17. Y el Espíritu y la esposa dicen “ven”, y el que oye, diga “ven” y el que tiene sed, venga; el que quiere, reciba agua de vida gratis.
Concordancias:
Τὸ Πνεῦμα (el Espíritu): cfr. Apoc. II, 7.11.17.29; III, 6.13.22; XIV, 13; XIX, 10.
Νύμφη (esposa): cfr. Jn. III, 29; Apoc. XXI, 2.9. Ver Apoc. XVIII, 23.
Ἔρχου (ven): cfr. Mt. VIII, 11; XXIV, 11.50; Lc. XII, 46; XIII, 29.35; Jn. VI, 37; Rom. XI, 26; Heb. X, 37; II Ped. III, 10; Apoc. II, 26; III, 3.9; XV, 4; XVIII, 8. Ver Mt. VI, 10; X, 23; XVI, 27-28; XXI, 9; XXIII, 39; XXIV, 30.42-44.46; XXV, 10.13.19.27.31; XXVI, 64; Mc. VIII, 38; IX, 1; XI, 9-10; XIII, 26.35-36; Lc. IX, 26; XI, 2; XII, 36-40.43.45; XIV, 17.62; XVII, 20.22; XVIII, 8; XIX, 13.23.38; XXI, 27; XXII, 18; XXIII, 42; Jn. V, 25.28; VI, 35; VII, 37; XI, 27; XII, 13; XIV, 3.18.23.28; XXI, 22-23; Hech. I, 11; I Cor. IV, 5; XI, 26; I Tes. V, 2; II Tes. I, 10; II Jn. I, 7; Jud. I, 14; Apoc. I, 7; III, 11; XIV, 15; XVI, 15; XIX, 7; XXII, 7.12.20. Ver Hech. II, 20; I Tes. I, 10; Apoc. VI, 17; XI, 18; XIV, 7.
Ἀκούων (oye): cfr. Apoc. I, 3.10; II, 7.11.17.29; III, 3.6.13.20.22; IV, 1; V, 11.13; VI, 1.3.5-7; VII, 4; VIII, 13; IX, 13.16; X, 4.8; XII, 10; XIII, 9; XIV, 2.13; XVI, 1.5.7; XVIII, 4; XIX, 1.6; XXI, 3; XXII, 8.18. Ver Mt. VII, 24-27, Lc. VI, 46-49; Apoc. IX, 20; XI, 12; XVIII, 22-23.
Ὁ διψῶν (el que tiene sed): cfr. Mt. V, 6; XXV, 35.37.42.44; Jn. IV, 13-15; VI, 35; VII, 37; Jn. XIX, 28; Rom. XII, 20; I Cor. IV, 11; Apoc. VII, 16; XXI, 6.
Ὁ θέλων (el que quiere): Ver Apoc. II, 21; XI, 5-6.
Ὕδωρ ζωῆς (agua de vida): cfr. Sal. XXXV, 9-10; Jn. IV, 14; VII, 37-9; Apoc. VII, 17; XXI, 6; XXII, 1. Ver Apoc. VIII, 10-11; XI, 6; XIV, 7; XVI, 4-5.12.
Δωρεάν (gratis): cfr. Apoc. XXI, 6.
Notas
Lingüísticas:
Zerwick: “νύμφη (novia): esposa”.
Comentario:
Andrés de Cesarea (citado por Allo): “Es el adveniat regnum tuum del Padrenuestro”.
Iglesias: “La Iglesia (la Esposa), los lectores del Apocalipsis, impulsados por el Espíritu, siguen teniendo sed del pronto retorno de Cristo”.
Biblia de Sacy: “Los Santos del Nuevo Testamento, movidos por el Espíritu de Dios que los anima, no desean con menos ardor la segunda Venida de Jesucristo; el Espíritu Santo que pide en ellos con gemidos inefables, los hace suspirar y gemir por ellos mismos, esperando el efecto de la adopción divina, que los librará de la esclavitud de la corrupción, para participar en la libertad de los hijos de Dios, que el Salvador les adquirió por medio del precio y el mérito de su sangre en su primera Venida (…) Dice sin cesar, como la Esposa del Cantar: Ven amado mío. Todos los que oyen también en el fondo de su corazón esta voz secreta del Espíritu Santo, que les hace desear la presencia adorable de su Salvador en la gloria, dicen con confianza y con una santa impaciencia en la oración que les ha enseñado: venga tu reino”.
Vaccari: “A las palabras de Jesús responde la Esposa, esto es, la Iglesia, en unión con el Espíritu Santo, que es su alma (cfr. Rom. VIII, 16.26), con una ardiente invocación, que venga pronto la hora del triunfo de Jesús, que se muestre en la gloria de su reino”.
Ecumenio: “Dice “y el Espíritu”, es decir, el espíritu profético, “y la Esposa”, esto es, la Iglesia universal, en todos los lugares dice: “Ven”. Nos enseñan a desear la segunda venida del Señor y a ponerla en la oración. Pues todo el que dice “Venga tu Reino” (Mt. VI, 10; Lc. XI, 2) está pidiendo a Dios por el reino de Cristo, que es también el reino del Padre y del Espíritu”.
San Andrés de Cesarea: “La Iglesia y el Espíritu que habita en ella, clamando en nuestros corazones “Abba, Padre”, invocan la venida del Unigénito de Dios; y todo fiel que oye, cuando ha sido instruido, se dirige al Padre y Dios diciendo: “Venga tu reino”.
Ribera: “Y el Espíritu y la esposa dicen “ven”: los santos piden que venga el día del juicio, en donde va a terminar por completo el pecado y Dios reinará en todas partes, como dice San Pablo II Tim. IV, 8: En adelante me está reservada la corona de la justicia, que me dará el Señor, el juez justo, en aquel día, y no sólo a mí sino a todos los que hayan amado su venida. De esta venida de Cristo se entiende lo que dice ahora: “ven”, como consta por lo que precede (v. 12): “He aquí vengo pronto, etc.”. Por lo tanto, el Espíritu Santo, que está con artículo en griego, dice: “Ven”, es decir, exhorta a los justos a que deseen y pidan mi venida. Como está dicho en Rom. VIII, 26: “El Espíritu está intercediendo Él mismo por nosotros con gemidos que son inexpresables”, es decir, hace que pidamos. Y la esposa, es decir, la Iglesia, asintiendo a las inspiraciones del Espíritu Santo, dice: Ven, pues en efecto, dice todos los días: Venga tu reino. Esto se debe entender de los miembros más excelentes de la Iglesia puesto que muchos no piden la venida del Señor, y por eso San Pablo dice: sino a todos los que hayan amado su venida”.