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sábado, 27 de diciembre de 2025

Introducción a los Evangelios Sinópticos (V de V)

 III. Evangelio según San Lucas

 

1. Nombre: Tal vez es la abreviación de Lucanos y se lo nombre 3 veces en las epístolas de San Pablo (Col. IV, 14; Filem. I, 24; II Tim. IV, 11). 

2. Nación: Era de Antioquía, Siria, y no era judío, sino gentil. 

3. Profesión: Era un helenista culto, como se ve por el griego con que escribe tanto el Evangelio como los Hechos; San Pablo lo llama “médico muy amado” en la primera de las tres citas del punto 1. También se cree que pintaba y algunos dicen que incluso tenía conocimientos bastantes sólidos de derecho.

No era uno de los 72 discípulos de Cristo, a quien nunca conoció personalmente. 

4. Citado: Ya era conocido desde fines del siglo I (San Clemente Romano, San Ignacio mártir, el Pastor Hermas, San Justino, Taciano). 

5. Lucas, seguidor de Pablo, es el autor del tercer Evangelio:

a) Es muy antiguo, ya que era contemporáneo de los primeros oyentes de Cristo.

b) El griego es su lengua materna y no el hebreo: riqueza de lenguaje (373 palabras propias que no están en los otros evangelios), escribe por lo general conforme a las reglas del griego.

Sobre las leyes y costumbres de los judíos, habla en la medida en que se requiere para narrar fielmente la vida de Cristo. En lo que tiene de propio (y es mucho), no narra nada relacionado con los judíos.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Introducción a los Evangelios Sinópticos (IV de V)

 II. Evangelio según San Marcos

 

1. Nombre: A veces es llamado Marcos, otras, Juan (Hech. XIII, 13) y otras, Juan Marcos (Hech. XII, 12). Su madre se llamaba María, probablemente era viuda, y tenía una casa grande.

 2. Profesión: Era levita y siguió a Pedro desde la Ascensión hasta alrededor del año 45, cuando se fue con Pablo y Bernabé, para luego volver con Pedro el año 50; sin embargo, no fue ni apóstol ni formó parte de los 72 discípulos.

 3. Citado: Ya era conocido a fines del siglo I (San Clemente) y en el siglo II (Pastor Hermas, San Ignacio, San Justino, Taciano) y también lo citan los herejes a partir del siglo I.

El Evangelio de San Marcos es muy poco citado entre los Padres, y la razón es obvia: tiene muy pocos versículos propios que no se encuentren en alguno de los otros evangelios.

 4. San Marcos es un judío que vive en Palestina: escribe como los semitas, con oraciones breves, proposiciones coordinadas (unión de dos o más oraciones simples) o con paralelismo; tiene palabras arameas (boanerges, talita kumi, corbán, etc.), no pocas construcciones semitas.

Conoce bien la ley y costumbres judías (VII, 1-4), la doctrina de los fariseos y saduceos (XII, 18), las rígidas observancias del sábado, etc.

Conoce bien la geografía del lugar, ya que cita incluso ciudades pequeñas; Jerusalén está muy presente a su alma, la sala donde Caifás juzga “está muy elevada sobre el atrio” (XIV, 66); la turba debía subir para ir al pretorio, etc.

Tampoco ignora el latín, ya que transcribe palabras latinas (XV, 39.44-45; V, 9; VI, 27 etc.).

 5. Pone por escrito la predicación de San Pedro:

domingo, 21 de diciembre de 2025

Introducción a los Evangelios Sinópticos (III de V)

      7. Finalidad: Probar a los judíos que Jesucristo es el Mesías prometido y profetizado.

 8. Argumentos internos que corroboran que el Evangelio fue escrito por un judío y que tenía conocimientos en lo relativo al dinero.

El autor conoce muy bien las condiciones:

a) Geográficas: habla de lugares grandes, pequeños, muy pequeños (Decápolis, Tiro, Cesarea de Filipo, Corazaín, Betsaida, Nazareth, Getsemaní, Calvario, etc.) sin ninguna aclaración y apenas indica los lugares por donde pasó Jesús, porque los supone conocidos.

b) Políticas: nombra los diversos rectores de Israel sin hacer ninguna aclaración (Herodes, Arquelao, Herodes Antipas, Pilatos, Caifás, Filipo).

c) Religiosas: Cita el A.T. como autoridad suprema inapelable para probar el cumplimiento de las profecías en Jesucristo.

d) Pecuniarias: Es el único que habla sobre el tributo de didracma que había que pagar (XVII, 24) y especifica bien qué clase de tributo se le pagaba al César cuando lo llama “moneda del tributo” (XXII, 19), mientras que Marcos y Lucas le dan el nombre común “denario”.

Que Mateo fue su autor también se ve porque (sin dudas por humildad), cuando da el catálogo de los Apóstoles agrega el adjetivo “publicano” a su nombre y se coloca en el octavo lugar y no en el séptimo, como en las demás listas[1].

 

 

8. Plan general del primer Evangelio

viernes, 19 de diciembre de 2025

Introducción a los Evangelios Sinópticos (II de V)

 Evangelios Sinópticos

 I. Evangelio según San Mateo

 

1. Nombre: Mateo: “Don de Dios”, también llamado Leví (Mc. II, 14; Lc. V, 27).

 2. Profesión: Era publicano, o sea, recaudador de impuestos, profesión mal vista en aquel entonces y era casi sinónimo de “pecador”. Para este oficio se requería, al menos como condición general, una cierta familiaridad con el dinero, sus leyes, etc. Algo así como un contador en nuestros días. Veremos enseguida que esta característica marca a fuego su evangelio.

 3. Citado: Ya era conocido a fines del siglo I (Didajé, San Clemente, Epíst. de Bernabé, San Ignacio Mártir, San Policarpo) y también lo citan los herejes a partir del siglo II.

 4. Fecha de composición: Variedad de opiniones entre los autores católicos. La fecha más antigua es entre 3 y 10 años después de la muerte de Cristo; otros la ponen entre los años 40-50.

En lo personal, me inclino hacia el año 38.

 5. Idioma: Según la tradición, fue el único evangelio escrito en arameo, la lengua que hablaba el pueblo en Israel en ese entonces.

El Evangelio arameo se perdió hacia el siglo II, pero se conservó la traducción griega, que ya había sido aceptada en época de los Apóstoles (tema interesantísimo y muy relacionado con la famosa “cuestión sinóptica”).

 6. Destinatarios inmediatos: Los destinatarios inmediatos del Evangelio de San Mateo son los judíos creyentes de Palestina.

 Esta afirmación se corrobora por el análisis interno del libro:

 I. Judíos:

domingo, 7 de diciembre de 2025

Introducción a los Evangelios Sinópticos (I de V)

Introducción a los Evangelios Sinópticos


 Puesto que el Discurso Parusíaco se encuentra en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, creo que no está de más dedicarle unas páginas a la composición de estos tres evangelios, pues nos ayudarán en algunos aspectos menores a la hora de entender el Discurso.

 I. Introducción


 Evangelio primitivamente significó albricias; luego pasó a significar la misma buena nueva. En sentido cristiano significó la Buena Nueva por antonomasia, “el mensaje de la salvación” humana (Ef. I, 13).

Una Sinopsis presenta en columnas paralelas el texto sagrado para que, en un único y fácil golpe de vista, se puedan ver las semejanzas y diferencias de las narraciones evangélicas.

Los tres primeros Evangelios se llaman Sinópticos porque, a causa de su gran parecido en la elección y desarrollo de la materia, se prestan grandemente para esta disposición en columnas paralelas.

Los Evangelios Sinópticos están moldeados de la misma manera (aunque cada uno tiene sus características propias, como veremos más adelante).

Básicamente, el esquema de los Sinópticos es el siguiente:

 

1) Período preparatorio del ministerio de San Juan Bautista (Judea).

2) Viaje a Galilea, después de la prisión del Bautista.

3) Ministerio galileo, todo seguido.

4) Viaje hacia Jerusalén.

5) Última semana en Jerusalén.

A todo esto, hay que sumarle la Pasión, Resurrección y Ascensión.

martes, 27 de julio de 2021

El Juicio de las Ovejas y los Cabritos en Mt. XXV (IV de IV)

    Pero esto no es todo. Vayamos al texto del Apocalipsis y veremos una relación muy interesante con el pasaje de Mt. XXV. 

Al describir la gran muchedumbre de entre todas las naciones que ha sufrido el martirio a manos del Anticristo, uno de los Ancianos le dice (VII, 15-17): 

“A causa de esto, están ante el trono de Dios y le sirven día y noche en su santuario y el sentado sobre el trono tenderá su tabernáculo sobre ellos. No tendrán hambre ya, ni tendrán sed ya ni caerá sobre ellos el sol ni ardor alguno. Porque el Cordero, el (que está) en medio del trono los apacentará y los guiará a fuentes de aguas vivas y borrará Dios toda lágrima de sus ojos”. 

Si ya no sufren todos esos males, quiere decir que alguna vez los sufrieron, y como estos mártires son los que se negaron a colocarse la marca del número de la Bestia (XV, 2), entonces podemos apreciar sin mayores dificultades sus privaciones de toda clase, enumeradas aquí.

 Pero no hace falta demasiada perspicacia para darse cuenta que esta enumeración coincide exactamente con la que leemos en San Mateo. Coloquemos una vez más los textos. 

Mt. XXV: 

31. “Pero cuando venga el Hijo de Hombre en su gloria y todos los ángeles con Él, entonces se sentará sobre su trono de gloria,

32. y se congregarán delante de Él todas las naciones y los (a los hombres) separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.

33. Y estará de pie: las ovejas a su derecha; los cabritos, a la izquierda.

34. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: “Venid, los benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde (la) fundación del mundo.

35. En efecto, tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; forastero era y me congregasteis;

36. desnudo y me vestisteis; enfermé y me visitasteis; en prisión estuve y vinisteis a mí”.

miércoles, 21 de julio de 2021

El Juicio de las Ovejas y los Cabritos en Mt. XXV (III de IV)

  Además, Nuestro Señor nos da en el mismísimo Discurso escatológico el orden de los acontecimientos, lo cual nos confirma en nuestra opinión. 

Veamos el texto de Mt. XXIV: 

1. Y saliendo Jesús del Templo, se iba y vinieron sus discípulos a mostrarle los edificios del Templo.

2. Y Él respondiendo les dijo: "¿No veis todo esto? En verdad, os digo, no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada".

3. Y estando sentado Él en el Monte de los Olivos, vinieron a Él los discípulos en privado, diciendo: "Dinos ¿cuándo será esto y cuál la señal de tu parusía y consumación del siglo?”.

4. Y respondiendo Jesús les dijo: "Ved que nadie os engañe.

5. Muchos, en efecto, vendrán en mi nombre, diciendo: "Yo soy el Cristo", y a muchos engañarán (primer Sello del Apoc.).

6. Y habéis de oír guerras y oídas de guerras. ¡Ved que no os turbéis! En efecto, debe suceder, pero no es todavía el fin.

7. Se levantará, en efecto, nación contra nación y reino contra reino (segundo Sello del Apoc.) y habrá hambres (tercer Sello del Apoc.) y pestes (cuarto Sello del Apoc.) y terremotos en diversos lugares.

8. Pero todo esto es (sólo) (el) principio de los dolores (de parto).”

9. "Entonces os entregarán a tribulación y os matarán y seréis odiados por todas las naciones a causa de mi nombre.

10. Y entonces se escandalizarán muchos, y unos a otros se entregarán y se odiarán unos a otros (quinto Sello del Apoc.).

11. Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos.

12. Y por multiplicarse la iniquidad, se enfriará la caridad de los muchos.

13. Pero el perseverante hasta el fin, éste será salvo.

14. Y será proclamado este Evangelio del Reino en todo el mundo habitado, en testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin.

15. "Cuando, pues, viereis “la abominación de la desolación”, de la que habló Daniel, el profeta, estando de pie en lugar santo -el que lee, entienda-, (Aparición del Anticristo)

jueves, 15 de julio de 2021

El Juicio de las Ovejas y los Cabritos en Mt. XXV (II de IV)

    II.- Texto. - 

Nunca está de más dar el texto completo. 

31. “Pero cuando venga el Hijo de Hombre en su gloria y todos los ángeles con Él, entonces se sentará sobre su trono de gloria,

32. y se congregarán delante de Él todas las naciones y los (a los hombres) separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.

33. Y estará de pie: las ovejas a su derecha; los cabritos, a la izquierda.

34. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: “Venid, los benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde (la) fundación del mundo.

35. En efecto, tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; forastero era y me congregasteis;

36. desnudo y me vestisteis; enfermé y me visitasteis; en prisión estuve y vinisteis a mí”.

37. Entonces le responderán los justos, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y sustentamos o sediento y dimos de beber?

38. ¿Cuándo te vimos forastero y congregamos o desnudo y vestimos?

39. ¿Cuándo te vimos enfermo o en prisión y vinimos a tí?”.

40. Y respondiendo el Rey les dirá: “En verdad, os digo: en cuanto hicisteis a uno de éstos, de mis hermanos, los más pequeños, a Mí hicisteis”.

41. Entonces dirá también a los de la izquierda: “Alejaos de Mí, malditos, al fuego, al eterno, el preparado para el diablo y sus ángeles.

42. En efecto, tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber;

43. forastero era y no me congregasteis; desnudo y no me vestisteis; enfermo y en prisión y no vinisteis a mí”.

44. Entonces responderán también ellos, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en prisión y no te servimos?”.

45. Entonces les responderá diciendo: “En verdad, os digo: en cuanto no hicisteis a uno de éstos, de los más pequeños, tampoco a Mí hicisteis”.

46. E irán éstos al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna”. 

Creemos que ya el mero análisis del v. 31 nos muestra con meridiana claridad que estamos en presencia de la segunda Venida. 

a) “Cuando venga el Hijo de Hombre”: San Mateo, y en el mismísimo capítulo XXIV en varias oportunidades, nos habla en estos términos y siempre con el mismo sentido: 

viernes, 9 de julio de 2021

El Juicio de las Ovejas y los Cabritos en Mt. XXV (I de IV)

 

El Juicio de las Ovejas y los Cabritos en Mt. XXV 

Nota del Blog: Sirvan estas páginas como una retractatio por lo que escribimos en su momento AQUI. 


 *** 

La hermosa escena que cierra el capítulo XXV de San Mateo ha sido interpretada las más de las veces como si estuviéramos en presencia del Juicio Final en el cual todos los hombres han de ser juzgados al mismo tiempo y recibirán, en cuerpo y alma, el premio o castigo eternos conforme a sus obras. Lógica exégesis, sin dudas, en todos cuantos no ven un tiempo en la tierra más allá de la segunda Venida de Nuestro Señor. 

Straubinger, por su parte, ve aquí el Juicio de las Naciones y remite a Joel III y Zac. XIV y, a decir verdad, el v. 32 de Mt. parecería darle la razón. 

¿Se nos permitirá disentir con tantos autores y no ver en ese suceso ni un juicio a todas las personas individuales ni tampoco a las naciones? 

¿Pues a quién si no?, se preguntará el lector, pues parecería que tertium non datur. Pues, para decirlo sin mayores preámbulos, creemos que se trata un juicio a la Iglesia o, si se quiere, a los miembros de la Iglesia. Creemos que tanto el texto como el contexto nos llevan por esta senda. 

Veamos. 

I. Contexto. - 

Sabido es que San Mateo escribió su Evangelio agrupándolo por temas, es decir, siguió el orden más bien lógico que el cronológico, con lo cual vemos que reunió las diversas perícopas según la afinidad de materia. Citemos un autor entre tantos: 

“Los discursos en el primer evangelio: Hemos subrayado los cinco más notables, que forman el núcleo principal del evangelio. Todos ellos giran en torno a un mismo tema: el reino de los cielos. La frase con que pone fin a todos ellos: Cuando Jesús hubo terminado estos discursos o equivalente (VII,28; XI, 1; XIII, 53; XIX, 1; XXVI, 1), es indicio manifiesto del artificio literario con que San Mateo los ha dispuesto. Las secciones narrativas que los separan están escogidas intencionadamente para ilustrar las enseñanzas de Cristo o preparar el ánimo de los lectores. Por lo demás, el análisis y comentario mismo del texto hará ver al lector la marcha siempre progresiva que el evangelista sigue: el pregón inaugural del reino de los cielos; su extensión por medio de la predicación de los apóstoles; su naturaleza humilde, desconcertante para los judíos; su constitución, jerarquizada ya de alguna manera en un pequeño grupo de fieles, primer núcleo de la futura Iglesia y, por fin, su crisis dentro del judaísmo y su propagación por el mundo con la admisión en su seno de los pueblos gentiles. 

Esta misma sistematización de todo el material evangélico explica el que San Mateo no siga un orden estrictamente cronológico en la exposición de los hechos de la vida de Cristo, como se deduce principalmente de su comparación con el evangelio de San Marcos. Las secciones narrativas están subordinadas a los discursos y coordinadas en un orden más bien lógico que cronológico. Con todo, no se puede negar que la disposición general del evangelio obedece a un orden cronológico de conjunto”[1]. 

sábado, 8 de junio de 2019

Las ciudades de Israel (Mt. X, 23) (II de II)


4) Significado del acabaréis.

Y aquí tenemos otro problema más, o por mejor decir, algo interesante para notar.

Sabido es que san Mateo no sólo escribió su Evangelio por temas, sino que además lo dividió en cinco grandes secciones. Esto lo reconocen unánimemente los autores, así que veamos a modo de ejemplo lo que nos dice el P. Leal[1]:

“El molde general en que ha vaciado San Mateo la materia evangélica puede decirse que es el mismo de San Marcos, porque responde al de la primitiva catequesis de San Pedro. Predicación y bautismo de Juan, ministerio en Galilea, subida a Jerusalén, pasión y resurrección.

En este molde general convienen, como hemos visto, los tres primeros Evangelios. Quien más se ha atenido a él ha sido San Marcos. San Lucas ha introducido sus modificaciones grandes, y lo mismo ha hecho San Mateo.

El primer Evangelio empieza con la genealogía del Señor, su concepción sobrenatural, la adoración de los Magos y el destierro en Egipto. Dos capítulos propios.

El ministerio, que precede a la pasión y resurrección, se puede dividir en cinco grandes secciones, cada una de las cuales tiene una parte narrativa y otra didáctica. Cinco grandes bloques de hechos y cinco de discursos. El bloque de los hechos se puede relacionar con el que le sigue de los discursos.

Estas cinco partes están bien definidas, porque cada una se termina con la misma fórmula: Cuando Jesús hubo acabado estos discursos... Es una frase hecha, de estilo semita, que se encuentra en la traducción griega de los LXX, y que no se encuentra más que cinco veces en San Mateo (VII, 28; XI, 1; XIII, 53; XIX, 1; XXVI, 1). Este final de los cinco discursos no es casual y revela en su autor una división V un plan”.

domingo, 2 de junio de 2019

Las ciudades de Israel (Mt. X, 23) (I de II)


Existe en el Evangelio de San Mateo un difícil pasaje que ha dado mucho que hablar. El P. Segarra, en su prolijo estudio sobre los principales textos escatológicos de Nuestro Señor[1], nos ha trazado su historia exegética.

El pasaje que vamos a analizar sucintamente se encuentra en X, 23:

“Cuando os persiguieren en esta[2] ciudad, huid a otra. En verdad, os digo, no acabaréis las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre”.

Prácticamente cada palabra presenta sus dudas.

a) ¿A quién le habla Cristo? ¿A los Apóstoles o a sus sucesores? O, dicho de otra manera, ¿estas cosas se realizaron en los Apóstoles, en la historia de la Iglesia o aguardan aún su cumplimiento?

b) ¿Cuál es el significado de “acabaréis”?

c) ¿Qué son “las ciudades de Israel”?

d) ¿Cuál es esa venida del Hijo del hombre?


***

1) Destinatarios.-

Y ya para comenzar, digamos que es difícil decidirse por dónde empezar. Veamos en primer lugar el contexto en el que se encuentra este versículo:

Mt. X, 16-23: “Mirad que Yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los sanedrines y os azotarán en sus sinagogas, y por causa de Mí seréis llevados ante gobernadores y reyes, en testimonio para ellos y para las naciones. Más cuando os entregaren, no os preocupéis de cómo o qué hablaréis. Lo que habéis de decir os será dado en aquella misma hora. Porque no sois vosotros los que hablaréis, sino que el Espíritu de vuestro Padre es quien hablará por medio de vosotros. Entregará hermano a hermano a la muerte y padre a hijo; y se levantarán hijos contra padres y los harán condenar a muerte. Y seréis odiados de todos a causa de mi nombre; pero el que perseverare hasta el fin, ése será salvo. Cuando os persiguieren en esta ciudad, huid a otra. En verdad, os digo, no acabaréis las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre.”

Los cuales, a su vez, están precedidos por otros, no menos importantes:

lunes, 27 de mayo de 2019

Un texto capital de San Hipólito


Un texto capital de San Hipólito

Introducción. -

El texto que presentamos a continuación está tomado del primer comentario completo cristiano que existe a uno de los Libros Sagrados[1]; nos referimos al que San Hipólito hizo del profeta Daniel, del cual ya habíamos dado en su momento la reseña de parte, nada más y nada menos, de Ramos García (ver AQUI).

El texto data de comienzos del siglo III (202-204) y es de los primeros comentarios bíblicos del santo que luego había de explicar los Salmos, el Hexamerón, el Génesis, las Bendiciones de Jacob y de Moisés, el Éxodo, el Eclesiástico, el Cantar de los Cantares, el comienzo de Isaías, algunos pasajes de Ezequiel, Zacarías y el Evangelio de San Mateo.

El libro merece la pena ser leído en su totalidad pues tiene cosas interesantísimas y no sólo la que traemos en esta ocasión; sirva como ejemplo la interpretación típica de la historia de la casta Susana, imagen de la Iglesia, perseguida por los dos viejos judíos, representantes de Israel y los gentiles; Joaquín, su Esposo, es Jesús; el baño es el Bautismo, etc. etc.

San Hipólito fue, como él mismo lo dice en otra de sus obras, y no es un dato menor, discípulo de San Ireneo, de quien seguramente aprendió parte de la escatología bíblica, como el Milenio y es digno de notar que además trae, como su maestro, la no muy conocida anécdota sobre Judas y el Milenio.

Sin más, pasemos al texto y digamos al final dos palabras:


***

Libro IV, cap. 50.

domingo, 27 de mayo de 2018

Algunas Notas a Apocalipsis IV, 7-8


7. Y el Viviente, el primero semejante a un león y el segundo Viviente semejante a un becerro y el tercer Viviente tiene el rostro como de hombre y el cuarto Viviente semejante a un águila que vuela.

Comentario:

En Ez. I, 10 el orden es: hombre, león, becerro, águila.

Rosenmuller (citado por Crampon en su edición de Alápide): “El R. Abin, conocido como R. Anhu dice: Cuatro son los que tienen el principado en este mundo. Entre todos, el hombre; entre las aves el águila, entre los animales que pacen el toro y entre las bestias el león. Cada uno de ellos tiene su reinado y una cierta magnificencia; están puestos bajo el trono de la majestad divina”.

Wikenhauser: "El hecho de que sean designados como seres vivientes, en parte semejante a determinados animales, o especies de animales, y en parte al hombre, parece sugerir la idea de que en ellos se vé simbolizada la vida de las criaturas en el estado de incorruptibilidad propio del paraíso. Concretamente, el león simboliza lo más noble, el toro lo más fuerte, el hombre lo más inteligente y el águila lo más veloz de cuanto hay en el mundo".

Alápide: “Digo, pues, que estos cuatro animales son literalmente los mismos que vio Ezequiel en el cap. I y que por lo tanto son los cuatro ángeles primarios, acompañantes, príncipes y administradores de Dios, con respecto al cuidado de la Iglesia y a la salvación y régimen de todos los hombres (…) en segundo lugar porque están próximos al trono de Dios y los que están junto a Él son ángeles. Tercero, porque están llenos de ojos y tienen seis alas, las cuales significan ángeles velocísimos. Además, cantan perennemente el “Sanctus”, por lo tanto, son parecidos a los Serafines de Isaías, como diré luego. También en el cap. VI llaman a Juan y le dicen “Ven y mira[1]” y le muestran los cuatro caballos, que representan cuatro estados futuros de la Iglesia. Estos son oficios de ángeles, que presiden el gobierno de la Iglesia: Dios suele dar las profecías sobre la Iglesia e iluminarlos por medio de los ángeles que presiden sobre ellos, como consta por lo que sigue y por el profeta Daniel”.

Jünemann: “Estos cuatro seres misteriosos, parecen ser querubines, de figura humana, y de faz como reflejando los cuatro seres más excelentes de la creación visible, símbolos a su vez: el león, de la fuerza y majestad de Dios; el becerro, de su beneficencia; el hombre, de su belleza; el águila, de su sublimidad”.


8. Y los cuatro Vivientes, cada uno de ellos teniendo alas seis, alrededor y dentro llenos de ojos; y reposo no tienen día y noche, diciendo: "Santo, Santo, Santo, Yahvé Dios, el Todopoderoso, el que era y el que es y el que viene”.

jueves, 17 de mayo de 2018

Algunas Notas a Apocalipsis IV, 6


6. y delante del trono como un mar de vidrio semejante a cristal; y en medio del trono y alrededor del trono, cuatro Vivientes llenos de ojos por delante y por detrás.

Notas Lingüísticas:

Zerwick: "ἐν μέσῳ (en medio): ¿en medio de los cuatro costados?".


Comentario:

Flavio Josefo llama a los Querubines “vivientes alados” en Ant. Jud. 3, 6, 5.

Straubinger: “Los cuatro vivientes aparecen como seres celestiales semejantes a aquellos que vieron los Profetas como Serafines (Is. VI, 2 s) y Querubines (Ez. I, 5 ss). El libro de Enoc (71, 7) añade los Ofanim”.

Allo: “No hay dudas sobre el origen de la figura de los Animales: son los Querubines de Ezequiel, combinado con los Ofanin (ruedas) del mismo profeta y los Apócrifos (a causa de los ojos), con los "Egrégores" o "Vigilantes" de la Tradición y los Serafines de Isaías (las seis alas, el Trisagion).

(…)

En cuanto al “mar de vidrio” (el vidrio era entonces una materia preciosa, cfr. Job XXVIII, 17) es evidentemente el firmamento, las “aguas superiores”, el océano celeste del Test. Levi según las ideas cosmológicas antiguas; forman como el parqué del templo celestial sobre el que reposa el trono de Dios”.

(…)

“En su primer sentido los cuatro animales son, pues, ángeles asociados muy estrechamente al Maestro del mundo, como los querubines del propiciatorio del Arca. Pero su aspecto y su número muestran que están más bien relacionados con el universo material. Vueltos hacia los cuatro puntos cardinales, dominan y vigilan las cuatro partes del cielo, gobiernan, bajo la autoridad de Dios, la creación”.

jueves, 3 de mayo de 2018

Algunas Notas a Apocalipsis IV, 5


5. Y del trono salen relámpagos y voces y truenos; y siete antorchas de fuego arden delante del trono, que son los siete espíritus de Dios.

Comentario:

Estos siete ángeles “de la presencia” son los mismos que aparecen en I, 4 (siete espíritus delante del Trono); III, 1 (siete espíritus); V, 6 (siete cuernos y siete ojos); VIII, 2 (siete ángeles de pie ante Dios).

Straubinger: “Relámpagos, voces y truenos son señales del poder de Dios (Éx. XIX, 16; Sal. XXVIII, 3 ss.). Las siete lámparas son los siete Espí­ritus que vimos en I, 4. En adelante no se habla más de ellos (cf. V, 11) y se los considera identificados con los siete ojos del Cordero (III, 1; V, 6). Señalamos aquí­, a tí­tulo de curiosidad, una reciente hipótesis de Greslebin, según la cual este capí­tulo del Apocalipsis serí­a lo que se representa en la puerta del templo del sol en Tiahuanaco. Su autor cree haber encontrado veinticuatro coincidencias entre el texto bí­blico y las esculturas precolombinas de dicho templo”.

Wikenhauser: “El espectáculo recuerda la promulgación de la ley en el Sinaí (Ex. XIX, 16) y la aparición de Dios en Ez. I, 13. En el Antiguo Testamento la tempestad acompañada de relámpagos y truenos es un símbolo corriente de la potencia y majestad de Dios cuando se revela (Sal. XVII, 14; XLIX, 3). El gran ruido del que se habla es el mismo que acompaña los truenos y relámpagos. Dentro del círculo formado por los tronos de los ancianos, pero fuera del círculo de los cuatro seres vivientes y, ciertamente, ante el trono de Dios, arden siete antorchas, que se interpretan como símbolos de los siete espíritus de Dios, los mismos de que se hacen mención también en I, 4; III, 1; V, 6. Es esta la primera vez que el vidente los contempla en visión. Si estos siete espíritus simbolizan el Espíritu septiforme de Dios, su representación en forma de antorchas significa que nada en el mundo escapa a la mirada del Señor. Según Aretas de Cesarea, tales espíritus son figura de los “ángeles de la presencia”, es decir, de la clase suprema de las jerarquías angélicas”.

Alápide: “Parecería que las voces se distinguen de los truenos, como si fueran horribles clamores de los hombres o de los ángeles. Así Alcázar asocia aquí las voces humanas con los truenos celestes. A menos que se diga que se trata de epexegesis y que “y” se pone en lugar de “esto es”, “voces (esto es), truenos” o hendíadys “voces y truenos” es decir “voces tronantes”, como si profirieran voces humanas e inteligibles. Tales voces escuchó Juan en el cap. X, 3: “Los siete truenos levantaron sus voces” y en XIX, 6 escuchó “Una voz como de grandes truenos que decían: ¡Aleluya!”.

Alápide: "Y siete lámparas…: alude a las siete luces del candelabro que estaban en el tabernáculo de Moisés y en el Templo de Salomón, a saber, en el Santo, con las cuales se representaban los siete planetas".

Sales: "Siete lámparas: alusión a las siete lámparas del Templo de Jerusalén, figura del Templo del cielo (Cfr. Éx. XXV, 37; Zac. IV, 2). Estas lámparas indican los siete espíritus, esto es, los siete ángeles ministros principales de la voluntad de Dios".

Jünemann: “Relámpagos, y voces y truenos: Señales de juicio”.

domingo, 22 de abril de 2018

Algunas Notas a Apocalipsis IV, 4

    4. Y (vi) alrededor del trono, tronos veinticuatro; y sobre los tronos, veinticuatro Ancianos sentados, vestidos con vestiduras blancas y sobre sus cabezas coronas de oro.

Citas Bíblicas:

Is. XXIV, 23: “La luna se enrojecerá y el sol se oscurecerá, porque Yahvé de los ejércitos reinará en el monte Sión y en Jerusalén, y delante de sus ancianos (resplandecerá) su gloria”.

Dan. VII, 9-10: "Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos; y sentóse el Anciano de días cuyo vestido era blanco como la nieve, y el cabello de su cabeza como lana blanca. Su trono era de llamas de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego corría saliendo de delante de él; millares de millares le servían y miríadas de miríadas se levantaban ante su presencia. Sentó se el tribunal y fueron abiertos los libros…".


Comentario:

Allo: “Por el origen y la función de los ancianos, cfr. tal vez, Ex. XXIV, 9, los asistentes de Moisés, y seguramente Is. XXIV, 23 y Dn VII, 10; el número 24 cfr. I Par. XXIV, 7-19, las 24 clases de sacerdotes”.

Allo: “Estos Ancianos han dado materia a muchas interpretaciones. La figura es tradicional y responde al “senado de Dios” del que hablan Isaías y Daniel (introd. Cap. V, II. I, p. LXXX). Allí hemos visto a los ángeles que presiden el desarrollo de los tiempos en las diversas fases de la historia humana. Los comentadores medievales han visto, por el contrario, a representantes de la humanidad, salidos de su seno, sea las 12 tribus (12 x 2), sea los Patriarcas y los Apóstoles, o los profetas de Israel, o la raza elegida en general (Vict., And., Alb.: “universitas sanctorum V.T et N.T”)”.

Gelin: "Los veinticuatro Ancianos están subordinados a los Animales (IV, 10) y constituyen una suerte de senado Angélico que sigue desde el cielo la historia humana y el progreso del reino de Dios en el mundo (VII, 13 ss; XI, 16)".

Biblia de Jerusalén: “Estos ancianos ejercen un rol sacerdotal y real: alaban y adoran a Dios (IV, 10; V, 9; XI, 16s; XIX, 4) y le ofrecen las oraciones de los fieles (V, 8); se sientan en el gobierno del mundo (tronos) y participan de su poder real (coronas). Su número corresponde tal vez, al de las 24 órdenes sacerdotales de I Par. XXIV, 1-19”.

Ramos García: "Sobre los siete arcángeles o ejecutores de los decretos del Señor vio San Juan a 24 ancianos, que son sus consejeros natos, consejeros digo no en el sentido de que Dios tome de ellos consejo, quis enim consiliarius ejes fuit? (Is. XL, 13; Rom. XI, 34; cf. Sab. IX, 13), sino en el sentido de que comunica con ellos sus consejos adorables para que le alaben y glorifiquen por ellos, como se ve tantas veces en el Apocalipsis (Apoc. IV, 4-10; V, 8-14; XI, 16; XIX, 4). A todo mi entender estos 24 ancianos no son hombres bienaventurados, como he opinado alguna vez, sino ángeles de una categoría superior, los Domini o grandes Señores (Seniores) de la sociedad angélica, como lo expresó San Juan al contestar a uno de ellos que le preguntaba quiénes eran y de dónde habían venido los Santos que veía con vestiduras blancas: Domine mi, tu scis (Apoc. VII, 14), y de estos Domini tomaría nombre el orden de las Dominaciones que San Juan no podía omitir de ningún modo en la descripción de la celeste curia[1]