martes, 17 de septiembre de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (X de X)


b) Añadíamos, como segunda parte, que esa luz de la luna, y no la del sol, es la supuesta en el símil del último verso, para iluminación de la caravana mesiánica de los redimidos. Bastarán para fundamentarlo las siguientes consideraciones de filología, de antiguas costumbres, de textos bíblicos y de actuales costumbres orientales.

1. El nombre hebreo de la luna en su etimología parece que depende de la raíz "viajar, caminar" (Gesen. Wört., p. 316 y 64), indicando probablemente que es el astro de las caravanas, las cuales encontraban, en las grandes vías, ciudades de su nombre y sus lugares sagrados y sus templos (Ur, Harran, Jerichó, Sinaí, etc.); porque la antigüedad semita e idólatra, fuera de Israel, la tuvo por el dios de los caminos y de los caminantes, o sea, según las mismas palabras del himno de Ur, principal ciudad de su culto:

"El dios Nannaar (que significa "luminar", nombre poético de la luna) es el que abre la marcha, el ágil cuyas rodillas no se cansan, el preparador de los caminos a los otros dioses sus hermanos" (Cfr. H. Gressman: Altorient. Texte etc., t. I, páginas 80-81).

Esa preponderancia de la luna, desviada supersticiosamente en tantos pueblos, vino de la suavidad y comodidad de su luz intensa que contrasta con el ardor y con los peligros del sol de oriente, los cuales inspiraron a Jesús Sirach aquella descripción (Eccli. XLIII, 2-5), en que la luz solar semeja una luz enemiga. Véase sino la traducción que del original hebreo nos da Knabenbauer (Com. in Eccum. -Appendix LXI):

"Sol producit in ortu suo calorem - quam veneranda opera Jahweh!
Si meridie fulget ebullire facit orbem - ante ardorem ejus quis sustinebit?
Caminus accensus calefaciens fusionem - missus sol exurit montes
Lingua lucis consumit habitatam terram - et ab igne ejus comburitur oculus"[1].

¡Temerosas palabras las de toda esta estrofa de fuego! A ella se opone la otra dedicada seguidamente a la luna, y que termina con un dulce verso de sola luz y esplendor: "faciens lucere firmamentum ex splendore suo" (que hace lucir el firmamento con su esplendor).

Por este motivo, pues, solían las caravanas orientales comenzar su viaje al caer del día, y viajaban también durante las noches, siendo entonces la benigna luz de la luna la "Nocturna lux viantibus” (luz nocturna de los viajeros), la que "viantibus iter demonstrat latronum prodit insidias” (muestra el camino a los viajeros y proyecta las insidias de los ladrones), como dice San Ambrosio en su comentario al Hexameron (c. 9).

sábado, 14 de septiembre de 2019

La actividad doctrinal del Concilio Ecuménico, por Mons. Fenton (I de III)


La actividad doctrinal del Concilio Ecuménico, por Mons. Fenton

Nota del Blog: El siguiente texto está traducido del American Ecclesiastical Review, 141 (1959): 117-128.


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Tres documentos relacionados con el Concilio Vaticano suscitan con claridad sin igual la actividad fundamental, no sólo de esa asamblea, sino de cualquier concilio ecuménico que ha sido o será celebrado dentro de la Iglesia militante del Nuevo Testamento hasta el fin de los tiempos. Estos documentos son la Aeterni Patris, la carta apostólica con la que Pío IX convocó el Concilio Vaticano, la Iam vos omnes, una carta enviada por el mismo Sumo Pontífice “a todos los Protestantes y otros no-Católicos” que profesan aceptar a Cristo como Señor y Redentor, y el decreto de apertura del mismo concilio.

La Aeterni Patris, promulgada el 29 de junio de 1868 contiene la siguiente afirmación:

Tampoco fueron negligentes los Pontífices cuando juzgaron oportuno, y especialmente en tiempos de los más serios disturbios y calamidades para nuestra santísima religión y para la sociedad civil, convocar concilios generales, de forma que, tomando consejo de los obispos de todo el mundo católico, a quienes el Espíritu Santo ha puesto para regir la Iglesia de Dios, y uniendo fuerzas con ellos, puedan providente y sabiamente decretar lo que sea lo más propicio especialmente para la definición de los dogmas de fe, para la condena de errores agresivos, para la propagación, explicación y declaración más completa de la doctrina Católica, para la protección y restauración de la disciplina eclesiástica y para la corrección de las costumbres corruptas entre los pueblos[1].

La Iam vos omnes fue enviada el 13 de Septiembre de 1868. Explica las actividades del próximo Concilio Vaticano en sus afirmaciones de apertura.

“Ahora ya sabéis bien que Nosotros, aunque indignos, hemos sido puestos en esta sede de Pedro, y por lo tanto puestos a cargo del gobierno supremo y el cuidado de toda la Iglesia Católica, sobre la cual hemos sido puestos por el mismo Cristo Nuestro Señor, hemos juzgado oportuno convocar a todos los Venerables Hermanos Obispos de todo el mundo, y reunirlos en un concilio ecuménico que va a tener lugar el próximo año. Hemos hecho esto a fin de que Nosotros podamos ser aconsejados por estos mismos Venerables Hermanos que han sido llamados a compartir Nuestra solicitud, con respecto a lo que sea oportuno y necesario, tanto para disipar las tinieblas de tantos errores pestíferos que, para mayor daño a las almas, rigen y se propagan diariamente por todas partes, como para edificar e incrementar en el pueblo cristiano confiado a Nuestro cuidado el reino de la verdadera fe, justicia y paz de Dios[2].

La tercera de estas declaraciones fue el acto por el cual el Concilio Vaticano, como declaró en su primera sesión el 8 de diciembre de 1869, se declaró oficialmente abierto. En esta sesión de apertura, Antonio Maria Valenziani, el Obispo de Fabriano y Matelica, leyó el siguiente decreto desde el púlpito.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (IX de X)


3. Esa exultación no faltó de seguro en el pueblo de Israel, que a la natural alegría que en el espíritu humano produce siempre la visión de la luz, juntaba, sin mezcla de supersticiones, alegrías de un orden superior y todavía más legítimas, estando la neomenia consagrada, según hemos visto, como alegre fiesta religiosa por mandato del Señor. La neomenia resultaba así un verdadero "hillulim" (Cfr. Lev. XIX, 24; Juec. IX, 27) con sus danzas y ritos sacro-populares que quedaron largo tiempo entre los ritos sinagogales; pues que, como escribe I. Abrahams (New Moon. D. B. H. v. 111, p. 522b):

"Algunas de las ceremonias son claramente muy antiguas, especialmente las danzas, que hasta muy reciente era realizadas en las comunidades judías en las calles públicas”.

Uniendo, pues, esos múltiples y variados datos tocantes a los dos hemistiquios, y atendiendo a que cuando Cristo pronunció tales palabras hablaba del testimonio que de él dio San Juan, no será exégesis de fantasía el apuntar este versículo como probabilísimo paralelo de los versos 7-9 del prólogo, que tantas imágenes y conceptos del cuerpo del evangelio recapitula; y decir que Nuestro Señor aludiría entonces a las luminarias con que se testimoniaba la neomenia y a la popular demostración de júbilo que por un momento (πρὸς ὥραν. Cfr. Doughty "una hora") suscitaban; imagen cabal de lo que habían hecho los judíos con la predicación del Precursor. San Juan no era la luz verdadera, pero sí la luminaria que daba testimonio de ella, ardiente y resplandeciente como un fuego anunciador de los montes, como las antorchas de las azoteas, con que dice Bartenora parecían arder las villas judías, y a cuyo resplandor danzaban y se regocijaban los hijos de Israel momentáneamente.

a) ἀνατολὴ ἐξ ὕψους (oriente desde lo alto)
b) ἐπιφᾶναι τοῖς ἐν σκότει καὶ σκιᾷ θανάτου καθημένοις, τοῦ κατευθῦναι τοὺς πόδας ἡμῶν εἰς ὁδὸν εἰρήνης (para iluminar a los que en tinieblas y en sombra de muerte yacen, y dirigir nuestros pies por el camino de la paz).

Si las observaciones que vamos a hacer fueren suficientemente fundadas, este pasaje nos acercaría quizás al origen de la comparación que venimos estudiando. Ella habría nacido junto a la cuna del Precursor, y en boca de un personaje litúrgico, el sacerdote Zacarías y se habría propagado más tarde entre los discípulos del Bautista.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 12-13


12. Y el cuarto ángel trompeteó y fue herida la tercera parte del sol y la tercera parte de la luna y la tercera parte de las estrellas, para que se obscurezca la tercera parte de ellos y el día no alumbre la tercera parte y la noche de igual manera.

Notas Lingüísticas:

Zerwick: "φάνῃ: "parecería tratarse de la disminución de la luz".


Citas Bíblicas:

Esta plaga coincide con la novena de Egipto:

Ex. X, 21-23: "Después dijo Yahvé a Moisés: "Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya sobre la tierra de Egipto tinieblas que puedan palparse". Extendió, pues, Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas en toda la tierra de Egipto durante tres días. No se veían unos a otros, ni se levantaba nadie de su sitio por espacio de tres días, en tanto que los hijos de Israel tenían luz en sus moradas".

Cfr. también Sab. XVII, 2 ss.


Comentario:

Allo: “La mayoría de los exégetas creen que se trata de una abreviación de la duración del día y de la noche, lo que sería bastante extraño; es mucho más natural ver acá una disminución del resplandor del día y de la luz de los astros nocturnos (φάνῃ)”.

Wikenhauser: “La cuarta plaga recuerda la novena de Egipto, que consistía en una densa oscuridad de tres días. “Ser herido” es una expresión usada por los rabinos para designar el oscurecerse de las estrellas. La luz del sol, la luna y las estrellas pierde un tercio de su intensidad y de su duración”.

Fillion: "Et noctis… La noche deviene pues un tercio más oscura que de costumbre".


13. Y vi y oí un águila volando en medio del cielo, diciendo con voz grande: “Ay, ay, ay de los que habitan sobre la tierra, a causa de las restantes voces de la trompeta de los tres ángeles, los que van a trompetear”.

jueves, 5 de septiembre de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (VIII de X)


III

Probables antecedentes del símil de la neomenia mesiánica en la literatura evangélica. - La comparación hecha por Cristo en la perícopa del testimonio paralela al prólogo: Jn. V, 31-40; los fuegos anunciadores y los regocijos populares de la neomenia. - El esquema isaiano del Benedictus, Lc. I, 78-79: la neomenia astro que nace de lo alto; la iluminación nocturna de la caravana mesiánica, costumbres antiguas, textos bíblicos, costumbres actuales del Oriente. - Conclusión general.


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Como en las soluciones nuevas no es prudente ser muy afirmativos, aun sosteniendo las ideas principales arriba expuestas, no hemos de dar por definitivas otras que son secundarias y que están escritas a rápida impresión. Dentro ese orden de probabilidades ofrecemos todavía, siquiera sea brevísimamente, otros conceptos que nos ocurren al inquirir el origen de este símil de la neomenia en la literatura evangélica. Ellos nos llevan a los días de la predicación de Cristo, y a los del nacimiento del Bautista. ¿No podríamos pensar que proviene de una tradición nacida junto a la cuna del Precursor? Los textos que entran ahora en consideración son dos: Jn. V, 35 y Lc. I, 78-79; a saber, dos pasajes en que también se habla de luz mesiánica y de San Juan Bautista y de su testimonio, y que por tanto tienen un triple título para ser considerados como paralelos al del prólogo, que en el anterior capítulo hemos estudiado.

I

a) ἐκεῖνος ἦν ὁ λύχνος ὁ καιόμενος καὶ φαίνων, (Él era antorcha que ardía y brillaba)

b) ὑμεῖς δὲ ἠθελήσατε ἀγαλλιαθῆναι πρὸς ὥραν ἐν τῷ φωτὶ αὐτοῦ (y vosotros quisisteis regocijaros un momento a su luz) Jn. V, 35

Para proceder con más orden hemos dividido el verso en dos hemistiquios; uno de la luz, otro de la exultación.

a) 1. Que ó λύχνος pueda referirse a la luz que servía para trasmitir el testimonio de la neomenia, lo prueba más que el pasaje poético de Eurípides (Cycl. 514. Cfr. 455, 614, 615) en que el término se dice del gran tizón ardiente con que Ulises debela al Cíclope en su cueva, los dos calificativos que aquí le acompañan, los cuales no son ciertamente los de una lámpara casera, sino más bien los de un fuego mayor; calificativos idénticos a los que usa Homero, al describirnos las fogatas que arden y lucen en la cumbre solitaria de los altos montes, resplandeciendo en la lejanía a los pobres marineros en horas de tempestad (Ilíada, 19, 375, etc.).

Así los dos calificativos evangélicos nos traen a la memoria aquellos otros fuegos de los montes, descritos en el Rosch ha-schana, o por lo menos las antorchas de que nos habla Bartenora, encendidas para el testimonio de la declaración oficial de la neomenia.

2. Y, por otra parte, es de testimonio, y justamente de San Juan como testigo, que se trata en este versículo donde se le compara al λύχνος. Pues hállase él en el centro de la sección V, 31-40, a saber, de la llamada perícope del testimonio, porque en ella Jesús habla de todos los testimonios que se han dado sobre su persona, y de un modo tan determinado que la palabra "testimonio" se repite hasta diez veces en los diez versículos de que consta, diciendo al llegar al Bautista:

"Vosotros enviasteis a Juan y dio testimonio a la verdad... él era la luminaria que ardía y resplandecía y vosotros quisisteis por una hora regocijaros a su luz".

b) En este segundo hemistiquio parécenos ver alusión clara a las exultaciones con que era acogida la luna nueva y con que lo serían por tanto las luminarias que la anunciaban. Además del nexo literario de esas dos imágenes en un versículo, hay para pensarlo otros indicios de carácter histórico, notables y numerosos.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 10-11


10. Y el tercer ángel trompeteó y cayó del cielo una estrella grande, ardiendo como antorcha y cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre las fuentes de aguas.

Comentario:

Antorcha se dice de los 7 Arcángeles en IV, 5, pero en este caso no parece ser Satanás.

Esta trompeta se dirige contra las aguas dulces.

Straubinger: “La caída de esta estrella, que simboliza a un ángel con nombre de amargura (v. 11, cfr. Enoc LXXXVI, 1 ss), hace pensar en la palabra de Jesús que comparó la caída de Satanás con la de una estrella (Lc. X, 18). Véase IX, 1 y nota. Cfr. XII, 9 ss”.

Como es sabido, los ángeles llevan en su nombre su misión.


11. Y el nombre de la estrella se dice “el Ajenjo”. Y se convirtió la tercera parte de las aguas en ajenjo y muchos de los hombres murieron a causa de las aguas por haberse amargado.

Notas Lingüísticas:

Πολλοὶ τῶν ἀνθρώπων (muchos de los hombres): el artículo "de los" ¿podría hacer alusión a una clase determinada de hombres, a saber, "los habitantes de la tierra"?

Abel: “Ὁ Ἄψινθος (masc.) en lugar de ἡ Ἄψινθος (fem.) porque se trata del nombre de un astro”.


Citas Bíblicas:

Jer. XXIII, 15: “Por tanto, así dice Yahvé de los ejércitos contra los profetas: “He aquí que les daré para comida ajenjo, y para bebida agua envenenada, porque de los profetas de Jerusalén la impiedad se ha difundido sobre todo el país”.

Am. V, 7: “Vosotros tornáis el derecho en ajenjo, y echáis por tierra la justicia”.

Am. VI, 13: “¿Corren acaso los caballos por las peñas? ¿O se puede arar (allí) con bueyes? Así vosotros trocáis en veneno el juicio, y el fruto de justicia en ajenjo”.


Comentario:

Allo: "No muere un "tercio" de los hombres, sino solamente "muchos"; es que la masacre de la tercera parte de los hombres está reservada a la plaga de la sexta Trompeta".

Alápide: "Y muchos de los hombres murieron: De aquí se hecha de ver que esta amargura fue excesiva y por lo tanto venenosa y letal; pues, por el contrario, la amargura moderada es sana y conserva el cuerpo de la putrefacción".

Gelin: "La tercera plaga mira sin dudas una epidemia causada por las aguas vueltas amargas y envenenadas. Un cambio semejante es notado por IV Esd. V, 9: "En las aguas dulces se encontrará sal", de la misma forma que, a la inversa, el Mar Muerto se sanará en los tiempos mesiánicos (Ez. XLVII, 8). La plaga está relacionada con la caída de una estrella, tal vez un ángel, por analogía con IX, 1, o más probablemente con un bólido…".

Garland: "Es importante notar que Dios describe la idolatría como "raíz que produzca veneno y amargura" (Deut. XXIX, 18). La idolatría es un pecado recurrente de los habitantes de la tierra durante este período del juicio (IX, 20; XIII, 15-16). Así Dios juzga su amargura de ajenjo, dándoles a beber ajenjo. Es el mismo juicio que Dios le dio a Israel por ir en pos de falsos dioses (Jer. VIII, 14; IX, 14-16; XXIII, 15). El ajenjo describe también el fruto de la injusticia, que ha de ser una característica predominante del período de la Tribulación (Am. V, 7; VI, 12; cfr. II Tim. III, 2-4)".

viernes, 30 de agosto de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (VII de X)


Con todo, como de las cuatro escuelas ortodoxas de jurisprudencia mahometana, la Malechita, la Sciafeíta, la Hanafita y la Hanbalita, la primera, a la cual pertenece nuestro texto, es la que más contactos suele ofrecer con los ritos judaicos, quisimos extender nuestra investigación a los textos antiguos de las otras escuelas, para comprobar más y más la generalidad de la ley y de la costumbre. No habiendo podido de momento tenerlos a mano, escribimos al autorizadísimo arabista español don Miguel Asín, quien nos contestó con una carta que, como la de Sid Mohamet, mucho agradecemos, y cuya transcripción valdrá por todos los textos deseados.

"Sr. D. B. Pascual. - Palma de Mallorca. - Mi distinguido colega: Puede usted estar seguro de que la doctrina canónica sobre el principio del ramadán (fijado por observación experimental o deposición de testigos), que ha encontrado usted en el manual de derecho de Sidi Jalil (trad. Guidi), es suficiente para su propósito. - Esa doctrina, en efecto, no es de las discutibles en que discrepan las varias escuelas o ritos ortodoxos del islam (hanefíes, xafeíes, hanbalíes y malequíes), sino que es común a todas las escuelas y tan antigua en el islam como el islam mismo. Todos los libros de moral y dogmática la citan textualmente igual y la apoyan en hadices o tradiciones atribuidas a Mahoma y tenidas por auténticas para todas las escuelas. Algazel, por ejemplo, que es como Santo Tomás entre nosotros, da la misma doctrina, y era xafeí de escuela y no malequí como Sidi Jalil. Cfr. lhía (edición Cairo, I, 166-7). - No debe usted, pues, dudar en cuanto a la antigüedad de esa doctrina, ni necesita más datos que los de Sidi Jalil. - De usted affmo. s. s. q. e. s. m. - Miguel Asín. - Madrid, 24 de octubre 1926."

Baste pues lo dicho. El lector ahora, dando una mirada retrospectiva, advierta que la línea extrabíblica, que en cierto orden hemos señalado como paralela a los versículos 6, 7, 8, no es un perfil borroso o fugaz, sino un rasgo preciso, marcadísimo, que se prolonga solemnemente, dentro del judaísmo y después dentro del islamismo, a través de los siglos, desde antes de los días de Cristo Nuestro Señor hasta el momento actual. Que la exégesis bíblica lo tome en consideración está, por tanto, sobradamente legitimado.

Y viéndose en este pasaje la alusión propuesta, queda patente la consustancialidad de esos versículos del testimonio de la neomenia mesiánica con el anterior que la prepara y con el siguiente que la desarrolla, y por ende también demostrado cuan absurdas son las tentativas que hace la moderna crítica fragmentaria para disociarlos y negar aquí, a pretexto de ellos, la unidad inconsútil del prólogo de San Juan.