miércoles, 31 de octubre de 2012

Sobre algunos grupos de personas en el Apocalipsis. IV


IV. Los que guardan los mandamientos de Dios
y mantienen el testimonio de Jesús


Este grupo de personas, parecido al anterior, posee sin embargo características propias. Difieren en sus cualidades y en el tiempo en que aparece.
Antes de analizar este grupo, pasemos, como de costumbre, primero a los textos:

XII, 17: “Y su enfureció el dragón contra la Mujer, y se fué a hacer guerra contra el resto del linaje de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.

XIII, 9-10: “Si alguno tiene oído, oiga: si alguno ha de ir al cautiverio, irá al cautiverio; si alguno ha de morir a espada, a espada morirá. En esto está la paciencia y la fe de los santos”.

XIV, 12-13:En esto está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Y oí una voz del cielo que decía: “Escribe: ¡Bienaventurado desde ahora los muertos que mueren en el Señor!

martes, 30 de octubre de 2012

La Psicastenia, por Mons. Derisi. Cap. III (II de II)


3) Aplicación de la teoría psicasténica a los fenómenos de la obsesión

Aplicando esta teoría de Janet a los fenómenos de la obsesión, antes descriptos, encontramos una explicación suficiente de su constitución y manifestación. De ahí su valor científico: se verifica y explica los hechos.
Según esta teoría de la psicastenia, los fenómenos de la obsesión no son sino la manifestación de un estado de depresión general de la tensión psíquica que los determina y en que reside la esencia del mal. Semejante descenso de la fuerza anímica trae como consecuencia inmediata un desequilibrio o desnivel entre la intensidad de la actividad psíquica y la exigida por determinados actos colocados en los primeros puestos de la jerarquía de Janet. Es decir, que en el sujeto enfermo la fuerza anímica se encuentra por debajo del nivel requerido para la resolución y adaptación de ciertas situaciones, morales sobre todo. En circunstancias excepcionales, según dijimos, el desequilibrio podría estar causado no precisamente por el descenso de la tensión, sino por la dificultad extraordinaria y desmedida del acto, que exigiría una intensidad de la actividad psíquica superior a la común. Pero tales casos son pasajeros y no constituyen en modo alguno un caso anormal propiamente tal. Es lo que ocurre a veces con personas de normal tensión psíquica, que al principio de su vida espiritual, cuando quieren escalar de inmediato las cimas de la santidad heroica, experimentan transitoriamente los escrúpulos. Tal es el caso de algunos santos (S. Ignacio, por ejemplo, S. Agustín, Sta. Teresita del Niño Jesús) y de muchas almas al comienzo de su conversión. Que sea la situación y no la tensión lo anormal, lo demuestra el futuro de esas vidas, enteramente equilibradas una vez desaparecida la causa extraordinaria que dificultaba sobremanera su acomodación justa a la situación real y que provocaba el desequilibrio consiguiente de la tensión normal frente a ella, cosa que dista de suceder cuando la causa del mal radica en el descenso de la intensidad de la actividad psicológica misma.

lunes, 29 de octubre de 2012

Sobre algunos grupos de personas en el Apocalipsis. III


III. Los que guardan la Palabra de Dios
y los que no han negado su Nombre.


Este grupo parece ser clave para la recta interpretación del Apocalipsis puesto que, a diferencia de los demás, lo encontramos en una de las siete Iglesias, es decir, sabemos que este grupo aparece en una época determinada de la misma.
Parecería ser, además, un grupo muy importante en los últimos tiempos y es muy probable que a ellos se haya referido Nuestro Señor en su famoso discurso Parusíaco.

Para entrar de lleno en el tema, nada mejor que introducir este grupo según lo que nos dice el mismo Texto sobre ellos.

III, 8: “Conozco tus obras. He aquí que he puesto delante de ti una puerta abierta que nadie puede cerrar; porque no obstante tu debilidad, has guardado mi Palabra y no has negado mi Nombre.

III, 10: “Por cuanto has guardado la palabra de la paciencia mía Yo también te guardaré de la hora de la prueba, esa hora que ha de venir sobre todo el orbe, para probar a los que habitan sobre la tierra”.

VI, 9: “Y cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados por la causa de la Palabra de Dios y por el Testimonio que mantuvieron”.

XX, 4: “Y vi tronos; y sentáronse en ellos, y (vi) las almas de los que habían sido degollados a causa del Testimonio de Jesús y a causa de la Palabra de Dios”.

Sobre esta última cita cfr. la Retractatio II

domingo, 28 de octubre de 2012

La Psicastenia, por Mons. Derisi. Cap. III (I de II)


CAPITULO III
LA TEORIA PSICASTENICA

Analizados y descritos en las páginas precedentes los hechos característicos de la obsesión, buscaremos ahora agruparlos en una teoría que los organice en una explicación psicológica aceptable. De las varias que se presentan, la que más parece ajustarse a los hechos de la enfermedad es la llamada psicasténica. Formulada primeramente por el eminente psicólogo francés, Pedro Janet, fué adoptada después y precisada por los PP. Agustín Gemelli y Antonio Eymieu en sus respectivas obras: "De Scrupulis" y "Le gouvernement de soi méme", tomo segundo: "La obsession et le scrupule". Otros psicólogos habían formulado antes otras teorías para organizar estos mismos fenómenos en una visión explicativa. Tales, por ejemplo, la de Maignan y Legrain, de tipo intelectualista, que coloca el fenómeno fundamental, generador de todos los demás, en la idea obsesionante; la de Pitres et Regis, que señala el fenómeno originario de la enfermedad en las perturbaciones emotivas, en la angustia sobre todo; la de Freud, para quien la raíz del mal —como la de todas las enfermedades mentales— reside también en un mal funcionamiento de la emotividad, determinado por el empuje de la libido contrariada en su movimiento natural hacia la saturación. Janet, en cambio, más en consonancia con la observación de los hechos, realizada durante largas y pacientes experiencias con esta clase de enfermos, sostiene y hace ver que el fenómeno primordial de la obsesión radica en una insuficiencia funcional psíquica; en la debilidad o descenso de la tensión psicológica del paciente, del que dimanan como hechos secundarios, las ideas obsesionantes, la indecisión, etc., y como fenómenos derivados las agitaciones mentales, emocionales y motrices. Esta teoría de la psicastenia, así llamada por Janet, quiere explicar todas las perturbaciones intelectuales, emotivas y motrices, que hemos visto intervienen en la enfermedad, por esta insuficiencia o debilidad de la tensión psíquica.
La teoría psicasténica está sostenida sobre el postulado de dos hipótesis: 1) la de la tensión de la energía psíquica y 2) la de la jerarquía de los fenómenos anímicos de acuerdo al grado de tensión requerido por cada uno de ellos, ambas en perfecta consonancia con la experiencia de los fenómenos psicológicos observados dentro y fuera de esta enfermedad.

sábado, 27 de octubre de 2012

Sobre algunos grupos de personas en el Apocalipsis. II


II. Los Habitantes de la tierra

Los textos en los que aparece este grupo son los siguientes:

III, 10: Por cuanto has guardado la palabra de la paciencia mía, Yo también te guardaré de la hora de la prueba, esa hora que ha de venir sobre todo el orbe, para probar a los habitantes de la tierra.

VIII, 13: “Y vi y oí cómo volaba por medio del cielo un águila que decía con poderosa voz: “¡Ay, ay, ay de los moradores de la tierra, a causa de los toques de trompeta que faltan de los tres ángeles, que todavía han de tocar!”.

XI, 10:Y los habitantes de la tierra se regocijan a causa de ellos, hacen fiesta y se mandarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas fueron molestos a los habitantes de la tierra”.

XIII, 8: “Y lo adorarán (al Dragón) todos los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos, desde la fundación del mundo, en el libro de la vida del Cordero inmolado”.

XIII, 12: “Y la autoridad de la primera bestia la ejercía toda en presencia de ella. E hizo que la tierra y sus habitantes adorasen a la bestia primera, que había sido sanada de su golpe mortal”.

XIII, 14: “Y embaucó a los habitantes de la tierra con los prodigios que le fue dado hacer en presencia de la bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que debían erigir una estatua a la bestia que recibió el golpe de espada y revivió”.

XVII, 1-2: “Ven acá; te mostraré el juicio de la ramera grande, la que está sentada sobre muchas aguas; con la que han fornicado los reyes de la tierra, embriagándose los habitantes de la tierra con el vino de su prostitución”.

XVII, 8: “La bestia que has visto era y ahora no es; está para subir del abismo y va a su perdición. Y los habitantes de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la creación del mundo, se llenarán de admiración cuando vean que la bestia, que era y ahora no es, reaparecerá”.


jueves, 25 de octubre de 2012

La Psicastenia, por Mons. Derisi. Cap. II


CAPITULO II

DESCRIPCION DE LOS HECHOS DE LA PSICASTENIA


I) La idea obsesionante

El escrúpulo se manifiesta por una sensibilidad exacerbada, por una inquietud fácilmente excitable al menor contacto con el mal moral, por un temor infundado y morboso del pecado, al que tiene miedo de encontrar hasta en los actos más inocentes. Va acompañado o seguido de otros fenómenos psicológicos anormales, que en seguida señalaremos.
Su carácter es la inquietud, que lo diferencia del sano y santo temor del mal moral, propio de toda conciencia delicada, y a la vez de la conciencia errónea o equivocada, la cual sin dudar comete un acto objetivamente malo sin advertirlo como tal.
Tampoco es un escrúpulo la duda transitoria, que en cada situación moral un poco compleja la conciencia timorata se plantea sobre la licitud de ciertos actos y decisiones por tomar. Esa duda, en el caso del escrúpulo, es permanente y obedece no tanto a situaciones morales objetivamente difíciles de resolver, cuanto a una debilidad subjetiva, que se manifiesta a cada paso en casos cotidianos y ordinarios de nuestra vida, allí donde nadie fuera de nuestro enfermo encuentra dificultad o duda moral alguna.

martes, 23 de octubre de 2012

Sobre algunos grupos de personas en el Apocalipsis. I

Nota del Blog: Damos comienzo aquí a una corta serie de artículos sobre el Apocalipsis.

La Jerusalén Celeste, por el Beato de Liébana

I. El Vencedor

En los capítulos II y III que versan sobre las siete Iglesias, encontramos, entre otras cosas dignas de estudio, una cláusula final que se repite en todas ellas:

“Quien tiene oído escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias: El vencedor… etc.”

El propósito deste artículo será tratar de dilucidar a quién se refiere el Texto cuando habla de el vencedor.

Lo primero que debemos tener presente es que las siete Iglesias representan siete épocas de la misma, desde la Primera hasta la Segunda Venida. Con esto en mente, y sin detenernos por ahora a explicar a qué época se refiere cada una déllas, ya sabemos que el vencedor tiene alguna relación especial con la Iglesia. Esto es básico y obvio; avancemos, pues, un paso más.
El premio prometido al vencedor es muy diferente en cada una de las Iglesias pero, sin embargo, todos tienen algo en común.
Primero veamos los premios en sí mismos:

II, 7: “Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida que está en el Paraíso de Dios” (Éfeso).

II, 11: “El vencedor no será lastimado por la segunda muerte (Esmirna).

II, 17: “Al vencedor le daré del maná oculto; y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo que nadie sabe sino aquel que la recibe” (Pérgamo).

II, 26-28: “Y vencedor… le daré poder sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán desmenuzados como vasos de alfarero, como Yo lo recibí de mi Padre; y le daré la estrella matutina (Tiatira).

III, 5: “El vencedor será vestido así, con vestiduras blancas, y no borraré su nombre del libro de la vida; y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles” (Sardes).

III, 12: “Del vencedor haré una columna en el Templo de mi Dios, y no saldrá más; y sobre él escribiré el nombre de Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la que desciende del cielo viniendo de mi Dios, y el nombre mío nuevo” (Filadelfia).

III, 21: “Al vencedor le haré sentarse conmigo en mi trono, así como Yo vencí y me senté con mi Padre en Su trono” (Laodicea).