martes, 28 de agosto de 2012

Una hermosa poesía

   Nota del Blog: Aunque esta bella poesía es para las Pascuas, sin emabrgo, habiéndo dado con ella hace muy poco, no podemos esperar hasta el año que viene para publicarla.
   Esta pieza apareció en la Revista Bíblica de Straubinger, año 1950, pag. 17. La traducción es de Juan Ruta.

G. von Le Fort


PASCUA

Oí una voz en la noche;
voz grande como el aliento de la tierra,
la cual dijo:
“¿Quién quiere llevar la corona del Salvador?”
Y mi amor habló y dijo: “Señor, yo la llevaré”.
Y llevaba la corona en mis manos,
y mi sangre corrió sobre mis dedos heridos por negras espinas.

Volvió a hablar la voz y dijo:
“Debes llevar la corona sobre la cabeza”.
Mi amor contestó: “Sí, la llevaré”.
Entonces coloqué la corona sobre mi frente;
y cayó sobre ella un rayo de luz,
blanco como el agua de los montes.

La voz continuó hablando y dijo:
“Mira, las negras espinas han florecido”.
Entonces la luz fluyó de mis sienes,
Se hizo ancha como una corriente de agua,
y llegó a mis pies.
Estremecida de miedo, pregunté:
“Señor, ¿dónde quieres que lleve la corona?”.

Y la voz respondió: “Llévala a la vida eterna”.
Yo dije: “Señor, es una corona de sufrimientos;
déjame morir de ella”.
Pero la voz contestó: “-¿No sabes que el dolor es inmortal?
Yo he transfigurado lo que no muere”.
¡Cristo ha resucitado!


Gertrud von Le Fort


lunes, 27 de agosto de 2012

Lacunza y el contenido del Libro Sellado (Apoc. V)

 Nota del Blog: el siguiente texto está tomado del Fenómeno VIII, Párrafo VI, bajo el subtítulo “Observaciones de este libro que abre el Cordero”, de la monumental obra "La Venida del Mesías en Gloria y Majestad". La respuesta, como es usual en Lacunza, es del todo sencilla y llana. Como lo indica el autor, el contenido del Libro es de gran ayuda para entender el resto del Apocalipsis y creemos, sin duda alguna, que la exégesis del gran Jesuita chileno es la verdadera, aunque no dudamos en plantear nuestras objeciones o discrepancias cuando lo creemos necesario.    Dios quiera que estas líneas redunden en un mayor aprecio por la obra del P. Lacunza y también en un mayor entendimiento del último de los Libros Sacros.
   Todas las notas son nuestras.


El Cordero con el Libro de los Siete Sellos


  “Llegando aquí, parece naturalísimo el deseo de saber (con aquella ciencia, a lo menos, que nos es posible en el estado presente) ¿qué libro es este que en aquel Consejo extraordinario se pone en manos del Cordero, tan cerrado y tan sellado, que ninguna pura criatura es digna ni capaz de abrirlo, sino Él sólo? ¿Qué libro es este que el Cordero recibe inmediatamente de la diestra de Aquel que estaba sentado en el trono; que abre allí mismo en medio de toda aquella numerosa y venerable asamblea; que la llena toda, con sólo abrirlo, de tanto regocijo y alegría, que no cabiendo en el cielo, se difunde a todas las criaturas del universo? Sin duda debe figurarse y significarse por este libro alguna cosa muy grande; pues las resultas de su apertura son tan grandes, tan extraordinarias y tan nuevas. Yo confieso que siempre he tenido el mismo deseo, pareciéndome que una vez que esto se entendiese, sería ya fácil sacar muchas y muy útiles consecuencias. Lo que sobre esto hallo en los intérpretes, hablando francamente, no me satisface; o porque no entiendo lo que quieren decir, o porque no le hallo proporción alguna con lo que dice el texto sagrado. ¿Quién podrá persuadirse, por ejemplo, después de haber considerado el texto con todo su contexto, que el libro de que aquí se habla es la misma Escritura divina? ¿Cómo y a qué propósito? Ésta, dicen oscuramente, se abrió, o se entendió con la muerte y resurrección de Cristo. Y no obstante esta supuesta apertura, digo yo: los doctores han trabajado infinito en buscar la inteligencia de la misma Escritura, diciendo las más veces unos una cosa, y otros, otra cosa sobre un mismo lugar. ¿Quién podrá persuadirse que el libro de que aquí se habla es el mismo libro del Apocalipsis? ¿Cómo, y a qué propósito, cuando es cierto que no había tal libro en el mundo, en el tiempo que San Juan tuvo esta visión? Y aun prescindiendo de este anacronismo, ¿el libro del Apocalipsis es el que recibe el Cordero de mano de Dios, el que abre delante de todos los ángeles y santos, el que con su apertura llena de júbilo y regocijo al cielo y a la tierra?

domingo, 26 de agosto de 2012

La Mujer Eterna, Cap. II, Cuarta Parte


El proceso creador entre el hombre genial y la mujer se repite después  en todas las formas comunes de la vida cultural. En ese sentido la historia de las órdenes católicas como portadores de cultura -y de cultura tratamos aquí- son muy notables. El mysterium caritatis se encuentra en las grandes amistades religiosas de San Francisco con Santa Clara, de San Juan de la Cruz con Santa Teresa de Ávila, de San Francisco de Sales con Santa  Francisca  de Chantal, e igualmente  se encuentra en las fundaciones que van unidas a aquellos nombres. La esencia del misterio no es sólo amor, sino también caridad. Toda orden importante portadora de la cultura ha buscado complemento en la orden femenina y lo ha encontrado. El opus Dei del benedictino que como alabanza a Dios representa la imprescindible condición y a la vez el sentido de toda cultura, no hubiera realizado nunca su fin de ser alabanza representativa de toda la creación si  faltara la voz de la mujer en su coro. La orden de los franciscanos que opuso la nueva directriz espiritual del amor y la pobreza a una cultura que se asfixiaba en su exuberancia, por sus ideales dependió de la disposición y corazón de la mujer. La severidad espiritual y la mística de santo Domingo encuentra su más elevada realización, no sólo en la ideología de Santo Tomás de Aquino o en la profundidad del maestro Eckhardt, sino también en la obra de Santa Catalina de Siena. Pero el Carmelo que en nuestro sentido significa la libertad interna de la cultura y señala con ello el lugar adecuado a la cultura, es decir, que la protege del peligro de la idolatría, por su íntima relación con María ya se basaba en la participación de la mujer. Incluso la Compañía de Jesús, que no buscó la correspondiente rama femenina -por cuanto era portadora de la última cultura de raigambre europea, el barroco- tuvo que encontrarla contra su voluntad. Como preveía San Ignacio, la correspondencia de todas maneras nunca podría ser perfecta en una orden femenina. Las fundaciones femeninas que se apoyaron en los ideales educativos de los jesuitas sólo presentaron algunos de sus rasgos.  Así como en el Carmelo se encuentra la silenciosa capacidad de sufrimiento de la mujer, tenemos aquí la callada, pero heroica defensa del mundo cristiano por la mujer. Así es cómo sobre  esta orden tan alejada del ideal de familia conventual se cierne el mysterium caritatis.

sábado, 25 de agosto de 2012

La Mujer Pobre, último capítulo.

"Clotilde tiene hoy cuarenta y ocho años, aunque demuestra no menos de un siglo. Más hermosa que antes, se parece a una columna de plegarias, la última columna de un templo derruído por los cataclismos.
Sus cabellos se han vuelto completamente blancos y los ojos, quemados por las lágrimas que han puesto surcos en su rostro, apenas conservan su brillo. Nada ha perdido de sus fuerzas, sin embargo.
Casi nunca se la ve sentarse. Siempre en camino de una iglesia a otra, de un cementerio a otro, no se detiene sino para arrodillarse, y se diría que no conoce otra actitud.
Tocada sólo con la capucha de un largo manto negro que llega hasta el suelo, y desnudos en las sandalias los invisibles pies, una energía más que humana la sostiene desde hace diez años, sin que ni el frío ni la tempestad la amedrenten. Su domicilio es el de la lluvia que cae.
No pide limosna. Se limita a recibir con una dulce sonrisa lo que le ofrecen, y lo da en secreto a los desdichados.

viernes, 24 de agosto de 2012

El Nuevo Salterio Latino


Nota importante del Blog: después de pensar por algún tiempo, hemos decidido publicar el siguiente artículo del P. Bea sobre la nueva traducción del Salterio. Decimos que nos hemos decidido porque no se nos oculta ni la resistencia que la misma ha tenido y tiene aún hoy en ciertos ámbitos, como así tampoco el hecho de cuán nefasto terminó siendo Bea, cuya vera máscara pudo apreciarse allá por los ´60. Sin embargo, ni lo uno ni lo otro nos parecen razones suficientes para no publicar el artículo en cuestión y esto por varios motivos. En lo que respecta al autor nada tenemos que decir excepto dos cosas: por un lado que Bea no fue el único traductor sino que a su lado estaban otros cinco grandes escrituristas (Vaccari, Zorell, Merk (a la sazón confesor de Pío XII), Semkowski y Kobert) y por otro lado, aunque hubiera sido el único, no debemos mirar quién lo dice sino lo-que dice. En cuanto a las críticas que hemos leído y/o escuchado al respecto ninguna ataca la traducción en sí sino otros aspectos completamente ajenos a la misma, con lo cual creemos del todo inútil discutir esos puntos. Sólo estaremos dispuestos a discutir, caso que alguien quisiera hacerlo, o la oportunidad/necesidad de la traducción o la traducción en sí misma.
Además, no es preciso ser un traductor para saber cuán imperfecta es una traducción de una traducción, como es el caso de los Salmos de la Vulgata, que dependen de los LXX. Creemos que con esta medida, que seguramente hubiera sido introducida poco a poco en el resto de la liturgia (como de hecho comenzó a hacerse) el gran Pío XII realizó uno de los actos más importantes no sólo de su pontificado sino, audemus dicere, de los últimos siglos de la Iglesia, en lo que respecta a la Liturgia y a las SSEE.
Podríamos transcribir, sea otros artículos del mismo Bea donde desarrolla varios de los puntos tratados aquí, sea artículos de otros autores en defensa del Nuevo Salterio pero nos parece que con esto será suficiente.
No queremos cerrar esta larga nota sin antes hacer mención de otro argumento en pro desta traducción directa del original y es que, siguiendo a grandes exégetas como Lacunza y Caballero Sánchez, creemos que muchos (si es que no son todos) los Salmos tienen un viso profético y que se refieren ora a la última Semana escatológica, ora al Milenio mismo. Con esto en mente, es fácil comprobar cuán importante es para el exégeta Católico una traducción lo más fielmente posible al original hebreo.

Fuente: Revista Bíblica, 1948, pag. 2 ss.
Autor: Agustín Bea, Rector del Pontificio Instituto Bíblico de Roma.



 Todos saben que S. Jerónimo era un excelente conocedor de la lengua latina; basta leer sus cartas para convencerse de ello; que educado en la escuela de los mejores autores latinos, miraba en sus escritos la elegancia del estilo y la belleza de la lengua: "Eadem interprtandi sequenda est regula, ut ubi non sit damnum in sensu, linguae, in quam transferimus, euphonia et proprietas conservetur”. En otro lugar dice: ''Et hoc nos sequimur, ut ubi nulla est de sensu mutatio, latini sermonis elegantiam conservemus[1]. Sería, pues, vana presunción querer superar al Santo Doctor en el lenguaje y en el estilo latino. Pero no se debe olvidar que S. Jerónimo en la traducción de la S. Escritura no estaba del todo libre para seguir sus inclinaciones lingüísticas y retóricas, esto muy especialmente en los Salmos. El texto de los Salmos era tan familiar a los fieles de lengua latina, que el traductor no podía atreverse a introducir nuevos cambios y debía resignarse a conservar no poco de la antigua versión latina entonces en uso, como dice él mismo: ''Et nos emendantes olim Psalterium, ubi sensus ídem est veterum interpretum consuetudinem mutare noluimos, ne nimis novitate lectoris studium terremus''.[2]

miércoles, 22 de agosto de 2012

El Problema Judío a la Luz de la Sagrada Escritura (II y última Parte)

Autor: Mons. J. Straubinger
Fuente: Revista Bíblica, 1949, pag. 99 ss
Primera Parte AQUI
Respeto a la Palabra de Dios.
Un judío ha sido fotografiado cuando,
con cabeza cubierta por el tallith,
muestra su respeto a los rollos de la 
Ley que se hallan guardados allí.
VI

Como se ve, las profecías del Antiguo Testamento respecto del porvenir de Israel son muy complicadas. Parecen referirse no solamente a su conversión, sino también a su restauración como nación. Claro está que, como dice San Pablo, las promesas de Dios en favor de su pueblo son irrevocables (Rom. 11, 29), es decir, se cumplirán indefectiblemente. Pero, ¿tenían ellas realmente carácter incondicional o sólo condicional? Si eran incondicionales, no faltará su cumplimiento; si en cambio eran condicionales, su cumplimiento debe estar vinculado a la conversión de Israel. Realizándose ésta, han de realizarse también las promesas. Ahora bien, San Pablo nos dice que la futura conversión de los judíos es cosa segura; no hay, pues, ningún obstáculo que se oponga al cumplimiento de las demás promesas y vaticinios acerca de Israel.[i]

martes, 21 de agosto de 2012

La Iglesia Católica y la Salvación, por J.C. Fenton. Capítulo II (I de III)

II

LA BULA UNAM SANCTAM


El segundo de los ocho documentos del magisterio eclesiástico de los que nos estamos ocupando es la famosa Bula Unam sanctam, promulgada por Bonifacio VIII el 18 de Noviembre de 1302. Tanto el pasaje que abre como el que cierra este pronunciamiento pontifical contienen declaraciones muy importantes sobre este dogma.
La sección con la que se abre la Unam sanctam afirma el dogma mismo y agrega algunas cosas que no se encuentran en ninguna declaración previa de la Iglesia docente.

“Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica, y nosotros firmemente la creemos y simplemente la confesamos, y fuera de ella no hay salvación ni perdón de los pecados, como quiera que el Esposo clama en los cantares: Una sola es mi paloma, una sola es mi perfecta. Única es ella de su madre, la preferida de la que la dio a luz [Cant. 6, 8]. Ella representa un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la cabeza de Cristo, Dios. En ella hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo [Eph. 4, 5]. Una sola, en efecto, fue el arca de Noé en tiempo del diluvio, la cual prefiguraba a la única Iglesia, y, con el techo en pendiente de un codo de altura, llevaba un solo rector y gobernador, Noé, y fuera de ella leemos haber sido borrado cuanto existía sobre la tierra.
Mas a la Iglesia la veneramos también como única, pues dice el Señor en el Profeta: Arranca de la espada, oh Dios, a mi alma y del poder de los canes a mi única [Ps. 21, 21]. Oró, en efecto, juntamente por su alma, es decir, por sí mismo, que es la cabeza, y por su cuerpo, y a este cuerpo llamó su única Iglesia, por razón de la unidad del esposo, la fe, los sacramentos y la caridad de la Iglesia. Ésta es aquella túnica del Señor, inconsútil [Ioh. 19, 23], que no fue rasgada, sino que se echó a suertes. La Iglesia, pues, que es una y única, tiene un solo cuerpo, una sola cabeza, no dos, como un monstruo, es decir, Cristo y el vicario de Cristo, Pedro, y su sucesor, puesto que dice el Señor al mismo Pedro: Apacienta a mis ovejas [Ioh. 21, 17]. Mis ovejas, dijo, y de modo general, no éstas o aquéllas en particular; por lo que se entiende que se las encomendó todas. Si, pues, los griegos u otros dicen no haber sido encomendados a Pedro y a sus sucesores, menester es que confiesen no ser de las ovejas de Cristo, puesto que dice el Señor en Juan que hay un solo rebaño y un solo pastor [Ioh. 10, 16].
[1]

lunes, 20 de agosto de 2012

El Problema Judío a la Luz de la Sagrada Escritura (I Parte)

   Nota del blog: Publicamos en dos partes este interesantísimo estudio del docto Obispo Alemán sobre Israel. Excepto por pequeñísimos detalles accidentales, hacemos nuestras todas y cada una de las palabras plasmadas aquí. 
   A la espera que muchos Católicos puedan comenzar a entender que el problema judío es ni más ni menos que un misterio, (tema largamente tratado, por otra parte, por L. Bloy en su "La Salvación por los Judíos") hemos decidido presentar este estudio, disminuyendo al mínimo las notas propias pues sabemos que si quisiéramos escribir todo cuanto nos viene a la mente habría que hacer otro estudio.

Segunda parte AQUI

Autor: Mons. J. Straubinger
Fuente: Revista Bíblica, 1949, pag. 99 ss

Mons. J. Straubinger

I

En general la Historia mide al pueblo judío con la misma medida que a las otras pequeñas naciones y razas, y como para dejar constancia de su insignificancia le dedica en sus copiosos volúmenes apenas unas pocas páginas. Nada más comprensible que esto, pues comparado con los demás pueblos de la Antigüedad el de Israel se mostró tan inactivo y falto de poderío, que muchos escritores no tuvieron conocimiento de su existencia, o por lo menas no lo mencionan en sus libros. Los modernos sí lo conocen, pero debido a su modo de juzgar a todos los pueblos con el mismo criterio, les escapa la posición singular de aquel pueblo, cuya fuerza vital está por encima de todo criterio humano y cuyo destino es como ''el reloj de Dios a través de la historia''.
Es muy fácil considerar el problema judío exclusivamente desde el punto de vista económico, nacional o político, y señalar los peligros que la actividad comercial y financiera de los judíos implica para los pueblos cristianos; mas fácil aún es instigar los sentimientos nacionales contra un pueblo que goza de las ventajas del internacionalismo y vive entre todas las naciones sin asimilarse a ninguna; pero con tal método no se resuelve la cuestión judía, ni siquiera se da comienzo a su solución.
La solución está en otro plano. Los judíos del Antiguo Testamento fueron el ''pueblo elegido'', la ''porción escogida'', la ''nación santa'' (Ex. 19, 5-6), ''el hijo primogénito'' (Ex. 4, 22), portadores y transmisores de la Revelación (Rom. 3, 2), no a causa de sus méritos, sino en virtud del libre beneplácito de Dios que elige a quien quiere (Rom. 9, 11 y 18); pero una vez escogidos no están ya sometidos a las leyes ordinarias de la historia, sino que andan por los caminos extraordinarios de la divina Providencia, que los ha mantenido hasta hoy en evidente contraste con lo que pasa con otros pueblos.

domingo, 19 de agosto de 2012

La Mujer Eterna, Cap. II, Tercera Parte

Pero en la idea de colaboración se da una visión más amplia. La doctrina de la Iglesia desemboca, por un lado, de la virgo a la idea de la sponsa Christi, y  por otro lado a la sponsa del hombre. El mismo misterio que se cierne sobre la consagración de las vírgenes vimos que se cierne también sobre la misa de esponsales. ”Señor Dios nuestro -leemos en una antigua oración nupcial- Tú has querido que la procreación de las generaciones una sea creada de la otra por el mysterium caritatis” El mysterium caritatis que aquí se comprende como misterio de creación, significa en el lenguaje profano el significado creador de la polaridad entre fuerza masculina y femenina. Toda vida se basa en el principio de su cooperación; su campo de acción se extiende por todo el universo. Bajo este campo de acción de la polaridad se encuentra también el ámbito de la creación cultural espiritual. O sea, que ya no se trata de la obra independiente de la mujer en la cultura, sino de su papel en la cooperación con el hombre, su papel dentro de la obra de él: se trata de la aceptación de un mysterium caritatis también en el orden espiritual cultural, se trata del carácter nupcial de la cultura.

sábado, 18 de agosto de 2012

“En cuanto al día aquel nadie lo sabe… ni el Hijo”

Icono griego de la Segunda Venida

Este famoso pasaje ha dado que hablar durante muchos siglos. Herejes como los arrianos no dudaron usarlo como argumento en defensa de la negación de la divinidad de Jesucristo, y es que, en efecto, la objeción tenía visos de realidad, pues ¿cómo afirmar que Dios puede desconocer algo? Sin embargo, estas palabras de Jesús han sido una piedra de escándalo también en nuestros días y lo hemos visto reflejado en protestantes que podríamos catalogar como conservadores. Esto prueba, una vez más, cuán importante es poseer un cuerpo sólido de teología y cuán relacionadas están entre sí las diversas materias y dogmas.

El texto en cuestión es el siguiente:

viernes, 17 de agosto de 2012

Un interesante estudio sobre la cuestión sinóptica. IV Parte (última)


¿Bernabé, clave de la solución del problema sinóptico?


Autor: José María Bover, S.J.
Fuente: Estudios Bíblicos, tomo III, 1944, pag. 55 ss.


IV. Versión Griega de San Mateo


Es un fenómeno raro y curioso que los críticos, tan pródigos generalmente en lanzar las más atrevidas conjeturas, hayan estado tan parcos en aventurar hipótesis sobre el autor de la versión griega de San Mateo. En Bernabé especialmente nadie ha pensado. Y esto que parece que su nombre se había de venir a la pluma. Las condiciones personales del traductor las expresó acertadamente Cornely, al decir: ''Primum quidem interpretem… inter Iudaeos conversos esse quaerendum... translationem apostolica aetate factam esse,… Quare minime erraverunt, qui Apostolum aliquem vel apostolicum saltem virum interpretem esse coniecerunt” (Hist. et crit. introd. in U. T. libros sacros, vol. 3, introd. spec. in singulos N. T. libros, ed. 2, n. 15, p. 42). Versión hecha en la edad apostólica por un judío converso, probablemente Apóstol o varón apostólico: esto es todo lo que suele decirse. En cuanto al nombre del traductor es frecuente acogerse al dicho de San Jerónimo: ''Non satis certum esse, quis illud in graecum transtulerit'' (ML 23. 613). Veamos si en la tradición hallamos algunos datos que nos pongan en la pista. Las condiciones señaladas por Cornely cuadran admirablemente a Bernabé; pero esto sólo prueba que él pudo ser el autor de la versión. ¿Lo fue en realidad?
No pocos habrán reparado en el final de la sexta lección de Maitines de la fiesta de San Bernabé, en que se dice: ''Eius corpus Zenone imperatore repertum est in insula Cypro; ad cuius pectus erat Evangelium Matthaei, Barnabae manu conscriptum''. Coincide con el Martiroilogio Romano a 11 de junio: ''Cuius corpus tempore Zenonis imperatoris ipso revelante repertum est una cum codice Evangelii Matthaei sua manu descripto''. Esta doble autoridad, del Breviario y del Martirologio, no es despreciable; pero no suele dejar satisfechos a los críticos. Además, no se ve cómo de este hecho pueda colegirse haber sido Bernabé el autor de la versión de San Mateo. Convendrá, pues, examinar atentamente estos dos puntos.

lunes, 13 de agosto de 2012

Un interesante estudio sobre la cuestión sinóptica. III Parte

Autor: José María Bover, S.J.
Fuente: Estudios Bíblicos, tomo III, 1944, pag. 55 ss.

San Marcos


 III. Predicación Romana y Evangelio de San Marcos


1. Bernabé y la predicación oral romana.

En la predicación oral de San Pedro en Roma, de donde se derivó directamente el segundo Evangelio, hemos de distinguir dos elementos: el contenido y la forma.
En el contenido, no tuvo, naturalmente, ninguna parte activa Bernabé; mas no hay que olvidar que este mismo contenido evangélico, histórico y doctrinal es el que recibió Bernabé ya desde los primeros momentos, y que él fue quien lo transplantó fielmente a Antioquía. Ese contenido era sustancialmente el mismo que el de la predicación oral de Bernabé.
En cuanto a su forma, es decir, su expresión griega, hay que recordar lo establecido anteriormente, es decir, que, según todas las probabilidades, Bernabé fue quien ya en Jerusalén helenizó la catequesis de San Pedro. De todos modos, al ser enviado oficialmente a Antioquía, allí predicó en griego lo que en Jerusalén predicaba en arameo. Y esta catequesis helenizada, con la recurrente repetición, había adquirido suficiente fijeza cuando San Pedro fue a Antioquía, y a ella naturalmente se acomodó, como que, en definitiva, no era otra cosa que su propia predicación aramea. Pedro, humilde como era, y menos helenista que Bernabé, se apropió la forma griega de Antioquía, que, continuada después entre los gentiles, cristalizó por fin en la forma romana, que fue la que Marcos transcribió en el segundo Evangelio.


sábado, 11 de agosto de 2012

Un interesante estudio sobre la cuestión sinóptica. II Parte

¿Bernabé, clave de la solución del problema sinóptico?


Autor: José María Bover, S.J.
Fuente: Estudios Bíblicos, tomo III, 1944, pag. 55 ss.


II. Predicación Antioquena y Evangelio de San Lucas

Mucho más patente y decisiva es la acción de Bernabé en la predicación oral antioquena y su influencia en el tercer Evangelio: que serán los dos puntos que preferentemente vamos a estudiar. Otro punto, de suyo no menos interesante, pero más obvio y conocido, cual es la relación de Bernabé con San Pablo, que tanta parte tuvo en la predicación antioquena y cuya catequesis oral es la base del Evangelio redactado por su discípulo San Lucas, lo omitiremos casi en absoluto, contentos con conocer las relaciones directas de Bernabé con la predicación oral y con la redacción escrita.

1. Bernabé y la predicación oral antioquena

Oigamos la narración de los Hechos Apostólicos: “Los (fieles) que habían sido dispersados por la tribulación acaecida con motivo (de la muerte) de Esteban, pasaron hasta Fenicia y Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra sino a sólo los judíos. Había alguno de entre ellos, ciprios y cirenenses, que, venidos a Antioquía, hablaban también a los griegos, anunciando al Señor Jesús. Y andaba con ellos la mano del Señor. El rumor de esto llegó a oídos de la Iglesia que estaba en Jerusalén, y enviaron a Bernabé hasta Antioquía; el cual como llegó y vio la gracia de Dios, se gozó y exhortaba a todos a perseverar en el propósito del corazón, fieles al Señor; porque era hombre bueno y lleno de Espíritu Santo y de fe. Y se agregó crecida muchedumbre al Señor. Y salió para Tarso con el objeto de buscar a Saulo; y habiéndole hallado, le condujo a Antioquía. Y fue así que durante un año entero estuvieron ellos juntos en la Iglesia y enseñaron a notable muchedumbre, y en Antioquía, por primera vez fueron los discípulos llamados cristianos” (11, 19-26). Detengámonos unos momentos.

viernes, 10 de agosto de 2012

La Iglesia Católica y la Salvación, por J.C. Fenton. Capítulo I

I
EL CUARTO CONCILIO ECUMÉNICO DE LETRÁN


En Firmiter, el primer capítulo de las declaraciones doctrinales del Cuarto Concilio de Letrán, encontramos la siguiente declaración: ““Una sola es la Iglesia universal de los fieles fuera de la cual absolutamente nadie se salva”.[1]
Esta fórmula presenta una singular semejanza con la que se encuentra en la profesión de fe prescripta por Inocencio III en 1208 para los Valdenses que querían retornar a la Iglesia: “De corazón creemos y con la boca confesamos una sola Iglesia, no de herejes, sino la Santa, Romana, Católica y Apostólica, fuera de la cual creemos que nadie se salva[2].
Cada uno de estos documentos presenta tres proposiciones diferentes como verdades realmente reveladas por Dios, y por lo tanto como enseñanzas que los hombres están obligados a aceptar con asentimiento de fe divina. Por una implicancia inmediata y necesaria estas proposiciones condenan como heréticas las enseñanzas contradictorias a estos tres dogmas de fe Católica. Estas verdades de fe afirman:

1) Es una verdad divinamente revelada que hay sólo una verdadera ecclesia o Iglesia de Dios.
2) Es una verdad divinamente revelada que esta verdadera ecclesia es la Iglesia Católica, aquella unidad social llamada propiamente “la Iglesia universal de los fieles”.
3) Absolutamente nadie, según la propia revelación de Dios, puede salvarse si, al momento de la muerte, se encuentra “fuera” desta sociedad”.

sábado, 4 de agosto de 2012

Un interesante estudio sobre la cuestión sinóptica. I Parte

   Nota del Blog: sigue a continuación un trabajo fascinante del P. Bover sobre la cuestión sinóptica, tema difícil si los hay. El autor, que no es santo de nuestra devoción en lo que respecta a las profecías bíblicas, tiene sin embargo, trabajos súmamente interesantes en otros ámbitos de la exégesis bíblica y parece estar dotado de una rara habilidad para ver el trasfondo psicológico de las narraciones bíblicas. 
   La solución expuesta aquí nos parece muy natural y sencilla, y creemos que supera incluso a la del P. Jousse, tan cara a Castellani.
   Hemos decidido dividir este largo estudio en cuatro partes que serán publicadas poco a poco. 

San Bernabé


¿Bernabé, clave de la solución del problema sinóptico?
I Parte
Autor: José María Bover, S.J.
Fuente: Estudios Bíblicos, tomo III, 1944, pag. 55 ss.
  
 Introducción

 Pocos problemas escriturísticos habrán hecho correr más ríos de tinta que la llamada cuestión sinóptica. La historia de esta cuestión, que la crítica racionalista no ha logrado sino enmarañar lastimosamente, ha venido a ser un panteón de hipótesis muertas y sepultadas. El “requiescat Urmarcus” que sin titubear pronunció Swete[i], puede igualmente pronunciarse sobre tantas otras hipótesis no menos fantásticas. La raíz de este ruidoso fracaso está en haber considerado los Evangelios poco menos que como aerolitos caídos del cielo, como la Artemis Efesina[ii], sobre los cuales nada hubiera dicho la primitiva tradición cristiana. A esta tradición, pues, hemos de volver, para ver si entre los datos por ella suministrados hallamos alguno que nos dé la clave para la solución del enojoso problema. No vamos a aventurar nuevas hipótesis, sino a explorar el terreno firme de la historia.
Precisemos el punto concreto que deseamos investigar.

viernes, 3 de agosto de 2012

La Iglesia Católica y la Salvación, por J.C. Fenton. Primera Parte

I Parte

EL DOGMA DE LA SALVACIÓN EN LOS PRONUNCIAMIENTOS OFICIALES DE LA IGLESIA


Hay varios documentos emanados del magisterio supremo de la Iglesia que tratan sobre la doctrina revelada de que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica. Las últimas ediciones del Denzinger traen más de veinte citas pertinentes a este dogma, tomadas de diferentes documentos oficiales promulgados por la Santa Sede y por los Concilios Ecuménicos. Si alguien quiere saber exactamente cómo entiende y enseña la Iglesia Católica esta verdad revelada, la mejor forma de obtener esta información es leyendo y estudiando estas declaraciones oficiales y autoritativas del magisterio eclesiástico.
En realidad no es necesario estudiar cada una destas declaraciones individualmente. De hecho sucede que ocho de estos pronunciamientos oficiales tomados en su conjunto dan a conocer cada uno de los aspectos de la enseñanza Católica sobre este tema que la Iglesia ha incluido en sus documentos autoritativos. De aquí que un examen de estas ocho declaraciones nos va a mostrar cada uno de los aspectos y facetas de la enseñanza oficial de la Iglesia sobre su propia necesidad para obtener la salvación eterna.
Los ocho documentos donde se encuentran estas declaraciones son: