domingo, 20 de octubre de 2019

¿El Salmo CIX, clave del Apocalipsis? (II de VII)


Ahora bien, el Salmo CIX indica claramente que Jesús estará sentado allí hasta que Yo haga tus enemigos escabel de tus pies.

¿Pero cómo hay que entender esta frase? ¿Cómo hemos de interpretar el hasta?

En general, los autores dicen que este caso no es distinto al de otros muchos y así, por ejemplo, el P. Sisto resume el pensamiento de varios exégetas cuando afirma:

“La conjunción “hasta, hasta que, עַד” a menudo designa un tiempo cierto o un tiempo infinito; de aquí que “después de la afirmación no siempre se niega que siga, y después de la negación no siempre afirma que siga[1].

Y suelen dar por vía de ejemplo algunos casos, si bien, lamentablemente, por regla general no se ponen a analizar ni el texto ni el contexto del Salmo.

El P. Nácar es la excepción[2].

Veamos:

Donec ponam inimicos tuos scabellum pedum tuorum: עַד que traduce la Vulgata donec, se usa en hebreo como preposición y como conjunción y tiene como significación fundamental la de tránsito, que es lo que significa como sustantivo. Como conjunción, que es como aquí está empleada, tiene varias significaciones que pueden reducirse a dos, una de tiempo, otra de modo o grado, según sea el término del movimiento o tránsito significado.

En su valor temporal puede corresponder a la conjunción latina dum, comprendiendo el tiempo todo durante el cual se verifica una acción; en castellano, mientras que, en tanto que, y así se usa, por ejemplo, en I Rey. XIV, 19; Job I, 18; VIII, 21. Puede también corresponder al latino “donec”, “usque dum”, en castellano, hasta que, hasta tanto que, como por ejemplo en Jos. II, 22; Job XVII, 5 etc.

En su valor modal o de grado, corresponde en latín a “adeo ut, ita ut”, en castellano, hasta, hasta el punto de.

En cuanto a la conjunción latina “donec” que la Vulgata da como correspondiente de עַד en nuestro lugar, hemos de notar que, aunque generalmente significa como hemos dicho “usque dum” hasta que, hasta tanto que, sin embargo, se halla a veces usada en latín en cualquiera de las tres significaciones, mientras que, hasta tanto que, hasta el punto que; no es sólo “donec” sino todas estas otras conjunciones las que vacilan en su significación.

viernes, 18 de octubre de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis IX, 4-6


4. Y se les dijo que no dañasen la hierba de la tierra, ni nada verde, ni ningún árbol, sino a los hombres, los que no tienen el sello, el de Dios, en las frentes.

Concordancias:

ἀδικήσουσιν (dañasen): cfr. Lc. X, 19; Apoc. II, 11; VI, 6; VII, 2-3; IX, 10.19; XI, 5; XXII, 11.


Comentario:

Notar que estamos en presencia de dos grupos sellados diversos:

1) Los 144.000 del Sexto sello que se identifica con la Mujer que huye al desierto y que son preservados del ataque del Demonio en el cap. XII y de la quinta Trompeta.

2) Los 144.000 del cap. XIV que no van a ser ni seducidos por la Bestia de la Tierra ni muertos por la Bestia del Mar.

Bartina: "Ante todo, Dios, tal vez por medio del ángel, les prohibió a las langostas-diablos que dañasen los bienes de los hombres, que son los cultivos. Con eso se declaran que no eran langostas verdaderas. Éstas dañan toda vegetación, que aquí se expresa por la división tripartita de totalidad: hierba del campo, sin semilla aparente; los cereales y plantas parecidas con semilla, y los árboles con sus frutos y variedades (Gen. I, 11-13)".

MacArthur (citado por Garland): "La referencia a la hierba de la tierra sugiere que ha pasado un cierto lapso de tiempo desde que la primera trompeta quemó toda la hierba que había en esa temporada (VIII, 7). La hierba dañada creció de nuevo y debe permanecer intacta en esta plaga, indicando que ha pasado el suficiente tiempo para una recuperación parcial del ambiente de la tierra".

Fillion: "Ne laederent foenum: El heno había crecido de nuevo, desde la primera trompeta (VIII, 7).


5. Y se les dio que no los matasen, sino que los atormentasen meses cinco y su tormento como tormento de escorpión cuando hiere un hombre.

Comentario:

jueves, 17 de octubre de 2019

¿El Salmo CIX, clave del Apocalipsis? (I de VII)

¿El Salmo CIX, clave del Apocalipsis?

El Salmo CIX


Cuando tuvimos en nuestras manos por primera vez el volumen III de la revista Estudios Bíblicos hicimos lo mismo de siempre: mirar el índice, y nos topamos con un trabajo titulado “¿Bernabé, clave de la solución del problema sinóptico?”[1] y lo primero que pensamos fue (traducido) “¿qué tiene que ver Bernabé con el problema sinóptico?”.

Las semanas pasaron y ojeando de nuevo el mismo tomo comenzamos a leer, con mucha desconfianza, el artículo: pasó el primer párrafo y la cosa no estaba tan mal, luego vino el segundo, el tercero… y no pudimos dejar de leer el trabajo de un solo tirón.

El estudio del P. Bover terminó siendo una verdadera obra maestra y desde entonces nuestra admiración por uno de los exégetas más grandes del siglo XX no hizo sino crecer.

Había abierto un nuevo camino por el cual se podía buscar la solución a uno de los problemas más difíciles a los que se enfrentaban los exégetas y la verdad es que estuvo a la altura de las circunstancias[2].

Esta anécdota la traemos a colación no porque esperamos del lector el mismo convencimiento cuando termine de leer este trabajo, sino para que al menos le dé una oportunidad, pues parecería natural plantearse la misma pregunta que nos hicimos en su momento.


***

Sabido es que la interpretación del Apocalipsis se puede reducir a tres grandes grupos, aunque no siempre homogéneos.

El gran Cornely resume la cuestión con estas palabras[3]:

viernes, 11 de octubre de 2019

Proemio del Cardenal Billot al Tratado De Ecclesia Christi (IV de IV)


§ 2

Esta es, pues, la gloriosa Iglesia de Dios, sobre la cual hablaremos ahora y que a menudo se propone también en las Escrituras bajo otras similitudes de figuras. En efecto, es celebrada como una casa que se edificó la Sabiduría, arquitecta incomparable[1], como una defensa sobre la cual no vencerán las soberbias puertas del infierno[2], como una ciudad cuyo nombre es el Señor está allí[3], como un monte preparado en la cumbre de los montes[4], como un rebaño presidido por un único pastor[5], como columna y firmamento de la verdad[6]. Además, es llamada esposa de Cristo, cuerpo de Cristo y plenitud de Cristo[7]. Pero de cualquier modo que se llame, inmediatamente se verá que este tratado está relacionado con el de Verbo Incarnato, que no hay que decir se trata de un nuevo debate, sino de la continuación y del necesario complemento del primero. ¿Qué otra cosa nos insinúa bajo diversos aspectos la nave mística, o la ciudad, o la casa, o la defensa, sino la economía misma por medio de la cual dimanan hasta nosotros los universales beneficios de la Encarnación y de la Redención? En la cual se da tanto la facultad de llevar a tierra sólida lo sacado del abismo, como así también se reservan los alimentos y remedios para los débiles y enfermos y a aquellos que estaban dispersos se les ofrece la comunión de los santos que nació en la sangre de la cruz y se les da seguridad a los que temen ante la faz del infierno contra el esfuerzo del enemigo. Fuera de la cual (hablo de nuevo de aquellos que no tienen la excusa de la buena fe) de ninguna manera les aprovechan los sacramentos, el Bautismo no les abre la puerta del cielo, la Penitencia no los limpia, la Eucaristía no los incorpora a Cristo. Si, pues, como síntesis de toda la teología, se pone con razón la doctrina de los sacramentos como consecuencia lógica de la verdad de la Encarnación (dado que, como se dice en el proemio de la Tercera Parte, los sacramentos son remedios que tienen su eficacia del mismo Verbo Encarnado), cuánto más y, sobre todo, a causa de la razón que pronto declararemos, se aplica esta consideración a la Iglesia.

Además, aún crece el argumento si consideras a la Iglesia como la esposa del Verbo Encarnado, según la muy célebre similitud tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Y en efecto, en el tomo arriba citado, Cristo se mostraba a los ojos de nuestra fe tal como se percibe claramente en su propia persona; cándido a causa de la divinidad en la que está el candor de la luz eterna, y rubicundo a causa de la pasión que padeció en la carne asumida; cuya cabeza dorada óptima, a causa de todos los tesoros escondidos de la sabiduría y de la ciencia, y las manos bien redondas, a causa de todas las obras hechas apta y elegantemente; al cual, por último, le compete una inefable hermosura por sobre los hijos de los hombres, en la cual camina, avanza prósperamente y reina. Pero no es lícito separar la esposa del esposo, como que todas las cosas son comunes entre ellos y no poseen nada propio y en particular; tienen una misma herencia, una misma casa, una misma mesa, un mismo lecho, una misma carne. En fin, a causa de ella, dejará al padre y a la madre y se juntará a su mujer y a ella a su vez se le ordena olvidar a su pueblo y a la casa de su padre, a fin de que su esposo desee su belleza[8].

Y si ahora alguien pregunta por qué razón no se dio esta disputa entre los antiguos escolásticos, incluso que no existe un tratado especial sobre la Iglesia de Cristo, respondo que la causa es en parte por su propia naturaleza y en parte por las peculiares circunstancias de los tiempos. Sobre la Iglesia se pueden hacer sobre todo dos preguntas: primero, dónde está la verdadera y legítima Iglesia de Cristo; segundo, cuál es su constitución, jerarquía, potestad, oficio, etc. Además, los antiguos reducían esta última a otras partes de la teología, como a la virtud de la fe[9], al poder de las llaves[10], al sacramento del Orden[11]. En cambio, a la primera, en cuanto que más que incluir la teología la presupone (pues el magisterio de la verdadera Iglesia es una de las reglas que dirigen la disciplina teológica) no la construían sobre los misterios mismos de la sagrada doctrina, por el contrario, apenas los trataban como preámbulo de paso y con pocas palabras. En efecto, creían que la credibilidad de la Iglesia Católica constaba claramente en sí misma y que no en vano dijo Nuestro Señor: “Vosotros sois la luz del mundo. No puede esconderse una ciudad situada sobre una montaña. Y no se enciende una candela para ponerla debajo del celemín, sino sobre el candelero, y (así) alumbra a todos los que están en la casa”[12]. Qué necesidad, en efecto, de demostrar la montaña radicada en la cima de los montes y por encima de todas las colinas la ciudad no sólo puesta en lo alto, sino también construida de piedras preciosas, como está escrito: “Te edificaré sobre zafiros, y haré de jaspe tus baluartes”[13]. Dado que la institución divina de la cátedra eclesiástica aparecía con gran facilidad; dado, además, que todo lo que hay que creer sobre el origen y las fuentes de la revelación cristiana están certificadas por la misma Iglesia, no sorprende que los antiguos se abstenían de demostrar ex professo los preámbulos de la fe, sobre todo cuando en aquellos tiempos estaban todos de acuerdo con respecto a los principios y plenísimamente se verificaba aquella profecía: “Levántate oh Jerusalén, recibe la luz, porque ha venido tu lumbrera… a tu luz caminarán las gentes, y los reyes al resplandor de tu aurora”[14].

martes, 8 de octubre de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis IX, 2-3


2. Y abrió el pozo del abismo y subió humo del pozo como humo de un horno grande y se obscureció el sol y el aire a causa del humo del pozo.

Citas Bíblicas:

Gen. XIX, 28: "Miró hacia Sodoma y Gomorra y hacia toda la región de la Vega y vio que de aquella tierra subía humo como el humo de un horno".

Cfr. también Ex. XIX, 18 y Is. XXXIV, 10.


3. Y del humo salieron langostas a la tierra y se les dio poder como poder tienen los escorpiones de la tierra.

Citas Bíblicas:

Esta plaga coincide con la octava de Egipto:

Ex. X, 1-20: "Después dijo Yahvé a Moisés: "Ve al Faraón, porque Yo he endurecido su corazón y el corazón de sus siervos, para obrar estos mis prodigios en medio de ellos; y para que puedas contar a tu hijo, y al hijo de tu hijo, las grandes cosas que Yo hice en Egipto, y los prodigios que obré en él, a fin de que sepáis que Yo soy Yahve." Fueron, pues, Moisés y Aarón al Faraón y le dijeron: "Así dice Yahvé, el Dios de los hebreos: "¿Hasta cuando te negarás a humillarte ante Mi? Deja salir a mi pueblo, para que me sirva. Si sigues resistiendo y no dejas salir a mi pueblo, he aquí que mañana traeré sobre tu país langostas; las cuales cubrirán la superficie del país, de manera que no podrá verse el suelo. Comerán el resto que se salvó, lo que os dejó el granizo; y comerán también todos los árboles que os crecen en el campo. Llenarán tus casas, y las casas de todos tus siervos, y las casas de todos los egipcios, lo que nunca vieron tus padres, ni los padres de tus padres, desde el día en que viven sobre la tierra hasta el día de hoy" (…) Entonces dijo Yahvé a Moisés: "Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto para que venga la langosta; suba ella sobre el país de Egipto, y coma toda la hierba del país, todo lo que dejo el granizo." Extendió, pues, Moisés su vara sobre la tierra de Egipto; y Yahvé hizo soplar el viento solano sobre el país, todo aquel día y toda la noche. Y cuando vino la mañana, el viento de oriente había traído las langostas. Y subieron las langostas sobre todo el país de Egipto, y se posaron en todo el territorio egipcio, en cantidad tan grande, como nunca hubo anteriormente ni habrá después. Cubrieron toda la superficie del país, de modo que se oscureció la tierra; comieron toda la hierba del país, y todos los frutos de los árboles que el granizo había dejado, y no quedó nada verde ni en los árboles ni en las hierbas del campo en todo el territorio de Egipto (…) Salió (Moisés) de la presencia del Faraón y rogó a Yahvé. Y Yahvé hizo soplar un viento de occidente muy recio que se llevó las langostas y las echó al Mar Rojo. No quedó ni una langosta en todo el territorio de Egipto".

Eccli XXXIX, 34-36: “En el tiempo de la consumación derraman su fuerza y aplacan la cólera de Aquel que los creó. El fuego, el pedrisco, el hambre, y la muerte, todas estas cosas se hicieron para castigo; como los dientes de las fieras, los escorpiones, y las serpientes, y la espada vengadora que extermina a los impíos”.


Comentario:

sábado, 5 de octubre de 2019

Proemio del Cardenal Billot al Tratado De Ecclesia Christi (III de IV)


Ahora pues, si la navecilla del Evangelio es imagen de la Iglesia de Dios, ¿dónde está esta Iglesia? ¿Es alguna otra fuera de la Católica que ya desde el origen atraviesa por el mar entre las tempestades y borrascas sin haber perdido nada de su vida indestructible e insuperable vigor? ¿O tal vez la religión permanece en el Oriente, que subsiste desde hace siglos inmersa en el limo del agua estancada, en medio de una profunda pero letal tranquilidad? ¡Infeliz embarcación, construida demasiado sólidamente para ser reducida a pedazos, pero destituida de velas y entenas, arrojada aquí y allá sin movimiento ni vida, por el solo flujo y reflujo del elemento en el que está sepultada, como una masa inerte, como un simulacro en un falso océano! Esta iglesia desprecia la persecución y ni siquiera tiene el signo del odio del mundo. Conserva la existencia bajo la dominación y el yugo del poder civil, del cual es como un instrumento, sin esperanza de producir ninguna aspiración o intento de caridad vital. Ningún misionero allí, clero sin actividad, prelados sin ciencia, monjes sin amor al estudio, laicos sin celo. De ninguna manera es digna de excitar el furor de la tempestad; ¡A ella no se le dijo: “conduce mar adentro y lanza vuestras redes para pescar!”.

Pero ¿qué debemos pensar ahora de una nave más espléndida, y equipada al menos con mejores armas de ciencia, me refiero a la comunión anglicana que entre las demás formas de protestantismo parece acercarse más a la norma de sociedad o iglesia cristiana? Aquí al menos ocurre el tumulto si es que no la actividad y aunque no avance en el Océano, ciertamente no carece de movimiento interior. Allí todos los inventos de los modernos son para ocultar los defectos y atenuar las imperfecciones; todo lo extrínseco brilla y está puesto en pulcro orden, gobernadores peritos, navegantes celosos, cuya suerte depende de la conservación de la nave; aprovisionado también abundantemente de sus necesidades y beneficios temporales. Pero éstos quieren tener prudentemente el ancla, no se animan a alejarse de la tierra con peligro de perder la seguridad; en efecto, las velas y entenas y la proa de la nave no están hechos para soportar el ímpetu del mar furioso, de forma que aquí también se aplique lo dicho por el poeta:

“No tu popa pintada del naufragio a salvarte bastaría, que no el piloto en tus adornos fía”[1].

Por lo tanto, no lejos de la orilla, lanzan mientras tanto con elegancia las redes delicadas como una recreación o placer; mientras tanto se escuchan clamores, conflictos y perpetuas disensiones entre ellos. ¿Y qué tiene de maravilloso que la nave no se mueva de ninguna manera? Mientras uno ordena que la velas se extiendan a esta parte, otro extiende en la parte contraria hacia el otro en la popa, y si algún remero intenta ir hacia adelante, inmediatamente otro le imprime un movimiento hacia otra parte. ¡Tampoco éstos recibieron la bendición del pescador, aquí no está la nave de Pedro!

miércoles, 2 de octubre de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis IX, 1

1. Y el quinto ángel trompeteó y vi una estrella del cielo caída a la tierra y se le dio la llave del pozo del abismo.

Notas Lingüísticas:

Zerwick: "αὐτῷ (le): (en masculino), esto es a la estrella (que parecería ser un espíritu)".

Zerwick: πεπτωκότα: participio perfecto (muestra una acción como pretérita, pero de tal forma que dura hasta el presente) de πίπτω caer: la estrella que había caído”.

Allo: "πεπτωκότα (había caído) la estrella ya había caído cuando la vio, uso exacto del perfecto".

Allo: “ἀβύσσου (LXX, passim), profundidades del mar, luego de la tierra, luego del Shéol, en fin, habitación de los demonios, condenados, plagas, monstruos”.

Zorell (Gr.): ἀβύσσος:

                                    “1) Aguas profundas, piélago, océano (Gen. I, 2; Deut. XXXIII, 13, Sal. CXLVIII, 7, etc.).
             
                                   2) Los lugares más profundos de la tierra. En el NT equivale prácticamente al infierno, el orco, Rom. X, 7 (opuesto al cielo); lugar asignado para los demonios y condenados; Lc. VIII, 31; Apoc. IX, 1 s. 11; XI, 7; XVII, 8; XX, 1.3”.

Creemos que XI, 7 y XVII, 8 no se refiere al infierno sino a la primera acepción. La Bestia del Mar surge de lo profundo del mar. En XI, 7, XIII, 1 y XVII, 8 parece que el término es usado como sinónimo: “y del mar vi subir una Bestia”, “la Bestia que sube del abismo”, etc.

Zorell (Heb.): תְהֽוֹם

                                    1) Llanura primordial de las aguas, por medio de la cual estaba cubierta la tierra al principio, Gen. I, 2; Sal. CIV, 6; Prov. VIII, 27 s.
                      
                             2) Luego:

a) El océano como subterráneo, del cual surgen las fuentes, las inundaciones etc y se riega y fecunda la tierra: Gen. VII, 11; VIII, 2; XLIX, 25; Deut. XXXIII, 13; Ez. XXXI, 4.15; Am. VII, 4.

b) El mar: Is. LI, 10; Ez. XXVI, 19; Jon. II, 6; Hab. III, 10; Job. XXVIII, 14; XXXVIII, 16; XLI, 24.

c) En el continente: lago (Job XXXVIII, 30); torrente, río (Deut. VIII, 7; Sal. XLII, 8; CXXXV, 6).”

Parecería que en XI, 7 y XVII, 8 el término “abismo” es usado en el segundo significado: mar.