VI.
Objeciones y Respuestas. -
Con lo dicho anteriormente es fácil responder a las
siguientes afirmaciones:[1]
“IV. Objeción: ¿qué se debe hacer si uno duda
acerca del papado de Ratzinger?[2]
En primer lugar,
respondo diciendo que la duda existe sólo en la mente y nunca en el mundo real.
En la realidad Ratzinger es o no es papa.
¿Podemos permanecer moralmente en la duda?
No. Como he
explicado antes la identidad del romano Pontífice constituye esencialmente
la identidad de la Iglesia Católica Romana y es el fundamento de su unidad.
Estando obligados a profesar la verdadera Fe y a pertenecer a la verdadera Iglesia,
y no ser indiferentes, así pues, estamos también obligados a resolver
nuestra duda con respecto a la identidad del romano Pontífice. Permanecer
en la duda acerca de él es permanecer en la duda acerca de la identidad misma
de la Iglesia. Además, estamos obligados a obedecerle bajo pena de pecado.
No podemos quedarnos satisfechos con la duda acerca de su identidad.
La teología moral
nos exige que resolvamos la duda por medio de una diligente indagación.
En la mayoría de los casos la indagación va a resolver la duda a favor del sedevacantismo.
Pues si uno duda acerca de él es porque ya ha sido movido por los horrores del
Vaticano II a cuestionarse la ortodoxia de quienes lo promovieron. Una
investigación exhaustiva revelará que nuestras sospechas están más que
confirmadas y la duda claudicará rápidamente ante la certeza.
Si, por alguna razón legítima, la indagación
no nos conduce a la evidencia en contra de Ratzinger, entonces debemos
resolver la duda a través de los principios reflejos, es decir, por medio
de ciertos principios generales de moralidad y de ley que nos dan la certeza
cuando no podemos resolver la duda por nuestra cuenta. La teología moral haría
que la duda se vuelva en favor del papado de Ratzinger por el hecho de
gozar, al menos aparentemente, de una elección válida y de la aceptación general
de lo que comúnmente es conocido como la Iglesia Católica.
Así, pues, el
sedevacantista puede serlo sólo si está seguro del no-papado de Ratzinger, ya
que una duda irresoluble lo pondría inevitablemente en el campo del sedeplenismo.
De aquí que el sedevacantista
no puede considerar la posición del sedeplenista como una opinión teológicamente
sostenible, como si se tratara de una cuestión dudosa”.
Hasta aquí el texto, ahora pasemos a responder parte
por parte: