lunes, 8 de agosto de 2022

He aquí que vengo, por Magdalena Chasles, Segunda Parte, Las Congregaciones alrededor del Anticristo (IV de VI)

   Jesús recomendó una actitud de circunspección, sobre todo a los que vean “la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel, instalada en el lugar santo, el que lee, entiéndalo” (Mt. XXIV, 15). ¡Qué suprema gravedad en semejante situación! No habrá ni un minuto para perder; será preciso separarse resueltamente de todo y huir al desierto. 

“Los que estén en Judea, huyan a las montañas; quien se encuentre en la terraza, no baje a recoger las cosas de la casa; quien se encuentre en el campo, no vuelva atrás para tomar su manto” (Mt. XXIV, 16-18). 

“Acordaos de la mujer de Lot” (Lc. XVII, 32). 

No está permitida ninguna hesitación; el peligro es terrible y muy cercano. 

“Porque habrá, entonces, grande tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá más. Y si aquellos días no fueran acortados, nadie se salvaría; más por razón de los elegidos serán acortados esos días” (Mt. XXIV, 21-22). 

Lo que Dios pedirá a su pueblo es romper radicalmente toda relación con el impostor y esconderse en el desierto. Los que no huyan serán martirizados por el impío, antes que el Señor vuelva. 

“Primero debe venir la apostasía y hacerse manifiesto el hombre de iniquidad, el hijo de perdición; el adversario, el que se ensalza sobre todo lo que se llama Dios o sagrado, hasta sentarse él mismo en el templo de Dios, ostentándose como si fuera Dios... (aquel inicuo) cuya aparición es obra de Satanás con todo poder y señales y prodigios de mentira, y con toda seducción de iniquidad para los que han de perderse (II Tes. II, 3-4.9-11). 

¡Qué inmenso peligro dejarse seducir por los milagros no controlados! 

El Anticristo acumulará lo maravilloso; las fuerzas magnéticas, los poderes físicos, los espíritus de demonios estarán a sus órdenes; pero sobre todo el Diablo tendrá junto a sí un jefe para su propaganda, un fascinador de las masas que los seducirá por medio de sus discursos, “el Falso Profeta”, llamado también “la Bestia de la tierra”. 

jueves, 4 de agosto de 2022

Hacia un adecuado tratado teológico De Ecclesia, por Mons. Fenton (III de V)

  La controversia eclesiológica central en la época de la Reforma tenía que ver con la ubicación o identidad del reino sobrenatural de Dios sobre la tierra. Los escritores protestantes no discutían la existencia de una auténtica ecclesia Christi en este mundo. Ellos, al igual que los teólogos católicos, sostenían que no podía haber salvación fuera de esta verdadera ecclesia. Donde se apartaron de la verdad revelada fue en su afirmación de que el reino sobrenatural de Dios sobre la tierra no era la sociedad religiosa organizada que preside el sucesor San Pedro, sino algo invisible, la suma total de todos los hombres y mujeres buenos o predestinados sobre la tierra. 

De ahí que, en sus escritos polémicos, los teólogos de la Contrarreforma tendieran a pasar por encima las enseñanzas sobre la naturaleza y prerrogativas de la verdadera ecclesia como tal y a concentrarse en la tarea de demostrar que esta unidad social se identifica realmente, en el estatus del Nuevo Testamento, con la sociedad religiosa que preside el Obispo de Roma como Vicario de Cristo y como sucesor de San Pedro. Y, puesto que los herejes habían negado que la enseñanza del magisterium católico es realmente la norma inmediata de la fe cristiana, teólogos brillantes como Stapleton tendieron a centrar su enseñanza sobre la Iglesia en el punto de que su enseñanza está divinamente establecida como norma para la aceptación de la revelación pública divina mediante el acto de fe. 

En su mayor parte, los primeros teólogos de la Contrarreforma escribieron como brillantes panfletistas polémicos. Escribieron su doctrina de ecclesia sin ninguna consideración especial por la disposición en el cuerpo de la teología escolástica. De hecho, en lo que respecta a la mayoría de ellos, tales enseñanzas se situaban simplemente en el orden en que los propios herejes habían colocado sus negaciones de la verdad católica en sus propias profesiones de fe. Había, por supuesto, excepciones. Driedo, por poner sólo un ejemplo, integró su tratado sobre la Iglesia en su magnífico De ecclesiasticis scripturis et dogmatibus. En esta obra, el primer libro trata del catálogo de la Sagrada Escritura, y el segundo de las diversas traducciones y exposiciones de la Escritura, junto con los diferentes sentidos en que puede entenderse la enseñanza de los libros inspirados. El tercer libro se ocupa de 

"Algunas breves reglas y dogmas con los que se ayuda a los estudiantes a comprender los lugares obscuros y a discernir las significado literal y místico de la Sagrada Escritura". 

El cuarto libro está dedicado al estudio de la tradición y de la Iglesia. 

domingo, 31 de julio de 2022

He aquí que vengo, por Magdalena Chasles, Segunda Parte, Las Congregaciones alrededor del Anticristo (III de VI)

  b) El Primer Jinete y la Bestia del Mar 

Y vi cuando abrió el Cordero uno de los siete Sellos y oí uno de los cuatro Vivientes que decía, como con voz de trueno: “Ven”. Y vi y he aquí un caballo blanco y el sentado sobre él tenía un arco y se le dio una corona y salió venciendo y para vencer” (Apoc. VI, 1-2). 

Desde que se abre el rollo, resuena un trueno, un llamado: “¡Ven!”; pero no se trata de Cristo aquí, como piensan tantos exégetas, tanto católicos como protestantes. ¿No es profundamente lamentable ver vestido a Cristo con los atributos del que “imita”?[1] El diablo es astuto y logra así hasta este punto enturbiar el sentido de la Palabra de Dios[2]. 

Pero no, se trata ciertamente del Anticristo, del “jefe”, del “naghid” de Daniel, aquel que viene primero como pacificador, que reunirá bajo su autoridad a las naciones admiradores de su genio. Entonces le será concedida la corona de los vencedores. 

Sólo el carácter real del jinete, montado en un caballo real -la montura blanca- podría hacer pensar en Cristo, que aparece al final de la visión apocalíptica, también sobre un Caballo blanco, con la cabeza coronada de diademas. Pero, a causa incluso de la parodia, se debe descartar definitivamente la duda. El primer jinete es, además, seguido del segundo: “La guerra”, del tercero: “El hambre”, del cuarto: “La peste y la muerte”. 

Cuando Cristo vuelva, con la espada en la boca, la espada de la Palabra de Dios será para el juicio, y su acción será esencialmente en relación con la paz. 

El Anticristo, el jinete poderoso, cubrirá pues a Israel con su poder. Israel confiará en él, hará alianza con él. Pero cuando se ofrezcan de nuevo los sacrificios en el Templo reconstruido, ¿es que muchos piadosos fieles no pensarán que aquel que conduce al mundo es el Mesías venido a la tierra? 

miércoles, 27 de julio de 2022

Hacia un adecuado tratado teológico De Ecclesia, por Mons. Fenton (II de V)

   Este carácter incompleto del tratado de ecclesia del libro de texto ordinario tiene un trasfondo histórico muy interesante. Un conocimiento, aunque sea somero, de este trasfondo es esencial para saber cómo debe y puede ser mejorado este tratado por el teólogo de nuestro tiempo. 

En primer lugar, es importante recordar que el tratado sobre la Iglesia es un recién llegado al ámbito de la teología escolástica propiamente dicha. Otros tratados, como los relativos a la Trinidad y a la gracia, se desarrollaron en las escuelas de la mano de profesores que emplearon como textos maestros los Cuatro libros de las sentencias de Pedro Lombardo y la Suma Teológica de Santo Tomás. Durante generaciones, en las escuelas de la Iglesia católica la teología escolástica fue de facto la explicación de los temas tratados en las Sententiae y la Summa. Ninguno de estos clásicos incluía nada parecido a un tratado completo sobre la Iglesia de Cristo. De hecho, gran parte del material que ahora se trata en el tratado escolástico de ecclesia estaba cubierto en el Decretum de Graciano. Por lo tanto, en el procedimiento real de las escuelas, gran parte del material sobre la Iglesia fue cubierto principalmente desde un ángulo canónico más que teológico. Por supuesto, el material cubierto por Graciano y los otros canonistas estaba perfectamente dentro de su propio campo, el ámbito de lo que ahora se llama derecho público eclesiástico. Al mismo tiempo, fue definitivamente una desgracia que, durante el primer período de la teología escolástica, no existiera algo así como un tratado propiamente escolástico sobre la Iglesia incluido en el curso regular de sagrada teología. Este tratado no entró en la literatura y en el curso de la teología propiamente escolástica hasta casi finales del siglo XVI. 

Esto no quiere decir que no haya habido ningún escrito teológico o que no se haya tratado sobre la Iglesia hasta finales del siglo XVI. En realidad, podemos encontrar un breve pero muy competente y esclarecedor tratado sobre la Iglesia incluido en la obra de mediados del siglo XIII de Moneta de Cremona contra los valdenses y los albigenses[1]. Hay un breve comienzo de tratado en el Comentario al Credo de los Apóstoles, escrito por el propio Santo Tomás, y mucho más en el Contra errores Graecorum del Santo. Y en el siglo XIV, Santiago de Viterbo publicó su De regimine christiano, que Arquilliere editó en 1926 y llamó "el más antiguo tratado sobre la Iglesia". Asimismo, hay un tractatus de ecclesia bien desarrollado en el De planctu ecclesiae de Álvaro Pelayo, del siglo XIV, y otro en el Doctrinale antiquitatum fidei ecclesiae catholicae de Tomás Netter de Walden. Y puede decirse que el tratado sobre la Iglesia alcanzó su forma clásica en la gran Summa de ecclesia del cardenal Juan de Torquemada, del siglo XV. 

Sin embargo, en su mayor parte, estas obras sobre la Iglesia anteriores a la Reforma, incluso la propia Summa de ecclesia, tenían una orientación preeminentemente polémica y no estrictamente escolástica. Hay que tener en cuenta, por supuesto, que polémica y escolástica no son en absoluto categorías completamente distintas. Los Cuatro Libros de las Sentencias son los grandes modelos clásicos de escritos escolásticos, y su autor pretendía a 

sábado, 23 de julio de 2022

He aquí que vengo, por Magdalena Chasles, Segunda Parte, Las Congregaciones alrededor del Anticristo (II de VI)

    a) Los Sellos del Rollo del Libro 

Hora extremadamente solemne la del comienzo de la 70º Semana de la profecía de Daniel, pues es el momento exacto en que se va a poder desenrollar de nuevo el rollo del Libro. 

En una página de espera, se escribieron estas palabras: 

“¡Velad hasta que Él venga!”; ahora Jesús está listo para hacer oír el segundo: “¡He aquí que vengo!”. 

En el Apocalipsis, San Juan contempló el rollo del Libro entre las manos del “sentado en el trono”, entre las manos del Padre. El Padre se constituyó el guardián del Libro sellado a través de los siglos. 

Desde el “se ha cumplido” de la Cruz y desde la Ascensión, el libro permaneció cerrado. Para que sea desplegado de nuevo, se deben cumplir algunas condiciones. Entonces, y sólo entonces, Cristo podrá romper sucesivamente los siete Sellos y permitir a las profecías retomar su curso y cumplirse, tan literalmente la segunda vez como la primera. 

“Y vi en la diestra de Aquel que estaba sentado sobre el trono un libro, escrito por dentro y por fuera, y sellado con siete sellos. 

Y vi a un ángel poderoso que, a gran voz, pregonaba: “¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?”. 

Y nadie en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aún fijar los ojos en él. Y yo lloraba mucho porque nadie era hallado digno de abrir el libro, ni de fijar en él los ojos. 

Entonces me dijo uno de los ancianos: “No llores. Mira: el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha triunfado, de suerte que abra el libro y sus siete sellos”. Y vi que en medio delante del trono y de los cuatro vivientes y de los ancianos estaba de pie un Cordero como degollado, que tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios en misión por toda la tierra. El cual vino y tomó (el libro) de la diestra de Aquel que estaba sentado en el trono. 

Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero, teniendo cada cual una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos. 

Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: “Tú eres digno de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque Tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios (hombres) de toda tribu y lengua y pueblo y nación; y los has hecho para nuestro Dios un reino y sacerdotes, y reinarán sobre la tierra” (Apoc. V, 1-10). 

El rollo del Libro pasó de las manos del Padre a las de Cristo, Cordero inmolado, que ha “comprado para Dios” hombres y, León de Judá, revestido de fuerza y poder para ejercer los juicios. Es su sangre lo único que puede rescatar, lo que le da derecho a abrir el rollo, a preparar su Reino sobre la tierra y a cumplir las antiguas profecías sobre su segunda y gloriosa Venida.

martes, 19 de julio de 2022

Hacia un adecuado tratado teológico De Ecclesia, por Mons. Fenton (I de V)

 Hacia un adecuado tratado teológico De Ecclesia, por Mons. Fenton 

Nota del Blog: El siguiente texto está traducido del American Ecclesiastical Review 133 (1955), pág. 258–274.  

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La teología escolástica, tal como la conocemos, está dividida en una serie de tratados. El objetivo evidente de esta disposición es incluir en el ámbito de la teología escolástica todas las verdades contenidas en el depósito de la revelación pública divina. Y, si se quiere alcanzar este propósito de manera efectiva, entonces cada tratado individual o tractatus debe exponer todo el material divinamente revelado directamente, pertinente al tema de ese tratado. En otras palabras, cada tratado de teología escolástica debe exponer todo lo que el magisterio católico enseña como doctrina divinamente revelada sobre el tema tratado. Se pretende presentar este material precisamente como ha sido y es enseñado por la ecclesia docens. 

Así pues, en un tratado de teología escolástica adecuadamente formado, debería haber una exposición de cada verdad que la Iglesia presenta como formalmente revelada y que se refiere directa e inmediatamente al tema del propio tractatus. Además, en un tratado adecuadamente organizado, estarían contenidas todas las explicaciones autoritativas que el magisterio ha dado sobre estas verdades formalmente reveladas, ya sea que tales explicaciones se presenten como de fide, como doctrinalmente ciertas, o como doctrina catholica. 

El trabajo propio de la sagrada teología comienza con este conjunto de verdades. Buscando una penetración intelectual de la enseñanza que los católicos aceptan con el asentimiento de fe divina, el trabajo de la ciencia teológica se ve muy obstaculizada si, en cualquier tratado individual, no se consideran algunos elementos del mensaje sobrenaturalmente revelado por Dios sobre el tema de ese tratado. Siempre existe el peligro de que esa falta de información conduzca a una inexactitud en la comprensión y explicación de parte del teólogo de lo que Dios enseña realmente en y a través de su Iglesia sobre el tema del que se ocupa el tratado. La inexactitud de la comprensión intelectual y de la explicación de la verdad divinamente revelada constituye un fracaso en el campo de la sagrada teología. 

En el estado actual de la teología escolástica es bastante obvio que el tratado De ecclesia Christi no contiene todo el material que debería. Para cualquier persona que conozca los libros del Nuevo Testamento, es dolorosamente evidente que hay varias verdades sobre la Iglesia que están claramente expuestas en estos escritos inspirados y que no son tratadas adecuadamente en el tratado sobre la Iglesia tal como está organizado en el manual promedio de teología dogmática fundamental. Como ejemplos muy evidentes, podemos tomar dos afirmaciones de Nuestro Señor sobre sus discípulos, los miembros de su ecclesia. Una de ellas se refiere al amor mutuo que debe haber en todos los miembros de la Iglesia. 

viernes, 15 de julio de 2022

He aquí que vengo, por Magdalena Chasles, Segunda Parte, Las Congregaciones alrededor del Anticristo (I de VI)

 4) Las Congregaciones alrededor del Anticristo

La congregación de Israel, si bien en sus comienzos, marca el principio del gran drama final. El rollo del Libro tendrá pronto sus últimos sellos abiertos y Cristo cumplirá su segunda parte. 

Sin embargo, son numerosos los judíos en la actualidad que se oponen al movimiento sionista, a la constitución de un hogar nacional. 

Hay dos grupos que se oponen: los que no quieren ser sino franceses, alemanes, polacos o de alguna otra nacionalidad, y los que parecen olvidar que pertenecen, antes que nada y a pesar de todo, al pueblo de Dios; los otros, los judíos ortodoxos, rabinos fieles a la Torá, esperan siempre la venida del Mesías, y son adversarios del Sionismo ateo, a la moral marxista, a las nuevas costumbres; han cortado los lazos. 

La creación de un Estado judío autónomo acercaría ciertamente a los judíos divididos, sobre todo si fuera reconstruido el Templo en Jerusalén y se retomaran los ritos mosaicos.

 Creemos que Inglaterra había sido señalada por Dios para cumplir esta magnífica misión cuando, como mandataria de la Palestina, podía hablar alto y fuerte a los árabes, pero temieron las reacciones musulmanas en algunas de sus colonias y desde 1933, obstaculizó la inmigración judía. 

Pero lo que Inglaterra temía perder se desmorona, su Imperio colonialista se desintegra. ¿No se trata de un juicio que cae sobre este país bíblico y que, mejor que ningún otro, podía comprender la inmensa angustia judía en tiempos de Hitler? ¿Qué le tiene reservado a Inglaterra la tercera guerra mundial? 

¿Será América lo suficientemente fuerte para esta tarea? Ciertamente, pero está unido con Inglaterra en Medio Oriente. 

¿No será acaso Rusia la que un día favorezca la congregación nacional judía y sepa utilizar los recursos del país, así como la remarcable inteligencia y el espíritu de iniciativa israelitas? La URSS podría entonces hacer un campo experimental para el desarrollo del marxismo, permitiendo una “Sinagoga del Estado”, basado en el modelo de la iglesia sumisa al Estado en la Rusia soviética. 

En todo caso, si no podemos aún designar a la nación que servirá para la ejecución del plan de Dios sobre su pueblo, sabemos muy bien quién es el que dirigirá este poderoso movimiento en favor de Israel.