viernes, 19 de julio de 2019

Cristo Maestro y la estabilidad del Dogma Católico, por J. C. Fenton (III de III)


Otra cuestión se plantea en este punto, duda motivada por el espléndido trabajo leído por el P. Walter Burghardt, S.J., en la reunión de la Sociedad teológica Católica de América en Detroit en junio pasado. La pregunta es esta: ¿Puede la ecclesia docens hacer nuevas definiciones o condenas sin mirar hacia los monumentos del pasado? En otras palabras, ¿puede la ecclesia docens, solamente teniendo en cuenta su propia conciencia, examinando el contenido de su propio conocimiento del mensaje revelado y, por lo tanto, sin ninguna referencia al pasado o a los monumentos del pasado, resolver todas las cuestiones sobre la Fe Católica? O, para hacer la pregunta aún de otra manera, en forma más concreta: ¿pudo el Santo Padre haber definido el dogma de la Asunción corporal de Nuestra Señora a los cielos sin referirse a la enseñanza y documentos del pasado con tal que determinara la conciencia o convicciones de la ecclesia docens sobre esta enseñanza?

La respuesta correcta y precisa a estas preguntas, o para ser más exactos, a esta cuestión, está lejos de ser un tema simple. Parecería, de todas formas, que la comprensión de la posición del Santo Padre y de los otros miembros de la ecclesia docens como embajadores de Jesucristo puede ser muy útil para arribar a semejante respuesta.

Como Cabeza de Su Cuerpo Místico, Nuestro Señor empodera, ayuda y en realidad mueve a su ecclesia docens para las declaraciones autoritativas y precisas de Su mensaje divino a Sus discípulos dentro de Su Iglesia. Sus embajadores son comisionados por Él para declarar como verdad divinamente revelada lo que ha sido presentado como tal semper, ubique y ab omnibus (siempre, en todas partes y por todos) por la autoridad magisterial de Su Iglesia. Puesto que son embajadores, y por lo tanto las causas principales de sus declaraciones del mensaje de Dios, están obligados a obrar conforme a los designios de la prudencia humana (o del don de consejo) en el correcto cumplimiento de esta tarea.

Absolutamente hablando, una vez que se ha establecido que una enseñanza particular es propuesta aquí y ahora como dogma de la Iglesia católica ubique et ab omnibus, es completamente cierto que siempre ha sido presentada así en la Iglesia verdadera y católica. Pero, del mismo modo, una vez que se ha establecido que la ecclesia docens ha declarado realmente tal enseñanza como dogma católico en el pasado, es completamente cierto que es enseñado como dogma católico aquí y ahora por todas partes y por todos los miembros de la ecclesia docens. Aun así, la tremenda gravedad de la materia en cuestión parecería hacer moralmente imposible emitir una definición sin recurrir a un examen de la creencia de la Iglesia en el presente, como así también a los monumentos del pasado. Y parecería que los dones carismáticos otorgados por Nuestro Señor a la ecclesia docens para el cumplimiento correcto y apropiado de su divino encargo deben incluir la disponibilidad de recursos por los cuales la enseñanza del pasado en la Iglesia puede ser examinada a fin de ver claramente cómo ha sido presentada en realidad la doctrina en cuestión por parte del magisterium en los tiempos pasados.

martes, 16 de julio de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (II de X)


II

Conveniencia del símil de la neomenia con las ideas del prólogo y de todo el evangelio de San Juan, en sus notas litúrgica y mesiánica. - Prueba exegética de la existencia de este símil en la perícope Jn. I, 5-9: a) el verso 5 y su paralelo de la luz lunar en el Eclesiástico XLIII, 9; b) el testimonio de la luz en los versos 6-8 y el antiguo ceremonial israelita del testimonio de la luz neoménica, reflejado en el Rosch ha-schana, en el Muhtasar y en las costumbres islámicas; c) fuerza descriptiva del verso 9; resumen y valor doctrinal y literario de la perícope, según la explicación propuesta.

***

Para expresar altísimos conceptos teológicos hay en el prólogo de San Juan las conocidas metáforas de luz y de tinieblas, las cuales, a nuestro ver, en el verso 5 se puntualizan y articulan, formando, sin menoscabo del valor dogmático, algo así como una delicadísima alegoría de la neomenia mesiánica, que se extiende sobre los cuatro versos consecutivos, ilumina precisiones del texto evangélico que sin ella quedan obscuras, y afirma más y más la íntima unidad del pasaje, precisamente allí mismo, donde la crítica racionalista intenta ahora introducir sus teorías fragmentistas.

Comencemos por advertir que el símil de una neomenia, lejos de ser algo extraño, es bien acomodado a las ideas del prólogo, a la contextura de todo el evangelio, a la nota litúrgica y a la mesiánica que en él campean.

Por la suavidad de su luz, la eficacia de sus influencias y sobre todo por la ordenada variedad de sus fases despertó siempre la luna vivo interés en el espíritu de los pueblos, según lo prueban las historias y las literaturas. En la vida social y religiosa de los pueblos antiguos ese interés fué sostenido y aún acrecentado por las facilidades que ofrecía la luna para una computación del tiempo. En esto la moderna filología escrutando el viejo fondo de las lenguas antiguas descubre vestigios curiosos e inequívocos de una singularísima preponderancia lunar. Uno mismo, por ejemplo, es el vocablo sumérico "En-zu" para designar "luna" y "señalador de tiempo", idéntica relación incluye la palabra babilónica "Sin" (J. Helm, Der israelitische Sabbath, p. 14, etc.), y también las lenguas de la familia indogermánica, el sanscrito, el zend, el griego, el eslavo, el gótico, el antiguo prúsico… para significar "mes" y "luna" se sirven de la misma raíz (Boisacq. Dict. Étym. de la Langue Grecque, 1923). Es que la luna, con cada una de sus cuatro fases (7 3/8 días) y con el ciclo completo de ellas (29 1/2), fija aproximadamente la semana y el mes, dando los elementos primordiales de aquella computación, casi diríamos, prehistórica, que después vinieron adoptando civilizaciones nobilísimas como casi todas las semíticas del Asia occidental, la griega y la romana.

sábado, 13 de julio de 2019

Cristo Maestro y la estabilidad del Dogma Católico, por J. C. Fenton (II de III)


Con respecto a la expresión o afirmación de las divinas verdades de fe católica por parte de Nuestro Señor, existe una función muy especial a la que alude Pío XII. Como nos recuerda la Mystici Corporis, la revelación pública divina que aceptamos con asentimiento de fe teológica dentro de la Iglesia Católica es en primer lugar un cuerpo de verdades que Jesucristo expresó y describió en forma efectiva a Sus apóstoles y discípulos a través de Su vida pública en la tierra. Además, parte de ese mensaje está contenido en los libros canónicos escritos por los discípulos de Nuestro Señor como instrumentos inspirados por Dios. Así, los libros y la expresión de la verdad que se contiene en ellos, deben ser atribuidos a Dios como causa principal, y a la sagrada humanidad de Jesucristo como causa instrumental unida a la divinidad. Según la doctrina de la Mystici Corporis, pues, Nuestro Señor actúa como Maestro dentro de Su Iglesia en el sentido de que es verdaderamente el Autor de los libros inspirados que contienen parte del mensaje divinamente revelado sobre el cual se ocupa primera y esencialmente el magisterium de Su Iglesia.

Incluso restringiéndonos a la consideración de la influencia de Nuestro Señor como causa o Autor de los libros inspirados por los cuales los fieles son adoctrinados con respecto a la salvación eterna y sobrenatural, Su función es algo muy diferente de otros autores meramente humanos que han trabajado dentro del reino de Dios en los días antiguos. Santo Tomás, para dar un ejemplo muy ilustre, escribió muchos libros que sirven para la instrucción de los fieles dentro de la sociedad de los discípulos de Nuestro Señor. Sin embargo, sería imposible decir que Santo Tomás obra ahora como maestro, en sentido propio y estricto, dentro de la Iglesia. Su influencia es virtual, emana del poder que ejerció cuando enseñó realmente durante su vida sobre la tierra.

Nuestro Señor, por otra parte, vive ahora, precisamente como Maestro, dentro de Su Iglesia. Los libros de los que es Autor son expuestos y explicados por hombres a los que ha comisionado, por hombres que obran y enseñan en virtud del poder que les comunica aquí y ahora. Así, la obra de expresar y llevar la verdad a los discípulos dentro de la Iglesia, la función que es preeminentemente la tarea del maestro, es algo que está llevando a cabo de hecho dentro de la Iglesia en cada momento, y que le da, desde este punto de vista, el título de Maestro de la Iglesia en sentido estricto y propio.

Pero, aunque esto sea verdad con relación a la parte de la divina revelación cristiana que se contiene en los libros inspirados, sobre todo los del Nuevo Testamento, bien nos podemos preguntar sobre la función doctrinal de Nuestro Señor dentro de la Iglesia con referencia al mensaje público revelado como un todo, o incluso con relación a esa parte que no está contenida en los Libros Sagrados. La encíclica Mystici Corporis contiene una instrucción precisa también sobre este punto. En este documento, el Santo Padre señala el hecho que Nuestro Señor mismo enriquece la ecclesia docens y particularmente al Obispo de Roma con los dones de sabiduría, ciencia y conocimiento,

miércoles, 10 de julio de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (I de X)


La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio

Nota del Blog: Interesantísimo estudio del P. Bartomeu Pascual, un exégeta catalán perfectamente desconocido por nosotros hasta que leímos dos pequeños trabajos suyos, uno de los cuales es el que presentamos en esta oportunidad.


El texto se puede leer en Analecta Sacra Tarraconensia, vol. III (1927), pag. 33-66.


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NOTAS PARA UN COMENTARIO DE SAN JUAN I, 5-9,
por el Doctor BARTOMEU PASCUAL.

I

Observación previa sobre el espíritu litúrgico de San Juan, revelado en sus principales obras y en un texto de Polícrates. - Valor literal e histórico de ese texto. - Su importancia para la crítica bíblica.


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Comenzando un estudio acerca del cuarto evangelio, publicado en ANALECTA SACRA TARRACONENSIA (vol. 2, pp. 407-426), escribíamos lo que sigue:

"El evangelio de San Juan es el de las festividades de Jerusalén y tiene un manifiesto carácter litúrgico que se prolonga sobre su otra grande obra del Apocalipsis".

Eso repetimos hoy, si cabe, con mayor encarecimiento, al empezar esta nueva investigación sobre el prólogo de aquel evangelio. Y, si no seguimos transcribiendo ni completando aquí las citas escriturarias con que entonces lo confirmábamos, es porque preferimos esta vez llamar ante todo la atención sobre la historicidad de un pasaje extrabíblico que por otra vía ilustra el mismo concepto; esto es, sobre el conocido texto de Polícrates o, mejor dicho, sobre una sola y rapidísima frase que en él se contiene, pertinente a nuestro propósito.

Las palabras son breves y por eso más interesantes. Gratior haustus e rivulo est, dijo San Ambrosio con fina psicología; y, en verdad, con singular placer las recogemos para nota introductoria del presente trabajo.

Eusebio de Cesarea, en su Historia Eclesiástica (5, 24, 1-8), al tratar la cuestión de los cuartodecimanos, pone un largo fragmento de la epístola vehementísima que Polícrates, Obispo de Éfeso y presidente de la asamblea de los obispos de Asia, dirigió, por los años 190, al Papa Víctor manifestándole la práctica allí vigente y su unánime sentir en favor de la coincidencia de la Pascua cristiana con la judía, afirmándolo como intangible tradición recibida de apóstoles y de varones apostólicos, cuyas tumbas y cuyos recuerdos religiosamente se guardaban en aquellas iglesias. Entre esos pone al apóstol San Juan, "que llevó la lámina de oro".

domingo, 7 de julio de 2019

Cristo Maestro y la estabilidad del Dogma Católico, por J. C. Fenton (I de III)


Nota del Blog: El presente trabajo fue publicado en The American Ecclesiastical Review, 125 (1951) pag. 208-219.

El texto original puede verse AQUI


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Existe actualmente un considerable interés en promover la causa de una fiesta litúrgica especial de Cristo Maestro. Por lo tanto, será muy ventajoso estudiar la misión doctrinal de Nuestro Señor, especialmente como es ejercida en Su Iglesia del Nuevo Testamento. Es obvio, por supuesto, que, durante el transcurso de Su vida pública aquí en la tierra, las actividades de Nuestro Señor dentro de la comunidad de Sus discípulos incluían la obra de enseñanza, y que su enseñanza entonces lo era en el sentido más estricto del término. No es menos obvio que, desde el tiempo de Su gloriosa Ascensión a los cielos, Nuestro Señor, como Cabeza del Cuerpo Místico que es Su Iglesia, ha iluminado esta sociedad. Iluminó la Iglesia como parte del oficio por el cual el Espíritu Santo, que habita en la Iglesia como la Fuente de su unidad y vida, realizó una función que ha hecho que el magisterium católico hable de Él como el Alma de la Iglesia Católica.

Dos cuestiones sobre la actividad doctrinal de Nuestro Señor en Su Iglesia son de especial interés e importancia hoy en día. Primero ¿esa actividad doctrinal en la Iglesia debe ser clasificada como enseñanza en sentido estricto de forma que Nuestro Señor es propiamente el Maestro o Magister de los fieles que viven aquí y ahora en Su Reino sobre la tierra? Segundo, ¿de qué forma esta actividad doctrinal de Nuestro Señor en Su Iglesia sirve para explicar la inherente estabilidad del dogma católico?

La encíclica Mystici Corporis del Santo Padre contiene un excelente resumen sobre la doctrina Católica de la función de Nuestro Señor como Iluminador de Su Iglesia. Esta enseñanza se encuentra en la parte de la encíclica que trata sobre la obra de Nuestro Señor como Cabeza de su Cuerpo Místico. El documento explica que, como Cabeza del Cuerpo Místico, Nuestro Señor posee una superioridad en cuanto a la excelencia sobre todos los miembros, y que ejerce su jefatura por medio de su gobierno sobre la Iglesia a través de Su conformidad con Sus miembros, en razón de la plenitud de vida sobrenatural que existe dentro de Él, y finalmente en razón del influjo de vida que comunica al Cuerpo y a sus miembros. Por medio de este influjo, Nuestro Señor ilumina y santifica a la Iglesia y a sus miembros. Este es el texto pertinente de la encíclica:

“Porque así como los nervios se difunden desde la cabeza a todos nuestros miembros, dándoles la facultad de sentir y de moverse, así nuestro Salvador derrama en su Iglesia su poder y eficacia, para que con ella los fieles conozcan más claramente y más ávidamente deseen las cosas divinas. De Él se deriva al Cuerpo de la Iglesia toda la luz con que los creyentes son iluminados por Dios, y toda la gracia con que se hacen santos, como Él es santo”.

Cristo ilumina a toda Su Iglesia, como resulta evidente de casi innumerables pasajes de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres.

jueves, 4 de julio de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VII, 17


17. Porque el Cordero, el (que está) en medio del trono los apacentará y los guiará a fuentes de aguas vivas y borrará Dios toda lágrima de sus ojos.

Citas Bíblicas:

Análogas promesas vemos a los viadores durante el Milenio:

Is. XXV, 6-8: “Yahvé de los Ejércitos dará a todas las naciones en este monte un banquete de pingües manjares, un festín de vinos generosos, de manjares grasos y enjundiosos, de vinos puros y refinados. Y Él destruirá en este monte el velo que cubría todos los pueblos, la cobertura tendida sobre todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre. Enjugará Yahvé el Señor las lágrimas de todos sus rostros, y de toda la tierra quitará el oprobio de su pueblo. Pues Yahvé ha hablado.

Apoc. XXI, 3-4:Y oí una gran voz desde el trono que decía: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres y Él fijará su tabernáculo con ellos y ellos serán sus pueblos y Él mismo será “El Dios con ellos”. Y enjugará toda lágrima de sus ojos; y la muerte no existirá más; ni lamentación, ni grito, ni dolor existirá más, porque las cosas primeras pasaron”.

Sobre las fuentes de las aguas de la vida:

Apoc. XXI, 6: “Y díjome: “Se han cumplido. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed Yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida".

Apoc. XXII, 1.17: “Y me mostró un río de agua de vida, claro como cristal, que sale del trono de Dios y del Cordero (…) Y el Espíritu y la Novia dicen “Ven”, y el que oye, diga “Ven” y el que tenga sed, venga, el que quiera, reciba agua de vida gratis".

Cfr. por supuesto todo el pasaje del diálogo entre Jesús y la samaritana en Jn. IV.


Comentario:

Notar:

Hambre = pastoreará.

Sed = fuentes de aguas de vida.

Caerá sobre ellos el sol ni ardor alguno = ¿enjugará Dios toda lágrima de sus ojos?


***

¿Las cuatro bienaventuranzas de Lc VI, 20 ss?

1) Bienaventurados los pobres, porque es vuestro el reino de Dios = ¿Ardor del sol?

2) Bienaventurados los hambrientos porque os hartaréis = hambre y sed.

3) Bienaventurados los que lloráis porque reiréis = enjugará toda lágrima de sus ojos.

4) Bienaventurados cuando los hombres os odiaren, os excluyeren, os insultaren y prescribieren vuestro nombre, como pernicioso, por causa del Hijo del hombre = ¿Martirio?

Parecería que estas aguas de la vida son comunes a los Santos de la primera resurrección como a los viadores durante el Milenio.

Se dice que Dios enjugará sus lágrimas acaso para señalar que estos mártires tendrán aquel don del cual los santos decían que era un signo de predestinación.

jueves, 27 de junio de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VII, 16


16. No tendrán hambre ya, ni tendrán sed ya ni caerá sobre ellos el sol ni ardor alguno.

Concordancias:

ἥλιος (sol): cfr. Mt. XIII, 6 (= persecución).43; Mc. IV, 6 (= persecución) Apoc. XVI, 8 (cuarta Copa); XXI, 23; XXII, 5. Ver Mt. XVII, 12; XXIV, 29; Mc. XIII, 24; Lc. XXI, 25; Hech. II, 20. Apoc. I, 16; VI, 12; VII, 2; VIII, 12; IX, 2; X, 1; XII, 1; XVI, 12; XIX, 17.

καῦμα (ardor): cfr. Apoc. XVI, 9 (cuarta Copa).


Notas Lingüísticas:

Zerwick: “οὐδὲ μὴ (como οὐ μὴ): con conjuntivo, enfática negación de una cosa futura”.

Allo: "καῦμα (ardor), sinónimo del καύσων (siroco)".

Cfr. Mt. XX, 12; Lc. XII, 55 y Sant. I, 11.


Citas Bíblicas:

Parecida promesa vemos hecha a la Mujer que huye al desierto y a los cautivos de Israel cuando vuelven una vez tras el fin de su destierro[1]:

Sal. CXX, 5-7: “… es Yahvé quien te custodia; Yahvé es tu umbráculo y se mantiene a tu derecha. De día no te dañará el sol, ni de noche la luna. Presérvete Yahvé de todo mal, Él guarde tu alma. Yahvé custodiará tu salida y tu llegada, ahora y para siempre”.

Is. XLIX, 9-12: “… en el camino encontrarán con qué alimentarse, y sobre todos los cerros (hallarán) su pasto. No tendrán hambre ni sed, no les molestará viento solano ni sol; porque los conducirá Aquel que de ellos se ha apiadado, y a manantiales de agua los llevará. Convertiré en caminos todos mis montes, y mis calzadas se alzarán. Mira cómo vienen de lejos; estos del norte y del oeste y aquellos de la tierra de Sinim”.


Comentario:

Parecería que la cuarta Copa es un castigo proporcional a estos sufrimientos de los mártires del Anticristo.

Estos parecen ser los males físicos característicos de los mártires del Anticristo.

Allo: "ἀνὰ μέσον aquí no quiere decir "entre" como de costumbre, sino "en medio de", como ἐν μέσῳ".

Allo: "El título de "pastor" había sido dado a Yahvé en Sal. XXII, 1 ss; LXXIX, 1; Is. XL, 11; Ez. XXXIV, 23. La misma imagen se aplica en otra parte al Mesías, II, 25; XII, 5; XIX, 15, pero en otro sentido totalmente diferente, inspirado en el Sal. II, 9, el de la dominación sobre los enemigos".

Fillion: "Todo este pasaje está tomado de Is. XLIX, 9-10, con ligeras modificaciones. Las últimas palabras, y borrará Dios, provienen de otro oráculo de Isaías XXV, 8. San Juan reemplaza las palabras "miserator ejus" del profeta por "El Cordero que está en medio…".



[1] Sobre la existencia actual del cautiverio de Israel y su fin recién con la Parusía, nada mejor que Lacunza en su Fenómeno VII: “Babilonia y sus cautivos”. 

jueves, 20 de junio de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VII, 15


15. A causa de esto, están ante el trono de Dios y le sirven día y noche en su santuario y el sentado sobre el trono tenderá su tabernáculo sobre ellos.

Notas Lingüísticas:

Iglesias: “Le sirven: o también: le dan culto”.

Allo: “Notar con atención los presentes εἰσιν, λατρεύουσιν, que se leen por todas partes, y son seguidas siempre del futuro σκηνώσει”.


Comentario:

Esta escena ocurre en el cielo y tiene lugar durante el reinado del Anticristo (excepto la parte futura sobre el tabernáculo que se refiere a la Jerusalén Celeste durante el Milenio).

Los mártires del Anticristo sirven a Dios tras haberse negado a servir a la Bestia.

Tenderá su tienda: Bover y Allo; cfr. XII, 12.

Straubinger, Zerwick y Castellani traducen “fijará su morada con ellos”.

Templo = ναὸς. Misma palabra usada en III, 12 cuando habla del premio al que venciere.

Notar la preposición “porque” que indica causalidad, como si dijera “están delante del trono de Dios porque vienen de la gran Tribulación”, es este un privilegio de los mártires del Anticristo.

En su Santuario, es decir, el que está en el cielo y que sirvió de modelo al de Salomón.

Notar, por último, como característica de esos tiempos, o sea, del Milenio, el hecho de que Dios fija su morada con los hombres, y de aquí que la fiesta de los Tabernáculos se celebre durante el Milenio como lo indica Zac. XIV, 16 ss.

lunes, 17 de junio de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VII, 13-14


13. Y se dirigió uno de los Ancianos, diciéndome: “Estos, los vestidos de túnicas, las blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?”.

Notas Lingüísticas:

Zerwick: "ἀπεκρίθη: respondo. En hebreo también "tomar la palabra".


Citas Bíblicas:

Τίνες εἰσὶν καὶ πόθεν ἦλθον (¿quiénes son y de dónde han venido?): cfr. Jos. IX, 8.


Comentario:

Esta pregunta parece tener por finalidad la explicación de algún misterio importante. Cfr también Ez. XXXVII, 3 y Zac. IV, 2.

Jünemann: “Y respondió: A mi pregunta interior, a mi deseo de saber”.

Charles: "El ἦλθον (¿de dónde han venido?) no implica necesariamente que el número esté todavía completo. De aquí que οἱ ἐρχόμενοι en el versículo siguiente pueda ser tomado en su sentido natural "los que están viniendo".


14. Y le dije: “Señor mío, tú sabes”. Y me dijo: “Estos son los que vienen de la tribulación, la grande; y lavaron sus túnicas y las blanquearon en la sangre del Cordero”.

Citas Bíblicas:

Ver Gen. XLIX, 11 y Ex. XIX, 14.


Notas Lingüísticas:

Iglesias: “Le dije: lit. le he dicho (tiempo verbal griego de perfecto por simple aoristo, como tiempo verbal de narración)”.


Comentario:

viernes, 14 de junio de 2019

Erunt duo in lecto uno, por R. Thibaut


Erunt duo in lecto uno, por R. Thibaut

   Nota del Blog: Tomado de la Nouvelle Revue Théologique 58 (1931), p. 56-57.


***

   Los exégetas no están de acuerdo sobre la parte exacta del doble detalle que se lee en Mt. XXIV, 40 s. y Lc. XVII, 34 s. Al hacer valer las palabras subrayadas más abajo, intentaremos resolver el desacuerdo.

   Mt. Entonces                                                 en el campo

                                  habrá dos hombres

   Lc. En aquella noche                                       en un lecho común:

   Mt. Uno es                                        otro es

                                  tomado                                 dejado;

   Lc. Uno será                                     el otro será           

   Mt.

        habrá dos mujeres ocupadas en la                    muela 

   Lc.                                                          misma

 
   La contigüidad final de los elegidos y réprobos[1], que Mt. deja adivinar y que Lc. acentúa fuertemente, he ahí, creemos, el punto de los rasgos que revela la distinción.

   Muchos comentadores no ven allí más que un detalle pintoresco. Han buscado el elemento significativo de la parábola en todas partes menos allí. A veces es el refrán uno tomado, uno dejado, donde descubren (agregando de su parte: tomado para la recompensa, dejado para el castigo) la suerte tan diversa que se hará con los hombres el día del juicio. A veces es la diversidad: hombres y mujeres, lecho y muela, donde encuentran una prueba (muy superflua) que el juicio dividirá los hombres según su actitud moral y no según el sexo, la ocupación o la condición social. A veces es el carácter de despreocupación de la puesta en escena: se duerme, se ocupa en los trabajos domésticos, sin saber nada sobre la catástrofe inminente, al igual que los contemporáneos de Noé y los ciudadanos de Lot, cuyo ejemplo precede nuestro comentario. Lo que tanto aquí como allá se tiene en cuenta es, dicen, la rapidez del juicio.

   Sin embargo, aclarando algunos exégetas (Lucas de Brujas, in Mt. XXIV, 41; Rongy, Rev. Ecclés. de Liége, 1921-1922, p. 307), nuestro comentario agrega algo a la lección del diluvio y de Sodoma: allí los elegidos estaban debidamente advertidos, aquí los elegidos están en la ignorancia al igual que los réprobos. Como se vé, jamás se saca provecho de la contigüidad. Sin embargo, una sola vez, que sepamos, se ha intentado encontrarle un significado, pero desesperando de encontrarlo tomándolo materialmente, se lo ha espiritualizado y falseado como consecuencia el alcance del detalle:

   “La intimidad, la asociación, el parentesco, no garantizarán la misma suerte en el día de la venida del Hijo del hombre. Los méritos de uno no aprovecharán al otro” (Rose, evangile selon S. Luc, 1905, p. 168).

   Conservamos a la contigüidad final su carácter material. Así, y no de otra manera, la doble característica que vienen a continuación del ejemplo del diluvio y de Sodoma, previene una falsa interpretación. Para mostrar claramente que a diferencia de Noé y de Lot, los elegidos no serán separados de los réprobos antes del momento supremo, su contigüidad en ese momento es llevada al punto más alto, ilustrada por situaciones conocidas por todos, la proximidad de un lecho común, el sentarse frente a frente junto al molino que las mujeres hacen girar.

   No es pues, la rapidez del juicio que se tiene en cuenta directamente, es la instantaneidad de la separación. Tendrá lugar, por completo, en el último momento. Inútil por lo tanto ponerse en camino (Mt. XXIV, 26; Lc. XVII, 23), retirarse de la masa destinada a la perdición, como habrá que hacer antes de la ruina de Jerusalén (Mt. XXIV, 16-20; Lc. XXI, 21). Sobre el juicio, la cuestión del lugar es tan vana como la del tiempo. Se puede impunemente esperar y permanecer en el lugar. La catástrofe final no es como las otras: alcanzará en forma diversa a las personas relacionadas en el espacio y el tiempo.



[1] Nota del Blog: Interpretación bastante común pero que no se condice con el texto. Los evangelistas dicen “dejado” y no hay nada que haga suponer una condena en el uso de este término o en el contexto en que ha sido empleado. Claro que la razón de esta exégesis es la negación de viadores después del Anticristo, o sea, siempre volvemos a lo mismo: al quitar el Reino Milenario la explicación de muchos pasajes se torna muy difícil, por no decir imposible.

martes, 11 de junio de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VII, 11-12


11. Y todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono y de los Ancianos y de los cuatro Vivientes y cayeron ante el trono sobre sus rostros y se postraron ante Dios,

Concordancias:

Προσεκύνησαν (se postraron): cfr. Apoc. III, 9; IV, 10; V, 14; XI, 16; XIII, 4.15; XIV, 7; XVI, 2; XIX, 4.10.20; XXII, 8-9.

Latría: Apoc. IX, 20; XIII, 8.12; XIV, 9-11; XX, 4. (Parecería que siempre en sentido peyorativo de idolatría).

Duda: Apoc. XI, 1; XV, 4.

Cfr. Apoc. XIX, 10.


Comentario:

Estos ángeles son los mismos de V, 12 y corresponden no a “todos” los ángeles, sino a todos los que están alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes. Son las virtudes.

Charles: "En este versículo el Vidente enumera los diversos rangos concéntricos de seres espirituales, comenzando desde fuera: primero los ángeles, luego los Ancianos, luego los cuatro Vivientes. Posiblemente debemos inferir que la gran multitud de Mártires (VII, 9) forma el círculo más alejado.

Según Charles el verbo προσκυνεῖν significa adorar cuando está en dativo y homenajear cuando está en acusativo, si bien reconoce que en el Evangelio es lo opuesto. Lo contrario dice Allo, el cual tiene razón; cfr. el comentario a XIII, 4.


12 diciendo: “Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén”.

Comentario:

sábado, 8 de junio de 2019

Las ciudades de Israel (Mt. X, 23) (II de II)


4) Significado del acabaréis.

Y aquí tenemos otro problema más, o por mejor decir, algo interesante para notar.

Sabido es que san Mateo no sólo escribió su Evangelio por temas, sino que además lo dividió en cinco grandes secciones. Esto lo reconocen unánimemente los autores, así que veamos a modo de ejemplo lo que nos dice el P. Leal[1]:

“El molde general en que ha vaciado San Mateo la materia evangélica puede decirse que es el mismo de San Marcos, porque responde al de la primitiva catequesis de San Pedro. Predicación y bautismo de Juan, ministerio en Galilea, subida a Jerusalén, pasión y resurrección.

En este molde general convienen, como hemos visto, los tres primeros Evangelios. Quien más se ha atenido a él ha sido San Marcos. San Lucas ha introducido sus modificaciones grandes, y lo mismo ha hecho San Mateo.

El primer Evangelio empieza con la genealogía del Señor, su concepción sobrenatural, la adoración de los Magos y el destierro en Egipto. Dos capítulos propios.

El ministerio, que precede a la pasión y resurrección, se puede dividir en cinco grandes secciones, cada una de las cuales tiene una parte narrativa y otra didáctica. Cinco grandes bloques de hechos y cinco de discursos. El bloque de los hechos se puede relacionar con el que le sigue de los discursos.

Estas cinco partes están bien definidas, porque cada una se termina con la misma fórmula: Cuando Jesús hubo acabado estos discursos... Es una frase hecha, de estilo semita, que se encuentra en la traducción griega de los LXX, y que no se encuentra más que cinco veces en San Mateo (VII, 28; XI, 1; XIII, 53; XIX, 1; XXVI, 1). Este final de los cinco discursos no es casual y revela en su autor una división V un plan”.