lunes, 22 de julio de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (III de X)


Estimamos, por lo contrario, que las consideraciones hasta ahora aducidas, aun a primera vista, han de parecer obvias y razonables y que son realmente tales que ya sobrepasan los límites de una noble y objetiva congruencia. Con todo no se adelantan aquí como prueba, sino para que, al surgir la prueba, quede ella desde luego confirmada, y brille de seguida la realidad de la tesis en su punto y en su orden dentro del prólogo y dentro la amplitud de todo el evangelio. La verdadera prueba, empero, ha de estar en la perícope I, 5-9. Intentemos ahora inquirirla mediante una exégesis sencilla y documentada, siquiera tan sólo sea de los elementos literarios del pasaje, sin bajar al fondo teológico que, como todos los comentaristas católicos, admitimos y suponemos.

a) καὶ τὸ φῶς ἐν τῇ σκοτίᾳ φαίνει (y la luz en las tinieblas luce)
b) καὶ ἡ σκοτία αὐτὸ οὐ κατέλαβεν (y las tinieblas no la recibieron) (v. 5)

a) ¿Cuál es esta luz? Seguramente aquí se habla del Verbo de Dios. La grandiosidad de la idea induce a buscar el elemento comparativo, con que se la expresa, fuera de lo vulgar, en los grandes luminares del firmamento; no en el sol que preside el día y no luce en la obscuridad, como requiere el texto, antes bien la disipa enteramente; sino en la luna que tiene para tan sacra comparación el título también sagrado de ser el astro indicador de las solemnidades religiosas; el astro que, presidiendo la noche, da siempre la sensación de luz que brilla en las tinieblas, sobre todo durante los períodos de su crecimiento y de su decrecimiento final (Cfr. Gen. I, 16; Enuma Elis t. V. l. 12-13. ANAL. SAC. TARRAC. I, 214).

b) Esta variedad de fases lunares impresionó la imaginación popular y dió origen a una serie de locuciones que llevan la imagen más o menos expresa de una lucha entre luz y tinieblas, locuciones que se hallan en todas partes, que pertenecen al lenguaje de las apariencias sensibles y que no incluyen en sí ninguno de los varios elementos mitológicos con que en no pocos pueblos antiguos fueron precisándose y viciándose, bajo las influencias de sus falsas concepciones religiosas.

De aquel fondo popular, pero limpio e incontaminado, tomaron los escritores bíblicos bellos rasgos descriptivos. Ejemplos tenemos en este verso del prólogo de San Juan y en uno de los versos finales de la citada estrofa del Eclesiástico sobre la luna (XLIII, 9): pasajes bien paralelos y que por tanto hemos de juntar aquí, para que mutuamente se expliquen y corroboren.


Dice el Eclesiástico: σκεῦος παρεμβολῶν ἐν ὕψει (Setenta) y de los Setenta vierte la Itala: "vas castrorum in excelsis". Claramente, pues, aun en esas imperfectas versiones, se supone una lucha y se habla de armas y de campamentos en la altura de los cielos, lo cual ya nos bastaría para apoyar nuestra argumentación. Pero advirtamos además que el original tiene todavía una palabra completiva que, tal vez por dificultad de ligarla, omitieron aquellas antiguas versiones y siguen descuidando traductores y comentaristas modernos (Crampon, Vaccari y otros, etc.), como si se tratase de una glosa impertinente, o de un contrasentido manifiesto, o si hubiese alguna otra razón crítica que legitimara tal supresión. Muy al contrario sucede: el texto es auténtico y el caso es uno de tantos como ocurren en el libro de Jesus Sirach, en que se debe acudir al original, ahora dichosamente descubierto, para precisar lo que está borroso en aquellas antiguas traducciones. La palabra a que nos referimos, propiamente quiere decir "odres", y está usada aquí como en el libro de Job (XXXVIII, 37) para significar las "nubes"; por manera que aceptando el término en esa acepción poética (Gesen. H. u. A. Handw., Schultens, etc.) y enlazándolo cual hace un comentarista tan especializado como Peters (Das Buch J. Sirach, etc., p. 362), hemos dado ya arriba en la traducción de toda la estrofa el siguiente sentido:

"Arma (de combate contra) el ejército de las nubes en lo alto (de los cielos)".

Esta interpretación mantenemos, y añadimos ahora que siendo las nubes algo equivalente a obscuridad, hay en este pasaje expresada más determinadamente aquella lucha que con el mismo símil de la luna también se supone en el versículo de San Juan.

En efecto, el verbo καταλαμβάνω empleado aquí por el evangelista, aunque tiene a veces las significaciones de admitir, entender, impedir, en su acepción más fundamental y ordinaria entraña la idea de una ocupación con pugna y con violencia enemiga: en Gen. XIX, 19, se dice de Lot, el cual teme le "coja" la destrucción de Sodoma al refugiarse a los montes; en Num. XXXII, 23, del pecado que "alcanzará" a los israelitas desobedientes; en II Sam. XII, 26, de Joab, que después de tener sitiada a Rabbath de los hijos de Ammon, "se apodera" de la villa real; en I Mac. I, 20, de los sirios que "conquistan" las plazas fuertes del país de Egipto; en Mc. IX, 18, del espíritu malo que donde quiera que "tome" al poseso le destroza entre espumarajos; y así en otros pasajes de los Setenta y aún en otros muchos de la literatura extrabíblica que pueden verse en los diccionarios generales (Bailly, Liddell & Scott, etc.), el καταλαμβάνω es realmente un verbo de guerra. Entendiólo de esta manera Orígenes y comentaba nuestro versículo:

Esta luz que luce en las tinieblas sufre persecución por parte de las tinieblas, pero no es vencida. Si alguien piensa que agregamos lo que no está escrito, a saber, que las tinieblas persiguen a la luz, reflexione que en vano se diría que las tinieblas no la vencieron si de ninguna manera persiguieron a la luz… y que las tinieblas persiguieron a la luz consta tanto por lo que sufrió el Salvador como también por aquellos que recibieron sus enseñanzas, sus propios hijos, cuando las tinieblas hicieron lo que pudieron contra los hijos de la luz e intentaron alejar la luz de los hombres[1].


Lo propio dice San Juan Crisóstomo (Hom. IV in I cap. Joannis), e igualmente lo explica Teofilacto:

“Invencible es esta luz, digo, el Verbo Dios… y las tinieblas, la potestad adversa, intentaron en efecto y persiguieron la luz, pero encontraron al invencible e infatigable”[2].  (Enarr. in I cap. Joannis).

Este sentido de guerra está, pues, aquí bien legitimado filológicamente, fué seguido de antiguo por comentaristas griegos de grande autoridad, y si después se ha visto por largo tiempo abandonado quizá bajo exageradas influencias de un legítimo intelectualismo, hoy día es de nuevo tomado en consideración por muchos autores modernos que, o lo adoptan definitivamente (Belser, Zahn, Weiss, Loisy, etc.), o al menos lo consignan como perfectamente admisible (Sales, Knab., Lagrange, Tillmann, etc.). Nosotros resueltamente lo admitimos. A la razón filológica y a los testimonios antiguos hemos añadido la nueva razón sacada del pasaje del Eclesiástico, cuyo paralelismo tiene aquí doble trascendencia porque en él no tan sólo se habla de lucha entre las nubes o tinieblas y la luz, sino que también indiscutiblemente es aquella luz la luz de la luna, confirmando por tanto nuestra interpretación de los dos hemistiquios del presente verso de San Juan.



[1] "Haec lux lucens in tenebris persequutionem patitur quidem a tenebris, sed non apprehenditur. Quod si quis putet nos addere quod non sit scriptum, nempe quod tenebrae lucem insequantur, audi frustra illud dici quod tenebrae eam non apprehenderunt si nequaquam tenebrae lucem sunt persequutae,.. quodque lucem tenebrae persequutae fuerint, perspicuum est, tum ex his quae servator perpessus est tum etiam illi qui illius disciplinam exceperunt et sequuti sunt gemini ipsius filii; tenebris operantibus adversum lucis filios, et fugare volentibus lucem ab hominibus... " (In Ev. Joan, t. 4).

[2] "Invictum est lumen hoc, Deus Verbum, inquam... Et tenebrae, adversaria inquam potestas, tentarunt quidem et persequutae sunt lumen, sed invictum et infatigabile offenderunt...".