2) La simplificación de la situación moral, primer
remedio del escrupuloso
El obseso se encuentra más o menos frecuentemente, según
el grado de su de-presión psíquica, ante situaciones morales que no sabe ni
puede resolver. Es incapaz de asimilar la realidad reduciéndola y encuadrándola
dentro de los principios que deben regularla, choca contra algo que es superior
a sus fuerzas y que consiguientemente se enquista y desgarra la unidad de su
conciencia.
El remedio consistirá, por eso, en lograr bajar el
nivel de la dificultad de esos actos superiores a sus fuerzas. La multitud
de aspectos morales y la intervención de muchos principios en su solución, —más
de los que realmente intervienen, traídos por la inteligencia del paciente,
incapaz de desecharlos como impertinentes al caso—es lo que hace más compleja y
dificultosa la realización de un acto moral. Para ponerlos al alcance de las
fuerzas del escrupuloso, será menester simplificarlos y encerrarlos dentro de
un solo principio moral de fácil aplicación. Este principio no será sino el que
el enfermo hic et nunc es capaz de aplicar, y que podemos formular del
siguiente modo:
"Mientras yo no vea claramente y sin examinarme,
como dos y dos son cuatro, que una cosa es pecado, para mí no lo es; y si dudo
si es pecado grave o leve, para mí es leve".
