Mostrando las entradas con la etiqueta Pascuas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Pascuas. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de febrero de 2022

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (XVI de XVI)

 ARTÍCULO XI 

Cuáles fueron las causas y consecuencias de los falsos prejuicios que existieron hasta el presente sobre esta materia 

Creo que las causas se pueden reducir al poco cuidado que se ha tenido hasta el presente en esclarecer este punto de la historia eclesiástica y a la manera de expresarse en forma equívoca que tenían los antiguos al tratar este tema. 

Desde el Concilio de Nicea, el error de los cuartodecimanos no hizo mucho ruido en la iglesia y el cisma de los que lo continuaron no fue muy extendido. Muchos siglos después de ese gran Concilio se vieron todavía algunos vestigios, sobre todo en Escocia, tal como lo narra el Venerable Beda; pero llegaron a un acuerdo y el grupo de los que permanecieron obstinados se disipó. De esta forma, nada obligó a los sabios a prestar extraordinaria atención al tema de estas antiguas disputas. 

Pero el origen principal de los falsos prejuicios al que hemos llegado hasta ahora, ha sido el equívoco del nombre Pascua, del que los historiadores que han hablado sobre los cuartodecimanos han usado sin explicar, dado que en su tiempo se lo entendía en el sentido que se le daba. 

El nombre fiesta de Pascua significaba en los primeros cristianos lo que hoy llamamos día de la Pasión; creo haber dado al respecto pruebas indudables. Así como los cristianos inmolaban el Cordero místico en los sagrados misterios la noche del sábado al domingo de Resurrección, e incluso hacían un festín que tenía cierta similitud con la Pascua de los judíos, le daban también el nombre de Pascua a esta solemnidad. Y desde entonces el nombre Pascua tuvo diferentes significados: los cuartodecimanos no lo daban más que para el día de la Pasión y los otros al domingo de Resurrección; o más bien, estos, sin dejar de usarlo para el día de la Pasión, lo entendieron y se lo dieron también al día de la Resurrección, pues Tertuliano, entre otros, lo toman a veces con un significado y a veces con otro. El autor de la Crónica de Alejandría habla de ciertas personas (sin dudas eran los cuartodecimanos) que se escandalizaban que la Iglesia diera el nombre de Pascua al santo día de Resurrección. Ignoran, agrega, el significado de esta palabra. Lo que en griego se dice diabasis, exbasis, hyperbasis, passage, salida, en hebreo se llama Phase o Pascua. La Iglesia llama, pues, con el nombre Pascua no sólo la muerte de Nuestro Señor sino también su vuelta a la vida, pues la muerte y Resurrección ha sido, para el género humano un paso, una liberación, una salida, etc. 

Hemos visto por los pasajes de San Agustín y San Ambrosio, que se le daba el nombre de Pascua al espacio de los tres días en los que Nuestro Señor fue crucificado, permaneció en el sepulcro y resucitó. San Epifanio lo aplica incluso a toda la Semana Santa. Pero como el Concilio de Nicea hablaba sobre los cuartodecimanos, tomó esa palabra como el día de la Pasión, tal como lo he probado por la carta de Constantino a las iglesias sobre las decisiones del Concilio; sin embargo, siempre había alguna relación con la fiesta de la Resurrección sobre la que dependía. 

sábado, 5 de febrero de 2022

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (XV de XVI)

 ARTÍCULO VIII 

V Proposición 

El Concilio de Nicea no tuvo la intención de impedir

que lo que hoy llamamos la fiesta de la Pascua

cayese el día de la Pascua de los Judíos 

Mis razones son: 

1. Que eso no se vé ni en Eusebio, ni en Sócrates, ni en lo que tenemos del Concilio de Nicea. 

2. Que los cuartodecimanos, en cuya ocasión se hizo el decreto de Pascua en el Concilio, jamás habían celebrado lo que llamamos la Fiesta de la Pascua, el día que los judíos celebraban la de ellos. Es lo que he probado invenciblemente en el segundo artículo de esta disertación. 

3. Por último, en la carta que Constantino escribió a las Iglesias sobre el decreto del Concilio, en donde dice que todos acordaron hacer la fiesta de la Pascua al mismo tiempo, y a no basarse en las costumbres de los judíos, Constantino, digo, no habla de la fiesta de la Resurrección, sino sobre la de la Pasión, como se vé por los dos pasajes de esa carta que he citado y que repito aquí. 

“En primer lugar, dice, ha parecido a todos indigno de seguir en la celebración de esta santísima fiesta la costumbre de los Judíos… es pertinente seguir la manera que hemos seguido hasta ahora desde el día que se celebró por primera vez la Pasión del Salvador. 

Además de eso, agrega, hay que reflexionar que es contra toda razón no ponerse de acuerdo en un asunto de semejante importancia y en la celebración de una fiesta tan grande. Nuestro Salvador no nos ha dejado más que una fiesta que es el día de nuestra Redención, es decir, de su santísima Pasión. Quiso que no hubiera sino una Iglesia Católica, cuyos miembros, aunque dispersos en diversos lugares, estuvieran animados del mismo espíritu”[1]. 

De forma que si el Concilio de Nicea tuvo la intención impedir que algunas fiestas de los Cristianos se solemnizara el día que los judíos hacían sus fiestas de Pascuas, no fue lo que hoy en día llamamos la fiesta de la Pascua, sino la que llamamos la Pasión. 

Pero digo además que el Concilio no tuvo intención de prohibir ni lo uno ni lo otro. Y esa es mi sexta proposición. 

 

ARTÍCULO IX 

VI Proposición: pruebas 

domingo, 30 de enero de 2022

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (XIV de XVI)

    Lo mismo podemos observar en la epístola que San Ambrosio escribió a los obispos de Emilia sobre la celebración de la Pascua. Y la diferencia esencial que había entre los cuartodecimanos y los otros cristianos era ésta: que éstos celebraban la Pascua el viernes, el sábado y el domingo, culminando esta fiesta por la alegría de la Resurrección, mientras aquéllos no tenían en cuenta estos tres días, sino solamente el catorce de la luna, sin importar en qué día cayera, y que no se servían del nombre de día de Pascua más que para significar el catorce de la luna, uniendo este nombre únicamente a este día. Es lo que San Epifanio dice[1] de los catafrigios cuartodecimanos: 

“Celebran la Pascua un día”. 

Y, por el contrario, dice, los católicos hacían esta fiesta durante siete días, es decir, toda la Semana Santa. 

“Excepto éstos (a saber, los seguidores de Sabbatius), dice Sozómeno, como así también los asiáticos llamados cuartodecimanos, todas las otras sectas hacen la Pascua como Roma y Alejandría. Pero con respecto a los Novacianos, observan el domingo de Resurrección, pero siguen, sin embargo, a los judíos y caen en lo mismo que los cuartodecimanos, a menos que el domingo sea el catorce de la luna. 

Los montanistas, continúa, que son llamados pepusitas y frigios, tienen otra manera muy extraordinaria de celebrar la Pascua. Cuentan los días del primer mes destinado por la Escritura para hacer la Pascua; los cuentan a partir del 23 de marzo, día en que creen que fueron creados el sol y la luna, y fijan el catorce el día 5 de abril y siempre hacen la Pascua ese día. Si el catorce cae en domingo, entonces hacen esta fiesta el domingo siguiente, porque dicen que está escrito que la Pascua se hará desde el catorce hasta el veintiuno”. 

El señor Vallois, después de usar el texto de Sozómeno, le hizo aún algunos cambios a este pasaje sin que sea mucho más inteligible. No hacía falta ningún cambio y éste es el pensamiento de Sozómeno. 

lunes, 24 de enero de 2022

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (XIII de XVI)

ARTÍCULO VII 

Sobre las costumbres de los Novacianos y de algunas otras sectas

sobre la celebración de la Pascua y Resurrección de Nuestro Señor 

Como el uso de los cuartodecimanos tenía algo de plausible y parecía estar fundado en una buena tradición y en el Evangelio, una parte de la secta de los novacianos juzgó apropiado acomodarse a él. Al recoger cómo narran Sócrates y Sozómeno el tema[1], interpretaré el texto griego a mi modo de ver, y creo que conforme a la verdad; y haré luego algunas reflexiones sobre lo que los demás intérpretes han creído necesario prestar atención. 

Al separarse Novaciano de la Iglesia Romana no dejó de seguir el rito de esta iglesia en la celebración de la Pascua, y sus seguidores lo imitaron hasta el tiempo del emperador Valentiniano I, pues, bajo este emperador, algunos obispos novacianos de Frigia que tuvieron un concilio en un pueblo llamado Pazo hacia el nacimiento del río Sangario, se reunieron y decidieron que había que tener en cuenta el tiempo que los judíos hacían sus ázimos y hacer la Pascua al mismo tiempo que ellos; los obispos que hicieron este decreto eran pocos y no muy considerables. 

Algunos años después, un cierto Sabbatius que de judío se había hecho Cristiano y novaciano, habiendo sido elevado a la dignidad sacerdotal, tuvo deseos de ser obispo. Alguna inclinación que todavía tenía por las ceremonias judaicas unido a su ambición, le hizo pensar en hacer renovar el canon del sínodo de Pazo e hizo peticiones para ello. Habiendo sabido los obispos novacianos sobre sus intenciones reunieron un concilio en Angar en Bitinia y lo hicieron venir. Le preguntaron qué clase de desagrado podía tener contra la iglesia novaciana, y qué pretendía por una especie de facción que parecía querer formar. Respondió que estaba escandalizado por la diversidad que veía entre ellos en lo que respecta a la celebración de la Pascua, que había que hacerla como los judíos y como se había resuelto en el Sínodo de Pazo. 

Los obispos del concilio, que suponían, sin importar lo que dijera, que pretendía el Episcopado, le propusieron hacer un juramento de no aspirar nunca a esta dignidad; él no se animó a rechazar hacer este juramento y lo hizo inmediatamente. Al mismo tiempo, los obispos promulgaron un decreto que llamaron el decreto de la indiferencia, por el que declararon que hacer la fiesta de la Pascua en un tiempo o en otro, era algo indiferente, que esta diversidad no era un motivo suficiente para hacer un cisma en la Iglesia y que cada uno podía, sin perjuicio de la concordia, comportarse como mejor le pareciera. 

lunes, 17 de enero de 2022

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (XII de XVI)

 ARTÍCULO VI 

IV Proposición 

Los cuartodecimanos celebraban la Resurrección

el tercer día después del catorce de la luna 

Esta proposición es una conclusión de todo lo que he dicho hasta ahora. Pues según la protesta del obispo Policarpo en nombre de los obispos de Asia, la disciplina de los cuartodecimanos en este tema seguía exactamente el orden de la historia evangélica para las ceremonias del tiempo Pascual y para la celebración de los misterios; pero la Resurrección del Salvador se dio el tercer día después del catorce de la luna, y celebraban, por lo tanto, la Resurrección el tercer día después del catorce; a menos que se diga que no hacían esta fiesta, y es algo de lo que nunca se los acusó y nunca hubieran dejado de ser acusados por eso, considerando que el misterio de la Resurrección fue siempre celebrado en todas partes desde el nacimiento de la Iglesia. 

Pero no pruebo esta conclusión solamente por un razonamiento tan evidente como el que acabo de hacer, sino que tengo aún dos pruebas tomadas de la historia. La primera es lo que dice San Epifanio en el número diez del capítulo de la herejía de los audianos, de la que hablé en el artículo precedente. Dice que las pretendidas Constituciones de los Apóstoles que seguían estos herejes, ordenaban a los cristianos una vigilia hacia la mitad del tiempo de los ázimos. Los cristianos hacían estas vigilias en la Iglesia la noche de las grandes fiestas y se hacen todavía hoy en las Iglesias de Oriente. Todos aquellos antiguos que hablaron de las devociones que practicaban los Cristianos para prepararse para el día de la Resurrección, no dejaron de mencionar ésta; no es necesario traer los testimonios, siendo, como es, algo muy firme. Ahora bien, ¿cuál era esa vigilia que las Constituciones de los Apóstoles ordenaban a los Cristianos hacia la mitad de los ázimos, sino aquella por la cual los Cristianos cuartodecimanos se preparaban para la fiesta de la Resurrección según las ceremonias empleadas para esta ocasión por todos los Cristianos? 

Los ázimos comenzaban el catorce de la luna y terminaban el veintiuno. Esta vigilia de la fiesta de la Resurrección se hacía el tercer día después del catorce, por lo tanto, era la de la Resurrección. 

Mi otra prueba está tomada del decreto que hizo el Papa Víctor con todos los Concilios particulares que se reunieron entonces sobre la celebración de la Pascua, y que después fueron confirmados por el Concilio de Nicea. Eusebio dice[1] que no se solemnizaba la fiesta de la Resurrección en ningún otro día que no sea el domingo. Era preciso, pues, que los cuartodecimanos, contra los que se hacía el decreto, solemnizaran esta fiesta en otro día que no sea domingo. Lo cual sucedía muy a menudo porque hacían depender la fiesta de la Resurrección del día de su Pascua, que variaba todos los años y que caía a veces un lunes, otras un martes, etc. y, por lo tanto, sobre esta base, hacían la fiesta de la Resurrección, a veces el jueves, a veces el viernes, etc. La razón de ese Decreto y de la costumbre de las Iglesias era que Nuestro Señor resucitó el día siguiente al sábado, es decir, el domingo. La razón de los cuartodecimanos y de su costumbre, era que Nuestro Señor resucitó el tercer día después de la Pascua, o sea, después del catorce de la luna. Así, cada uno tenía, en el Evangelio, el fundamento de la tradición y de su costumbre, y eso fue lo que siempre dificultó la concordancia sobre este tema hasta el Concilio de Nicea.


 [1] L. 5, c. 23.

martes, 11 de enero de 2022

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (XI de XVI)

 ARTÍCULO V 

Objeción y Respuesta 

¿Es posible, dirá alguno, que los cuartodecimanos como Polícrates y los demás de los que se trataba en tiempos del Papa Víctor, que eran cristianos y buenos cristianos, no ayunasen el día que celebraban la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo? Pues, si celebraban la Pasión el catorce de la luna, entonces no ayunaban, dado que Eusebio dice expresamente que los cuartodecimanos terminaban su ayuno el catorce de la luna. 

Respondo que una dificultad de esta naturaleza, aunque no la pueda satisfacer plenamente, no es capaz de destruir la certeza de un hecho del que creo haber aportado pruebas muy convincentes. Teniendo en cuenta lo poco que sabemos de la disciplina de los asiáticos, no sería muy sorprendente que ignorásemos lo que hacían precisamente respecto a este tema el día que celebraban la Pasión. Además, el ayuno y demás extremas austeridades que detalla San Epifanio en su exposición de fe y en otra parte[1], siendo una preparación para la fiesta, no sería muy sorprendente que terminen al comienzo de la fiesta misma. Terminaría el día de la Resurrección para todos los otros cristianos que tenían a la Resurrección como la gran fiesta y su Pascua, y podían terminar para los cuartodecimanos en la Pasión, que tenían también como su gran fiesta, y que era también el día de la Pascua. Seguirían en ésto a los judíos cuyos ayunos terminaban con el festín Pascual. Nosotros ayunamos la vigilia de San Pedro, pero no el día de su pasión o de su martirio. Sin embargo, diré los otros pensamientos que me han venido sobre este tema. 

En primer lugar, aunque los traductores de Eusebio hayan traducido las palabras de su texto como: finem jejuniis imponere (terminar los ayunos), sin embargo, las palabras griegas bien pueden traducirse como solvere jejunia, romper los ayunos o interrumpir los ayunos. De forma que Eusebio se pudo servir de estos términos con respecto a los cuartodecimanos, incluso cuando, después de haber roto sus ayunos por el festín Pascual, hubieran vuelto a ayunar el día de la Pasión que celebraran a continuación. 

Y este comportamiento no sería particular de los cuartodecimanos. El Concilio de Laodicea, celebrado o un poco antes o, más probablemente, después del Concilio de Nicea, prohíbe, por medio de un canon, la costumbre que algunos observaban de romper el ayuno de Cuaresma el jueves anterior al domingo de Pascua: 

“No hay que romper el ayuno el jueves de la última semana de cuaresma” 

miércoles, 5 de enero de 2022

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (X de XVI)

 ARTÍCULO IV 

III Proposición

Celebrar la fiesta de la Pascua a la manera de los cuartodecimanos

era celebrar la fiesta de la Pasión de Jesucristo 

El día de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, según el uso de los primeros cristianos, se llamaba, a menudo, el día de Pascua. Este uso duró mucho tiempo. Entre una infinidad de pruebas que podría aportar, me contento con dos o tres. La primera es un pasaje de Tertuliano tomado del libro de la Oración, cap. 18: 

“El día de la Pascua, dice, que es como el día del gran ayuno y del ayuno público, no damos el beso de la paz”. 

Es claro que habla del día en que la Iglesia celebraba la Pasión de Nuestro Señor. 

La otra prueba está sacada de un error popular que prueba perfectamente esta verdad, y de la cual habla San Gregorio Nacianceno en la Oración 42 donde dice que muchos se imaginaban que el nombre de Pascua viene del griego πάσχειν (Paschein) que significa sufrir, porque en ese día Nuestro Señor fue crucificado. San Agustín también hace mención de ella en una de sus cartas, que en las antiguas ediciones es la 119, y la 55 en la nueva, y que se encuentra todavía en algunas ediciones de San Jerónimo entre las obras de este Padre bajo el título: De celebratione Paschae: 

“La palabra Pascua, dice San Agustín, no es griega, como se cree comúnmente, sino hebrea, tal como lo dicen los que conocen las dos lenguas, pues no viene de la palabra griega πάσχειν (Paschein), que significa sufrir”. 

Por último, he aquí lo que dice la Crónica de Alejandría: 

“La primera fiesta de Pascua que celebraron los santos Apóstoles después de la Ascensión de Nuestro Señor al cielo, la celebraron el viernes catorce de la luna del primer mes, que corresponde al once de abril de los Romanos, y por lo que hace a la fiesta de la Resurrección, la hicieron el trece de abril”. 

Esto, unido a la protesta de los cuartodecimanos de la que he hablado y junto con el pasaje de San Crisóstomo que he citado al fin del artículo precedente, es suficiente para probar mi proposición. He aquí, sin embargo, algo más positivo ahora. 

San Epifanio[1] habla de ciertos cuartodecimanos, o más bien de una cierta especie de cismáticos a los que el nombre de cuartodecimanos no les cabe dado que no se obligaban a celebrar la Pascua el catorce de la luna, pero, sin embargo, se los llamaba así. Dice que se jactaban de tener el Libro de las Actas de Pilatos, donde encontraron que el Salvador había sido crucificado el 24 de marzo, y es por esa razón que querían festejar ese día la fiesta de la Pascua en cualquier día de la semana que cayera el catorce de la luna. Por lo tanto, según esta clase de cuartodecimanos, hacer la fiesta de la Pascua era hacer la fiesta de la Pasión. 

Pero he aquí lo que me parece una prueba decisiva en favor de mi proposición. El emperador Constantino, en la carta que escribió a todas las iglesias cristianas sobre el Concilio de Nicea se expresa así con respecto a las diferencias de la Pascua entre los cuartodecimano y las otras iglesias: 

“En primer lugar, dice, ha parecido a todos indigno de seguir en la celebración de esta santísima fiesta la costumbre de los Judíos… es pertinente seguir la manera que hemos seguido hasta ahora desde el día que se celebró por primera vez la Pasión del Salvador”. 

Estas últimas palabras son remarcables, pues si se tratara de la Resurrección, debió haber dicho, desde el día que se celebró por primera vez la Resurrección del Salvador. Por lo tanto, lo que los cuartodecimanos celebraban el día que llamaban su fiesta de la Pascua era la fiesta de la Pasión. 

Lo que sigue algunas líneas más abajo es aún más claro: 

“Además de eso, agrega, hay que reflexionar que es contra toda razón no ponerse de acuerdo en un asunto de semejante importancia y en la celebración de una fiesta tan grande. Nuestro Salvador no nos ha dejado más que una fiesta que es el día de nuestra Redención, es decir, de su santísima Pasión. Quiso que no hubiera sino una Iglesia Católica, cuyos miembros, aunque dispersos en diversos lugares, estuvieran animados del mismo espíritu”[2]. 

¿No es evidente que se trata de la fiesta de la Pasión que los cuartodecimanos llamaban el día de Pascua?



 [1] Haer. 50. 

[2] Eusebio, Vida de Constantino, l. 3, cap. 18.

jueves, 30 de diciembre de 2021

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (IX de XVI)

 ARTÍCULO III 

II Proposición 

El catorce de la luna, los cuartodecimanos hacían el festín Pascual sin ninguna relación con el misterio de la Resurrección 

Cuando se dice que los cuartodecimanos hacían la Pascua el catorce de la luna, se debe entender el catorce de la luna en el mismo sentido que se lo entiende en los mandamientos que Moisés dio a los Judíos de comer su Pascua el catorce de la luna. Pero los Judíos comieron su Pascua la noche del catorce de la Luna. 

Sostengo, pues, que cuando se dice que los cuartodecimanos hacían la Pascua el catorce de la luna, quiere decir, en primer lugar, que hacían la noche del catorce el festín de la Pascua. 

No solamente los cuartodecimanos sino también otras iglesias habían mantenido, en la celebración de los misterios de la fiesta de Pascua, y en las cosas que estaban relacionadas, algunas ceremonias de los Judíos. Sin embargo, las habían vuelto cristianas por el fin que se proponían y por el significado que le daban. Tal era la más considerable y esencial de todas, quiero decir, la manducación del Cordero Pascual, e incluso algunas observaciones legales que la precedían, sin hablar de la observancia que era, y que hoy en día es todavía universal, de no hacer la Pascua antes del catorce de la luna, según lo que está señalado en el cap. XII del Éxodo y tal como lo señalan a menudo San Epifanio, San Ambrosio, San Agustín, etc. al hablar de la celebración de la Pascua. 

San Epifanio, al tratar del error de los cuartodecimanos, en un pasaje del artículo donde es muy difícil comprender lo que ha querido realmente expresar, sin embargo, deja muy en claro lo que afirmo con respecto al Cordero Pascual. 

“Los cuartodecimanos, dice[1], hacen la Pascua el catorce, es preciso que hagan venir el cordero desde el diez, y que lo guarden hasta el catorce”.

 Esto es lo que agrega con respecto a los Católicos: 

“La Iglesia Católica, recogiendo todo lo que es necesario para la celebración de este santo Misterio, no se aleja de la verdad. Pues no sólo observa el día catorce, sino también una semana toda entera, observando como siete días de sábado, a fin de que sobre el modelo de cosas que hizo el Señor, todo se termine por la Resurrección y por la alegría del festín Pascual. También, además del día catorce de la luna, observa el curso del sol, a fin de no hacer dos pascuas en el mismo año y que no haya un año sin Pascua. Es por eso que hemos observado de tal forma el catorce de la luna, que esperamos siempre que pase el equinoccio para hacer la Pascua y finalmente obramos de forma que el fin de todo este tiempo sea el domingo. Tomamos también un cordero desde el día diez, representando el nombre de Jesús por medio de la iota (que es la cifra diez y la primer letra de Jesús[2]), de forma que no omitimos nada de todo aquello que puede contribuir a la solemnidad de esta santa fiesta de la Pascua”. 

lunes, 20 de diciembre de 2021

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (VIII de XVI)

 ARTÍCULO II 

I Proposición 

Los cuartodecimanos no celebraban nunca en el catorce de la luna

lo que llamamos hoy Fiesta de la Pascua 

Lo que hoy llamamos la fiesta de la Pascua es la fiesta de la Resurrección, pero los cuartodecimanos no celebraban nunca la fiesta de la Resurrección el catorce de la luna. Es lo que me propongo probar. 

En primer lugar, sostengo que no se encontrará ningún autor antiguo más de trescientos años después del Concilio de Nicea que haya culpado o acusado a los cuartodecimanos que solemnizaban la fiesta de la Resurrección el catorce de la luna, ninguno que, hablando de sus polémicas con las otras iglesias, haya dicho eso. Se dice correctamente que hacían la Pascua el catorce de la luna, pero pretendo probar que por la palabra Pascua no se debe entender el misterio de la Resurrección. 

En segundo lugar, ¿con qué sentido hubieran solemnizado ese día el misterio glorioso de la Resurrección del Salvador? La fiesta fue instituida en la Iglesia desde el nacimiento del Cristianismo en memoria del triunfo de Jesucristo y de la victoria que reportó sobre la muerte y el infierno. No fue sino el dieciséis y diecisiete que triunfó de esa manera. Por qué hacer la memoria el catorce, día en que fue arrestado, entregado a sus enemigos, que sucumbió por algún tiempo bajo su fuerza, y Él mismo pronunció esta palabra: Pero ésta es la hora vuestra, y la potestad de las tinieblas (Lc. XXII, 53). 

En tercer lugar, atribuir a los cuartodecimanos una conducta tan bizarra como esta, es atribuírsela no solamente a muchos sabios y santos Obispos de las iglesias de Asia en tiempos del Papa Víctor y a muchos más de la misma índole que vivieron desde entonces hasta el Concilio de Nicea, sino que además es atribuírsela a San Policarpo, discípulos de los Apóstoles, y por último a San Felipe y al mismo San Juan. 

Pues hay que señalar aquí que la tradición sobre la cual el Obispo de Éfeso y sus colegas, los demás Obispos, se apoyaban para oponerse al Papa Víctor era una verdadera tradición. Polícrates prueba bien su verdad y nadie jamás la refutó. 

"Pues nosotros celebramos el día verdadero y genuino, sin añadir ni quitar cosa alguna. Pues en Asia se han extinguido algunos grandes luminares, que han de resucitar en el día de la venida del Señor, cuando éste baje del cielo, lleno de majestad y de gloria, y resucite a todos los santos. A saber: Felipe, uno de los doce Apóstoles, que murió en Hierápolis, y dos de sus hijas que envejecieron en la virginidad; y además otra hija del mismo, que, inspirada por el Espíritu Santo, vivió y descansa en Éfeso. También Juan, que se recostó en el seno del Señor, que fue también sacerdote y llevó la lámina (de oro en la frente); fue, por último, mártir y doctor. Este Juan acabó sus días en Éfeso. También Policarpo, que fué obispo en Esmirna y mártir, y Tráseas, obispo de Eumenia y mártir, que descansa en Esmirna. ¿Qué decir de Sagar, obispo y mártir, que murió en Laodicea? ¿Qué del bienaventurado Papirio, qué del eunuco Melitón que hizo todas las cosas inspirado por el Espíritu Santo, el cual está enterrado en Sardis, esperando la venida del Señor de los cielos, en el cual ha de resucitar? Todos ellos observaron conforme al Evangelio el día de la Pascua en la luna decimocuarta, sin variar nada, sino siguiendo constantemente la regla de la fe. También yo, Polícrates, el menor de todos vosotros, conforme a la tradición de mis antepasados, a algunos de los cuales he alcanzado: pues siete de mis parientes fueron obispos, a los cuales me he sumado en octavo lugar. Todos ellos celebraron el día de la Pascua cuando el pueblo judío rechaza la levadura”[1]. 

martes, 14 de diciembre de 2021

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (VII de XVI)

La Disciplina de los Cuartodecimanos,

para la celebración de la Pascua 

Todo el mundo ha escuchado hablar de los Cuartodecimanos, personas llamadas así porque uno de sus puntos de religión era hacer la Pascua el día catorce de la luna del primer mes de los Judíos, sobre el modelo de esta nación; pero me animo a decir que pocos saben en qué consistía precisamente su uso y lo que el Concilio de Nicea quiso decidir sobre el tema. Parece que los sabios han descuidado este punto de la historia, que no era, sin embargo, indigno de su atención y de su crítica. Intentaré desarrollarlo destruyendo los falsos prejuicios que se tienen comúnmente al respecto por medio de las siguientes proposiciones, que se les oponen completamente. 

Primera Proposición: Los cuartodecimanos no celebraban nunca en el catorce de la luna lo que hoy llamamos la fiesta de la Pascua. 

Segunda Proposición: Ese día hacían el festín Pascual sin ninguna relación con la Resurrección de Nuestro Señor. 

Tercera Proposición: Para ellos, celebrar la fiesta de Pascua y según sus usos, era celebrar la fiesta de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. 

Cuarta Proposición: Celebraban la Resurrección el tercer día después del catorce de la luna. 

Quinta Proposición: El Concilio de Nicea no tuvo en vistas impedir que lo que hoy llamamos la Fiesta de la Pascua no cayera el día de la Fiesta de la Pascua de los judíos. 

Sexta Proposición: Tampoco tenía en vista impedir que el día de la Pasión de Nuestro Señor cayera el día de la Fiesta de la Pascua de los Judíos. 

Séptima Proposición: Solamente pretendió sobre este tema que la Pascua de la Iglesia no dependiera de la de ellos, ni de sus cálculos ni de sus ciclos, suponiendo que los tuvieran. 

Octava Proposición: Algunos sabios han malinterpretado el texto griego de Eusebio y Sócrates en los pasajes en donde hablan de los cuartodecimanos y han corrompido el de Sozómeno y Nicéforo queriéndolos corregir según sus prejuicios. Las pruebas de esta última proposición estarán esparcidas en diversas partes de esta obra. 

Esta es toda la materia de esta disertación que haré lo más corta que pueda. 

 

ARTÍCULO I 

Historia de las controversias sobre la Pascua 

miércoles, 8 de diciembre de 2021

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (VI de XVI)

 Reflexiones sobre este Sistema 

En un sistema de la naturaleza del que se trata, se debe considerar la calidad de los principios sobre el que se establece, y cómo pueden contribuir a la explicación de las dificultades de la materia que se pretenden esclarecer. 

Este no supone nada que no sea recibido comúnmente, a saber, en primer lugar, que los días para los Hebreos, principalmente los días solemnes, comenzaban por la noche. Y supuesto esto, el Autor pide solamente que uno no se deje confundir por ideas ordinarias, según las cuales llamamos “noche” al fin del día, sino que se haga la idea de Moisés y de los Hebreos para entender este pasaje del Levítico: 

“El día catorce del mes, a la noche, es la Pascua de Jehová” (Lev. XXIII, 5). 

Pues dado que esta Pascua, al hacerse al comienzo del día catorce, se hará de noche y la noche del catorce, no se le hace ninguna violencia al texto de la Escritura; por el contrario, si se hubiera hecho la noche posterior que era el comienzo del quince y día de fiesta, parece que la Escritura hubiera debido decir que la Pascua sería el quince, y que no debiera haber opuesto, como lo hace en esta ocasión, el catorce al quince: 

“El día catorce del primer mes será la Pascua de Jehová. El día quince de este mes será día de fiesta” (Num. XXVIII, 16-17). 

El Autor del Sistema hubiera podido remarcar que en uno de los pasajes que él mismo citó, Moisés, al hablar del comienzo del primer día de los Ázimos, lo llama la noche del primer día de los Ázimos; es en Deut. XVI: 

“Durante siete días no se verá levadura contigo en todos tus términos, y de la víctima inmolada a la noche del día primero, no quedará nada hasta el día siguiente” (v. 16). 

El primer día de los Ázimos por la noche, según el Escritor Sacro, significa el comienzo o la primera noche del primer día de los Ázimos. ¿Por qué, pues, la noche del catorce del mes no significará, según el mismo santo Profeta, el comienzo o la primera noche del catorce del mes, teniendo allí tantas razones para darle este significado a esta expresión? 

jueves, 2 de diciembre de 2021

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (V de XVI)

   Primera Objeción: 

En primer lugar, se objeta: No es seguro que los Hebreos hayan partido de Ramesés a la caída del sol, que en el pasaje que he citado del Deuteronomio se trata de la Pascua o del sacrificio del Cordero que se hace hacia la caída del sol. 

Respuesta: 

Lo que he dicho sobre estos dos artículos basta para hacer ver la debilidad de esta objeción. El texto es claro en lo que respecta al tiempo de la salida de Egipto: 

“Inmolarás la Pascual al ponerse el sol, a la hora en que saliste de Egipto” (Deut. XVI, 6). 

Por el hecho de que Moisés diga que se inmolará una víctima que llama Pascua, no hay que concluir que los Israelitas no salieron a la caída del Sol, porque el texto es claro más arriba, sino que hay que concluir de este texto formal solo, y más aún cuando se lo une con los del Éxodo y los Números que he citado, hay que concluir, digo, que se le da el nombre de Pascua a otro sacrificio distinto al del Cordero Pascual. Esta consecuencia es indudable, dado que la víctima de que se trata fue inmolada el día quince en el momento en que los Judíos salieron de Ramesés, y por lo tanto, un día después de la inmolación del Cordero. Así se ve en este capítulo la diferencia de los dos sacrificios, que se llaman Pascua. La víctima que se inmoló el catorce, y que lleva más comúnmente el nombre Pascua, era un Cordero o un Cabrito, el otro eran becerros, ovejas, etc. 

“Inmolarás en la Pascua ovejas y bueyes al Señor Dios tuyo” (Deut. XVI, 2). 

Segunda objeción: 

La otra objeción tiene algo de engañoso y está sacado del capítulo XII del Éxodo, donde se dice: 

“Comeréis, pues, panes ácimos en el mes primero desde el día catorce del mes por la tarde, hasta la tarde del día veintiuno del mes. No se halle levadura en vuestras casas por espacio de siete días” (vv. 18-19). 

Si se cuenta, se dirá, esos siete días desde la primera noche del catorce, donde pretendo que se comió el Cordero, terminarán pues en la primera noche del veintiuno y así el veintiuno no estaría incluido en los días de la Pascua, y no sería una fiesta, lo cual es falso, y en contra de lo señalado en el Levítico, donde el día séptimo se empieza a contar desde el quince, y, por lo tanto, el veintiuno es un día de fiesta que cierra la solemnidad de la Pascua. Por lo tanto, es preciso contar los siete días desde la segunda noche del catorce, y por lo tanto poner allí la manducación del Cordero, pues es por ella que comienza el Ázimo. 

Respuesta: 

viernes, 26 de noviembre de 2021

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (IV de XVI)

  Para hacer la cosa más inteligible, reconstituyo en dos palabras toda esta historia conforme a los principios que he establecido y a las pruebas que he aportado. 

Al planear Moisés hacer salir cuanto antes a los Hebreos de Egipto, ordenó que cada padre de familia a la cabeza de todos los de la casa, inmolase un Cordero al comienzo del día catorce que comenzaba a la noche, que todos lo comieran con ciertas ceremonias que les señaló, a saber, que lo comieran de pie, teniendo los bastones en la mano, equipados como viajeros listos para ponerse en camino, que lo comieran con hierbas amargas y con pan sin levadura. Les ordenó además que tiñeran las puertas de sus casas con la sangre del Cordero, y que permanecieran encerrados en sus casas, porque a medianoche el Ángel del Señor iba a pasar para matar a los primogénitos en todas las casas cuyas puertas no estuvieren teñidas con la sangre del Cordero. Lo cual sucedió, en efecto, a la medianoche. Los egipcios, aterrorizados con tan terrible desastre, viendo bien que Dios los castigaba por haber maltratado y retenido a los Hebreos, no sólo les permitieron sino que incluso les rogaron salir cuanto antes de Egipto. De manera que los Judíos, dejando todos los pueblos de la tierra de Gosen, donde habitaban, vinieron a reunirse en Ramesés a fin de salir todos juntos. 

Todo el día no fue lo bastante largo para eso. Seiscientos mil hombres sin contar las mujeres y niños, el rebaño y el equipaje del que iban cargados, no podían recogerse en un momento; y no fue sino a la noche, en que comenzaba el quince del mes, que salieron como en batalla de Ramesés. 

Pero a fin de que un recuerdo tan memorable fuera eterno, Dios ordenó que todos los años en la noche del catorce de la luna, los Hebreos inmolaran un Cordero, y que lo comieran con las ceremonias que he enumerado, en testimonio de que la sangre del Cordero había librado sus casas de la espada del Ángel Exterminador. Además de eso, Dios quiso que al comienzo del día quince le sacrificaran todos los años becerros, un carnero y siete corderos en memoria del día que habían sido librados de la esclavitud al dejar Egipto, y además, que los seis días siguientes se repitiese el mismo sacrificio, que durante los siete días se abstuvieran de comer pan con levadura; todos esos días fueron llamados “días de la Pascua”, y dos, a saber, el primero, que era el quince, y el último, que era el veintiuno, fuesen días de fiesta. Este mandato está expresado largamente en el libro de los Números en estos términos: 

“El día catorce del primer mes será la Pascua de Jehová. El día quince de este mes será día de fiesta. Durante siete días han de comerse panes ácimos. El día primero habrá asamblea santa, y no haréis ningún trabajo servil. Ofreceréis en sacrificio de combustión un holocausto a Jehová: dos novillos, un carnero y siete corderos primales, sin tacha; y como oblación correspondiente, flor de harina amasada con aceite. Ofreceréis tres décimos por cada novillo, dos décimos por el carnero, y un décimo por cada uno de los siete corderos; también un macho cabrío en sacrificio por el pecado, para hacer expiación por vosotros. Ofreceréis esto, además del holocausto de la mañana, que es el holocausto perpetuo. Esto haréis diariamente durante siete días. Es alimento para el sacrificio que se consume por el fuego en olor grato a Jehová y que ha de ofrecerse además del holocausto perpetuo y su libación. El séptimo día celebraréis asamblea santa, y no haréis ningún trabajo servil” (XXVIII, 16-25). 

miércoles, 17 de noviembre de 2021

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (III de XVI)

   Supongo, según el sentimiento casi general de todos los fieles, de todos los Padres, y de todos los Teólogos, que Nuestro Señor Jesucristo hizo la Pascua con las ceremonias ordinarias la noche que precedió a su muerte. Lo que pregunto es si lo hizo el día estipulado por la Ley o si adelantó el día, tal como lo pretenden los Griegos y algunos Doctores Católicos. La autoridad de los Evangelios es tan formal para mostrar que no lo adelantó que, sin entrar más en materia, creo tener el derecho de suponer por un momento ese sentimiento como verdadero en virtud de las solas palabras de los tres Evangelistas. 

“El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” (Mt. XXVI, 17); 

“El primer día de los Ázimos, cuando se inmolaba la Pascua, sus discípulos le dijeron, etc.” (Mc. XIV, 12); 

“Llegó el día de los Ázimos, en que se debía inmolar la pascua, etc.” (Lc. XXII, 7). 

¿Se pueden leer estas palabras sin comprender que ese día era el primer día de los Ázimos en Jerusalén, que era el día que los Judíos inmolaban y que estaban obligados a inmolar la Pascua? 

Sobre estas palabras tan expresivas como aquellas, supongo que Nuestro Señor Jesucristo no adelantó el día marcado por la Ley para hacer la Pascua. Pero, en esta suposición mantengo que, habiendo hecho la Pascua el día catorce del mes, la hizo la noche que era el comienzo de ese día catorce. Pues si no la hizo la noche que era el comienzo del día catorce, la hizo la noche después, es decir al comienzo del día quince y como fue capturado por los Judíos algunas horas más tarde, y la mañana siguiente crucificado, se seguiría que fue arrestado, conducido al Tribunal del Presidente Romano, condenado, flagelado, crucificado y sepultado el día quince del mes, lo cual no se puede sostener de ninguna manera, y he aquí las razones: 

El día quince era el día de la fiesta de la Pascua, la más célebre de las fiestas, pero los procedimientos judiciales y los juicios estaban prohibidos entre los judíos los días de fiesta como así también la sepultura de los muertos y especialmente en este día: 

“Ningún trabajo servil haréis (en él)” (Lev. XXIII, 7). 

En segundo lugar, según San Juan, el día que Nuestro Señor Jesucristo fue crucificado era la preparación de la Pascua (Jn. XIX, 14), es decir, según el significado de la palabra preparación, era el día en el que se preparaban para la fiesta de la Pascua. Ese día, pues, no era la fiesta misma de la Pascua, y por lo tanto no era tampoco el día quince del mes. 

Por lo tanto, es cierto que Nuestro Señor hizo la Pascua la primera noche del día catorce; si la hizo, pues, en el tiempo ordenado por la Ley, como lo señalan los tres Evangelistas, se sigue que el tiempo de inmolar el Cordero el catorce del mes, era el comienzo y no el fin del catorce. 

jueves, 11 de noviembre de 2021

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (II de XVI)

 Texto de Fray Luis 

Moisés, en el capítulo XXIII del Levítico, narra que Dios ordenó al pueblo de Israel inmolar un Cordero el día catorce del primer mes. A esta víctima se le dio el nombre de Pascua, nombre Hebreo que significa Paso. Porque los Israelitas, habiendo puesto sobre la puerta de sus casas sangre del Cordero que inmolaron, como estaban por salir de Egipto, el Ángel exterminador los pasó de largo a todos sin hacerles mal alguno. Un falso prejuicio según el cual se ha explicado comúnmente esta orden de Dios, ha dado lugar a cuestiones muy difíciles de resolver, que dieron mucho trabajo a los más hábiles y volvieron obscuros pasajes de la Escrituras que son muy claros y muy fáciles de entender. 

Pues sobre aquello que la Escritura señala expresamente, de que el Cordero debía ser inmolado el día catorce a la noche, la mayoría pensó que esta inmolación se hacía al fin del día catorce, porque, según las ideas ordinarias, la noche es el fin del día. Es un error que ha causado muchos apuros en la cuestión que los Intérpretes del Evangelio proponen, a saber, en qué día del mes tuvo Nuestro Señor Jesucristo la última Cena y sufrió la muerte. 

Siempre me he sorprendido que tantas personas sabias en las sagradas Letras hayan caído en este error que ha sido la causa de no sé cuántos Sistemas falsos en esta materia. Pues es lo que ha hecho imaginar a algunos que Jesucristo había adelantado el día de la Pascua de los Judíos. De aquí se fundan los Griegos para asegurar que Jesús usó pan fermentado en la institución del sacramento adorable de su Cuerpo. En una palabra, es lo que ha dado lugar a todas las quimeras que cada uno se ha forjado a su fantasía, para dar pasos en falso, antes que nada, a donde su primer error lo había comprometido. 

Digo, pues, que es un error muy grande creer que la noche para los Hebreos era la última parte del día, tal como lo es entre nosotros. La noche era el comienzo de su jornada, y así era al comienzo del día catorce en que se debía inmolar el Cordero, porque el Mandato de Dios era que había que inmolarlo la noche del día catorce: 

“En el mes primero, el día catorce del mes al anochecer es la Pascua del Señor” (Lev. XXIII, 1). 

Es lo que me propongo probar en este pequeño Tratado. He aquí en dos palabras el método que seguiré. 

En primer lugar, voy a mostrar que fue en la primera noche del día catorce del mes, es decir, al comienzo de ese día que los Israelitas inmolaron el Cordero cuando salieron de Egipto. 

Mostraré también que Jesucristo lo hizo así en su última Pascua, y que Él mismo, que era el verdadero Cordero, habiendo sido puesto en la Cruz por los judíos, se ofreció ese mismo día catorce del mes en Sacrificio a Dios, su Padre. 

Por último, explicaré en forma muy natural varios Pasajes del Evangelio que han parecido hasta ahora muy difíciles de entender. 

Pero para probar que el Cordero, que era Figura de Jesucristo, debía ser inmolado la primera noche, es decir, al comienzo del día catorce, hay que establecer lo que dije sobre el comienzo del día según el uso de los Hebreos. 

El primer día del mundo, según la manera de hablar de Moisés, comenzó por la tarde, los que lo siguieron comenzaron igual, y así todos los otros. Al hablar de las dos partes de las que está compuesta el día, nombra siempre a la noche antes que a la mañana: 

“Y hubo tarde y hubo mañana: primer día. Y hubo tarde y hubo mañana: día segundo” (Gen. I, 5.8). 

Según esta regla, el día que comienza por la noche terminará la noche siguiente, que será el comienzo de otro día. La noche será el comienzo, y la mañana será el fin y cuando la Escritura diga que hay que hay que hacer un sacrificio la noche del día catorce, es como si dijera que hay que hacerlo al comienzo del día catorce. 

Si hubiera alguna duda con respecto al día civil o natural, no la hay ni la puede haber con respecto a los días festivos. Todo el mundo está de acuerdo que esos días comenzaban por la noche: 

“De una tarde a la otra, guardaréis vuestros sábados” (Lev. XXIII, 32). 

Pero, aunque el día catorce no era propiamente una fiesta, es decir, que ese día no estaba prohibido trabajar, sin embargo era un día que se celebraba y se solemnizaba a causa de la inmolación del Cordero Pascual, de la manducación de los Ázimos en el festín en que se comía el Cordero, y de los otros preparativos que se hacían para la fiesta de la Pascua que era el día siguiente, y que comenzaba a partir de la segunda noche de ese mismo día; de esta forma, se lo debe colocar entre el número de los días solemnes que comenzaban por una noche; pero voy a aportar pruebas más específicas de lo que digo.

viernes, 5 de noviembre de 2021

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (I de XVI)

 

El Tiempo legítimo de la Inmolación

de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero,

por Fray Luis de León 

Nota del Blog: Presentamos aquí la traducción de un pequeño estudio de Fr. Luis de León sobre la fecha de la Pascua, traducido al francés por un sacerdote (ver AQUI), el cual agrega un pequeño ensayo propio sobre los “cuartodecimanos”. Ya habíamos publicado un trabajo del P. Muñoz Iglesias sobre esta opinión de Fray Luis. Ver AQUI la primera parte (el resto de las entradas, siguen a continuación cronológicamente). 

 

*** 

Prefacio del P. Gabriel Daniel, S.J. 

Las disputas sobre la Pascua se han vuelto extremadamente comunes entre los sabios desde que el R. P. Lami, del Oratorio, propuso su nuevo Sistema con respecto a la última Pascua de Nuestro Señor Jesucristo. Tuvo muchos adversarios de los cuales no pretendo aumentar el número. No me atrevería a tocar una materia que tantas personas hábiles han agotado, y si al final saco una conclusión contraria a la doctrina de este sabio autor, no es más que por un argumento general que no entra en la discusión de tantos puntos particulares que se le han opuesto. 

La primera parte de esta pequeña obra no es sino la traducción de un tratado compuesto hace casi un siglo por un doctor español con ocasión de las disputas que surgieron entonces en España sobre esta materia. Este doctor era un religioso Agustino llamado Luis de León, teólogo hábil y hombre de espíritu, cuyo estilo es claro, metódico y preciso. Sus pruebas y razonamientos son aquí las mismas y en el mismo orden que en el original. Solamente he agregado algunas transiciones para leer el discurso, y reducido una o dos partes que me parecieron demasiado extensas y que no tenían la misma fuerza que el resto. 

Este pequeño tratado se encuentra en latín entre las obras de otro teólogo muy docto de la misma orden llamado Basilio Ponce, que se intitula: Variae disputationes ex utraque Theologia Scholastica et Positiva. Era discípulo de Luis de León y escribió un tratado sobre la misma materia que no es, en esencia, más que el mismo de su maestro sobre quien se extendió mucho más. 

En caso que se quiera hacer en nuestra lengua un cuerpo con todos los Sistemas que se han propuesto sobre la cuestión de la última Pascua de Nuestro Señor, éste será necesario agregar para que esté completo, pues es totalmente diferente de los demás y no se puede negar que es ingenioso. 

No doy otro nombre más que el de Sistema a esta opinión de mi doctor español y lo merece tanto como los otros que se han dado, los cuales no merecen menos. El único punto que este Teólogo supone, a saber, la manera en que cree que Moisés ha entendido la noche del catorce de la luna, está fundada en las Escrituras, pero de tal forma que no demuestra evidentemente por la Escritura que ese sea el sentido de Moisés y es por eso que su opinión no es más que un Sistema. Puesto su principio, explica muy plausiblemente las dificultades más grandes del tema que se trata y es por eso que esta opinión es un buen Sistema. Y esas son las principales reglas según las cuales unos debe estimar más o menos los diversos pareceres que se proponen en estos temas. 

Además de las reflexiones que hago sobre el tratado de Fr. Luis de León sobre la última Pascua de Nuestro Señor, he agregado otras sobre la disciplina y los usos de las Iglesias de Asia que en los primeros siglos del Cristianismo celebraban la fiesta de la Pascua el catorce de la luna y he examinado si se puede concluir algo de su tradición, que era una verdadera tradición, con respecto a la decisión de la cuestión sobre la última Pascua de Nuestro Señor. Creo haber tratado este punto de la historia eclesiástica de una manera muy particular y haber destruido algunos prejuicios tan falsos como usuales. El lector juzgará. 

Me parece que la disertación que hago puede servir para confirmar el Sistema de Fr. Luis de León. Sin esta relación que estas dos piezas tienen entre sí, no las hubiera publicado; aunque tal vez independiente la una de la otra, no sean indignas de ser leídas.