ANEXO
I
Libro
IV
Cap.
VI
Sobre
el Pontífice como persona privada
Cuarta
proposición: “Es probable y puede creerse piadosamente, no solo que el
Sumo Pontífice no puede errar en cuanto Pontífice, sino que tampoco
puede ser hereje como persona particular, creyendo pertinazmente algo falso
contra la fe”.
En primer
lugar, se prueba porque así parecería requerirlo la suave disposición de
la providencia de Dios. Pues el Pontífice, no sólo no debe ni puede predicar
la herejía, sino que debe enseñar siempre la fe, y sin dudas eso hace puesto
que el Señor le ordenó confirmar a sus hermanos, y por eso agregó: he rogado por ti para que tu fe no
desfallezca (Lc. XX, 31), es decir, la predicación de la verdadera fe no
defeccionará al menos en tu trono; pero ¿cómo, pregunto, el Pontífice hereje
confirmará los hermanos en la fe y siempre predicará la verdadera fe? Es
cierto que Dios puede sacar la confesión de la verdadera fe de un corazón
hereje, como una vez puso palabras en boca de la burra de Balaam, pero sería
violento y no según la costumbre de la providencia de Dios que todo lo dispone
con suavidad.
En segundo
lugar, se prueba por los hechos, pues hasta aquí ninguno fue hereje o
ciertamente de ninguno se puede probar que lo haya sido; por lo tanto, es un
signo de que no puede serlo. Para más argumentos, ver Pighi.
ANEXO
II
Billot,
De Ecclesia, vol. I, (1927),
Quaestio XIV, Thesis XXIX, pag. 630-631