2) Las dos Descendencias
Después de haber contemplado los misteriosos cara a cara del Eterno Dios y de Adán en el jardín de delicias; después de haber temblado con el segundo cara a cara del ángel caído y del hombre dudando de la palabra de su Creador, henos aquí ante el cara a cara de dos colectividades que se van a enfrentar en el curso de los siglos. Estos dos grupos han sido designados por Dios mismo: la descendencia de la Mujer y la descendencia de la Serpiente (Gén. III, 15).
Lucha tenaz que vamos a atravesar donde, por turnos, las victorias serán alcanzadas por un campo o por el otro, hasta la derrota final de la descendencia del diablo.
En medio de la tiniebla que envuelve a Adán y Eva, doblegados bajo el dolor profundo, subsisten una gran esperanza, una paz resplandeciente: un día, una mujer dará a luz al mundo a un hijo que será el mediador entre Dios y el hombre pecador.
Sin embargo, si el jardín de delicias está cerrado, si el contacto espiritual con Dios se ha perdido, cuando Adán y Eva se alejan del lugar del que fueron expulsados, ¿no perciben a seres luminosos, seres vivos que empuñan espadas de fuego? Los Querubines son los testigos de la unión primigenia del Creador y la creatura. Su presencia en el jardín es una garantía: la unión no está rota, está como suspendida, pues el restablecimiento de la gloriosa presencia es un hecho cierto. Los querubines son los depositarios de la “bienaventurada esperanza”, así como más tarde el arco iris será para Noé el signo de una nueva alianza entre Dios y el hombre.
¿Quiénes son estos Querubines? Aquí no nos son descriptos (Gén. III, 24), pero podemos concebirlos por los detalles que Ezequiel y Juan, en Patmos, han dado en sus respectivas visiones (Ez. I, 4-14; 10, 1-22; Apoc. IV, 6-8).
Estos seres vivos están siempre asociados a la gloria de Dios y al trono del Eterno.
Por una serie de deformaciones pasaron a ser divinidades babilonias y persas, guardianes de los palacios imperiales y preservadores contra los malos espíritus, los genios del mal.