La Iglesia y el mundo: la luz y las tinieblas
Al insistir sobre el punto de que los miembros de la Iglesia no se deberían casar con los que están fuera de esta sociedad, San Pablo resaltó con claridad sinigual la enseñanza que, como parte de la doctrina Católica, fue puesta por escrito enfática y efectivamente por el Papa León XIII en su encíclica Humanum genus.
“El humano linaje, después que, por envidia del demonio, se hubo, para su mayor desgracia, separado de Dios, creador y dador de los bienes celestiales, quedó dividido en dos bandos diversos y adversos: uno de ellos combate asiduamente por la verdad y la virtud, y el otro por todo cuanto es contrario a la virtud y a la verdad. El uno es el reino de Dios en la tierra, es decir, la verdadera Iglesia de Jesucristo, a la cual quien quisiere estar adherido de corazón y según conviene para la salvación, necesita servir a Dios y a su unigénito Hijo con todo su entendimiento y toda su voluntad; el otro es el reino de Satanás, bajo cuyo imperio y potestad se encuentran todos los que, siguiendo los funestos ejemplos de su caudillo y de nuestros primeros padres, rehúsan obedecer a la ley divina y eterna, y obran sin cesar o como si Dios no existiera o positivamente contra Dios.
Agudamente conoció y describió Agustín estos dos reinos a modo de dos ciudades contrarias en sus leyes y deseos, compendiando con sutil brevedad la causa eficiente de una y otra en estas palabras: Dos amores edificaron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios edificó la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestial. En el decurso de los siglos, las dos ciudades han luchado, la una contra la otra, con armas tan distintas como los métodos, aunque no siempre con igual ímpetu y ardor”.
San Pablo nos da una lección tremendamente importante cuando nos muestra que la Iglesia, considerada como constituyendo el único reino sobrenatural de Dios en este mundo e inalterablemente opuesto al reino de Satanás, es justamente designada bajo la metáfora del templo de Dios. El templo era dedicado solamente al servicio y culto del Dios vivo. Cualquier profanación del templo era un sacrilegio muy serio. Y, de la misma manera, la Iglesia Católica es la única unidad social que, como reino sobrenatural de Dios según la dispensación del Nuevo Testamento, está completa y únicamente consagrada al culto de Dios. Es un error asociar con la Iglesia o con alguna de sus partes cualquier factor extraño u hostil al servicio de Dios.
El Templo y la Alianza
En esencia, la alianza divina es un acuerdo en el que Dios entra con el pueblo que, en su misericordia, escoge, de una manera especial, como suyo. Según los términos del pacto, Dios acepta libremente este pueblo como perteneciéndole a Él de una manera especial y sobrenatural. Promete protegerlo y lo consagra a su servicio.