![]() |
| La Negación de San Pedro. G. Doré |
XIV
LAGRIMAS EN LOS CIMIENTOS DE LA
IGLESIA
Comenzó a bañarle los pies con sus lágrimas.
(Lucas, cap. VII, vers. 38).
¿Qué
decir de Magdalena? Sus lágrimas se han vuelto tan ilustres que forman un todo
con su persona, identificadas a su recuerdo e inmortalizadas en su gloria.
Magdalena
y sus lágrimas no pueden separarse en la memoria de los hombres. Magdalena y
sus lágrimas están unidas en la lengua terrestre. En el cielo no llora. Pero
las lágrimas vertidas la han introducido en el lugar que ahora ocupa. ¿Quién
sobre la tierra puede imaginarse a Magdalena de manera distinta que llorando? El arte ha consagrado sus
lágrimas con todas las consagraciones de que dispone. La Pintura y la Escultura
se colocan para verla llorar en el ángulo conveniente. Estudian su
arrepentimiento, y el llanto que vierte forma parte del patrimonio del
género humano. Inspirado por el recuerdo de Magdalena, Canova
supo hacer llorar al mármol, se ha vuelto patético en favor de Magdalena.
Y
como si los hombres no hubieran sido dignos de verlas correr, esas lágrimas de
Magdalena fueron ofrecidas como espectáculo al desierto. Vertió ante los hombres, es
cierto, algunas lágrimas que la historia recogió y que el género humano
contempló. Pero pronto fué al desierto y allí corrieron esos torrentes de
llanto que permanecieron secretos para los hombres.










