y otro próximo: la conversión total de Israel. Es decir, Nuestro Señor habló de dos sucesos que habían de tener lugar antes de su segunda y gloriosa Venida, uno de los cuales es el que aquí repite el Apóstol: la aparición del Anticristo; con lo cual ambos están enseñando lo mismo, a saber, que la Parusía no tendrá lugar antes que se manifieste el principal enemigo de Cristo.

Ahora bien, teniendo en cuenta que la Abominación de la Desolación en el Lugar Santo es el Anticristo profanando el Santuario de Jerusalén reconstruido[3], entonces lo que vemos claramente en esta nueva interpretación es la identidad de prédicas. En otras palabras, San Pablo, al fundar las iglesias y predicarles a sus neófitos, no hacía más que repetir la enseñanza del Divino Maestro sobre los signos de su segunda Venida, enseñando que uno de ellos había de ser la aparición del Anticristo profanando el Santuario, hecho que habrá de incluir también la supresión del Sacrificio, como sabemos por Dan. IX, 27, y la muerte de los dos Testigos, tal como lo enseña Apoc. XI, 7.

Y todo esto puede probarse además por la identidad de lenguaje usado por San Pablo, Nuestro Señor y el Apocalipsis[4], como veremos en una pequeña paráfrasis a continuación.

lunes, 11 de septiembre de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (XIV de XV)

Knabenbauer continúa:

“Otra cosa que se critica con razón en esa sentencia se percibe en la nueva explicación del v. 7: hasta que sea quitado del medio ἕως ἐκ μέσου γένηται, hasta que surja del medio (de la iniquidad). Pero ἐκ μέσου γένηται tanto en los intérpretes griegos, como en los escritores profanos se toma en un sentido totalmente distinto, a saber: sacar, quitar del medio, y tampoco es otra la interpretación dada por los intérpretes tanto antiguos como modernos; cfr. αἴρειν ἐκ τοῦ μέσου, I Cor. V, 2; Col. II, 14; LXX, Is. LVII, 2; Ez. XIV, 8-9”.

Uno no puede menos que maravillarse sobremanera por esta tan endeble objeción ya que los textos alegados para probar la traducción que da el autor (del medio sea quitado) no prueban ni pueden probar lo que Knabenbauer quiere, por la sencilla razón que se trata de dos verbos diferentes.

La palabra usada en las citas al final está tomada del verbo αἴρω, que significa quito, mientras que en el texto que estamos analizando el verbo usado es γίνομαι, que significar me vuelvo o devengo e indica un cambio de estado.

Además, repárese que si San Pablo hubiera querido decir “sea quitado” lo más lógico hubiera sido que hubiera escrito el mismo verbo que luego habría de usar en sus epístolas a los Corintios y a los Colosenses, y si usó otro, entonces lo más lógico es pensar que se debió a que era otra la situación que tenía en mente.

Con respecto a la interpretación de los antiguos y modernos no hay que dejar de reconocer, en primer lugar, que no pasa de ser una opinión y nada más que eso, pero por si fuera poco ya el mismo San Agustín en su época decía que la traducción “del medio surja” era una opinión valedera.

Estas son sus palabras, junto con un argumento escriturístico más que interesante:

miércoles, 30 de agosto de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (XIII de XV)

A continuación, el mismo Knabenbauer, consciente tal vez de la debilidad de su argumento, afirma:

“Aunque este o aquel lector pueda tal vez considerar que esta interpretación no necesita ser desechada a primera vista, un gran obstáculo (para su aceptación) radica en la manera misma de hablar que debe esperarse en este pasaje II, 1-10”.

Y luego desarrolla su pensamiento:

“Cuando se habla del Señor se dice adviento, presente está el día del Señor, manifestación de su Parusía (vv. 1-2.8); en cambio del Anticristo se dice: revelare el hombre de iniquidad v. 3, y entonces se revelará el inicuo, v. 8. Si ahora leemos en el v. 6 para que él se revele, según el modo de hablar, el que se revele en el v. 6 no puede referirse más que a aquel de quien se afirma en el v. 3 y 8 que se revelará. En esta parte, del Señor se dice parusía, el día está presente, etc., y no que se revelará; y no sirve recurrir a I, 7, donde se habla de la revelación del Señor, pues II, 6 debe explicarse por su contexto y esto nuevo de que se trata en el capítulo II se debe explicar por el modo de hablar que trae este lugar, que claramente uno es de Nuestro Señor y otro del Anticristo”.

Es muy difícil entender esta objeción cuando en realidad no sólo no pone dificultad alguna seria, sino que, muy por el contrario, mirada de cerca, no hace más que confirmarla.

Tenemos aquí la dificultad y la respuesta a una posible objeción.

Es curioso que la objeción del autor ignore por completo toda la estructura de este capítulo donde San Pablo no hace más que poner en antagonismo a Cristo con el Anticristo, como hemos visto más arriba.

Citemos de nuevo la mayoría de los textos:

lunes, 14 de agosto de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (XII de XV)

IV.- Objeciones:

Llegamos finalmente a las objeciones a esta nueva teoría que podemos encontrar en algunos autores.

Nos detendremos solamente en las que trae Knabenbauer por ser el que le dedica más espacio a analizar esta exégesis.

Comienza el autor describiendo esta nueva hipótesis:

“Hay que conmemorar otra sentencia, que también interpreta τὸ κατέχον de lo que antecede y según la cual en el v. 6 se habla de lo que retarda la venida del Señor; esto es el mismo anticristo, es decir, todavía no sucedió la aparición del Anticristo; pues, como se dijo en el v. 3, el Señor no vendrá antes que venga el Anticristo (cf. Grimm (Der κατέχον des 2 Thessalonischerbriefes, 1861, Danko, Hist. Rev. N.T., pag. 374, Simar, Theologie des hl. Paulus). Según esta sentencia así se procede: v. 6 y ahora, puesto que os había dicho que el día del Señor no vendría antes que venga el Anticristo, ya sabéis, lo que retarda la venida del Señor, para que ésta aparezca finalmente a su tiempo; sabéis, pues, que no es otro sino que el Anticristo que todavía no apareció; v. 7 pues en efecto, la iniquidad ya ejerce su fuerza, pero solamente en forma oculta, hasta que el que retarda la venida del Señor, ὁ κατέχων, es decir, el anticristo, surja o nazca del medio de esta iniquidad, v. 8 y entonces se manifestará aquel inicuo, el anticristo, etc. Esta sentencia Padovani la juzga la más probable y Cornely (Analyses libr. S. N.T. ad h.l.) dice que no es improbable”.

Y luego acepta lo que tiene de positiva cuando dice:

“Esta sentencia tiene una ventaja y es que el y ahora del v. 6 fluye fácilmente, incluso en sentido lógico: por aquello que os acabo de decir ahora sabéis lo que detiene”.

Sin embargo, a renglón seguido comienza con las objeciones que dividiremos una a una a fin de analizarlas mejor.

Pero antes tengamos presente el texto completo del capítulo II sobre el cual versan las dificultades:

viernes, 28 de julio de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (XI de XV)

Lo que acabamos de decir parece corroborarse por el contraste bien marcado entre Cristo y el Anticristo que los autores advierten a lo largo de todos estos versículos.

Knabenbauer:

“Lo otro que deberá venir antes de la venida del Señor, se declara en la aparición del anticristo (el apóstol no usa esta palabra): y se revelare, ἀποκαλυφθῇ, lo mismo en los vv. 6.8 con la misma palabra se lo opone a Cristo, que igualmente se revelará, de la misma manera se habla de su venida, παρουσία como de la de Cristo; tanto con estas palabras como con la descripción e índole misma nos lo pone ante los ojos verdaderamente como anticristo”.

Buzy:

“El adversario, ὁ ἀντικείμενος, participio regularmente empleado como substantivo, (Lc. XIII, 17; Fil. I, 28; I Tim. V, 14) es, con el sustantivo el anticristo, que San Juan será el primero en usar (I Jn. II, 18.22; IV, 3; II Jn. 7), el calificativo más expresivo para designar el rol de aquel que viene a oponerse a Cristo, prodigios contra prodigios, parusía contra parusía, muchedumbre de engañados contra grupo de fieles”.

Biblia de Jerusalén:

“El impío se revela, 6.8, en contra de la Revelación del Señor, I, 7; I Cor. I, 7, al igual que su parusía, v. 9, se dirige en contra de la del Señor, v. 8. El Anti-Dios deviene el Anti-Cristo”.

Buzy:

“Otra constatación de dos en uno: lo anulará por la manifestación de su parusía, el cual se confunde con el soplo de su boca; lo anulará, καταργήσει (35 veces en San Pablo), como el sol pone en fuga las tinieblas, como dice el Crisóstomo. Parusía contra parusía, es la verdadera, la resplandeciente, τῇ ἐπιφανείᾳ, que la supera sobre la falsamente prestigiosa”.

Rigaux:

“Al oponer la revelación de Cristo a la del impío, (San Pablo) opone tácitamente la fuerza, los signos y los prodigios de Cristo a los del impío; pone en antítesis la verdad de Cristo y la mentira, la seducción y el mal del impío”.

martes, 11 de julio de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (X de XV)

Dicho esto, podemos ahora recordar las citas que dimos más arriba al hablar del katéjon.

Zorell:

“κατ-έχω: Parecería que la mejor es la sentencia de los Padres, según la cual el imperio Romano es τὸ κατέχον, y el Emperador ὁ κατέχων (…), para otros como Reischl, Crampon, Griesbach, τὸ κατέχον es la apostasía, ὁ κατέχων el hombre de pecado (v. 3), lo que retarda el día y venida del Señor”.

Crampon:

“Lo que retiene, versículo 6, es pues el conjunto de las condiciones previas a la venida de Cristo, es decir, la apostasía y la aparición del anticristo.  El que lo retiene: es el anticristo que debe, antes de la venida de Cristo, salir del medio de la humanidad entrenada por el espíritu anticristiano”.

Con lo cual, tenemos que si el Katéjon masculino y neutro es el mismo y se trataría de la apostasía y del hombre de pecado, entonces ¿no podremos identificar ambos nombres? En otras palabras, ¿por qué no ver en la apostasía uno de los tantos nombres que recibe el Anticristo en las SSEE?

Es cierto que esta ha sido la opinión de algunos Padres, tales como el Crisóstomo, Teodoreto y Eutimio, pero no parecería ser de mucho valor pues si hemos de creer a Beda Rigaux hablando del comentario de San Juan Crisóstomo:

“Estas homilías son inferiores… a las otras sobre las cartas paulinas. Se encuentra al orador y al moralista en detrimento del exégeta”.

Sin embargo es curiosa la traducción que nos da el mismo San Agustín del texto de San Pablo[1]:

“… porque antes vendrá aquel rebelde (refuga), y se manifestará aquel hombre hijo de pecado…, etc.”.

Identificando claramente ambos términos.

Pero pasemos mejor a los argumentos sacados del mismo Texto.

martes, 27 de junio de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (IX de XV)

b) La Apostasía y el Hombre de Iniquidad.

Dado que el segundo miembro apenas si presenta dudas ya que todos los autores concuerdan en la interpretación, y por si fuera poco San Pablo es más que claro al respecto, entonces toda nuestra atención deberá centrarse en la Apostasía.

Es este uno de los clásicos ejemplos citado una y otra vez para probar la defección general en la fe antes de la venida del Anticristo, defección no sólo de las naciones sino inclusive de los individuos[1].

Somos de la opinión que la situación no es tan clara como parece a primera vista.

Antes que nada, veamos a grandes rasgos lo que dicen los principales comentadores sobre la apostasía.

Biblia de Jerusalén:

“La apostasía es nombrada como ya conocida. Al contenido general de la palabra (secesión, defección) hay que darle un valor religioso, Hech. V, 37; XXI, 21; Heb. III, 12. A quienes jamás han pertenecido a Cristo, puede que se les unan quienes se dejaron desviar de la fe, cf. I Tim. IV, 1; II Tim. III, 1; IV, 3, etc.”.

Turrado:

“La presencia del artículo indica que se trata de una apostasía bien determinada, conocida ya de los tesalonicenses, sobre la que sin duda habían sido instruidos por el Apóstol (v. 5). Es casi seguro que se trata de esa misma apostasía o defección en la fe a que se refirió Jesucristo en su discurso escatológico, cuando habló de que al final de los tiempos surgirán pseudo-profetas que engañarán a muchos, y habrá gran enfriamiento de la caridad, con peligro de ser seducidos incluso los elegidos, si ello fuera posible (cf. Mt. XXIV, 11-12.24; Lc. XVIII, 8). También San Juan en el Apocalipsis, alude a la misma gran apostasía, cuando habla de “la bestia” que luchará con los fieles y los vencerá, quedando sólo aquellos cuyos nombres están en el libro de la vida (cf. Apoc. XIII, 7-8).
Esta “apostasía” está probablemente íntimamente relacionada con “el hombre de pecado” o anticristo, que tendrá mucha parte en ella. Así parecen insinuarlo los diversos textos sea de Jesucristo, que la une a los pseudoprofetas, sea de San Juan, que la une a la aparición de la bestia, sea de San Pablo en este pasaje, presentando juntas ambas cosas”.

Padovani:

martes, 6 de junio de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (VIII de XV)

Después de lo dicho hasta aquí tenemos que analizar con más detalle los vv. 3-7, pues todavía hay cosas por aclarar.

3. Nadie os engañe en alguna manera: si no viniere la apostasía primero y se revelare el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición;
4. el que se opone y levanta sobre todo el que se dice Dios o numen; hasta él en el Santuario de Dios sentarse, probándose a sí mismo que es Dios—
5. ¿No recordáis que, todavía estando con vosotros, esto os decía?
6. Y ahora lo que detiene, sabéis, para que él se revele en el tiempo suyo.
7. En efecto, el misterio ya está obrando de iniquidad; sólo el que detiene ahora, hasta que del medio surja.


a) Katéjon como neutro y masculino.

Conocida es la distinción que los exégetas han visto (o procurado ver) entre el katéjon neutro y masculino (lo que y el que detiene, respectivamente), dando para ambos términos dos interpretaciones diversas que los habituados a la exégesis de este capítulo conocerán de sobra, pero de nuevo tenemos que decir que nos parece estar ante otra suposición.

Antes de meternos de lleno en el tema, notemos tan sólo algunas interpretaciones de carácter más general que se acercan más de lo que parece a primera vista a nuestra posición, tal como luego veremos en el punto siguiente:

Zorell:

“κατ-έχω: Parecería que la mejor es la sentencia de los Padres, según la cual el imperio Romano es τὸ κατέχον, y el Emperador ὁ κατέχων (…), para otros como Reischl, Crampon, Griesbach, τὸ κατέχον es la apostasía, ὁ κατέχων el hombre de pecado (v. 3), lo que retarda el día y venida del Señor”.

Crampon:

“Lo que retiene, versículo 6, es pues el conjunto de las condiciones previas a la venida de Cristo, es decir, la apostasía y la aparición del anticristo.  El que lo retiene: es el anticristo que debe, antes de la venida de Cristo, salir del medio de la humanidad entrenada por el espíritu anticristiano”.

¿Cuál es, nos preguntamos antes que nada, la necesidad de multiplicar los significados cuando gramaticalmente nada lo exige?

martes, 16 de mayo de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (VII de XV)

5. ¿No recordáis que, todavía estando con vosotros, esto os decía?

Lo que sí todos recordamos es el lamento de San Agustín, casi desgarrador, y devenido clásico:

“Y porque dijo que lo sabían ellos, no quiso manifestarlo expresamente. Nosotros, que ignoramos lo que aquéllos sabían, deseamos alcanzar con trabajo lo que quiso decir el Apóstol, y no podemos…”.

Pero… ¿y si, como ya vimos más arriba por la cita de Padovani, San Pablo sí nos dijo, al igual que a los Tesalonicenses, cuál era el katéjon…?

Antes de continuar, es preciso notar en este versículo, siguiendo a los autores, un par de cosas:

I) La elipsis de todo este pasaje:

1. Os rogamos, hermanos, con respecto a la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión a Él
2. que no pronto os mováis del entendimiento, ni os turbéis ni por espíritu, ni por palabra, ni por epístola, como nuestra: como que presente (esté) el día del Señor.
3. Nadie os engañe en alguna manera: si no viniere la apostasía primero y se revelare el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición;
4. el que se opone y levanta sobre todo el que se dice Dios o numen; hasta él en el Santuario de Dios sentarse, probándose a sí mismo que es Dios—
5. ¿No recordáis que, todavía estando con vosotros, esto os decía?

En lugar del v. 5, San Pablo debió haber terminado la frase que dejó inconclusa y decir, palabras más, palabras menos[1]:

“Si no viniere la apostasía primero y se revelare el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición… no vendrá el día del Señor”.

lunes, 24 de abril de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (VI de XV)

3. Nadie os engañe en alguna manera: si no viniere la apostasía primero y se revelare el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición;
4. el que se opone y levanta sobre todo el que se dice Dios o numen; hasta él en el Santuario de Dios sentarse, probándose a sí mismo que es Dios—

Ἀνομίας (iniquidad): cfr. Mt. VII, 23; XIII, 41; XXIII, 28; XXIV, 12; Rom. IV, 7; VI, 19; II Cor. VI, 14; II Tes. II, 7; Tit. II, 14; Heb. I, 9; X, 17; I Jn. III, 4. En II Tes. II, 10.12: ἀδικίας (injusticia). Ver Zac. V, 6; Mal. IV,1.

Zerwick (Graecitas, 42):

“Una íntima relación a alguien o algo, en nuestra literatura (griego bíblico), si bien no exclusivamente, ciertamente en la mayoría de los casos, se expresa semíticamente por υἱὸς “hijo”, con genitivo. Este uso ampliado de la palabra υἱὸς se entiende más fácil donde se trata de la pertenencia a la persona. Así, “hijo” de alguien se dice de aquel que imita su carácter, costumbres, razón de obrar y querer y las expresa en su vida. En este sentido se habla de “los hijos de Abraham” (Gen. III, 7), de “los hijos del diablo” (Mt. XIII, 38; Hech. XIII, 10. Cfr. Jn. VIII, 38-39) y sobre todo de “los hijos de Dios” (Mt. V, 9.45)”.

Describe San Pablo en términos muy expresivos la venida de la apostasía y la revelación del Anticristo, dedicándole a este último aspecto un mayor desarrollo. Luego veremos por qué.

Straubinger:

“El hombre de iniquidad (tes anomías), lección preferible a tes hamartías (de pecado), pues coincide con el “misterio de la iniquidad” (v. 7) ligado íntimamente a él. Judas Iscariote recibe un nombre semejante en Jn. XVII, 12. Es creencia general que se trata del Anticristo, si bien algunos dan este nombre a la bestia del mar (Apoc. XIII, 1 ss.) y otros a la bestia de la tierra o falso profeta (Apoc. XVIII, 11 ss.). Se discute si será una persona singular o una colectividad. En todo caso parece que ésta necesitaría siempre de un caudillo o cabeza que la inspirase y guiase. Pirot, después de recordar muchos testimonios y especialmente el de S. Agustín que trae como definición del Anticristo “una multitud de hombres que forman un cuerpo bajo la dirección de un jefe” (cf. Dan. IX, 26), concluye que “el adversario es una serie ininterrumpida de agentes del mal que se oponen y se opondrán a la doctrina y a la obra de Cristo desde la fundación de la Iglesia hasta el último día”. Véase I Jn. II, 18-19.; IV, 3; II Jn. 7; II Ped. III, 3; Jud. 18; Mt. XXIV, 24”.

lunes, 10 de abril de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (V de XV)

Antes que nada, no hay que perder de vista que el objeto de la epístola es la Parusía de Nuestro Señor, lo cual se vé ya desde el mismísimo primer versículo.

1. Os rogamos, hermanos, con respecto a la Parusía de Nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión a Él

Notan aquí los autores básicamente dos cosas:

1) El giro, “os rogamos, hermanos” implica que se va a tratar algo importante (cfr. I Tes. IV, 1; V, 12, etc.).

2) La preposición griega ὑπὲρ, que la Vulgata traduce mal como per, debe entenderse no de aquello por lo cual les ruega, sino aquello sobre o con respecto a lo cual San Pablo les ruega a los Tesalonicenses.

Padovani resume bien este último punto:

“Los intérpretes difieren sobre el valor de ὑπὲρ. Muchos (Tomás, Estio, Alápide, Calmet, Martini, Curci, etc.) retienen la versión de la Vulgata “por”, y, por lo tanto, entienden esta palabra en el sentido de que la venida del Señor y nuestra congregación a Él son aquello por lo cual el Apóstol ruega a los tesalonicenses que no se muevan pronto, etc. (v. sig.). Mientras que otros (Bisping, Drach, Van Steenk, Rambaud y muchos acatólicos), y no sin razón, teniendo en cuenta el significado que comúnmente tiene la preposición ὑπὲρ en el NT, la entienden como sobre, con respecto a, y por lo tanto dicen que el adviento del Señor y nuestra congregación en Él es aquello sobre lo cual Pablo ruega a los Tesalonicenses, para que no se muevan pronto, etc., tal como sigue”.

Rosadini:

“καὶ ἡμῶν ἐπισυναγωγῆς ἐπ’ αὐτόν (y nuestra reunión a Él), ἐπισυναγωγῆς significa co-unión, congregación (del verbo ἐπισυνάγω que aparece en Mt. XXIV, 31 y Mc. XIII, 27 sobre los justos que han de ser congregados en el juicio final); y esta unión se refiere a aquella de la que Pablo hablara en I Tes. IV, 14-17 sobre los resucitados y vivientes transformados, que juntos han de ir hacia el Señor”.

miércoles, 29 de marzo de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (IV de XV)

Sobre la traducción que hemos dado, algunos habrán notado una variante no menor hacia el final de la frase. Creemos que es la correcta, pero antes de dar las razones notemos que es, entre otros, la de Straubinger, quien traduce:

“El misterio de la iniquidad ya está obrando ciertamente, sólo (hay) el que ahora detiene hasta que aparezca de en medio”.

Y en su comentario escribe:

“Hasta que aparezca de en medio: Otros traducen: hasta que sea quitado de en medio, lo cual aumenta aún más la oscuridad de ese misterioso pasaje, siendo difícil saber a quién se refieren cada vez los distintos verbos. Hemos de pensar que si Dios ha querido dejar este lugar en la penumbra, ello es sin duda porque hay cosas que sólo se entenderán a su hora (Jer. XXX, 24; Dan. XII, 1-10; Apoc. X, 4)”.

Pero pasemos ya sin mayores preámbulos a la magistral exposición de Padovani (en una nota en su edición de Alápide in loco)[1] que no tiene desperdicios:

“Los versículos 6 y 7 siempre incomodaron a los exégetas.

La sentencia acostumbrada afirma que en el v. 6 (y ahora lo que detiene, en griego τὸ κατέχον, sabéis, para que él se revele en el tiempo suyo) se habla del obstáculo que detiene o retiene la aparición del hombre de iniquidad o Anticristo; el cual aparecerá cuando fuere quitado del medio el obstáculo mismo (v. 7: sólo que el que detiene, en gr. ὁ κατέχων, ahora, tenga hasta que del medio sea quitado, v. 8 y entonces se revelará el inicuo); cuál sea el obstáculo, aquí, pues, Pablo no lo dice expresamente, pero de su enseñanza oral era conocida por los Tesalonicenses (v. 5 ¿No recordáis que, todavía estando con vosotros, esto os decía? 6. Y ahora lo que detiene, sabéis). Los intérpretes tanto antiguos como modernos tienen diversas opiniones sobre cuál pueda ser la mente y doctrina del apóstol: algunos, pues, creen que es la Iglesia Católica; otros Cristo o el espíritu de Cristo penetrando las sociedades humanas; otros la acción que ejerce la Iglesia de Cristo principalmente por la predicación evangélica; otros la predicación misma del evangelio que se debe hacer por todo el orbe; otros el imperio romano, o tomado en sentido propio (por lo general los antiguos), o considerado en su razón general en cuanto implica la forma del ordenado régimen social (algunos modernos).

viernes, 17 de marzo de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (III de XV)

Sin embargo, antes de pasar a las objeciones, es del todo necesario que continuemos con el v. 7.

En efecto (γὰρ), el misterio ya está obrando de iniquidad; sólo el que detiene ahora, hasta que del medio surja[1].

Zerwick:

“Μόνον (solo): Falta el verbo. Tal vez “hay que esperar”.


Veamos primero algunos comentarios de carácter más general:

Padovani:

“Por misterio[2] de iniquidad no hay que entender como hacen algunos el Anticristo (ya que entonces no había aparecido, cfr. v. 3), ni a Nerón (que entonces no reinaba), sino con la mayoría “la iniquidad arcana y latente, que alguna vez (a saber, en el tiempo del Anticristo) se dará a conocer públicamente y se desencadenará abiertamente (Estio)”.

Rigaux:

“μυστήριον (misterio), una vez en los evangelios, Mc. IV, 11, y en plural en los paralelos, Mt. XIII, 11; Lc. VIII, 10 y en Apoc. I, 20; X, 7; XVII, 7. En Pablo 21 veces. Jamás en sentido de misterio griego, o religión de misterio. El sentido general es una cosa, persona, doctrina escondida, inaccesible al conocimiento humano, sea porque es el secreto del plan divino, Rom. XI, 25, o el secreto de un acto divino en la Parusía, I Cor. XV, 51. La revelación de Cristo supone que ha habido un secreto, el secreto de Dios: Col. II, 2. Cf. Col. I, 26; II, 2; IV, 3. Los apóstoles son los reveladores de la economía de los misterios de Dios, I Cor. XV, 1. Lo mismo la epístola a los Efesios hace uno de sus temas favoritos de la revelación del misterio de Cristo, III, 4, que es el misterio de la voluntad de Dios, I, 9, y el misterio del evangelio VI, 19. Uno estaría tentado de impregnar la palabra misterio del concepto del secreto divino, de hacer de ella un sinónimo de evangelio. Pero en I Cor. XIV, 2 Pablo dice que los glosolales dicen misterios, cosas escondidas e incomprensibles. El sentido no está lejos de I Cor. XV, 51. Además en I Tim. III, 9, habla del misterio de la fe, genitivo de aposición que es el contenido de la fe, revelado por Jesucristo. Pero no tenemos ningún paralelo concreto que arroje mucha luz sobre nuestro texto. El misterio que aquí trabaja, y que está completamente compuesto de ἀνομία (iniquidad), genitivo de aposición, no puede ser más que la misma ἀνομίας que obra, no en la plena manifestación reservada a los últimos días al período de la revelación del Anticristo, sino por caminos que no son comprensibles por los hombres. Así, Dios tiene su misterio, Satán no está desprovisto del suyo. Su reino en la ἀνομία no surge en el gran día, sino que se esconde en las vías tenebrosas del mal y de la impiedad”.

“Μόνον ὁ κατέχων ἄρτι (solo el que demora ahora): La frase nos parece elíptica. Milligan no lo admite. Tenemos una construcción paulina paralela en Gal. II, 10: μόνον τῶν πτωχῶν ἵνα μνημονεύωμεν, con tal solamente que nos acordemos de los pobres (…) μόνον (solo), aquí como en Gálatas, tiene el sentido de únicamente, es la única condición para que el anomos aparezca”.






[1] No podemos dejar de señalar otra interesante traducción que nos enviaron tras una consulta, seguida de una atinadísima observación:

“Y ahora conocéis bien el obstáculo para que Él sea develado en su oportuno tiempo: en efecto (γὰρ), el misterio de inequidad ya está operando, solamente el que obstaculiza ahora, hasta que surja de este medio”.

Esto por lo que hace a la traducción, y luego nos ilustraba:

“Es muy importante darle su verdadero sentido de enlace lógico a la partícula γὰρ del versículo 7: ella expresa ya desde Homero (y más aún en Platón, Aristóteles y la koiné) la adecuación de su oración o proposición (en la que está incluida) con la oración o proposición anterior. Se refiere con precisión al verbo en aspecto perfecto - οἴδατε - (tenéis bien conocido), el cual, a su vez, resume todo lo explicado por San Pablo en los vv. 1 a 5 en cuanto a no engañarse sobre la inmediatez de la Parusía del Señor. Por todo esto, no es correcto traducir γὰρ con el sentido causal débil con que es costumbre hacerlo (pues o entonces)”.

[2] Con respecto al misterio hay que notar que el único lugar que este término aparece en los Evangelios se encuentra en las parábolas del reino, con lo cual parecería que hablar de “los misterios del reino de los cielos” (Mt. XIII, 11; Mc. IV, 11; Lc. VIII, 10), no es necesariamente lo mismo que hablar sobre “el reino de los cielos” sino solamente sobre una parte, y relacionada más en concreto con los últimos tiempos. Esto explicaría, tal vez, la famosa cuestión de por qué Jesús les habló a las turbas en parábolas sin explicarles el contenido, y más importante aún, por dónde hay que buscar la exégesis de todas esas parábolas.

lunes, 6 de marzo de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (II de XV)

III.- Comentario.

El capítulo I se abre con una salutación de Pablo, Silvano y Timoteo, seguida de una alabanza por la fe y constancia en medio de las persecuciones, lo cual da pie al Apóstol para describir la Parusía y la consiguiente recompensa y castigo prácticamente a través del resto del capítulo.

El capítulo II es el centro y razón de ser de la carta, y para poder entenderlo creemos que la clave se encuentra en el v. 6 que debemos citar lo más literal posible.

Y ahora lo que detiene (τὸ κατέχον), sabéis, para que él se revele en el tiempo suyo.

Como se vé, katéjon ha sido vertido por lo que detiene, según la traducción de Jünemann, siempre tan exacta y literal, aunque volveremos sobre este tema más abajo.

Curiosamente la clave para entender el katéjon no está en el análisis de este término sino en la parte final: para que él se revele en el tiempo suyo y más en concreto en las últimas palabras.

Straubinger, al comentar con su característica y exquisita prudencia el v. 7, ya había lanzado el grito de alerta a los exégetas, pero nadie le prestó atención y la gran mayoría dio por supuesto algo que debió haber probado.

En concreto, al comentar todo este oscuro pasaje, nos advertía:

“(Es) difícil saber a quién se refieren cada vez los distintos verbos”.

miércoles, 22 de febrero de 2017

El Katéjon, II Tes. II, 6-7 (I de XV)

El Katéjon, II Tes. II, 6-7

A Mons. Antonio Padovani (1862-1914),
un gran exégeta olvidado.

I.- Prefacio[1].

Y sí. Todo parece indicar que, una vez más, la historia se repite. Todo parece indicar que este pasaje tan famoso, casi devenido un clásico de la escatología bíblica, no está solo en lo que respecta a falsos supuestos, porque en definitiva eso y no otra cosa es lo que parece explicar la gran variedad de opiniones en este tema puntual.

La gran variedad de opiniones que desde siempre ha existido en la exégesis del katéjon, ninguna de las cuales ha sido capaz de aquietar el intelecto, parece ser un signo ineludible que la interpretación ha estado yendo por caminos errados, o para decirlo con las expresivas palabras de Mons. Padovani:

“Todas estas sentencias están viciadas de un pecado original”.

Después de casi dos mil años de exégesis, esta confesión del P. Prat es muy reveladora al respecto:

“¿Cuál es el obstáculo? Los Tesalonicenses lo habían aprendido de boca del Apóstol, pero ahora lo ignoramos y todo lleva a creer que lo ignoraremos por siempre (…) No sólo que no se ha hallado todavía el obstáculo, sino que dudamos que alguna vez se lo haya buscado en la dirección correcta”[2].

Entre las numerosas explicaciones excogitadas (Nuestro Señor, el mismo San Pablo, el decreto inmutable de Dios que retarda la venida del Anticristo, San Miguel Arcángel, los dos Testigos, la predicación del Evangelio en todo el mundo, etc.) acaso la más conocida y que más defensores ha cosechado a lo largo de la historia sea la identificación del katéjon en sus dos vertientes como masculino y como neutro en las figuras del Emperador y del Imperio Romano.

Pero curiosamente esta interpretación pudo subsistir a pesar del mentís que la historia le dio. Straubinger, por lo general tan medido y cauto en sus palabras, la descarta de plano cuando comenta en el v. 6:

“La antigua creencia de que ese obstáculo sería el Imperio Romano, quedó desvirtuada por la experiencia histórica y no parece posible mantenerla, pues todos los Padres y autores están de acuerdo en que se trata de un hecho escatológico”.