martes, 17 de septiembre de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (X de X)


b) Añadíamos, como segunda parte, que esa luz de la luna, y no la del sol, es la supuesta en el símil del último verso, para iluminación de la caravana mesiánica de los redimidos. Bastarán para fundamentarlo las siguientes consideraciones de filología, de antiguas costumbres, de textos bíblicos y de actuales costumbres orientales.

1. El nombre hebreo de la luna en su etimología parece que depende de la raíz "viajar, caminar" (Gesen. Wört., p. 316 y 64), indicando probablemente que es el astro de las caravanas, las cuales encontraban, en las grandes vías, ciudades de su nombre y sus lugares sagrados y sus templos (Ur, Harran, Jerichó, Sinaí, etc.); porque la antigüedad semita e idólatra, fuera de Israel, la tuvo por el dios de los caminos y de los caminantes, o sea, según las mismas palabras del himno de Ur, principal ciudad de su culto:

"El dios Nannaar (que significa "luminar", nombre poético de la luna) es el que abre la marcha, el ágil cuyas rodillas no se cansan, el preparador de los caminos a los otros dioses sus hermanos" (Cfr. H. Gressman: Altorient. Texte etc., t. I, páginas 80-81).

Esa preponderancia de la luna, desviada supersticiosamente en tantos pueblos, vino de la suavidad y comodidad de su luz intensa que contrasta con el ardor y con los peligros del sol de oriente, los cuales inspiraron a Jesús Sirach aquella descripción (Eccli. XLIII, 2-5), en que la luz solar semeja una luz enemiga. Véase sino la traducción que del original hebreo nos da Knabenbauer (Com. in Eccum. -Appendix LXI):

"Sol producit in ortu suo calorem - quam veneranda opera Jahweh!
Si meridie fulget ebullire facit orbem - ante ardorem ejus quis sustinebit?
Caminus accensus calefaciens fusionem - missus sol exurit montes
Lingua lucis consumit habitatam terram - et ab igne ejus comburitur oculus"[1].

¡Temerosas palabras las de toda esta estrofa de fuego! A ella se opone la otra dedicada seguidamente a la luna, y que termina con un dulce verso de sola luz y esplendor: "faciens lucere firmamentum ex splendore suo" (que hace lucir el firmamento con su esplendor).

Por este motivo, pues, solían las caravanas orientales comenzar su viaje al caer del día, y viajaban también durante las noches, siendo entonces la benigna luz de la luna la "Nocturna lux viantibus” (luz nocturna de los viajeros), la que "viantibus iter demonstrat latronum prodit insidias” (muestra el camino a los viajeros y proyecta las insidias de los ladrones), como dice San Ambrosio en su comentario al Hexameron (c. 9).

sábado, 14 de septiembre de 2019

La actividad doctrinal del Concilio Ecuménico, por Mons. Fenton (I de III)


La actividad doctrinal del Concilio Ecuménico, por Mons. Fenton

Nota del Blog: El siguiente texto está traducido del American Ecclesiastical Review, 141 (1959): 117-128.


***

Tres documentos relacionados con el Concilio Vaticano suscitan con claridad sin igual la actividad fundamental, no sólo de esa asamblea, sino de cualquier concilio ecuménico que ha sido o será celebrado dentro de la Iglesia militante del Nuevo Testamento hasta el fin de los tiempos. Estos documentos son la Aeterni Patris, la carta apostólica con la que Pío IX convocó el Concilio Vaticano, la Iam vos omnes, una carta enviada por el mismo Sumo Pontífice “a todos los Protestantes y otros no-Católicos” que profesan aceptar a Cristo como Señor y Redentor, y el decreto de apertura del mismo concilio.

La Aeterni Patris, promulgada el 29 de junio de 1868 contiene la siguiente afirmación:

Tampoco fueron negligentes los Pontífices cuando juzgaron oportuno, y especialmente en tiempos de los más serios disturbios y calamidades para nuestra santísima religión y para la sociedad civil, convocar concilios generales, de forma que, tomando consejo de los obispos de todo el mundo católico, a quienes el Espíritu Santo ha puesto para regir la Iglesia de Dios, y uniendo fuerzas con ellos, puedan providente y sabiamente decretar lo que sea lo más propicio especialmente para la definición de los dogmas de fe, para la condena de errores agresivos, para la propagación, explicación y declaración más completa de la doctrina Católica, para la protección y restauración de la disciplina eclesiástica y para la corrección de las costumbres corruptas entre los pueblos[1].

La Iam vos omnes fue enviada el 13 de Septiembre de 1868. Explica las actividades del próximo Concilio Vaticano en sus afirmaciones de apertura.

“Ahora ya sabéis bien que Nosotros, aunque indignos, hemos sido puestos en esta sede de Pedro, y por lo tanto puestos a cargo del gobierno supremo y el cuidado de toda la Iglesia Católica, sobre la cual hemos sido puestos por el mismo Cristo Nuestro Señor, hemos juzgado oportuno convocar a todos los Venerables Hermanos Obispos de todo el mundo, y reunirlos en un concilio ecuménico que va a tener lugar el próximo año. Hemos hecho esto a fin de que Nosotros podamos ser aconsejados por estos mismos Venerables Hermanos que han sido llamados a compartir Nuestra solicitud, con respecto a lo que sea oportuno y necesario, tanto para disipar las tinieblas de tantos errores pestíferos que, para mayor daño a las almas, rigen y se propagan diariamente por todas partes, como para edificar e incrementar en el pueblo cristiano confiado a Nuestro cuidado el reino de la verdadera fe, justicia y paz de Dios[2].

La tercera de estas declaraciones fue el acto por el cual el Concilio Vaticano, como declaró en su primera sesión el 8 de diciembre de 1869, se declaró oficialmente abierto. En esta sesión de apertura, Antonio Maria Valenziani, el Obispo de Fabriano y Matelica, leyó el siguiente decreto desde el púlpito.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (IX de X)


3. Esa exultación no faltó de seguro en el pueblo de Israel, que a la natural alegría que en el espíritu humano produce siempre la visión de la luz, juntaba, sin mezcla de supersticiones, alegrías de un orden superior y todavía más legítimas, estando la neomenia consagrada, según hemos visto, como alegre fiesta religiosa por mandato del Señor. La neomenia resultaba así un verdadero "hillulim" (Cfr. Lev. XIX, 24; Juec. IX, 27) con sus danzas y ritos sacro-populares que quedaron largo tiempo entre los ritos sinagogales; pues que, como escribe I. Abrahams (New Moon. D. B. H. v. 111, p. 522b):

"Algunas de las ceremonias son claramente muy antiguas, especialmente las danzas, que hasta muy reciente era realizadas en las comunidades judías en las calles públicas”.

Uniendo, pues, esos múltiples y variados datos tocantes a los dos hemistiquios, y atendiendo a que cuando Cristo pronunció tales palabras hablaba del testimonio que de él dio San Juan, no será exégesis de fantasía el apuntar este versículo como probabilísimo paralelo de los versos 7-9 del prólogo, que tantas imágenes y conceptos del cuerpo del evangelio recapitula; y decir que Nuestro Señor aludiría entonces a las luminarias con que se testimoniaba la neomenia y a la popular demostración de júbilo que por un momento (πρὸς ὥραν. Cfr. Doughty "una hora") suscitaban; imagen cabal de lo que habían hecho los judíos con la predicación del Precursor. San Juan no era la luz verdadera, pero sí la luminaria que daba testimonio de ella, ardiente y resplandeciente como un fuego anunciador de los montes, como las antorchas de las azoteas, con que dice Bartenora parecían arder las villas judías, y a cuyo resplandor danzaban y se regocijaban los hijos de Israel momentáneamente.

a) ἀνατολὴ ἐξ ὕψους (oriente desde lo alto)
b) ἐπιφᾶναι τοῖς ἐν σκότει καὶ σκιᾷ θανάτου καθημένοις, τοῦ κατευθῦναι τοὺς πόδας ἡμῶν εἰς ὁδὸν εἰρήνης (para iluminar a los que en tinieblas y en sombra de muerte yacen, y dirigir nuestros pies por el camino de la paz).

Si las observaciones que vamos a hacer fueren suficientemente fundadas, este pasaje nos acercaría quizás al origen de la comparación que venimos estudiando. Ella habría nacido junto a la cuna del Precursor, y en boca de un personaje litúrgico, el sacerdote Zacarías y se habría propagado más tarde entre los discípulos del Bautista.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 12-13


12. Y el cuarto ángel trompeteó y fue herida la tercera parte del sol y la tercera parte de la luna y la tercera parte de las estrellas, para que se obscurezca la tercera parte de ellos y el día no alumbre la tercera parte y la noche de igual manera.

Notas Lingüísticas:

Zerwick: "φάνῃ: "parecería tratarse de la disminución de la luz".


Citas Bíblicas:

Esta plaga coincide con la novena de Egipto:

Ex. X, 21-23: "Después dijo Yahvé a Moisés: "Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya sobre la tierra de Egipto tinieblas que puedan palparse". Extendió, pues, Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas en toda la tierra de Egipto durante tres días. No se veían unos a otros, ni se levantaba nadie de su sitio por espacio de tres días, en tanto que los hijos de Israel tenían luz en sus moradas".

Cfr. también Sab. XVII, 2 ss.


Comentario:

Allo: “La mayoría de los exégetas creen que se trata de una abreviación de la duración del día y de la noche, lo que sería bastante extraño; es mucho más natural ver acá una disminución del resplandor del día y de la luz de los astros nocturnos (φάνῃ)”.

Wikenhauser: “La cuarta plaga recuerda la novena de Egipto, que consistía en una densa oscuridad de tres días. “Ser herido” es una expresión usada por los rabinos para designar el oscurecerse de las estrellas. La luz del sol, la luna y las estrellas pierde un tercio de su intensidad y de su duración”.

Fillion: "Et noctis… La noche deviene pues un tercio más oscura que de costumbre".


13. Y vi y oí un águila volando en medio del cielo, diciendo con voz grande: “Ay, ay, ay de los que habitan sobre la tierra, a causa de las restantes voces de la trompeta de los tres ángeles, los que van a trompetear”.

jueves, 5 de septiembre de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (VIII de X)


III

Probables antecedentes del símil de la neomenia mesiánica en la literatura evangélica. - La comparación hecha por Cristo en la perícopa del testimonio paralela al prólogo: Jn. V, 31-40; los fuegos anunciadores y los regocijos populares de la neomenia. - El esquema isaiano del Benedictus, Lc. I, 78-79: la neomenia astro que nace de lo alto; la iluminación nocturna de la caravana mesiánica, costumbres antiguas, textos bíblicos, costumbres actuales del Oriente. - Conclusión general.


***

Como en las soluciones nuevas no es prudente ser muy afirmativos, aun sosteniendo las ideas principales arriba expuestas, no hemos de dar por definitivas otras que son secundarias y que están escritas a rápida impresión. Dentro ese orden de probabilidades ofrecemos todavía, siquiera sea brevísimamente, otros conceptos que nos ocurren al inquirir el origen de este símil de la neomenia en la literatura evangélica. Ellos nos llevan a los días de la predicación de Cristo, y a los del nacimiento del Bautista. ¿No podríamos pensar que proviene de una tradición nacida junto a la cuna del Precursor? Los textos que entran ahora en consideración son dos: Jn. V, 35 y Lc. I, 78-79; a saber, dos pasajes en que también se habla de luz mesiánica y de San Juan Bautista y de su testimonio, y que por tanto tienen un triple título para ser considerados como paralelos al del prólogo, que en el anterior capítulo hemos estudiado.

I

a) ἐκεῖνος ἦν ὁ λύχνος ὁ καιόμενος καὶ φαίνων, (Él era antorcha que ardía y brillaba)

b) ὑμεῖς δὲ ἠθελήσατε ἀγαλλιαθῆναι πρὸς ὥραν ἐν τῷ φωτὶ αὐτοῦ (y vosotros quisisteis regocijaros un momento a su luz) Jn. V, 35

Para proceder con más orden hemos dividido el verso en dos hemistiquios; uno de la luz, otro de la exultación.

a) 1. Que ó λύχνος pueda referirse a la luz que servía para trasmitir el testimonio de la neomenia, lo prueba más que el pasaje poético de Eurípides (Cycl. 514. Cfr. 455, 614, 615) en que el término se dice del gran tizón ardiente con que Ulises debela al Cíclope en su cueva, los dos calificativos que aquí le acompañan, los cuales no son ciertamente los de una lámpara casera, sino más bien los de un fuego mayor; calificativos idénticos a los que usa Homero, al describirnos las fogatas que arden y lucen en la cumbre solitaria de los altos montes, resplandeciendo en la lejanía a los pobres marineros en horas de tempestad (Ilíada, 19, 375, etc.).

Así los dos calificativos evangélicos nos traen a la memoria aquellos otros fuegos de los montes, descritos en el Rosch ha-schana, o por lo menos las antorchas de que nos habla Bartenora, encendidas para el testimonio de la declaración oficial de la neomenia.

2. Y, por otra parte, es de testimonio, y justamente de San Juan como testigo, que se trata en este versículo donde se le compara al λύχνος. Pues hállase él en el centro de la sección V, 31-40, a saber, de la llamada perícope del testimonio, porque en ella Jesús habla de todos los testimonios que se han dado sobre su persona, y de un modo tan determinado que la palabra "testimonio" se repite hasta diez veces en los diez versículos de que consta, diciendo al llegar al Bautista:

"Vosotros enviasteis a Juan y dio testimonio a la verdad... él era la luminaria que ardía y resplandecía y vosotros quisisteis por una hora regocijaros a su luz".

b) En este segundo hemistiquio parécenos ver alusión clara a las exultaciones con que era acogida la luna nueva y con que lo serían por tanto las luminarias que la anunciaban. Además del nexo literario de esas dos imágenes en un versículo, hay para pensarlo otros indicios de carácter histórico, notables y numerosos.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 10-11


10. Y el tercer ángel trompeteó y cayó del cielo una estrella grande, ardiendo como antorcha y cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre las fuentes de aguas.

Comentario:

Antorcha se dice de los 7 Arcángeles en IV, 5, pero en este caso no parece ser Satanás.

Esta trompeta se dirige contra las aguas dulces.

Straubinger: “La caída de esta estrella, que simboliza a un ángel con nombre de amargura (v. 11, cfr. Enoc LXXXVI, 1 ss), hace pensar en la palabra de Jesús que comparó la caída de Satanás con la de una estrella (Lc. X, 18). Véase IX, 1 y nota. Cfr. XII, 9 ss”.

Como es sabido, los ángeles llevan en su nombre su misión.


11. Y el nombre de la estrella se dice “el Ajenjo”. Y se convirtió la tercera parte de las aguas en ajenjo y muchos de los hombres murieron a causa de las aguas por haberse amargado.

Notas Lingüísticas:

Πολλοὶ τῶν ἀνθρώπων (muchos de los hombres): el artículo "de los" ¿podría hacer alusión a una clase determinada de hombres, a saber, "los habitantes de la tierra"?

Abel: “Ὁ Ἄψινθος (masc.) en lugar de ἡ Ἄψινθος (fem.) porque se trata del nombre de un astro”.


Citas Bíblicas:

Jer. XXIII, 15: “Por tanto, así dice Yahvé de los ejércitos contra los profetas: “He aquí que les daré para comida ajenjo, y para bebida agua envenenada, porque de los profetas de Jerusalén la impiedad se ha difundido sobre todo el país”.

Am. V, 7: “Vosotros tornáis el derecho en ajenjo, y echáis por tierra la justicia”.

Am. VI, 13: “¿Corren acaso los caballos por las peñas? ¿O se puede arar (allí) con bueyes? Así vosotros trocáis en veneno el juicio, y el fruto de justicia en ajenjo”.


Comentario:

Allo: "No muere un "tercio" de los hombres, sino solamente "muchos"; es que la masacre de la tercera parte de los hombres está reservada a la plaga de la sexta Trompeta".

Alápide: "Y muchos de los hombres murieron: De aquí se hecha de ver que esta amargura fue excesiva y por lo tanto venenosa y letal; pues, por el contrario, la amargura moderada es sana y conserva el cuerpo de la putrefacción".

Gelin: "La tercera plaga mira sin dudas una epidemia causada por las aguas vueltas amargas y envenenadas. Un cambio semejante es notado por IV Esd. V, 9: "En las aguas dulces se encontrará sal", de la misma forma que, a la inversa, el Mar Muerto se sanará en los tiempos mesiánicos (Ez. XLVII, 8). La plaga está relacionada con la caída de una estrella, tal vez un ángel, por analogía con IX, 1, o más probablemente con un bólido…".

Garland: "Es importante notar que Dios describe la idolatría como "raíz que produzca veneno y amargura" (Deut. XXIX, 18). La idolatría es un pecado recurrente de los habitantes de la tierra durante este período del juicio (IX, 20; XIII, 15-16). Así Dios juzga su amargura de ajenjo, dándoles a beber ajenjo. Es el mismo juicio que Dios le dio a Israel por ir en pos de falsos dioses (Jer. VIII, 14; IX, 14-16; XXIII, 15). El ajenjo describe también el fruto de la injusticia, que ha de ser una característica predominante del período de la Tribulación (Am. V, 7; VI, 12; cfr. II Tim. III, 2-4)".

viernes, 30 de agosto de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (VII de X)


Con todo, como de las cuatro escuelas ortodoxas de jurisprudencia mahometana, la Malechita, la Sciafeíta, la Hanafita y la Hanbalita, la primera, a la cual pertenece nuestro texto, es la que más contactos suele ofrecer con los ritos judaicos, quisimos extender nuestra investigación a los textos antiguos de las otras escuelas, para comprobar más y más la generalidad de la ley y de la costumbre. No habiendo podido de momento tenerlos a mano, escribimos al autorizadísimo arabista español don Miguel Asín, quien nos contestó con una carta que, como la de Sid Mohamet, mucho agradecemos, y cuya transcripción valdrá por todos los textos deseados.

"Sr. D. B. Pascual. - Palma de Mallorca. - Mi distinguido colega: Puede usted estar seguro de que la doctrina canónica sobre el principio del ramadán (fijado por observación experimental o deposición de testigos), que ha encontrado usted en el manual de derecho de Sidi Jalil (trad. Guidi), es suficiente para su propósito. - Esa doctrina, en efecto, no es de las discutibles en que discrepan las varias escuelas o ritos ortodoxos del islam (hanefíes, xafeíes, hanbalíes y malequíes), sino que es común a todas las escuelas y tan antigua en el islam como el islam mismo. Todos los libros de moral y dogmática la citan textualmente igual y la apoyan en hadices o tradiciones atribuidas a Mahoma y tenidas por auténticas para todas las escuelas. Algazel, por ejemplo, que es como Santo Tomás entre nosotros, da la misma doctrina, y era xafeí de escuela y no malequí como Sidi Jalil. Cfr. lhía (edición Cairo, I, 166-7). - No debe usted, pues, dudar en cuanto a la antigüedad de esa doctrina, ni necesita más datos que los de Sidi Jalil. - De usted affmo. s. s. q. e. s. m. - Miguel Asín. - Madrid, 24 de octubre 1926."

Baste pues lo dicho. El lector ahora, dando una mirada retrospectiva, advierta que la línea extrabíblica, que en cierto orden hemos señalado como paralela a los versículos 6, 7, 8, no es un perfil borroso o fugaz, sino un rasgo preciso, marcadísimo, que se prolonga solemnemente, dentro del judaísmo y después dentro del islamismo, a través de los siglos, desde antes de los días de Cristo Nuestro Señor hasta el momento actual. Que la exégesis bíblica lo tome en consideración está, por tanto, sobradamente legitimado.

Y viéndose en este pasaje la alusión propuesta, queda patente la consustancialidad de esos versículos del testimonio de la neomenia mesiánica con el anterior que la prepara y con el siguiente que la desarrolla, y por ende también demostrado cuan absurdas son las tentativas que hace la moderna crítica fragmentaria para disociarlos y negar aquí, a pretexto de ellos, la unidad inconsútil del prólogo de San Juan.

martes, 27 de agosto de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 8-9


   8. Y el segundo ángel trompeteó y como un monte grande, en fuego ardiendo, fué arrojado al mar y se volvió la tercera parte del mar sangre.

   Citas Bíblicas:

   Esta plaga coincide con la primera de Egipto:

   Ex. VII, 19-24: "Yahvé dijo también a Moisés: "Di a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus canales, sobre sus ríos, sobre sus lagunas y sobre todos sus depósitos de agua. Y se convertirán en sangre. Habrá sangre en toda la tierra de Egipto, lo mismo en las vasijas de madera que en las de piedra". Hicieron Moisés y Aarón como les había mandado Yahve: Levantó (Aarón) la vara y golpeó las aguas en presencia del Faraón y de sus servidores, y se convirtieron todas las aguas del río en sangre. Los peces que había en el río murieron, quedó apestado el río y los egipcios no podían beber las aguas del rio; y hubo sangre en todo el país de Egipto. Pero lo mismo hicieron los magos de Egipto con sus encantamientos; por lo cual se endureció el corazón del Faraón y no los escucho, como había dicho Yahvé. Luego volvióse el Faraón y se retiró a su palacio sin hacer caso de estas cosas. Y todos los egipcios cavaron en los alrededores del rio para hallar agua potable, porque no podían beber las aguas del rio".

   Mt. XVII,20: “Porque en verdad os digo: Que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diríais a esta montaña: “Pásate de aquí, allá”, y se pasaría, y no habría para vosotros cosa imposible”.

   Mt. XXI, 21: “Y Jesús les dijo: “En verdad, os digo, si tenéis fe, y no dudáis, no solamente haréis lo de la higuera, sino que si decís a esta montaña: “Quítate de ahí y échate al mar”, eso se hará”.

   Mc. XI, 23: “En verdad, os digo, quien dijere a este monte: “Quítate de ahí y échate al mar”, sin titubear interiormente, sino creyendo que lo que dice se hará, lo obtendrá”.


   Comentario:

   ¿El Salmo XLV hace referencia a las dos primeras trompetas?

   2-4: "Dios es para nosotros refugio y fortaleza; mucho ha probado ser nuestro auxiliador en las tribulaciones. Por eso no tememos si la tierra vacila y los montes son precipitados al mar. Bramen y espumen sus aguas, sacúdanse a su ímpetu los montes. Yahvé de los ejércitos está con nosotros; nuestro alcázar es el Dios de Jacob".

   Cfr. Apoc. XI, 6: "Estos tienen la autoridad de cerrar el cielo para que lluvia no llueva los días de su profecía y autoridad tienen sobre las aguas para convertirlas en sangre y para herir la tierra con toda plaga cuantas veces quisieren”.

sábado, 24 de agosto de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (VI de X)


Bien sabemos que el diamante se labra con el diamante y que la Escritura Santa mejor se interpreta en su doctrina con otros textos de la misma Santa Escritura; pero aquí vamos buscando los elementos materiales de un símil. Así nadie tome a profanidad el que, a la página divina del prólogo de San Juan, ante la cual hacemos genuflexión reverente todos los días en el santo altar, hayamos aproximado tanto esas páginas del Mischna judío y que vayamos a aproximar todavía por un momento una página de costumbres y de legislación mahometanas en que también vibra el testimonio de la neomenia. En tales documentos no buscamos teología, sino la simple reconstitución del medio histórico antiguo.

Como el rabinismo depende del viejo Testamento, así no pocas costumbres religiosas del Islam son tomadas de los judíos; y se da el caso de que, si ésos por las condiciones de sujeción política y social han tenido que ir suprimiendo y deformando antiquísimos ritos tradicionales para que cupiesen dentro los estrechos límites de un ghetto o de una sinagoga, los mahometanos, en cambio, con su tenacidad religiosa y su independencia y libertad política, han podido mantenerlos en su primitiva y amplia expansión sobre la vida pública, en las regiones de su dominio; por manera que esa ceremonia, originariamente judía, del testimonio de la luz, es hoy algo muy vivo y que puede comprobarse en las tierras del Islam.

Hemos prometido arriba proceder documentalmente y entramos ahora en un terreno que no es el nuestro; mejor será, pues, que traslademos aquí los mismos textos que nos hemos procurado de ilustrados árabes y de competentísimos arabistas. Y sea el primero de ellos la interesante carta que desde la vecina costa africana nos escribe estos días, como testigo de cosas propias, Sid Mohamed Medina, describiendo las costumbres actuales de aquellas tierras, muestra seguramente de las que vigen en otras regiones islamíticas.

martes, 20 de agosto de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 6-7


6. Y los siete ángeles, los que tienen las siete trompetas se prepararon para trompetear.

Comentario:

Straubinger: “Las siete trompetas son otras tantas plagas y recuerdan las de Egipto (Ex. VII ss). San Ireneo y Lactancio las interpretan en sentido literal”.


7. Y el primero trompeteó y hubo granizo y fuego mezclados con sangre y fue arrojado a la tierra y la tercera parte de la tierra fue incendiada y la tercera parte de los árboles fue incendiada y toda hierba verde fue incendiada.

Citas Bíblicas:

Esta plaga coincide con la séptima de Egipto:

Ex. IX, 22-26: "Dijo entonces Yahvé a Moisés: "Extiende tu mano hacia el cielo, y caiga granizo en todo el país de Egipto, sobre los hombres, sobre los animales y sobre todas las plantas que hay en la tierra de Egipto". Extendió, pues, Moisés su vara hacia el cielo, y Yahvé envió truenos y granizo; el relámpago discurría sobre la tierra, y Yahvé hizo llover granizo sobre el país de Egipto. El granizo, y el fuego mezclado con el granizo cayeron con fuerza tan extraordinaria, que nunca hubo semejante en toda la tierra de Egipto desde que comenzó a ser pueblo. El granizo hirió en todo el país de Egipto cuanto había en el campo, desde los hombres hasta las bestias. El granizo destrozó también todas las hierbas del campo, y quebró todos los árboles campestres. Solamente en la región de Gosen, donde habitaban los hijos de Israel, no hubo granizo".


Comentario:

Seguramente el granizo no ha de caer donde estén los 144.000 sellados, como pasó con los judíos que estaban en Gosen.

Esta trompeta se dirige contra la tierra, es decir, contra Babilonia.

Cfr. Apoc. XI, 6: "Estos tienen la autoridad de cerrar el cielo para que lluvia no llueva los días de su profecía y autoridad tienen sobre las aguas para convertirlas en sangre y para herir la tierra con toda plaga cuantas veces quisieren”.

viernes, 16 de agosto de 2019

San Benito José Labre (Reseña)




 Charles Grolleau, San Benito José Labre. Alfa Ediciones. Córdoba, 2019.  alfa.editorial@gmail.com


***


   De cualquier vida de Santo se puede decir sin sombra de duda que lleva consigo una condena del mundo con todos sus halagos, pero en muy pocos casos tal vez esa oposición se haya hecho tan patente como en San Benito José Labre (1748-1783).

   Sus padres abrigaban la esperanza de verlo sacerdote, pero sus delicias estaban, así lo creía él, en el claustro. Golpeó una y otra vez las puertas de la Trapa y la Cartuja, pero o la entrada le fue directamente negada, o al cabo de algún tiempo el Abad se veía en la obligación de despedirlo por falta de vocación. Casi podría decirse que la vida religiosa nunca había sido más apropiada para persona alguna, pero aun así, el pobre Benito no encontraba su vocación.

   Después de varios fracasos, por fin pudo encontrarla: “peregrino y mendigo”. Sublime vocación.

   La historia nos dice que, en su peregrinación a Roma, en donde viviría la mayor parte de su nueva vida, se detuvo en Dardilly y pasó allí una noche en casa del abuelo paterno de otro gran Santo: el Cura de Ars.

   Dejemos hablar por unos instantes al mejor biógrafo del Santo Cura, el P. Trochu[1]:

martes, 13 de agosto de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 4-5


4. Y subió el humo de los perfumes por las oraciones de los santos de mano del ángel ante Dios.

Notas Lingüísticas:

Ταῖς προσευχαῖς: según Zerwick, Graecitas, n. 55, dativus commodi: "El humo subió en favor de las oraciones".

Iglesias: “Como ayuda: para favorecer (Zw) las oraciones de los cristianos de la tierra (= los santos), purificándolas de imperfecciones, presentándolas en forma digna ante Dios. O quizás: en representación de las oraciones... Otros piensan en un matiz temporal de simultaneidad: a la vez que con las oraciones...”.


Comentario:

Alápide: “Las partes principales del templo antiguo fueron dos: el Santo y el Santo de los Santos, separados por un velo. En el santo estaba puesto este altar de los inciensos opuesto al Santo de los Santos, y tenía a su derecha el candelabro de oro de siete brazos, y a la izquierda la mesa de los panes de la proposición. En el Santo de los Santos estaba el arca con el propiciatorio y los Querubines que con sus alas juntas formaban para Dios como un trono para que en ellas se sentara”.

Muchos traducen “y subió el humo de los inciensos con las oraciones de los santos, etc”, pero Alápide muestra cómo el humo de los inciensos y las oraciones son, gramaticalmente, una misma cosa.

Allioli: “El incienso sube hasta Dios, es decir, la oración ha sido escuchada y el castigo va a comenzar pronto”.


5. Y recibió el ángel el incensario y lo llenó del fuego del altar y (lo) arrojó a la tierra. Y hubo truenos y voces y relámpagos y un terremoto.

Citas Bíblicas:

martes, 6 de agosto de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 3


3. Y otro ángel vino y se puso de pie ante el altar, teniendo un incensario de oro y se le dio muchos perfumes para que diese a las oraciones de todos los santos sobre el altar, el de oro, el que (está) delante del trono.

Notas Lingüísticas:

Zerwick: "προσευχαῖς: oraciones; dativo de relación (commodi); por las oraciones".


Comentario:

Estos Santos son los mártires del Anticristo. Ver el Excursus XIII.

Todo este pasaje está íntimamente relacionado con V, 8:

“Y cuando hubo recibido el libro, los cuatro Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron ante el Cordero, teniendo cada cual una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos”.

El altar del incienso (que está en el Santo), debe distinguirse del altar del holocausto de VI, 9 que está fuera del Santo.

Altar de los holocaustos (Ex. XXVII, 1 ss) = oraciones de los mártires del 5 Sello.

Altar de los inciensos (Ex. XXX, 1 ss) = oraciones de los mártires del Anticristo.

Arroja el fuego a la tierra (e.e. Babilonia) = 4 primeras trompetas.

Straubinger: “Los perfumes que el ángel recoge aquí son las oraciones de los santos que piden la venganza de su sangre en VI, 9 s. Sin ellos sería difícil explicarse cómo las oraciones de los santos de la tierra pueden producir tales calamidades sobre ella”.

sábado, 3 de agosto de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (V de X)


ἀπεσταλμένος: (enviado, v. 6a). Esta palabra griega del evangelio corresponde precisamente en el léxico a aquella con que el R. H. (1, 3a, etc.) designa a los mensajeros de la neomenia. Esa misma raíz traduce San Juan con la misma palabra griega en el capítulo IX, v. 7: Σιλωάμ, (ὃ ἑρμηνεύεται ἀπεσταλμένος), (Siloé, que se traduce “El Enviado”).

Óvoµa αὐτῷ Ἰωάννης: (se llamaba Juan, v. 6b). La expresión filológicamente tiene su relieve y solemnidad. También había cierta solemnidad para la admisión como testigo de la neomenia. El testigo no podía ser un desconocido. Expresamente advierte el R. H., en un pasaje arriba transcrito, que, a causa de las falacias de los minim, tan sólo era admitido como testigo aquel cuya personalidad fuera reconocida. Véase también lo que exigen el Muhtasar y la práctica hoy día vigente en el Islam en los textos que adelante insertaremos, donde se insiste sobre el carácter de adules, idóneos, para testificar.

ἦλθεν εἰς μαρτυρίαν (vino como testigo, v. 7ª). El verbo tiene aquí un sentido completamente literal y material, que recuerda las jornadas que hacían aquellos buenos israelitas, tan sólo para testificar acerca de la luz; así los que iban a Jerusalén a declarar ante el Sanedrín haber visto la luna nueva, como los que desde Jerusalem eran enviados a las villas para declarar la ya oficial noticia de la neomenia. El Bautista parece resumir en sí esta doble testificación en el orden mesiánico, dando la primera noticia directamente al pueblo y prescindiendo del Sanedrín, porque éste ya en ocasión de los Magos había quedado desautorizado por su indiferencia práctica y su descuido en buscar al Mesías. El Sanedrín reclamará de seguida (Jn. I, 19-29).

ἵνα μαρτυρήσῃ περὶ τοῦ φωτός (para dar testimonio acerca de la luz, v. 7b). Es la frase central de esos tres versículos y, casi podríamos decir, técnica al menos para expresar el acto de ir a dar la primera noticia de la aparición de la luz nueva (frase correspondiente a lo que se lee en RH. I, 9c; 4, 4, etc.).

miércoles, 31 de julio de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 2


2. Y vi a los siete ángeles, los que delante de Dios están de pie y se les dieron siete trompetas.

Notas Lingüísticas:

Iglesias: “Les fueron entregadas, se entiende, por Dios (sujeto agente de esa voz pasiva “teológica”); vale lo mismo para el v. siguiente: “se le entregaron”.

Zerwick: "Estar de pie ante" es un hebraísmo que significa a los siervos del rey (Dios) que están ante el trono prontos para todo servicio".


Comentario:

Estos siete ángeles “de la presencia” son los mismos que aparecen en I, 4 (siete espíritus delante del Trono); III, 1 (siete espíritus); IV, 5 (siete antorchas de fuego que arden ante el trono); V, 6 (siete cuernos y siete ojos).

Sobre los 7 Ángeles de la presencia ver Tob. XII, 5. Cfr. también Lc. I, 19 y tal vez Ez. IX, 2.

Straubinger: "En Tob. XII, 15 se habla también de los siete ángeles. El libro de Enoc (XX, 2-8) los nombra así­: Uriel, Rafael, Raguel, Miguel, Saraquiel, Gabriel, Remeiel".

Straubinger: "Las trompetas son señal de juicio (Is. XXVII, 13; Joel II, 1; Mat. XXIV, 31; I Cor. XV, 52; I Tes. IV, 16).

Allo: “Estos ángeles son figuras conocidas, como lo muestra el artículo τοὺς (los) antes de ἑπτὰ (siete). Son los “Ángeles del Rostro” o los “Ángeles de la presencia”.

Wikenhauser: "Al abrirse el séptimo sello el vidente contempla aún otro cuadro: la entrega de las siete trompetas a los siete ángeles que permanecen delante de Dios; la escena constituye la transición a la segunda serie de plagas. Estos ángeles son los siete príncipes de los ángeles o ángeles del trono, que en la Biblia reciben también el nombre de arcángeles, cfr. a propósito Tob. XII, 15: "Yo soy Rafael, uno de los siete santos ángeles que están en la presencia y tienen acceso a la majestad de Dios" (el códice Vaticano lee: "Yo soy Rafael, uno de los siete santos ángeles que transportan las oraciones de los fieles y tienen acceso a la gloria del Santo"); Lc. I, 19: "Yo soy Gabriel, que asisto ante Dios". Las palabras "que están de pie ante Dios" indican que se trata de un grupo de ángeles de elevada categoría, que sirven a Dios muy de cerca".

Wikenhauser: "La trompeta, que ya en el Antiguo Testamento aparece en relación con los sucesos escatológicos, también en el Nuevo Testamento anuncia la llegada de los últimos tiempos".

Fillion: “Tubae: σάλπιγγες: trompetas de guerra que debían dar la señal de crisis importantes. Cfr. Joel II, 1; Mt. XXIV, 31; I Cor. XV, 52, etc”.