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domingo, 6 de abril de 2014

Notas a la Escritura Santa, IV. Las Particularidades de los Evangelios y una interesante aplicación al Discurso Parusíaco

   Sabido es que cada Evangelio tiene su rasgo propio, el de su autor, el cual puede ser o sobre la forma en que está estructurado el evangelio o sobre el uso de ciertas palabras o frases. En este pequeño estudio nos centraremos principalmente en algunas particularidades de San Mateo.

   El P. Leal, en su conocida e interesante obra nos da esta división en cuanto a los rasgos de los Evangelistas[1]:

San Juan es el primero en orden y cronología. Testigo presencial de los hechos. Escribe al final del siglo I y ha trazado con precisión y claridad el cauce por donde corre la actividad pública de Jesús.

San Lucas es el menos sinóptico de los Sinópticos. Se acerca mucho a San Juan. No se contenta con el ministerio público de Galilea. Dedica una parte muy importante al ministerio de los viajes a Jerusalén. Helénico de lengua y espíritu, se ha interesado mucho por el orden cronológico y literario de la historia.

San Marcos, fiel discípulo de San Pedro, omite la infancia, y el ministerio público lo centra en el lago de Galilea, que tenía tan hondos recuerdos para su maestro Pedro, natural de Betsaida.

San Mateo es un escritor de grandes ideas. Va siempre a la sustancia, a la médula y nervio de la verdad. Para él no cuentan los detalles ni los individuos. Ha escrito una suma evangélica. Esencialmente sistemático, sirve menos que sus sucesores para la ordenación cronológica de los hechos y sentencias.

Esto en cuanto al cuadro general, mientras que por lo que hace a algunas particularidades en el lenguaje nos encontramos con otras cualidades.

Será bueno dejar hablar al P. Joüon[2]: