sábado, 5 de febrero de 2022

El Tiempo legítimo de la Inmolación de ambos Corderos: El Típico y el Verdadero, por Fray Luis de León (XV de XVI)

 ARTÍCULO VIII 

V Proposición 

El Concilio de Nicea no tuvo la intención de impedir

que lo que hoy llamamos la fiesta de la Pascua

cayese el día de la Pascua de los Judíos 

Mis razones son: 

1. Que eso no se vé ni en Eusebio, ni en Sócrates, ni en lo que tenemos del Concilio de Nicea. 

2. Que los cuartodecimanos, en cuya ocasión se hizo el decreto de Pascua en el Concilio, jamás habían celebrado lo que llamamos la Fiesta de la Pascua, el día que los judíos celebraban la de ellos. Es lo que he probado invenciblemente en el segundo artículo de esta disertación. 

3. Por último, en la carta que Constantino escribió a las Iglesias sobre el decreto del Concilio, en donde dice que todos acordaron hacer la fiesta de la Pascua al mismo tiempo, y a no basarse en las costumbres de los judíos, Constantino, digo, no habla de la fiesta de la Resurrección, sino sobre la de la Pasión, como se vé por los dos pasajes de esa carta que he citado y que repito aquí. 

En primer lugar, dice, ha parecido a todos indigno de seguir en la celebración de esta santísima fiesta la costumbre de los Judíos… es pertinente seguir la manera que hemos seguido hasta ahora desde el día que se celebró por primera vez la Pasión del Salvador. 

Además de eso, agrega, hay que reflexionar que es contra toda razón no ponerse de acuerdo en un asunto de semejante importancia y en la celebración de una fiesta tan grande. Nuestro Salvador no nos ha dejado más que una fiesta que es el día de nuestra Redención, es decir, de su santísima Pasión. Quiso que no hubiera sino una Iglesia Católica, cuyos miembros, aunque dispersos en diversos lugares, estuvieran animados del mismo espíritu”[1]. 

De forma que si el Concilio de Nicea tuvo la intención impedir que algunas fiestas de los Cristianos se solemnizara el día que los judíos hacían sus fiestas de Pascuas, no fue lo que hoy en día llamamos la fiesta de la Pascua, sino la que llamamos la Pasión. 

Pero digo además que el Concilio no tuvo intención de prohibir ni lo uno ni lo otro. Y esa es mi sexta proposición. 

 

ARTÍCULO IX 

VI Proposición: pruebas 

Tomo las pruebas de las prácticas de las iglesias Católicas desde el Concilio de Nicea, después que recibieron el decreto. 

En primer lugar, cuando la luna llena del equinoccio caía en jueves, siempre se hizo la Pascua el viernes para hacer la fiesta de la Resurrección el domingo. Pero celebrar, en este caso, la Pasión el viernes, es celebrarla el quince de la luna, que es el día en que los judíos hacen su fiesta de la Pascua. Por lo tanto, la práctica de la Iglesia muestra que el Concilio de Nicea no pretendió impedir a los Cristianos hacer la fiesta de la Pasión el día de la fiesta de la Pascua de los judíos. 

Lo mismo cuando el catorce de la luna caía un sábado 21 de marzo, la fiesta de la Resurrección se hace al día siguiente, es decir, el quince de la luna y, por lo tanto, el día de la fiesta de Pascua de los judíos. Por lo tanto, la Iglesia no cree que hacer nuestra Pascua el día de la fiesta de los judíos es obrar en contra del decreto de Nicea. 

Es cierto que los judíos del tiempo del Concilio de Nicea, antes y después del Concilio, hacían a veces por error su Pascua antes del equinoccio: Eusebio, Sócrates, Sozómeno, San Epifanio y el testimonio de diversos Concilios no permiten dudar de ello; pero es cierto también que a veces hacían esta fiesta después del equinoccio y era en este caso que los Cristianos podían coincidir con ellos, sea para el día de la Pasión, sea para el día de la Resurrección. Pero jamás se creyó, ni en Roma ni en Egipto que, siendo las dos reglas para la celebración de la Pascua, obraban en contra de la intención del Concilio de Nicea cuando los días caían de esa manera. 

Es siguiendo este principio y costumbre que dice San Epifanio, al disputar contra los audianos, que la Iglesia Católica hace la fiesta de la Pascua el domingo siguiente después del catorce de la luna, sea que ese catorce caiga en lunes, martes, miércoles, jueves, viernes o sábado con tal que no sea anterior al equinoccio. Pero, como acabo de decir, si caía en jueves, la Pasión se celebrará cuando los judíos hacen su fiesta de Pascua, es decir, el quince de la luna; si cae en sábado, se hará la fiesta de la Pascua entre nosotros el mismo día que ellos hacen la suya, con tal que hagan su Pascua después del equinoccio.

  

ARTÍCULO X 

VII Proposición 

Todo lo que el Concilio pretendió regular entre los Cristianos en relación con los Judíos, es que la Pascua de los Cristianos fuera completamente independiente de la de ellos, que no tuvieran en cuenta el tiempo en que la hacían, ni a sus cálculos, ni a sus ciclos, si es que los usaban 

Es todo lo que Constantino dijo y quiso decir en su carta a las Iglesias, en la que habla de esta manera: 

Es algo indigno, dice, seguir en la celebración de esta santísima fiesta, la costumbre de los Judíos. Es contraria a toda razón darles lugar a que se vanaglorien que sin su ayuda y dirección no sabemos cómo hacer para celebrar esta fiesta, etc.”. 

Esto es todo lo que el Concilio pretendió prescribir a las iglesias con relación a los judíos. 

Pero su principal intención fue la de unificar todo. Por eso ordenó que no se celebrara la Resurrección sino el domingo, mientras los cuartodecimanos la celebraban a veces un día y a veces otro, según cayera el día de su Pascua o el catorce de la luna. Además, ordenó que no se celebrara antes del equinoccio y, por último, que no se terminara el ayuno Pascual antes de la noche del Domingo de Resurrección, pues con respecto a la hora de terminar el ayuno, la práctica desde el Concilio de Nicea fue diversa según las iglesias.


 [1] Eusebio, Vida de Constantino, l. 3, cap. 18.