miércoles, 11 de agosto de 2021

La Necesidad de la Definición de la Infalibilidad Papal por parte del Concilio Vaticano, por Mons. Fenton (II de V)

La Finalidad de una Definición Infalible 

El Concilio Vaticano se pronunció para definir la doctrina de la infalibilidad papal “para gloria de Dios nuestro Salvador, para la exaltación de la religión católica y para la salvación de los pueblos cristianos”[1]. El pronunciamiento sobre la Inmaculada Concepción fue emitido “para el honor de la santa e indivisa Trinidad, para la debida reverencia hacia la Virgen Madre de Dios, para la exaltación de la fe católica y para el incremento de la religión cristiana”[2]. La gloria es un conocimiento claro con alabanza. La gloria divina que debe ser promovida por una definición infalible de la Iglesia católica es, en última instancia, el reconocimiento amoroso de Dios en la visión beatífica. Dios es glorificado sobrenaturalmente en este mundo por los fieles que le sirven en caridad. La Iglesia define y enseña para que los hombres que nacen en este mundo en pecado original puedan, por medio de la verdad divinamente revelada y confiada a la Iglesia, unirse a Nuestro Señor en la sociedad de sus discípulos y, por su unión viva e interior con Él, pasar al estatus de la Iglesia triunfante, para ver a Dios y bendecirlo para siempre. La Iglesia emite sus solemnes juicios dogmáticos para presentar el mensaje divino con mayor precisión, y así contribuye a la gloria de Dios, al progreso y al honor de la religión cristiana, y a la salvación del pueblo cristiano.

Oportunidad y Necesidad 

En las circunstancias concretas en las que se emite, cada definición realmente alcanza y avanza los altos fines que la Iglesia tiene en mente. Sin embargo, en cada caso individual debe haber alguna razón precisa por la que se requiere un pronunciamiento doctrinal. Afortunadamente, tanto la Ineffabilis Deus como la constitución Pastor aeternus del Concilio Vaticano aluden a las razones y a la urgencia de las definiciones que contienen. 

El Papa Pío IX, en la Ineffabilis Deus, declaró que la definición de la Inmaculada Concepción era oportuna. 

“Y así, muy confiados en Dios de que ha llegado el momento oportuno de definir la Inmaculada Concepción de María, la santísima Madre de Dios... tomando todo en la más diligente consideración, y habiendo orado continua y fervientemente a Dios, hemos decidido que no debemos demorar más la sanción y la definición de la Inmaculada Concepción de la Virgen por nuestra suprema autoridad, y que debemos satisfacer así los piadosos deseos del mundo católico y nuestra propia devoción a la Santísima Virgen[3]. 

Los piadosos deseos del mundo católico fueron la fuerza decisiva que hizo deseable la definición de la Inmaculada Concepción. Esta doctrina fue llevada al primer plano dentro de la verdadera Iglesia de Dios en gran medida porque los propios miembros de la Iglesia se volvieron, a través de los siglos, cada vez más entusiastas devotos de Nuestra Señora en razón de su Inmaculada Concepción. Esta devoción, cada vez mayor, exigió y procuró a la ciencia de la sagrada teología un examen especialmente profundo de la doctrina. La devoción y la consiguiente investigación teológica condujeron a la serie de peticiones del clero y de los laicos a las que el Papa Pío IX aludió en la Ineffabilis Deus[4]. La presencia de tales peticiones fue, dadas las circunstancias, suficiente para hacer oportuna la definición de la Inmaculada Concepción. 

domingo, 8 de agosto de 2021

He aquí que vengo, por Magdalena Chasles, Introducción

   Introducción 

El pasado nos habla con fuerza si sabemos hacer silencio en medio del ruido y de las muy variadas reacciones de nuestro siglo desordenado, de este siglo que amenaza derrumbarse lamentablemente, sepultado bajo los grandes descubrimientos del cerebro humano. El arte medieval nos va a hablar antes que nadie. 

Transportémonos a la catedral de Torcello, a esa ciudad construida en medio de la laguna que Venecia domina como reina, y cuyos encantos inolvidables llenan nuestro corazón con el recuerdo de los gondoleros, con sueños dorados, con el resplandor de los canales. 

Pero en la catedral de Torcello somos llevados ante realidades severas, poderes de fuego, fuerzas de juicio. Dejando en la penumbra las escenas del descenso a los limbos, del abismo del infierno, de los jardines celestiales, de los cuales los artistas de la Edad Media fueron a menudo los videntes ingenuos y a veces desorganizados, fijaremos nuestros ojos con atención sobre el centro de un gran mosaico; se unirán e incrustarán junto a las miles de pequeñas piedras multicolores, a fin de comprender el gran contraste que se ofrece a nuestras miradas sorprendidas. 

¿Qué vemos? 

Un trono vacío, preparado magníficamente, como el de los emperadores. Detrás de él los instrumentos de la Pasión de Cristo, cuyos guardianes son los ángeles. ¡Un trono vacío...! Sin embargo, un libro, ricamente decorado, con preciosos cierres, está puesto encima, y al pie del trono dos personajes, un anciano y una mujer, están de rodillas, encogidos como condenados a muerte. Ligeramente a la derecha, en una gran mandorla irisada con los colores del arco iris, Cristo desciende de los cielos, rodeados de ángeles como asesores. ¡Qué deslumbrante esplendor! 

¿Una enigmática puesta en escena, diréis? En otro tiempo no lo era. ¡El oriente bizantino la llamaba: “Preparación del trono”! 


Los dos suplicantes, ante el trono vacío, son Adán y Eva que, desde el Edén, esperan la Venida en gloria del segundo Adán, de Aquel que, después de haber lavado el pecado con su sangre, recogerá la herencia que Dios había puesto en Adán, rey de la creación. 

jueves, 5 de agosto de 2021

La Necesidad de la Definición de la Infalibilidad Papal por parte del Concilio Vaticano, por Mons. Fenton (I de V)

 La Necesidad de la Definición de la Infalibilidad Papal

por parte del Concilio Vaticano, por Mons. Fenton 

Nota del Blog: El siguiente texto está tomado del American Ecclesiastical Review CXV (1946), pp. 439-457.

 

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Hay dos razones, escribió el gran cardenal Manning, por las que la Iglesia, desde el principio, ha definido las doctrinas de la fe: una, para hacerlas claras, definidas y precisas; la otra, para defenderlas y ponerlas fuera de duda cuando han sido puestas en tela de juicio[1]. 

La definición del Papa Pío IX de la Inmaculada Concepción de la Virgen fue motivada obviamente por la primera de estas dos razones. La segunda influyó en el Concilio Vaticano para emitir su juicio solemne sobre la infalibilidad papal. Además, el Concilio consideró necesaria esta definición. Dado que el interés contemporáneo por la doctrina de la Asunción de Nuestra Señora ha centrado la atención de los católicos en el proceso de una definición doctrinal infalible, y dado que algunos escritos recientes se han empeñado en tergiversar los efectos de la fórmula vaticana, debería ser útil para nosotros examinar los antecedentes y la naturaleza de esa necesidad que el Concilio alegó para su pronunciamiento sobre el magisterio infalible del Romano Pontífice. 

 

La Naturaleza de una Definición Dogmática Infalible 

Una definición ex cathedra del Romano Pontífice o una sentencia solemne de un Concilio Ecuménico es siempre esencialmente la proposición infalible de una declaración definitiva como expresión de una verdad comunicada por Dios como parte de la revelación pública divina sobrenatural. Así, en la Ineffabilis Deus, el Papa Pío IX dice de la doctrina de la Inmaculada Concepción de la Virgen que 

“Ha sido revelada por Dios y es, por lo tanto, algo que todos los fieles deben creer firme y constantemente”[2]. 

Al proclamar la verdad divina de la infalibilidad papal, el Concilio Vaticano utilizó las palabras 

“Enseñamos y definimos que es un dogma divinamente revelado”[3]. 

lunes, 2 de agosto de 2021

He aquí que vengo, por Magdalena Chasles, Prólogo

 He aquí que vengo 

Nota del Blog: Comenzamos la publicación de este hermoso libro de la reconocida autora francesa. El texto original puede leerse AQUI. 

 

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Prólogo 

Numerosos son los lectores que amaron y propagaron El que Vuelve. Ahora propondremos un trabajo más considerable, más ordenado, más documentado, cargado de conocimientos bíblicos profundizados desde hace trece años; un trabajo que, esperamos, aportará no sólo la pequeña chispa que brota de El que Vuelve y encendió un brasero de alegría para algunos y un fuego de contradicción para otros, sino un trabajo que transmitirá una inmensa llama de certeza, esperanza, amor y adoración ante la acumulación de hechos históricos y anuncios proféticos consignados en el “rollo del Libro” que Jesucristo ha venido a vivir para nosotros en la humillación, el dolor y el sufrimiento, en su Primera Venida – rey coronado de espinas, con el cetro de escarnio – y que vendrá a desenrollar “otra vez para los que le están esperando” (Heb. IX, 28), en adelante coronado de gloria, rey de justicia y de paz. 

No procederemos por medio de la discusión – como tampoco lo hicimos en El que Vuelve y en Los Poderes del Mundo Futuro –, pues creemos que los textos sagrados hablarán a los corazones sinceros, provocarán la fe de nuestros lectores por medio de la certeza y el control histórico de la deslumbrante realización de las profecías mesiánicas de la Primera Venida de Cristo, Hijo de Dios; por otra parte, harán brotar la irradiante alegría de la esperanza por medio de las profecías tan numerosas que se relacionan con la Segunda Venida de Cristo, Juez y Rey. 

Invocaremos aquí el testimonio de la Virgen María, que supo esperar, que guardaba todas estas misteriosas cosas en su corazón, que creía, esperaba, amaba, adoraba, sin ver aún a su Salvador, a su Jesús y que, por su suprema vigilancia, fue declarada bienaventurada: “Y bienaventurada la que creyó, porque tendrá cumplimiento lo que se le dijo de parte del Señor” (Lc. I, 45). 

¿Estaremos entre esos bienaventurados de la Segunda Venida, entre los que creen, en el seno de las tinieblas, bajo las sonrisas burlonas o irónicas? Pues se cumplirán tan puntual, tan magníficamente, todas las cosas que han sido dichas a los profetas sobre los juicios y sobre las glorias de Cristo, como aquellas que se realizaron con la Primera Venida del Salvador. 

¿Indiferentes, escépticos o vigilantes? ¿En qué campo quisiéramos servir? 

¿No es preciso escoger?

viernes, 30 de julio de 2021

Algunas notas a Apocalipsis XII, 17-18

   17. Y se airó el Dragón contra la Mujer y se fue a hacer guerra contra los restos de su simiente, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús. 

Concordancias: 

ὠργίσθη (airó): cfr. Mt. V, 22; XVIII, 34; XXII, 7; Lc. XIV, 21; XV, 28; Ef. IV, 26; Apoc. XI, 18. 

δράκων (Dragón): Sólo en el Apoc. cfr. Apoc. XII, 3-4.7.9.13.16; XIII, 2.4.11; XVI, 13; XX, 2. 

γυναικί (mujer): cfr. Is. LIV, 6; Jer. III, 6-10; Ez. XVI, 8; Os. II, 19-20; Apoc. II, 20; IX, 8; XII, 1.4.6.14-16; XIV, 4; XVII, 3.4.6-7.9.18; XIX, 7; XXI, 9. 

πόλεμον (guerra): cfr. Mt. XXIV, 6; Mc. XIII, 7; Lc. XIV, 31; I Cor. XIV, 8; Apoc. IX, 7.9; XI, 7; XII, 7; XIII, 7; XVI, 14; XIX, 19; XX, 8. Ver Lc. XXI, 9. Ver Apoc. II, 16; XII, 7; XIII, 4; XVII, 14; XIX, 11. 

λοιποὶ (restantes): cfr. Apoc. II, 24; III, 2; VIII, 13; IX, 20; XI, 13; XIX, 21; XX, 5. 

Σπέρματος (simiente): Hapax en el Apoc. cfr. Mt. XIII, 24.27.37-38; Mc. IV, 31; Lc. I, 55; Jn. VII, 42; VIII, 33.37; Hech. III, 25; VII, 5-6; XIII, 23; Rom. I, 3; IV, 13.16.18; Rom. IX, 7-8.29; XI, 1; II Cor. XI, 22; Gal. III, 16.19.29; II Tim. II, 8; Heb. II, 16; XI, 11.18; I Jn. III, 9. 

τηρούντων (guardan): cfr. Mt. XIX, 17; Jn. VIII, 51; XIV, 15.21.23-24; XV, 10.20; XVII, 6.11-12.15; I Tim. VI, 14; II Tim. IV, 7; I Jn. II, 3-5; III, 22.24; V, 3.18; Jud. I, 21; Apoc. I, 3; II, 26; III, 3.8.10; XIV, 12; XVI, 15; XXII, 7.9. 

ἐντολὰς (mandamientos): cfr. Mt. V, 19 (Temerosos: Pequeños y Grandes); XIX, 17; XXII, 36.38.40; Mc. XII, 28.31; Jn. XIII, 34; XIV, 15.21; XV, 10.12; I Jn. II, 3.4.7-8; III, 22-24; IV, 24; V, 2-3; II Jn. I, 4-6; Apoc. XIV, 12. 

τῶν τηρούντων τὰς ἐντολὰς (guardan los mandamientos): cfr. Mt. XIX, 17; Jn. XIV, 15.21; XV, 10; I Tim. VI, 14; I Jn. II, 3-4; III, 22.24; V, 3; Apoc. XIV, 12. 

Τὴν μαρτυρίαν (el testimonio): cfr. Apoc. I, 9 (San Juan); VI, 9 (Mártires del quinto Sello); XI, 7 (2 Testigos); XII, 11 (Mujer que huye al desierto); XIX, 10; XX, 4 (Mártires del Anticristo). Ver μάρτυς (Testigo) en el Apocalipsis siempre se refiere a personas individuales, Apoc. I, 2.5; II, 13; III, 14; XI, 3; XVII, 16 y Ἐμαρτύρησεν (testificó): Apoc. XXII, 17-18.20. Ver Mt. X, 18; XXIV, 14; Mc. VI, 11; XIII, 9; Lc. IX, 5; XXI, 13; Hech. IV, 33; VII, 44; I Cor. I, 6; II Tes. I, 10; I Tim. II, 6; II Tim. I, 8; Heb. III, 5; Apoc. XV, 5. 

Τὴν μαρτυρίαν Ἰησοῦ (el testimonio de Jesús): cfr. Apoc. I, 2; XIX, 10; XX, 4 (Mártires del Anticristo); I, 9 (San Juan). Ver Apoc. VI, 9 (Mártires del quinto Sello); XI, 7 (dos Testigos); XII, 11 (Mujer que huye al desierto). Ver Mt. X, 18; XXIV, 14; Mc. VI, 11; XIII, 9; Lc. IX, 5; XXI, 13; Hech. IV, 33; VII, 44; I Cor. I, 6; II Tes. I, 10; I Tim. II, 6; II Tim. I, 8; Heb. III, 5; Apoc. XV, 5. 

 

Comentario: 

martes, 27 de julio de 2021

El Juicio de las Ovejas y los Cabritos en Mt. XXV (IV de IV)

    Pero esto no es todo. Vayamos al texto del Apocalipsis y veremos una relación muy interesante con el pasaje de Mt. XXV. 

Al describir la gran muchedumbre de entre todas las naciones que ha sufrido el martirio a manos del Anticristo, uno de los Ancianos le dice (VII, 15-17): 

A causa de esto, están ante el trono de Dios y le sirven día y noche en su santuario y el sentado sobre el trono tenderá su tabernáculo sobre ellos. No tendrán hambre ya, ni tendrán sed ya ni caerá sobre ellos el sol ni ardor alguno. Porque el Cordero, el (que está) en medio del trono los apacentará y los guiará a fuentes de aguas vivas y borrará Dios toda lágrima de sus ojos”. 

Si ya no sufren todos esos males, quiere decir que alguna vez los sufrieron, y como estos mártires son los que se negaron a colocarse la marca del número de la Bestia (XV, 2), entonces podemos apreciar sin mayores dificultades sus privaciones de toda clase, enumeradas aquí.

 Pero no hace falta demasiada perspicacia para darse cuenta que esta enumeración coincide exactamente con la que leemos en San Mateo. Coloquemos una vez más los textos. 

Mt. XXV: 

31. “Pero cuando venga el Hijo de Hombre en su gloria y todos los ángeles con Él, entonces se sentará sobre su trono de gloria,

32. y se congregarán delante de Él todas las naciones y los (a los hombres) separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.

33. Y estará de pie: las ovejas a su derecha; los cabritos, a la izquierda.

34. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: “Venid, los benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde (la) fundación del mundo.

35. En efecto, tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; forastero era y me congregasteis;

36. desnudo y me vestisteis; enfermé y me visitasteis; en prisión estuve y vinisteis a mí”.

sábado, 24 de julio de 2021

Algunas notas a Apocalipsis XII, 15-16

   15. Y arrojó la serpiente de su boca, detrás de la Mujer, agua como un río, para hacerla arrastrar por el río. 

Concordancias: 

ὄφις (sepriente): cfr. Mt. VII, 10; X, 16; XXIII, 33; Mc. XVI, 18; Lc. X, 19; XI, 11; Jn. III, 14; I Cor. X, 9; II Cor. XI, 3; Apoc. IX, 19; XII, 9.14; XX,2. 

Στόματος (bocas): cfr. Mt. IV, 4; XV, 11.17-18; II Tes. II, 8; Apoc. I, 16; II, 16; III, 16; XIX, 15.21 (Verbo); IX, 17-19 (sexta Trompeta); XI, 5 (dos Testigos); XII, 16 (serpiente); XII, 16 (tierra - suelo); XIII, 2.5-6 (Bestia); XIV, 5 (144.000 sellados); XVI, 13 (Dragón - Bestia del Mar – Falso Profeta). 

γυναικὸς (mujer): cfr. Is. LIV, 6; Jer. III, 6-10; Ez. XVI, 8; Os. II, 19-20; Apoc. II, 20; IX, 8; XII, 1.4.6.13-14.17; XIV, 4; XVII, 3.4.6-7.9.18; XIX, 7; XXI, 9. 

ὕδωρ (agua): cfr. Apoc. I, 15; VII, 17; VIII, 10-11; XI, 6; XIV, 2.7; XVI, 4-5.12; XVII, 1.15; XIX, 6; XXI, 6; XXII, 1.17. 

ποταμόν (río): cfr. Mt. VII, 25.27Lc. VI, 48-49; Apoc. VIII, 10; IX, 14; XII, 16; XVI, 4.12; XXII, 1-2. 

 

Notas Lingüísticas: 

Ὡς ποταμόν (como un río): es decir no se trata de un río propiamente dicho, sino que el término es usado metafóricamente. 

 

Comentario: