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jueves, 30 de abril de 2020

Sobre algunos grupos de personas en el Apocalipsis (II edición) (XV de XV)

IX. Los Siervos

Creemos que bajo el nombre genérico de “los siervos” se esconden algunos grupos de los que ya hemos hablado antes, a saber, los Profetas y los Santos, más algunos otros.

Primero tengamos presente los textos en que son nombrados y luego veamos si se puede encontrar alguna cosa de interés.

Apoc. I, 1: “Revelación de Jesucristo, que le dio Dios para mostrar a los siervos suyos “lo que debe suceder en breve”, y significó enviando por medio del Ángel suyo al siervo suyo, Juan…”.

Apoc. VII, 3: “No dañéis la tierra, ni el mar, ni los árboles, hasta que hayamos sellado a los siervos de nuestro Dios en sus frentes”.

Apoc. X, 7: “…sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando vaya a trompetear, también se consumó el misterio de Dios como evangelizó a sus siervos los profetas”.

Apoc. XI, 18: “Y las naciones se airaron y vino tu ira y el tiempo para que los muertos sean juzgados; y para dar la recompensa a tus siervos: los profetas y los santos; y a los que temen tu Nombre: los pequeños y los grandes; y para destruir a los que destruyen la tierra”.

Apoc. XIX, 1-2: Después de esto oí como voz grande de multitud copiosa en el cielo que decían: “¡Aleluya! La salud y la gloria y el poder de nuestro Dios; porque verdaderos y justos (son) sus juicios, porque ha juzgado a la ramera, la grande, que corrompía la tierra con su fornicación y ha vengado la sangre de sus siervos, de su mano”.

Apoc. XIX, 5: “Y una voz desde el trono salió diciendo: “Alabad a nuestro Dios, todos sus siervos y los que le temen, los pequeños y los grandes”.

Apoc. XXII, 3: Y ninguna maldición habrá ya y el trono de Dios y del Cordero en ella estará y sus siervos (de Dios) le servirán”.

Apoc. XXII, 6: “Y díjome: “Éstas, las palabras (son) fieles y verdaderas; y Yahvé, el Dios de los espíritus de los profetas, envió su ángel para mostrar a sus siervos “lo que debe suceder en breve”.


***

Bueno, por ahora veamos los textos que no causan mayores dificultades:

1) En VII, 3 todo parece indicar que esos siervos coinciden con la Mujer que huye al desierto, es decir con los 144.000 sellados de las doce tribus de Israel y que se identifica con el sexto sello[1].

2) Sobre X, 7 ya habíamos hablado antes al desarrollar los Profetas, donde decíamos:

Los dos Profetas serán los encargados principales de Testimoniar la próxima venida del Reino de Jesucristo y los mártires del quinto sello serían algo así como sus discípulos, aquellos que deberán predicar el Evangelio del Reino ante gobernadores y reyes (Mc. XIII, 9; Mt. X, 18).

Estos Mártires del quinto Sello serán algo así como los predicadores de los cuales se valdrán los dos Testigos para anunciar al mundo entero la inminente venida de Nuestro Señor[2].

viernes, 24 de abril de 2020

Sobre algunos grupos de personas en el Apocalipsis (II edición) (XIV de XV)


Bien, tratemos de ordenar un poco todo este lío.

En la batalla del Harmagedón vemos los siguientes grupos que guerrean contra el Cordero:

a) Anticristo-Individuo (XIX, 19-20).

b) Falso Profeta (XIX, 20).

c) Diez Cuernos (XVII, 14).

d) Reyes de la tierra (XIX, 19), también llamados Reyes de todo el mundo habitado (XVI, 14)[1].

Ahora bien, en la batalla del capítulo XIX hay claramente dos etapas: una en la cual son muertos la Bestia y el Falso Profeta (v. 20) y otra donde perecen los restantes (v. 21).

Parece no haber dudas en el hecho de que en la primera de las etapas se trata del Anticristo-Individuo[2], gracias al pasaje paralelo de San Pablo cuando le escribe a los Tesalonicenses en su segunda carta (II, 8):

Y entonces se revelará el inicuo, a quien el Señor Jesús matará por el aliento (lit. espíritu) de su boca y (¿esto es?) anulará por la manifestación de su parusía…”.

Aquí termina la primera etapa de la guerra del Harmagedón y lo que sigue después es, ni más ni menos, el comienzo del Juicio de las Naciones, lo cual se prueba fácilmente por algunos pasajes bíblicos:

1) Primero y principal, el orden de todos estos acontecimientos, y que muchos pasan por alto, ya fue indicado claramente por Nuestro Señor en el Discurso Parusíaco cuando dijo (Mt. XXIV):

29. "E inmediatamente después de la tribulación de los días aquellos, el sol se obscurecerá y la luna no dará su resplandor y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes de los cielos serán sacudidas.
30. Y entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo, y entonces harán luto todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con virtud y gloria mucha.
31. Y enviará sus ángeles con trompeta grande y congregarán a sus elegidos de los cuatro vientos, de extremos del cielo a extremos de ellos.

sábado, 18 de abril de 2020

Sobre algunos grupos de personas en el Apocalipsis (II edición) (XIII de XV)


VIII. Diversos grupos

Para terminar, pasemos revista a una serie de grupos que aparecen durante el reinado del Anticristo y que son nombrados de nuevo hacia el final del mismo.

Apoc. VI, 15: “Y los reyes de la tierra y los magnates[1] y los tribunos y los ricos y los fuertes y todo siervo y libre se escondieron en las cuevas y en las peñas de los montes…”.

Apoc. XIII, 16: “Y hace que a todos: los pequeños y los grandes y los ricos y los pobres y los libres y los siervos para que se les dé una marca sobre la mano de ellos, la derecha, o sobre la frente de ellos…”.

Apoc. XIX, 17-18: “Venid, congregaos al banquete, el grande, de Dios, a comer carnes de reyes y carnes de tribunos y carnes de fuertes y carnes de caballos y de los sentados sobre ellos, y carnes de todos: y libres y siervos y pequeños y grandes”.


***

Antes de sacar algunas conclusiones, tratemos primero de enmarcar estos pasajes en su lugar correspondiente.

No es posible dudar que en el capítulo VI se describe el comienzo del Juicio de las Naciones cuando se narran las conmociones en el sol, la luna, las estrellas y el cielo, y que a este Juicio lo vemos profetizado en muchos otros lugares, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento: Is. XIII, 9-10; XXXIV, 4; Jl, II, 10.30; III, 4.15; Mt. XXIV, 29; Mc. XIII, 24; Lc. XXI, 25.

La dificultad, más bien, parecería estar en el capítulo XIX.

Repasemos primero el texto y luego lo sometamos a un breve análisis:

11. Y vi el cielo abierto y he aquí un caballo blanco y el sentado sobre él llamado “Fiel y Verdadero” y con justicia juzga y guerrea.
12. Y sus ojos, llama de fuego y sobre su cabeza, diademas muchas; teniendo un nombre escrito que nadie sabe sino Él mismo.
13. Y vestido con un vestido teñido en sangre, y se llama su nombre “la Palabra de Dios”.
14. Y los ejércitos, los (que están) en el cielo, le seguían en caballos blancos, vestidos de lino fino blanco, puro.
15. Y de su boca sale una espada aguda, para con ella herir a las naciones y Él las destruirá con vara férrea y Él pisotea el lagar del vino del furor de la ira de Dios, el Todopoderoso.
16. Y tiene sobre el vestido y sobre su muslo un nombre escrito: “Rey de reyes y Señor de señores”.
17. Y vi un ángel estando de pie en el sol y clamó con voz grande, diciendo a todas las aves, las que vuelan en medio del cielo: “Venid, congregaos al banquete, el grande, de Dios,
18. a comer carnes de reyes y carnes de tribunos y carnes de fuertes y carnes de caballos y de los sentados sobre ellos, y carnes de todos: y libres y siervos y pequeños y grandes”.
19. Y vi a la Bestia y a los reyes de la tierra y a sus ejércitos congregados, hacer la guerra contra el sentado sobre el caballo y contra su ejército.
20. Y fue cogida la Bestia y con ella el Falso Profeta, el que había hecho los signos delante de ella, con los cuales había engañado a los que habían recibido la marca de la Bestia y a los que se postran ante su imagen. Vivos fueron arrojados los dos al lago, el de fuego, del que arde con azufre.
21. Y los restantes fueron muertos con la espada del sentado sobre el caballo, la que salía de su boca y todas las aves se hartaron de sus carnes.

Antes que nada, pongamos este capítulo en su contexto inmediato: en los capítulos XV-XVI vemos el derrame de las siete Copas, mientras que en los XVII-XVIII asistimos a la destrucción de Babilonia, luego la profecía sigue en el capítulo XIX con el regocijo en el cielo por la destrucción de la gran Ramera, tras lo cual vemos el cielo abierto y la aparición de Jesucristo.

domingo, 12 de abril de 2020

Sobre algunos grupos de personas en el Apocalipsis (II edición) (XII de XV)


VII. Los Reyes de la Tierra

Apoc. I, 5: “Y de Jesucristo, el Testigo, el fiel, el Primogénito de los muertos y el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos libró de nuestros pecados en su sangre…”.

Apoc. VI, 15: “Y los reyes de la tierra y los magnates y los tribunos y los ricos y los fuertes y todo siervo y libre se escondieron en las cuevas y en las peñas de los montes”.

Apoc. XVII, 1-2: “Y vino uno de los siete ángeles, de los que tienen las siete copas, y habló conmigo diciendo: “(Ven) aquí: te mostraré el juicio de la ramera, la grande, la sentada sobre aguas muchas; con la cual fornicaron los reyes de la tierra y se embriagaron los que habitan la tierra, con el vino de su fornicación”.

Apoc. XVII, 18: “Y la Mujer que has visto es la ciudad, la grande, la que tiene reino sobre los reyes de la tierra”.

Apoc. XVIII, 3: “Porque del vino del furor de su fornicación bebieron todas las naciones y (¿esto es?) los reyes de la tierra con ella fornicaron y los mercaderes de la tierra con el poder de su lujo se enriquecieron”.

Apoc. XVIII, 9: “Y llorarán y harán luto por ella los reyes de la tierra, los que con ella fornicaron y (¿esto es?) vivieron en el lujo, cuando vean el humo de su incendio”.

Apoc. XIX, 19: “Y vi a la Bestia y a los reyes de la tierra y a sus ejércitos congregados, hacer la guerra contra el sentado sobre el caballo y contra su ejército”.

Apoc. XXI, 24: “Y caminarán las naciones a su luz y los reyes de la tierra traen su gloria a ella”.


***

Lo primero que tenemos que decir es que este grupo de Reyes se identifica con los Reyes de todo el orbe, como podemos constatar con la simple comparación de algunos textos:

Apoc. XVIII, 1-3: “Después de esto vi otro ángel descendiendo del cielo, teniendo autoridad grande y la tierra se iluminó con su gloria. Y clamó con fuerte voz, diciendo: “Ha caído, ha caído Babilonia la grande y se hizo habitación de demonios y prisión de todo espíritu impuro y prisión de toda ave impura y odiada. Porque del vino del furor de su fornicación bebieron todas las naciones y (¿esto es?) los reyes de la tierra con ella fornicaron y los mercaderes de la tierra con el poder de su lujo se enriquecieron”.

Y su pasaje paralelo:

Apoc. XIV, 8: “Y otro, un segundo ángel, siguió diciendo: “Ha caído, ha caído Babilonia la grande, que del vino del furor de su fornicación abrevó a todas las naciones”.

Como así también:

lunes, 6 de abril de 2020

Sobre algunos grupos de personas en el Apocalipsis (II edición) (XI de XV)


VI. Los Santos

Nota del Blog: Hemos modificado un tanto la opinión que dimos en su momento[1], así que sirva esta nueva entrada como una Retractatio.


***

Contrariamente a lo que pensábamos antes, este nombre parece incluir nada más que un solo grupo. Primero veamos los textos:

Apoc. V, 8: “Y cuando hubo recibido el libro, los cuatro Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron ante el Cordero, teniendo cada cual una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos”.

Apoc. VIII, 3-4: “Y otro ángel vino y se puso de pie ante el altar, teniendo un incensario de oro y se le dio muchos perfumes para que diese a las oraciones de todos los santos sobre el altar, el de oro, el que (está) delante del trono. Y subió el humo de los perfumes por las oraciones de los santos de mano del ángel ante Dios”.

Apoc. XI, 18: “Y las naciones se airaron y vino tu ira y el tiempo para que los muertos sean juzgados; y para dar la recompensa a tus siervos: los profetas y los santos; y a los que temen tu Nombre: los pequeños y los grandes; y para destruir a los que destruyen la tierra”.

Apoc. XIII, 7.10: “Y se le dio hacer guerra contra los santos y vencerlos y se le dio autoridad sobre toda tribu y pueblo y lengua y nación… si alguno a cautiverio, a cautiverio va; si alguno a cuchilla ha de ser muerto, a cuchilla ha de ser muerto. Aquí está la perseverancia y la fe de los santos”.

Apoc. XIV, 12-13: “Aquí la perseverancia de los Santos está, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”. Y oí una voz del cielo diciendo: “Escribe: ¡Bienaventurados los muertos, los que en Señor mueren, desde ahora!”. “Sí, dice el Espíritu: que descansen de sus trabajos[2]; en efecto, sus obras les siguen”.

Apoc. XVI, 6: “Porque sangre de santos y profetas derramaron y sangre les has dado a beber: dignos son”.

Apoc. XVII, 6: “Y vi a la mujer ebria de la sangre de los santos y de la sangre de los testigos de Jesús; y me maravillé, al verla, con maravilla grande”.

Apoc. XVIII, 20.24: “¡Alégrate sobre ella, cielo y (¿esto es?) los santos y los apóstoles y los profetas, pues ha juzgado Dios vuestro juicio contra ella!... Y en ella sangre de profetas y santos fue hallada y (¿esto es?) de todos los que fueron degollados sobre la tierra”.

Apoc. XIX, 7-8: “Regocijémonos y exultemos y le daremos la gloria, porque ha llegado la boda del Cordero y su mujer se ha preparado. Y se le dio vestirse de lino fino, resplandeciente, puro; en efecto, el lino fino, las justicias de los santos son”.

Apoc. XX, 9: “Y subieron sobre la latitud de la tierra y cercaron el campamento de los santos y la ciudad, la amada, y descendió fuego del cielo y los devoró”.

Apoc. XXII, 11: “El que daña, dañe más y el sucio, ensúciese más y el justo justicia haga más y el santo santifíquese más”.

Apoc. XXII, 21: “La gracia del Señor Jesús (sea) con todos los santos. Amén”.


***

Empecemos primero por los textos más claros:

En XIII, 7 se identifica claramente a los santos con aquellos que son vencidos por la Bestia del Mar, es decir, muertos por ella y lo mismo se dice, con otras palabras, en otros pasajes al afirmar que la Bestia está ebria de la sangre de los santos y que será castigada por haber derramado su sangre (XVI, 6; XVII, 6; XVIII, 20.24), ante lo cual son invitados a alegrarse los santos en forma particular, por obvias razones (XIX, 7-8) y se les promete una recompensa (XI, 18).

En XIII, 10 y en XIV, 12 habla de la perseverancia de los santos, a los que identifica con los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, perseverancia que consiste en resistir hasta la muerte.

Un último argumento no será menos definitivo: en

Apoc. XII, 17 leemos:

“Y se airó el Dragón contra la Mujer y se fue a hacer guerra contra los restos de su simiente, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús”.

Mientras que en XIII, 7 ya habíamos visto:

Y se le dio hacer guerra contra los santos y vencerlos y se le dio autoridad sobre toda tribu y pueblo y lengua y nación”.

Identificando una vez más a los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús con los santos.

martes, 31 de marzo de 2020

Sobre algunos grupos de personas en el Apocalipsis (II edición) (X de XV)


V. Los Profetas

Apoc. X, 5-7: “Y el ángel que vi estando de pie sobre el mar y sobre la tierra, alzó su mano, la diestra, al cielo, y juró por el Viviente por los siglos de los siglos - que creó el cielo y lo que hay en él y la tierra y lo que hay en ella y el mar y lo que hay en él -: "Tiempo ya no habrá", sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando vaya a trompetear, también se consumó el misterio de Dios como evangelizó a sus siervos los profetas”.

Apoc. XI, 3: “Y daré a mis dos testigos y profetizarán días mil doscientos sesenta, vestidos con sacos”.

Apoc. XI, 10: “Y los que habitan sobre la tierra se regocijan sobre ellos y se alegran y dones se enviarán unos a otros, porque éstos, los dos profetas, atormentaron a los que habitan sobre la tierra”.

Apoc. XI, 18: “Y las naciones se airaron y vino tu ira y el tiempo para que los muertos sean juzgados; y para dar la recompensa a tus siervos: los profetas y los santos; y a los que temen tu Nombre: los pequeños y los grandes; y para destruir a los que destruyen la tierra”.

Apoc. XVI, 5-6: “Y oí al ángel de las aguas que decía: “Justo eres, (Tú que tienes por nombre) el que Es y el que Era, el Santo, porque ésto has juzgado. Porque sangre de Santos y Profetas derramaron y sangre les has dado a beber: dignos son”.

Apoc. XVIII, 20.24: ¡Alégrate sobre ella, cielo y (¿esto es?) los santos y los apóstoles y los profetas, pues ha juzgado Dios vuestro juicio contra ella!... Y en ella sangre de profetas y santos fue hallada y (¿esto es?) de todos los que fueron degollados sobre la tierra”.


***

A diferencia de los demás grupos de personas que se encuentran en el Apocalipsis, este es el más fácil de todos para identificar puesto que la cita de XI, 10 nos aclara inmediatamente a quiénes hace referencia el Texto Sacro cuando habla de los Profetas, al decirnos que estos dos Testigos serán muertos por el Anticristo, en Jerusalén y una vez que hayan terminado su predicación que durará mil doscientos sesenta días.

El resto de las citas nos conducen todas a la misma conclusión:

Por el capítulo X sabemos que el ángel está hablando después de la sexta Trompeta pero antes de la séptima y nos dice que cuando el ángel toque esta última trompeta entonces

“También se consumó el misterio de Dios como evangelizó a sus siervos los profetas” (v. 7).

Es decir, los dos Profetas serán los encargados principales de Testimoniar la próxima venida del Reino de Jesucristo y los mártires del quinto Sello serían algo así como sus discípulos, aquellos que deberán predicar el Evangelio del Reino ante gobernadores y reyes (Mc. XIII, 9; Mt. X, 18).

Toda su prédica consistirá en preparar y amonestar a las personas sobre la inminente Venida de Jesucristo. La Buena Nueva (Evangelio), ya lo dijimos, está relacionado con lo que Jesús nos dijo en el sermón Parusíaco y alude a la predicación en todo el mundo de su próximo regreso en Gloria y Majestad. Esto es lo que los dos Testigos deben profetizar durante la primera mitad de la última semana escatológica.

La misión de San Juan Bautista es análoga a la de Elías, como lo indica Nuestro Señor en Mateo XVII, 12-13:

“Os declaro, empero, que Elías ya vino, pero no lo conocieron, sino que hicieron con él cuanto quisieron… entonces los discípulos cayeron en la cuenta que les hablaba con relación a Juan el Bautista”.

Y lo repite el ángel a Zacarías, en Lc. I, 17:

Caminará delante de Él con el espíritu y el poder de Elías, “para convertir los corazones de los padres hacia los hijos”, y los rebeldes a la sabiduría de los justos y preparar al Señor un pueblo bien dispuesto”.

Y así se entiende que San Juan comenzara, al igual que Nuestro Señor, anunciando el Reino de Dios (Mt. III, 2):

“Y decía (el Bautista): Haced penitencia, pues ha llegado el Reino de Dios”.

No debemos perder de vista que recién cuando los dos Testigos suben a los Cielos entonces tendrá lugar la sexta Trompeta (2 ay) y el séptimo toque de Trompeta dará lugar al juicio de las siete Copas, el cual será una venganza por la muerte de los profetas y de los mártires del Anticristo, de la misma manera que el juicio de las siete Trompetas fue en venganza por la muerte de los Mártires del quinto Sello. El texto indica expresamente en el capítulo XVI que la tercera Copa que cae sobre los ríos y las fuentes de agua tiene por finalidad vengar la sangre de los Santos y Profetas que derramaron los habitantes de la tierra.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Sobre algunos grupos de personas en el Apocalipsis (II edición) (IX de XV)


Queda una sola objeción por responder a esta segunda parte. ¿Por qué se dice de los católicos que son el linaje de Israel? ¿No debería ser al revés?

La respuesta, como de costumbre, nos viene del mismo Lacunza[1]. Citamos este largo y esclarecedor pasaje:

“Hasta aquí hemos atendido solamente a las circunstancias de esta profecía: es a saber, ¿con quién habla, en qué ocasión, y para qué tiempo? Hemos concluido, al parecer con evidencia, lo primero: que se habla con Sión, antigua esposa de Dios, y que a ella sóla se dirigen, no una ni cuatro, sino todas las palabras consolatorias, y todas las promesas que contiene la profecía. Lo segundo: que se habla con esta antigua esposa de Dios, no en otro estado, sino en el estado de soledad, de viudez, de abandono, en que quedó después del Mesías, y después que otra esposa nueva ocupó su puesto. Lo tercero: que no habiéndose verificado jamás en la Sión con quien se habla, cosa alguna de cuantas se le dicen y prometen, deberemos esperar otro tiempo, en que todas se verifiquen: la mano del Señor no se ha encogido para no poder salvar (Is. LIX, 1).

Esto supuesto, veamos ahora brevemente las cosas mismas que se dicen y prometen a esta antigua esposa de Dios. Ellas son tan grandes, que por eso mismo se ha pensado que no pueden hablar con ella. Sin esto no hubiera habido quién se las disputase; puesto que las primeras palabras con que empieza el Señor su consolatoria, son tan amorosas, tan tiernas, tan expresivas, que ellas solas muestran claramente, que debe haber alguna grande y extraña novedad; así de parte de Sión, que llora su soledad y desamparo, como de parte del Mesías, que atiende a su llanto, y se pone de propósito a consolarla. “¿Puede acaso una madre (empieza diciendo) olvidarse de su tierno infante? ¿Puede mirar con indiferencia el dolor y aflicción del fruto de su vientre? Pues más fácil es esto, que no que yo me olvide de ti” (Is. XLIX, 15). Después de este primer requiebro sumamente expresivo, para que no piense que son únicamente buenas palabras, pasa luego a decirle toda la gloria y honra que le tiene preparada. Y en primer lugar le habla de su próxima reedificación siguiendo siempre la metáfora de la ciudad de David, es decir, le habla de su renovación, de su asunción, de su remedio pleno, cuyo diseño o cuyo plan, dice que lo tiene como grabado en sus propias manos (v. 16). Y como si ya estuviese concluida esta renovación, de que se habla en todos los Profetas, la convida en espíritu a que levante sus ojos, y mire por todas partes al rededor de sí (18 ss). ¿Y qué es lo que ha de mirar? Es aquello mismo que es toda la causa de su llanto. Lloras (como si dijera) porque me he pasado a las gentes, y vivido entre ellas tantos siglos, obligado de tu incredulidad, y de tu extrema ingratitud; ved aquí el fruto copiosísimo que se ha recogido por mi solicitud. Todos estos hijos de Dios, que estaban dispersos, se han congregado en uno, (Jn. XI, 52), todas estas ovejas, que no eran de este aprisco (Jn X, 16) han sido traídas a este ovil, o a este rebaño sobre mis propios hombros; y todos se han congregado y venido, no solamente para mí, sino también para ti. No tienes que mirarlos como extraños (Sal. XVII), tú eres su propia madre, y ellos son tus propios hijos. Yo te juro que de todos ellos te vestirás algún día, y todos te servirán de galas y de joyas preciosísimas: Vivo yo, dice el Señor, que de todos éstos serás vestida como de vestidura de honra, y te los rodearás como una esposa (v. 18).

Estos hijos tuyos (prosigue diciendo) no obstante que son hijos de tu esterilidad; estos hijos que te han nacido, sin saberlo tú, en aquellos mismos tiempos en que has vivido como viuda, y verdaderamente viuda y desamparada; estos hijos tuyos serán tantos, que no pudiendo caber en tus confines, desde el río de Egipto hasta el grande río Éufrates, te pedirán un espacio mayor en que habitar (expresiones todas conocidamente figuradas). Aún dirán en tus oídos los hijos de tu esterilidad: angosto es para mí el lugar, hazme espacio para que yo habite (v. 20). Entonces dirás, oh Sión, dentro de tu corazón: ¿quién me ha parido estos hijos? ¡Yo estéril, yo viuda, yo leño seco, incapaz tantos siglos ha de parir hijos de Dios! ¡Yo desterrada, cautiva, abominada de Dios y de los hombres, olvidada, destituida y sola! Y estos hijos míos, ¿de dónde han salido? Y éstos, ¿dónde estaban? Y éstos, ¿quién me los ha criado, sustentado y educado? (v. 21).

jueves, 19 de marzo de 2020

Sobre algunos grupos de personas en el Apocalipsis (II edición) (VIII de XV)


IV. Los que Guardan los Mandamientos de Dios
y Mantienen el Testimonio de Jesús

Este grupo de personas, parecido al anterior, posee sin embargo características propias. Difieren en sus cualidades y en el tiempo en que aparece.

Antes de analizar este grupo, pasemos, como de costumbre, primero a los textos:

Apoc. XII, 17: “Y se airó el Dragón contra la Mujer y se fue a hacer guerra contra los restos de su simiente, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús”.

Apoc. XIII, 9-10: “Si alguno tiene oído, oiga: si alguno a cautiverio, a cautiverio va; si alguno a cuchilla ha de ser muerto, a cuchilla ha de ser muerto. Aquí está la perseverancia y la fe de los santos.

Apoc. XIV, 12-13: “Aquí la perseverancia de los Santos está, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Y oí una voz del cielo diciendo: “Escribe: ¡Bienaventurados los muertos, los que en Señor mueren, desde ahora!”.


***

Dos pequeñas notas antes de desarrollar este tema:

a) Por un lado, en XIV, 12 “Los que guardan, etc.” es una aposición a “los Santos”.

b) Por el otro, por la relación entre XIII, 9-10 y XIV, 12-13 se ve q los Santos son los Mártires del Anticristo.

Empecemos por el tiempo al cual todo esto hace referencia. Por el primer pasaje sabemos que el demonio les hace la guerra después de perseguir, sin éxito, a la Mujer que huye al desierto y el texto agrega que este grupo es el linaje de ella.

Para entender bien el capítulo XII del Apocalipsis nada mejor que el extenso comentario, versículo por versículo, que le dedicó el mismo Lacunza en su Fenómeno VIII, a lo cual nos remitimos, pues daremos aquí sólo sus principales ideas.

viernes, 13 de marzo de 2020

Sobre algunos grupos de personas en el Apocalipsis (II edición) (VII de XV)


Esto explica también lo que dice San Juan al abrir su profecía, cuando dice que testificó “la Palabra de Dios” y “el Testimonio de Jesucristo” (I, 2.9), es decir de los dos grandes grupos de Mártires del Apocalipsis, el primero es aquel del que estamos hablando ahora y del segundo hablaremos en el próximo grupo.

En I, 3 dice:

Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de la profecía y guardan las cosas escritas en ella; en efecto, el tiempo (está) cerca”[1].

AQUI básicamente habíamos dicho que “el que lee” (en el Templo) es Elías y “los que oyen y guardan las cosas escritas” son estos mismos encargados de predicar el Evangelio a todo el mundo.

Como se vé, todo gira siempre alrededor de las mismas ideas.

Y lo que acabamos de decir se confirma también por la misteriosa frase de Nuestro Señor a la Iglesia de Filadelfia cuando le dice:

“He aquí que he puesto delante de ti una puerta abierta, que nadie puede cerrarla”.

La cual es símbolo de la predicación y del Apostolado como nos lo dice San Pablo en varias oportunidades:

Hech. XIV, 27: “Llegados reunieron la Iglesia y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe”.

 I Cor. XVI, 8-9: “Me quedaré en Éfeso hasta Pentecostés, porque se me ha abierto una puerta grande y eficaz, y los adversarios son muchos”.

 II Cor. II, 12-13: “Llegado a Tróade para predicar el Evangelio de Cristo, y habiéndoseme abierto una puerta en el Señor, no hallé reposo para mi espíritu, por no haber encontrado a Tito, mi hermano…”

 Col. IV, 2-4: “Perseverad en la oración, velando en ella y en la acción de gracias, orando al mismo tiempo también por nosotros, para que Dios nos abra una puerta para la palabra, a fin de anunciar el misterio de Cristo…

Es decir, los perseguidores de este grupo (los habitantes de la tierra, para ser más exactos) no podrán evitar la predicación en todo el mundo (o para ser más exactos, contribuirán a ella por medio de las persecuciones) del anuncio del próximo Reinado de Jesucristo, predicación que servirá, por otra parte, para que nadie pueda excusarse de seguir al Anticristo cuando aparezca[2].

De este grupo habló Jesús en la parábola del juez inicuo, Lc. XVIII, 1-7:

“Les propuso una parábola sobre la necesidad de que orasen siempre sin desalentarse: “Había en una ciudad un juez que no temía a Dios y no hacía ningún caso de los hombres. Había también allí, en esta misma ciudad, una viuda, que iba a buscarlo y le decía: “Hazme justicia librándome de mi adversario”. Y por algún tiempo no quiso, mas después dijo para sí: “Aunque no temo a Dios ni respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me importuna, le haré justicia, no sea que al fin venga y me arañe la cara”. Y el Señor agregó: “¿Y Dios no habrá de vengar a sus elegidos, que claman a Él día y noche, y se mostrará tardío con respecto a ellos? Yo os digo que ejercerá la venganza de ellos prontamente”.

Los elegidos que claman a Él día y noche parecerían incluir no sólo los Mártires del quinto Sello[3], sino también los del Anticristo, ya que el famoso final del v. 8, que no puede ser separado de todo lo que antecede, es del todo Parusíaco:

Pero el Hijo del hombre cuando vuelva, ¿hallará por ventura la fe sobre la tierra?”.



[1] Sobre los “bienaventurados” en el Apocalipsis, nos remitimos a lo ya dicho en otra oportunidad AQUI

[2] Como nota al pie es interesante destacar que esta interpretación corroboraría lo dicho sobre el primer grupo, ya que Al Vencedor de la Iglesia de Laodicea se le promete sentarse en el trono de Jesús, y en el capítulo XX vemos que San Juan contempla los tronos y a los mártires del quinto Sello, que corresponden a la Iglesia de Filadelfia.

[3] Ita Straubinger.