sábado, 29 de noviembre de 2025

El Milenarismo y el Magisterio Eclesiástico (IV de V)

 b) Magisterio eclesiástico

 Para entender bien qué se condena y bajo qué aspecto, lo primero que tenemos que hacer es definir qué es el Magisterio de la Iglesia.

Enseñan los teólogos que Nuestro Señor tenía, como hombre, una triple potestad:

 a) Como Maestro o Profeta tenía la potestad de enseñar con autoridad.

b) Como Sacerdote tenía el poder de santificar a las almas.

c) Como Juez o Rey tenía la potestad de regir a sus súbditos.

 Ahora bien, ese triple poder se lo legó a la Iglesia, y es por eso que el Evangelio de San Mateo termina con estas importantes palabras:

 

“Todo poder me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos (poder de Magisterio) bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (poder de Sacerdocio); enseñándoles a conservar todo cuanto os he mandado (poder de Gobierno)”.

 

Es el primero de estos poderes el que vamos a analizar ahora.

Enseña el Concilio Vaticano I lo siguiente:

 

“Pues no fue prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielmente expusieran la revelación trasmitida por los Apóstoles, es decir el depósito de la fe" (Concilio Vaticano I, Dz. 1836).

 

Es decir, la misión del Papa con respecto al depósito que Dios reveló a los hombres es doble, y de aquí tomo la siguiente división del magisterio del Papa.

martes, 25 de noviembre de 2025

El Milenarismo y el Magisterio Eclesiástico (III de V)

                                     III) El Magisterio Eclesiástico y el Milenarismo Patrístico

 

La tercera parte está dividida en otras tres:

En la primera vamos a echarle un vistazo a los vaivenes históricos de la exégesis Milenarista; en la segunda vamos a analizar qué es y cómo se ejerce el magisterio de la Iglesia, y por último vamos a analizar los dos decretos de Pío XII sobre el milenarismo espiritual y a sacar las consecuencias de los principios dados anteriormente.

 a) Pequeña historia

 Es cierto que el Milenarismo:

 1) Fue aceptado por todos los autores que trataron el tema, hasta el siglo II inclusive (Didajé, Epíst. de Bernabé, San Papías, San Policarpo, San Justino, San Ireneo, etc.).

2) Lo aceptaban como una opinión y no como algo de fe.

3) En los primeros siglos, muchos rechazaban el Milenio, aunque las más de las veces era el carnal, pues nominalmente solamente dos Padres rechazan todo milenarismo: San Dionisio Areopagita (¿siglo III?) y Genadio (siglo V).

4) Con el correr de los siglos, la opinión antimilenarista fue ganando cada vez más adeptos, hasta que, a fines del siglo IV/comienzos del V, se hace bastante común e incluso el Milenarismo cae en el olvido hasta bien entrada la Edad Moderna, a fines del siglo XVIII.

Estos son hechos históricos, fácilmente comprobables.

 Ahora bien, las causas de este decaimiento son también fácilmente trazables. Los autores enumeran, entre otras, las siguientes:

 1) La paz de Constantino, que dio término al período de las persecuciones romanas.

2) El hecho de ir mezclado a menudo con groseros errores.

3) La autoridad de los impugnadores (San Jerónimo y San Agustín a la cabeza).

4) La ignorancia de la verdadera tradición, es decir, “muchos antiguos documentos y escritos de los Padres de la antigüedad permanecieron desconocidos de los autores del Medioevo y también de la edad moderna” (Didaché, San Hipólito, San Victorino, epístola de Bernabé, San Ireneo, etc.).

 

***

jueves, 20 de noviembre de 2025

El Milenarismo y el Magisterio Eclesiástico (II de V)

 II) Análisis del Milenarismo de los Padres

y autores ortodoxos

 

Lo primero y principal que hay que tener en cuenta a la hora de entender lo que sucederá durante esos mil años es que va a haber dos grupos de personas:

 a) En primer lugar, están los santos resucitados en la resurrección primera, que van a estar con Cristo en la Jerusalén Celeste, la cual, a su vez, va a estar sobre la Jerusalén terrestre.

En substancia, la idea es que, durante el Milenio, la Jerusalén terrestre va a ser el centro espiritual y político de la humanidad, y que sobre ella va a estar la Jerusalén Celeste iluminándola.

 

Is. LX, 1-3.19-20: “Álzate y resplandece, porque viene tu lumbrera, y la gloria de Yahvé brilla sobre ti. Pues mientras las tinieblas cubren la tierra, y densa oscuridad a las naciones, se levanta sobre ti Yahvé, y se deja ver sobre ti su gloria. Los gentiles vendrán hacia tu luz… No será ya el sol tu luz durante el día, ni te alumbrará la luz de la luna; porque Yahvé será para ti eterna lumbrera, y tu esplendor el Dios tuyo. No se pondrá más tu sol, ni faltará tu luna; porque tu luz eterna será Yahvé, y los días de tu llanto se habrán acabado”.

 

Voy a volver sobre esto enseguida.

 b) El segundo grupo está constituido por lo que se conoce con el nombre técnico de “viadores”, o sea “los que están en vía o en camino” hacia la patria celestial. Dicho de otra manera, los simples mortales como nosotros.

Estos viadores van a poblar la tierra, y van a ser como nosotros hoy en día: capaces de mérito y de pecado, van a procrear, morir, etc.

Pero, y esto es muy importante, no todo va a ser como es ahora.

Lacunza y otros autores enumeran varios medios extraordinarios que van a facilitar enormemente la práctica de la virtud en aquellos tiempos:

 1) En primer lugar, de los tres enemigos que tiene el hombre: el demonio, el mundo y la carne, los dos primeros, que son los enemigos externos del hombre, van a estar sometidos.

El demonio, como hemos leído, va a estar en una prisión llamada abismo, mientras que el “mundo”, o sea, la contra-iglesia, la ciudad del hombre –que tan hermosamente describió San Agustín– con todas sus herejías, leyes inicuas, escándalos, etc. no va a existir, porque todas las naciones van a reconocer al verdadero Dios.

sábado, 15 de noviembre de 2025

P. Réginald Garrigou Lagrange O.P., Perfección Cristiana y Contemplación según Santo Tomás y San Juan de la Cruz, vol. II (Reseña)

 P. Réginald Garrigou Lagrange O.P.,

Perfección Cristiana y Contemplación

según Santo Tomás y San Juan de la Cruz,

vol. II (Reseña) 

CJ Traducciones, 2025, pp. 513


Hace algo más de un año tuvimos ocasión de reseñar el primer volumen de esta verdadera obra maestra (ver ACÁ). El segundo volumen se presenta tan macizo como el primero.

La obra comienza con el tema del llamado a la contemplación o vida mística, y el docto dominico responde la dificultad distinguiendo el llamado general y remoto del individual y próximo. Distinción que ayuda a explicar algunos pasajes muy importantes de los dos grandes místicos: San Juan de la Cruz y Santa Teresa.

Son dignas de atención, a nuestro entender, las cuestiones relativas a la autoridad de Santo Tomás en teología mística y las cuestiones de método, como así también el extenso e interesantísimo apartado sobre el acuerdo de las diversas escuelas sobre el carácter normal, y no extraordinario, de la contemplación.

En un apéndice trata la cuestión de la necesidad o no de las ideas infusas para la contemplación, al analizar algunas opiniones de la época.

De particular importancia, por su claridad, es una carta de Maritain que Garrigou Lagrange transcribe hacia el final, y donde podemos apreciar la lucidez de lo que Castellani llamaría “el primer Maritain”, donde, gracias a un par de distinciones, arroja una gran luz sobre estas cuestiones.

Lo que se hace desear, a través de los dos volúmenes, es una límpida traducción de los textos de los dos grandes místicos del Carmelo (de hecho, el libro termina dedicándole algunas páginas a una mala traducción al francés de un texto de San Juan de la Cruz). Es una verdadera pena que estos textos claves de la mística Católica no hayan sido traducidos correctamente a las principales lenguas modernas. Siempre hemos dicho que, si no hubiéramos sabido español, hubiéramos querido aprenderlo para leer, entre otros, al gran doctor místico San Juan de la Cruz.

El libro, de carácter un tanto polémico (inevitable, pues, allá por los comienzos del siglo pasado, este tema estaba muy en boga), es capaz, sin embargo, de arrojar una grandísima luz sobre un tema tan interesante y necesario para todo Católico.

Con la publicación del segundo y último volumen de esta magistral obra, el público de habla hispana tiene a su alcance ahora uno de los libros más importantes escrito por uno de los mayores teólogos del siglo XX, llamado, no sin razón, martillo de los modernistas.

Quiera Dios que la lectura de estas páginas redunde en mayor amor por la vida de la gracia, descrita por San Pablo como vida escondida con Cristo en Dios (Col. III, 3).

 El segundo volumen está disponible en Amazon por lo el momento, y esperamos que pronto lo podamos ver impreso en Argentina. 

Volumen I AQUÍ. 

Volumen II AQUÍ.


lunes, 10 de noviembre de 2025

El Milenarismo y el Magisterio Eclesiástico (I de V)

 El Milenarismo y el Magisterio Eclesiástico

 

Este ensayo va a estar dividida en 3 partes:

 I) Qué es (y qué no es) el Milenarismo.

II) Análisis del Milenarismo de los Padres y exégetas católicos, y su contraposición con otras dos clases de Milenarismos erróneos, e incluso heréticos.

III) Posición del Magisterio de la Iglesia sobre el Milenarismo Patrístico.

 

***

 Lo primero que tenemos que hacer es citar el capítulo XX del Apocalipsis, que es de donde se sacan común, aunque no únicamente, los argumentos. 

1. Y vi un ángel que descendía del cielo y tenía en su mano la llave del abismo y una gran cadena.

2. Y se apoderó del dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años,

3. y lo arrojó al abismo que cerró y sobre el cual puso sello para que no sedujese más a las naciones, hasta que se hubiesen cumplido los mil años, después de lo cual ha de ser soltado por un poco de tiempo.

4. Y vi tronos; y se sentaron en ellos, y les fue dado juzgar, y (vi) a las almas de los que habían sido degollados a causa del testimonio de Jesús y a causa de la Palabra de Dios, y a los que no habían adorado a la bestia ni a su estatua, ni habían aceptado la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

5. Los restantes de los muertos no tornaron a vivir hasta que se cumplieron los mil años. Esta es la primera resurrección.

6. ¡Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección! Sobre éstos no tiene poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, con el cual reinarán los mil años.

7. Cuando se hayan cumplido los mil años Satanás será soltado de su prisión,

8. y se irá a seducir a los pueblos que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y Magog a fin de juntarlos para la guerra, el número de los cuales es como la arena del mar.

9. Subieron a la superficie de la tierra y cercaron el campamento de los santos y la ciudad amada; más del cielo bajó fuego [de parte de Dios] y los devoró.

10. Y el Diablo, que los seducía, fue precipitado en el lago de fuego y azufre, donde están también la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

11. Y vi un gran trono esplendente y al sentado en él, de cuya faz huyó la tierra y también el cielo; y no se halló más lugar para ellos.

12. Y vi a los muertos, los grandes y los pequeños, en pie ante el trono y se abrieron libros -se abrió también otro libro que es el de la vida- y fueron juzgados los muertos, de acuerdo con lo escrito en los libros, según sus obras.

13. Y el mar entregó los muertos que había en él; también la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras

14. Y la muerte y el Hades fueron arrojados en el lago de fuego. Esta es la segunda muerte: el lago de fuego.

15. Si alguno no se halló inscrito en el libro de la vida, fue arrojado al lago de fuego.

 

I. Qué es el Milenarismo

 Al decir de Straubinger, el Milenarismo es: 

sábado, 1 de noviembre de 2025

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis (VII de VII)

 Creo que el mejor resumen de la vida y gesta de Josué como imagen de Cristo está descrita en el libro del Eclesiástico, donde pasa revista a los principales personajes del Antiguo Testamento.

De Josué dice lo siguiente: 

Eccli. XLVI, 1-8: “Esforzado en la guerra fue Jesús, hijo de Nave, sucesor de Moisés en el don de la profecía; el cual fue grande, como lo denota su nombre, grandísimo en salvar a los escogidos de Dios, en sojuzgar a los enemigos que se levantaban contra él, y en conseguir para Israel la herencia. ¡Cuánta gloria alcanzó, teniendo levantado su brazo, y vibrando la espada contra las ciudades! ¿Quién antes de él combatió así? Porque el mismo Señor le puso en sus manos los enemigos. ¿No se detuvo al ardor de su celo el sol, por lo que un día llegó a ser como dos? Invocó al Altísimo Todopoderoso cuando batía por todos los lados a los enemigos, y el grande, el santo Dios, oyendo su oración, envió piedras de granizo muy duras y pesadas. Se arrojó impetuosamente sobre las huestes enemigas, y en la bajada arrolló a los contrarios, para que conociesen las naciones su poder, porque no es fácil pelear contra Dios. Fue siempre en pos del Omnipotente”.

 Josué es sucesor de Moisés en cuanto profeta y, además, fue grande por su nombre, porque llevaba en sí el nombre del Salvador.

Pero las 3 grandes características de Josué como imagen de Jesús creo que están claramente marcadas cuando dice:

 a) Salvar a los escogidos de Dios, lo cual nos hace pensar en el Discurso Parusíaco: 

Mt. XXIV, 22-24.30-31: “Y si no hubiesen sido acortados los días aquellos, no sería salva toda carne; más a causa de los elegidos serán acortados los días aquellos. "Entonces si alguien os dice: "Ved, aquí (está) el Cristo” o “aquí”, no creáis. Se levantarán, en efecto, falsos cristos y falsos profetas, y darán señales grandes y prodigios, hasta el punto de engañar, si fuera posible, aún a los elegidos” (…) Y entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo, y entonces harán luto todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con virtud y gloria mucha. Y enviará sus ángeles con trompeta grande y congregarán a sus elegidos de los cuatro vientos, de extremos del cielo a extremos de ellos”. 

Y el Apocalipsis, al hablar de la batalla del Harmagedón dice que Cristo viene junto con los escogidos (XVII, 14).

 b) Sojuzgar a los enemigos que se levantaban contra él: como vimos que hizo Josué y que hará Jesús cuando, por medio de diversos juicios, vaya destruyendo a sus enemigos: Babilonia, el falso Profeta y el Anticristo, las Naciones y, por último, Satanás (Apoc. XVII-XX), es decir, el demonio y el mundo, 2 de los 3 enemigos del alma.

 c) Conseguir para Israel la herencia: como vimos en Josué y veremos en Jesús cuando divida la tierra Santa según la profecía de Ezequiel.

 Imposible no recordar las palabras de San Justino: 

domingo, 26 de octubre de 2025

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis (VI de VII)

 c) Distribución de la tierra conquistada: XIII a XXIV

 Después de las guerras, la tierra descansa y es dividida, lo cual nos lleva directamente a los últimos 9 capítulos de Ezequiel donde describe minuciosamente el nuevo Templo de Jerusalén durante el Milenio, como así también el reparto de la tierra, todo lo cual vemos claramente aquí en figura.

Toda esta sección reúne los datos y nombres de las ciudades que le cupo a cada una de las tribus en suerte, y la verdad que no hay mucho más para notar.

 a) Lo que sí es importante, en lo que hace a la cronología de todos estos acontecimientos, es reparar en lo que dice Caleb a Josué cuando le pide la ciudad de Hebrón:

 

Jos. XIV, 7-12: “Tenía yo cuarenta años cuando Moisés, siervo de Jehová, me envió desde Cadesbarnea a explorar el país, y yo le referí lo que tenía en mi corazón. Mis hermanos que conmigo habían subido desanimaron al pueblo, pero yo seguí fielmente a Jehová, mi Dios. En aquel día juró Moisés, diciendo: «La tierra que tu pie ha pisado será porción tuya y de tus hijos para siempre; por cuanto has seguido fielmente a Jehová, mi Dios». Y ahora, he aquí que Jehová me ha conservado la vida, como lo prometió, durante los cuarenta y cinco años, desde que Jehová dijo esta palabra a Moisés cuando Israel andaba por el desierto. Mira, tengo actualmente ochenta y cinco años, y todavía hoy estoy tan robusto como estaba en aquel tiempo en que Moisés me envió. La fuerza que tenía entonces la tengo todavía hoy, para luchar, para salir y para entrar. Ahora bien, dame esta montaña de la cual habló Jehová aquel día”.

 

Y acá uno podría preguntarse: ¿y a mí de qué me sirve saber esto?

Bueno, vamos a hacer ahora un poco de matemática:

martes, 21 de octubre de 2025

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis (V de VII)

 Capítulos IX-X

 Pacto con los gabaonitas y

batalla con coalición de reyes

 

Llegamos a los capítulos 9-10, tal vez de los más interesantes, sobre todo el último.

En el cap. 9 sucede algo muy curioso: uno de los pueblos que habitaba la tierra Santa se dijo a sí mismo: “si no hacemos nada, vamos a ser masacrados por los hebreos”, y así, idearon una pequeña estrategia.

Se pusieron ropa vieja y sucia, dejaron crecer sus barbas y cabellos, cargaron pan duro y fueron hasta donde estaba el campamento de Josué en Gálgala. Y al llegar dijeron que eran un pueblo lejano y que hicieran alianza con ellos, que no los mataran, que serían sus esclavos. Josué hizo pacto con ellos sin consultar a Dios, pero luego Dios les dijo quiénes eran y que había sido engañado, pero que debía mantener el juramento que había hecho.

Este pueblo fue agregado al de Israel y se ocupó de los trabajos más humildes: llevar leña y transportar el agua para el Templo.

Hay en este capítulo una frase que por demás interesante. En IX, 8, Josué les pregunta:

 

¿Quiénes sois y de dónde venís?”.

 

Esta misma frase, si no me equivoco, aparece en un solo lugar en toda la Biblia… cuando San Juan tiene la visión en el cielo de los Mártires del Anticristo entrando en procesión al cielo, el ángel le preguntó a san Juan para probarlo:

 

“¿Quiénes son y de dónde han venido?”.

jueves, 16 de octubre de 2025

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis (IV de VII)

 Capítulos VII-VIII

Toma de Hai

 

Bueno, en los capítulos 7-8 vemos el segundo ataque que lanza Israel contra sus enemigos: en este caso, contra el pueblo de Hai. Pero acá ocurre algo único en todo el libro y es que Israel es derrotado en una primera batalla.

Josué lo que hizo fue enviar unos exploradores a Hai y éstos vinieron y le dijeron que era fácil de conquistar, que no era preciso enviar todo el ejército. Cuando atacaron, murieron 36 judíos y el resto del ejército se tuvo que retirar.

Entonces Josué se postró ante Dios y le pidió que, por amor a su nombre y a su palabra, no permitiera que Israel fuera destruido por sus enemigos y entonces Dios le reveló por qué habían perdido la batalla.

Le dijo que uno de los soldados había robado para sí en Jericó algo de lo que debía ser consagrado a Dios y que no iba a triunfar en ninguna batalla hasta tanto no eliminaran de entre el pueblo a esta persona.

La razón por la cual los soldados no podían quedarse con nada en la primera batalla, sino que todo debía ser de Dios, es porque Jericó, al ser la primera ciudad tomada, era como las primicias. Y las primicias pertenecen a Dios. Dios se reservó para Sí todos los despojos, a diferencia de lo que pasó después.

Después de tirar suertes, Acán salió designado como el ladrón y fue lapidado él y toda su familia y luego prendidos fuego. Recién después pudo Israel volver a las batallas.

La estrategia de Josué para tomar Hai fue muy simple. Una parte del ejército fue al otro lado de la ciudad y se escondió, mientras que la otra parte del ejército atacó por el frente como la otra vez, y cuando los habitantes de Hai salieron a hacerles frente, entonces el ejército de Israel huyó y sus enemigos creyeron que iba a pasar lo mismo que la otra vez, por eso salieron todos confiados tras los judíos y dejaron las puertas de la ciudad abiertas, tras lo cual la otra parte del ejército que estaba escondida, entró a la ciudad y la prendió fuego, y cuando vieron los habitantes de Hai el incendio se dieron cuenta lo que habían pasado y que estaban rodeados, y así fueron todos aniquilados.

En estos dos capítulos veo como tipología bíblica dos hechos muy interesantes.

 a) En primer lugar, llama mucho la atención lo que roba Acán… Acán se roba un manto de… Babilonia.

 

Jos. VII, 20-21: “Acán respondió a Josué, diciendo: “Es verdad que he pecado contra Jehová, el Dios de Israel. He aquí lo que he hecho: Vi entre los despojos un hermoso manto de Babilonia, doscientos siclos de plata y una barra de oro de cincuenta siclos de peso; y llevado de codicia lo tomé, y he aquí que está escondido en la tierra en medio de mi tienda, y el dinero está debajo (del manto).”

 

Y la pregunta es: ¿qué hace Babilonia nombrada expresamente en este versículo? Otra vez, ¿justo tenía que ser de Babilonia?

lunes, 6 de octubre de 2025

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis (III de VII)

 b) Batallas: VI-XII

 

Capitulo VI

Toma de Jericó

 

Llegamos por fin al capítulo VI, donde se narra la toma de Jericó, que tiene un montón de cosas raras: la forma en que es conquistado Jericó es totalmente bizarra. Cuando en la Biblia hay algo raro, casi seguro que es señal de que hay “algo más”.

 La historia es la siguiente:

Dios le pidió a Josué que durante seis días diera una vuelta a la ciudad de Jericó junto con todos los soldados y los sacerdotes, los cuales tenían que ir tocando las trompetas delante del arca. Y al séptimo día, tenían que hacer lo mismo, pero siete veces y cuando terminaran, entonces todo el pueblo tenía que gritar.

Los judíos hicieron exactamente eso, y entonces las murallas de Jericó cayeron, los soldados entraron y mataron a todo ser vivo que había ahí, excepto Rahab y los que estaban con ella en su casa.

Luego, todo el oro y las cosas de valor quedó para Dios, o sea para el culto, y a todo lo demás se le prendió fuego.

 

***

 1) Empecemos por Rahab, a quien habíamos dejado más arriba y veamos su aplicación a los últimos tiempos.

miércoles, 1 de octubre de 2025

Dom Adrien Gréa, La Iglesia y su divina constitución, 2 vol. (Reseña)

 Dom Adrien Gréa,

La Iglesia y su divina constitución, 2 vol.

(Reseña)

CJ Traducciones, 2025

 


 La Iglesia y su Divina constitución, vol. I, pp. 403; vol. II, pp. 401.

 Tanto el libro como el autor no necesitan presentación, pues los lectores de este blog los conocen de sobra ya que hemos transcrito este mismo libro en su momento, pero lo que sí necesita algún tipo de justificación es la nueva traducción.

En una pequeña nota al comienzo del primer volumen, el traductor nos indica las dos principales deficiencias de la traducción publicada por Herder: por un lado, las numerosas notas al pie de página de Papas posteriores al autor para corroborar la doctrina expuesta en el cuerpo del libro, notas que, si bien ilustraban la doctrina, volvían un tanto irreconocible la obra salida originalmente de manos de tan ilustre autor; y por el otro lado, y es lo más importante, la traducción de Herder carecía de partes importantes del libro, y es difícil encontrar la razón. Tanto las cartas laudatorias de diversos cardenales y obispos insertadas al comienzo, como los tres apéndices: Textos principales de san Ignacio mártir relativos a la jerarquía, Orígenes del estado, sus relaciones con la religión y la Iglesia y Nota histórica sobre el gobierno episcopal, a lo cual se le podría agregar el prólogo del autor; en total, unas 165 páginas de las casi 800 que suman los dos tomos.

Y no solamente es de lamentar la cantidad de las páginas perdidas como la calidad. Sin dudas, lo más importante es el Apéndice I del tomo 2: Orígenes del estado, sus relaciones con la religión y la Iglesia, un estudio verdaderamente luminoso sobre los dos poderes a través de la historia, desde el mismo Adán hasta Cristo, que incluso explica de forma muy natural algunos inconvenientes de la Biblia como el tema de la esclavitud, y algunas cuestiones más teológicas como la relativa a la existencia de la Iglesia desde la época de Adán.

El libro es realmente un verdadero poema. Lejos de las afirmaciones secas que se encuentran aquí y allá en muchos teólogos, este libro es capaz de elevarnos a contemplar y saborear los mayores misterios en la tierra y en el cielo.

Citado por el Cardenal Billot en su insuperable tratado De Ecclesia, el Eminente Cardenal dirá sobre este libro:

 

“Lo volveré a leer, tanto para mi instrucción como para mi consuelo en el Señor. Hoy en día es tan raro encontrar escritos de una ortodoxia tan pura, y que realicen hasta tal punto el ideal de toda exposición teológica: el Verbo inspirando el Amor”.

 

Excelente libro que merecería estar traducido a las principales lenguas modernas, es presentado completo, por primera vez, al público de habla hispana.

Quiera Dios que la lectura de estas páginas nos ayude a amar cada vez más a la Santa Iglesia “comienzo y razón de todas las cosas”, su jerarquía, vida religiosa y dones internos. 

El libro está disponible en Amazon: vol. I y vol. II.

sábado, 27 de septiembre de 2025

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis (II de VII)

 Capitulo II 

Envío de dos espías a Jericó

 

Ya con el cap. II vamos a empezar a notar cosas muy interesantes.

Josué decide enviar dos exploradores a Jericó, que era la ciudad inmediata que estaba tras el Río Jordán.

Estos exploradores se alojan en la casa de la una prostituta llamada Rahab y por ella se enteran que todos los habitantes de Jericó estaban con mucho miedo de los judíos, porque sabían todo lo que Dios había hecho por ellos en Egipto y también durante su estadía en el desierto, y Rahab hace una hermosa profesión de fe en el Dios de Israel.

Ahora bien, resulta que el Rey de Jericó envió soldados a la casa de Rahab porque se enteró de unos extranjeros que habían entrado en la ciudad, y temía que podían ser judíos. Entonces fue a lo de Rahab y le dijo que los entregara. Pero Rahab les dijo que ya se habían ido, pero no era cierto, sino que estaban escondidos en el techo.

Una vez que los soldados se fueron a buscar a los exploradores, Rahab les dijo que se fueran a la montaña, y que estuvieran ahí algunos días hasta que termine la búsqueda y recién entonces volvieran al campamento, e hicieron un pacto entre ellos. Los judíos le prometieron que Rahab y su casa no iban a ser destruidos y que, para diferenciar su casa de las demás, colgara un cordón rojo en la entrada.

 

***

 

Hay varias cosas aquí dignas de atención.

lunes, 22 de septiembre de 2025

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis (I de VII)

El libro de Josué como imagen del Apocalipsis

 Nota del Blog: Presentamos, levemente modificada para su publicación, el texto de una conferencia. De ahí el tono un tanto diferente al resto de las entradas.


 ***

 El libro de Josué puede dividirse fácilmente en tres partes:

 a) Preparativos: capítulos 1 a 5.

b) Batallas: capítulos 6 a 12

c) Distribución de la tierra conquistada: capítulos 13 a 24.

  

a) Preparativos: I-V

 Capitulo I

 Josué

 

Lo primero que salta a la vista en la vida de Josué es que no se llamaba Josué, sino Oseas, hijo de Nun.

Y uno podría preguntarse ¿y qué importancia tiene que Josué se haya llamado de otra manera antes?

La importancia para este estudio es doble:

 a) Primero, el hecho de cambiarle el nombre: esto que para nosotros parece sin importancia, no lo era para los antiguos, y menos para los judíos, que veían en el nombre sea la substancia de la cosa, sea, en el caso de los seres inteligentes, alguna misión o característica muy importante.

Tenemos en la Biblia varios ej. 

Gen. XVII, 3-6: “Dios siguió diciéndole: “En cuanto a Mí, he aquí mi pacto contigo: tú serás padre de una multitud de pueblos; y no te llamarás más Abram, sino que tu nombre será Abrahán, porque te he puesto por padre de muchos pueblos. Te haré crecer sobremanera, y te haré padre de pueblos, y reyes saldrán de ti.” 

Con lo cual, tenemos:

Abram: Padre excelso

Abraham: Padre excelso de la muchedumbre.

 Y en el N.T. vemos el conocido caso de San Pedro: 

sábado, 13 de septiembre de 2025

Algunas notas a Apocalipsis XXII, 20-21

 Nota del Blog: terminamos, después de mucho andar (¡más de 10 años!), estas notas entresacadas, en su mayor parte, de diversos autores.

 

***

  20. Dice el que testifica estas cosas: “Sí, vengo pronto”. Amén; ven, Señor Jesús.

 Concordancias:

  μαρτυρῶν (El que testifica): cfr. Apoc. I, 2; XXII, 17-18. Ver “testigo” en I, 5 y “testimonio” en I, 2.

 Ναί (): cfr. Apoc. I, 7; XIV, 13; XVI, 7.

 Ἔρχομαι (vengo): cfr. Mt. VIII, 11; XXIV, 11.50; Lc. XII, 46; XIII, 29.35; Jn. VI, 37; Rom. XI, 26; Heb. X, 37; II Ped. III, 10; Apoc. II, 26; III, 3.9; XV, 4; XVIII, 8. Ver Mt. VI, 10; X, 23; XVI, 27-28; XXI, 9; XXIII, 39; XXIV, 30.42-44.46; XXV, 10.13.19.27.31; XXVI, 64; Mc. VIII, 38; IX, 1; XI, 9-10; XIII, 26.35-36; Lc. IX, 26; XI, 2; XII, 36-40.43.45; XIV, 17.62; XVII, 20.22; XVIII, 8; XIX, 13.23.38; XXI, 27; XXII, 18; XXIII, 42; Jn. V, 25.28; VI, 35; VII, 37; XI, 27; XII, 13; XIV, 3.18.23.28; XXI, 22-23; Hech. I, 11; I Cor. IV, 5; XI, 26; I Tes. V, 2; II Tes. I, 10; II Jn. I, 7; Jud. I, 14; Apoc. I, 7; III, 11; XIV, 15; XVI, 15; XIX, 7; XXII, 7.12.17. Ver Hech. II, 20; I Tes. I, 10; Apoc. VI, 17; XI, 18; XIV, 7.

 Ταχύ (pronto): cfr. Lc. XVIII, 8; Rom. XVI, 20; Apoc. I, 1; III, 11; XXII, 7.12. Ver Mt. V, 25; Apoc. II, 16; XI, 14.

 Ἀμήν (amén): cfr. Apoc. I, 6-7; III, 14; V, 14; VII, 12; XIX, 4; XXII, 21.

 Κύριε Ἰησοῦ (Señor Jesús): cfr. Apoc. XXII, 21.

  

Notas Lingüísticas:

Zerwick: “μαρτυρῶν (el que testifica) participio v. 16; aquí no es Juan como en el v. 18, sino Cristo”.

  

Comentario:

 Allo: “Por séptima y última vez, el autor emplea la fórmula ἔρχεσθαι ταχύ (venir pronto) que casi siempre está puesta en boca de Cristo. Esta última advertencia sella todas las demás”.

 Iglesias: “El que atestigua es, en este caso, Jesús”.

 Primasio: “La Iglesia devota responde: “Sí, ven, Señor Jesús”, la cual dice en la oración: “Venga tu reino” (Mt. VI)”.

 Calmet: “Ven, Señor Jesús: Nada temen más los impíos que la venida del Señor; es el comienzo de su suplicio. Los buenos la desean y la piden de todo corazón como el comienzo de su felicidad. Tal era el Salmista, que decía: “Como el ciervo ansía las corrientes de aguas, así mi alma suspira por Ti, oh Dios” (Sal. XLI, 2) y San Pablo (Fil. I, 23): “Tengo deseo de morir y estar con Cristo.

  

21. La gracia del Señor Jesús (sea) con todos los santos. Amén.

 Concordancias:

 Χάρις (gracia): cfr. Jn. I, 14.16-17; Apoc. I, 4.

 Κύριε Ἰησοῦ (Señor Jesús): cfr. Apoc. XXII, 20.

 Ἁγίων (santos): cfr. Mt. XXVII, 52; Hech. IX, 13; XXVI, 10; I Cor. VI, 2; Ef. I, 18; II, 19; III, 18; IV, 12; Col. I, 12; I Tes. III, 13; II Tes. I, 10; Apoc. V, 8; VIII, 3-4; XI, 18; XIII, 7.10; XIV, 12; XVI, 6; XVII, 6; XVIII, 20.24; XIX, 8; XX, 9; XXII, 11. Ver Apoc. XX, 6.

 Ἀμήν (amén): cfr. Apoc. I, 6-7; III, 14; V, 14; VII, 12; XIX, 4; XXII, 20.

  

Comentario:

 Otras versiones agregan “Cristo” o suprimen “Amén” o “los santos”.

 Calmet: “Así como este libro comienza en forma de carta, termina de la misma manera. San Juan, al comienzo del Apocalipsis, deseó a las siete Iglesias, las que están en el Asia: “Gracia a vosotras y paz de “el que Es y el que Era y el que Viene”, aquí la desea a todos los fieles y a todos los que leen el Libro, la gracia del Señor Jesús. Que Dios los llene de las luces de su Espíritu y de las dulzuras de su gracia para conocer el sentido de esta profecía y para sacar de ella motivos de fe, esperanza y consuelo en medio de los males de los que están rodeados”.

sábado, 6 de septiembre de 2025

Algunas notas a Apocalipsis XXII, 18-19

 18. Testifico yo a todo el que oye las palabras de la profecía del libro este: si alguien añade a estas cosas, añadirá Dios sobre él las plagas, las escritas en este libro

 Concordancias:

 Μαρτυρῶ (testifico): cfr. Apoc. I, 2; XXII, 16.20. Ver “testigo” en I, 5 y “testimonio” en I, 2.

 Τῷ ἀκούοντι (el que oye): cfr. Apoc. I, 3.10; II, 7.11.17.29; III, 3.6.13.20.22; IV, 1; V, 11.13; VI, 1.3.5-7; VII, 4; VIII, 13; IX, 13.16; X, 4.8; XII, 10; XIII, 9; XIV, 2.13; XVI, 1.5.7; XVIII, 4; XIX, 1.6; XXI, 3; XXII, 8.17. Ver Mt. VII, 24-27, Lc. VI, 46-49; Apoc. IX, 20; XI, 12; XVIII, 22-23.

 Λόγους (palabras): cfr. Mt. VII, 24.26; X, 14; XIII, 19-23; Mc. II, 2; IV, 14-20.33; VIII, 38; XVI, 20; Lc. VI, 47; V, 1; VIII, 11-13.15.21; IX, 26; XI, 28; Jn. V, 24.38; VIII, 31.37.43.51-52.55; XII, 48; XIV, 23-24; XV, 3.20; XVII, 6.14.17.20; Hech. II, 41; IV, 4.29.31; VI, 2; VIII, 4.14.25.36; XI, 1.19; XIII, 5.7.44.46.48; XIV, 25; XV, 7.35-36; XVI, 6.32; XVII, 11; XVIII, 11; XIX, 10; XX, 32; Fil. I, 14; II, 16; Col. I, 5.25; IV, 3; I Tes. I, 6; II, 13; II Tim. II, 11.15; IV, 2; Tito I, 3; Heb. II, 2; IV, 2; XIII, 7; Sant. I, 18.21-23; I Ped. II, 8; II Ped. I, 19; I Jn. I, 10; II, 5.7.14; Apoc. I, 2-3.9; III, 8.10; VI, 9; XII, 11; XVII, 17; XIX, 9.13; XX, 4; XXI, 5; XXII, 6-7.9-10.19.

 Προφητείας (profecía): cfr. Apoc. I, 3; XI, 6; XIX, 10; XXII, 7.10.19.

 Βιβλίου (libro): cfr. Lc. IV, 17.20; Jn. XX, 30; XXI, 25; Gál. III, 10; Heb. IX, 19; X, 7; Apoc. I, 11; V, 1-5.8-9; VI, 14; X, 8; XIII, 8; XVII, 8; XX, 12; XXI, 27; XXII, 7.9-10.19.

 Ἐπιθῇ/ ἐπιθήσει (añade/añadirá): Hápax en el Apocalipsis.

 Πληγὰς (plagas): cfr. Lc. X, 30; XII, 48; Apoc. IX, 18.20; XI, 6; XIII, 3.12.14; XV, 1.6.8; XVI, 9.21; XVIII, 4.8; XXI, 9.

 Γεγραμμένας (escritas): cfr. Apoc. I, 3.11.19; II, 1.8.12.18; III, 1.7.14; XIV, 13 (segunda Bienaventuranza – Mártires del Anticristo); XIX, 9; XXI, 5; XXII, 19. Ver Apoc. X, 4.

  

Notas Lingüísticas:

 Bartina: “El verbo ἐπιθήσει, “añadir”, significa, además, “imponer” (Hech. XVI, 23). Este sentido caería mejor aquí, donde se ha buscado un juego de palabras difícil de traducir al español”.

 

 Comentario: