jueves, 28 de febrero de 2013

Te Deum, por Gertrud Von Le Fort


Te Deum

Tu voz[1] dice:
Oh Dios de mi vida:
Quiero alabarte en las tres orillas de tu única luz.
Quiero hacer llegar mi canto hasta el mar de tu gloria.
Con gritos de júbilo quiero sumergirme en las olas de tu fuerza.
Áureo Dios de tus estrellas; rugiente Dios de tus tormentas,
ardiente Dios de tus montañas que vomitan fuego,
Dios de tus ríos y de tus mares.
Oh Tú, Dios de todos los animales,
Dios de las espigas y de las rosas salvajes,
Te doy gracias, Señor, porque nos has despertado a la vida.
¡Hasta los coros de tus ángeles, lleguen mis gracias!

***

Dios Hijo, Dios de eterna misericordia,
Dios de tus hombres extraviados.
Oh Tú, Dios de todos los que sufren, de todos los que mueren,
Dios fraternal sobre todas nuestras oscuras huellas,
Te doy gracias porque nos has redimido.
¡Hasta los coros de tus ángeles lleguen mis gracias!

***

Oh Tú, Dios Espíritu Santo,
Dios que en tus profundidades te agitas en oleadas de amor.
Rugiendo, desciendes hasta mi alma;
soplas a través de todos mis espacios,
enciendes todas las fibras de mi corazón.
Santo Creador de tu nueva tierra,
te doy gracias por poder dártelas.
¡Hasta las coros de tus ángeles lleguen mis gracias!

***

Dios de mis salmos, Dios de mis arpas,
Dios de mis órganos y de mis trombones,
quiero alabarte en la triple arista de tu única luz;
quiero lanzarme con mi canción al mar de tu gloria,
con gritos de júbilo hundirme en las olas de tu fuerza.

        
GERTRUD VON LE FORT
(Himnos a la Iglesia)

Trad. de Juan Carlos Ruta



[1] Es la voz de la Iglesia.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Melkisedek o el Sacerdocio Real, por Fr. Antonio Vallejo. Cap. V, III Parte.


2. Notas diferenciales del sacerdocio de Cristo

Las palabras que acaban de leerse no quieren ser una mera digresión. En la inteligencia de los aportes esencialmente propios de la Buena Nueva, será más fácil evitar el retorno insidioso de ciertos esquemas mentales (adquiridos con la imagen demasiado literal de los tipos litúrgicos del Antiguo Testamento) que distuercen, o extienden de manera indebida, las nociones de sacerdocio y de sacrificio cristianos.
Más de una vez hemos dicho, en capítulos anteriores, que no es de buena lógica definir lo genérico del sacerdocio con un concepto que incluye las notas diferenciales del ministerio sacerdotal. Menos legítima aún es la aplicación de ese concepto al sacerdocio universal y divino del Verbo encarnado. Por mucho que se trate de matizar las analogías (nuancer les analogies es el constante afán de René Laurentin), el resultado es siempre una idea equívoca del único sacerdocio verdadero, un empobrecimiento de su verdad ontológica, una renuncia práctica a la total contemplación de su ser y de sus fines.
Tales son los efectos que se siguen de colocar a la cabeza nuestras especulaciones sobre las diversas formas hieráticas de la Nueva Ley, a modo de concepto ejemplar, la descripción que se lee en el capítulo quinto (1-4) de la Epístola a los Hebreos: “Todo pontífice tornado de entre los hombres, en favor de los hombres instituído...”.

lunes, 25 de febrero de 2013

Nuestra Señora de los Siete Dolores y la Madre de los Macabeos. V Dolor (II de II)


La quinta palabra de Jesús opone la sed de Dios a esa grosera sensualidad de la boca que los teólogos tienen razón de llamar capital, puesto que por ella los hombres  perdieron todo. De este árbol del calvario, que es a la vez el nuevo árbol de la vida y el nuevo árbol de la ciencia, cuelga un fruto mil veces más hermoso y mil veces más delicioso que el que deseó Eva, y es precisamente ese fruto despreciado, desechado por los hombres, el que tiene sed y el que habla para decirlo.
Es lo contrario de la escena del paraíso terrestre: Dios quiere que se coma ese nuevo fruto, así como había prohibido comer el otro, y el precepto es tan profundo que el fruto mismo tiene sed de ser devorado. La serpiente afirma hoy que no se morirá de muerte, que nuestros ojos se abrirán y que seremos como dioses si no comemos de ese fruto, y los hombres, que no han cesado de escuchar al demonio, se van a comer y a beber a otra parte, mientras la nueva Eva, enemiga de la serpiente, se queda para tenderles a ese recién nacido del que tienen miedo por un resentimiento perverso del antiguo pecado y como si fulera a darles la muerte.

domingo, 24 de febrero de 2013

La Salvación por los Judíos (reseña)


Reseña del libro “La Salvación por los Judíos” de Léon Bloy, aparecida en la Revista Bíblica de Straubinger. Num. V (1943), pag. 75.

León Bloy, LA SALVACION POR LOS JUDIOS. Ediciones Ercilla. Santiago de Chile, 1941. Págs. 142.

Hay todavía profetas entre los escritores, con todas las señales del profetismo: desconocidos, despreciados, perseguidos durante su vida. Y reconocidos y honrados después de morir en la miseria. Entre ellos hay que colocar a León Bloy, el "peregrino de lo absoluto", hombre con ojos de niño y espíritu de mártir. Su obra más discutida por los prudentes del mundo y hasta los mismos católicos fué la que aquí se presenta en idioma castellano. Y sin embargo, este libro trajo a la Iglesia como cosecha, más convertidos que cien tratados apologéticos.
El tema es, como lo nota el título, la salvación por los judíos y la solución, paradójica a la manera de Bloy, consiste en que Cristo está clavado en la Cruz hasta que Israel se convierta. Hay que leer capitulo por capítulo para descifrar poco a poco lo místico y enigmático del pensamiento y estilo del autor.
Jaime Eyzaguirre escribió un prólogo congenial[1]. La traducción no menos perfecta, es obra de Pablo Olivos.





[1] Nota del Blog: Conocemos a Jaime Eyzaguirre puesto que tenemos su hermoso librito “Léon Bloy, el Peregrino de lo Absoluto”. Agradeceríamos, pues, al alma caritativa que quisiera hacernos el favor de enviarnos este prólogo.

sábado, 23 de febrero de 2013

La Iglesia Católica y la Salvación, Cap. V (I de IV)


V

LA ENCÍCLICA QUANTO CONFICIAMUR MOERORE


La enseñanza desta encíclica es paralela a la alocución Singulari quadam. En ambos documentos Pío IX insistió en el hecho de que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica es un dogma de fe. De hecho el lenguaje desta encíclica sobre este punto es incluso más enérgico y explícito que el de la alocución. De la misma manera en ambos documentos está claramente implicado la verdad de que el hombre puede estar “dentro” de la Iglesia de forma tal de salvarse sin ser miembro desta sociedad y, de hecho, careciendo en absoluto un conocimiento explícito délla. Además ambos documentos insisten sobre la natura misional de la Iglesia y utilizan este punto a fin de explicar el dogma. De todas formas, la encíclica trae algunos aspectos de la doctrina no tratados previamente en la alocución que tuvo lugar casi nueve años antes. Los dos siguientes párrafos de la Quanto conficiamur moerore están relacionados con el dogma de la necesidad de la Iglesia para la salvación.

viernes, 22 de febrero de 2013

Nuestra Señora de los Siete Dolores y la Madre de los Macabeos. V Dolor (I de II)



XII
QUINTO DOLOR

El quinto Dolor es, en efecto, el triunfo de la Esperanza. Si para ser verdaderamente fuerte la segunda virtud teologal no tuviera necesidad de ser la compañera del silencio, como lo dijo Isaías[1], la Santísima Virgen podría aplicar al pueblo judío las palabras del quinto hijo de los Macabeos: "Vosotros hacéis lo que queréis, porque habéis recibido el poder entre los pueblos, aunque seáis vosotros mismos un pueblo corruptible; pero no os imaginéis que el Señor haya abandonado a nuestra raza, es decir, a la gentilidad, que yo entrego a la gracia en este nuevo dolor y que va a suplantaros como Jacob ha suplantado a su hermano Esaú. Esperad solo un poco y veréis cuál es la Majestad del poder de Dios y de qué modo os atormentará a vosotros y a vuestra posteridad[2]”.
Jesús, desde lo alto de la Cruz, acaba de investir a María de su Maternidad universal y ese quinto niño habla en nombre de todo el género humano. Habla mirando al Rey, dice el Espíritu Santo. María mira al Rey pobre, cuya venida anunciara Zacarías[3], Rey tan pobre en verdad, que los mendigos de Jerusalén parecerán Salomones a su lado. Y sin embargo este rey está en todo su fausto, ha vestido su más bello traje de púrpura para las nupcias famosas de su advenimiento. La esposa que Él deseaba desde la Eternidad y por la cual ha dejado a su Padre y a su Madre, siguiendo precepto del Señor[4]; esta esposa de la que todos los Libros Santos han hablado, ¡es suya por fin! El bosque tenía una esperanza, nos lo dice Job[5], ¡y esta esperanza se ha realizado! Todos los árboles de los bosques, cantaba David, exultarán a la venida del Señor[6], y no será sin razón, puesto que estas criaturas privilegiadas debían ser el innumerable rebaño entre el cual el indigente Asuero de los Cielos escogerá un día a su Esposa!

jueves, 21 de febrero de 2013

Algunos lugares paralelos en el Apocalipsis (III de III)

I Parte
II Parte

III) El ángel poderoso y el primer Heraldo.

Volviendo sobre el primer Heraldo, como lo llama Straubinger, creemos que podemos encontrar todavía otro lugar paralelo y muy importante.

X, 1-11:

1. “Y vi a otro ángel poderoso que descendía del cielo, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza. Su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.
2. Tenía en su mano un librito abierto, y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;
3. Y clamó con gran voz, como un león que ruge; y cuando hubo clamado, los siete truenos levantaron sus voces.
4. Y cuando hubieron hablado los siete truenos, iba yo a escribir; mas oí una voz del cielo que decía: “sella lo que dijeron los siete truenos y no lo escribas”.
5. Entonces el ángel que yo había visto de pie sobre el mar y sobre la tierra, alzó su mano derecha hacia el cielo,
6. y juró por Aquel que vive por los siglos de los siglos –que creó el cielo y cuanto hay en él, y la tierra y cuanto hay en ella, y el mar y cuanto hay en él- que ya no habrá más tiempo,
7. sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él vaya a tocar la trompeta, el misterio de Dios quedará consumado según la buena nueva que Él anunció a sus siervos los profetas.
8. La voz que yo había oído del cielo me habló otra vez y dijo: “Ve y toma el libro abierto en la mano del ángel que está de pie sobre el mar y sobre la tierra”.
9. Fui, pues, al ángel y le dije que me diera el librito. Y él me respondió: “Toma y cómelo; amargará tus entrañas, pero en tu boca será dulce como la miel”.
10. Tomé el librito de la mano del ángel y lo comí; y era en mi boca dulce como la  miel, más habiéndolo comido quedaron mis entrañas llenas de amargura. 
11. Me dijeron entonces: “es menester que profetices de nuevo contra muchos pueblos, y naciones y lenguas y reyes”.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Melkisedek o el Sacerdocio Real, por Fr. Antonio Vallejo. Cap. V, II Parte.


Con todo, la fe cristiana sigue siendo fe. Cuando deja de serlo no es para convertirse en gnosis, sino para ceder su lugar a la evidencia de todo lo que es; a la terrible desnudez del alma en sí misma y de todas las cosas en sí mismas, dentro y fuera del alma; a la inexcusable sinceridad de todas las formas, ideas y deseos, en la desnuda Presencia de Dios; inmersos en el océano de luz transverberante que es Dios. “Porque este es el mensaje que hemos oído de Él, y os anunciamos a vosotros: que Dios es luz”[1].
Mientras no llega esa hora del deslumbramiento judicial y beatificante (a cada uno, con su muerte; a todos, con la Parusía), el justo vive de fe. Y más de la obscuridad que de la luz de la fe. La vigorosa y levantada vida espiritual de los santos no procede de arrobos, ni de visitas celestiales sensibles u otros pregustos extraordinarios del Cielo. Es el fruto adecuado de la parte que tienen en el descenso de la divinidad en el paso de la Luz por las tinieblas. Y esa parte la alcanzan en los entenebrecimientos temporarios — penosísimos, agónicos — de la ordinaria obscuridad de la fe.
Para iluminarnos, la Luz que es Dios ha debido anonadarse, revestir nuestra carne mortal, vivir a compás de nuestro minúsculo planeta, con sus días y sus noches, y reducir el aspecto de su presencia insoportable a las proporciones de un bocado de pan y de un sorbo de vino. Y para hacernos luminosos, debe dejarnos totalmente a obscuras.

martes, 19 de febrero de 2013

Reseña de un libro sobre las 70 Semanas de Daniel

   Nota del Blog: presentamos la reseña de un libro en extremo interesante publicado por un Cardenal amigo de Pío XII.
   La misma se encuentra en la Revista Bíblica fundada por Straubinger, edición Ene-Mar 1952, pag. 39 s.
  Este tipo de exégesis nos parece muy importante por dos razones: la primera porque abre perspectivas enormes a la exégesis, y en segundo lugar, y no menos importante, porque le arrebata a los rabinos una de sus principales armas exegéticas. 


Nueva Interpretación de la profecía de las 70 Semanas de Daniel
c. 9 v. 24 ss.

El Osservatore Romano trae el anuncio de una nueva e interesante interpretación y estudio de la célebre profecía de Daniel en el capítulo 9, con motivo del libro de Monseñor Borgongini Duca, Nuncio de Su Santidad en Italia. "Le 70 Settimane di Daniele e le date Messianiche", Padova, 1951.
Hace ante todo el autor una traducción fiel y exacta del texto hebreo y establece tres hechos principales con sus fechas: La Encarnación de Nuestro Señor; la muerte de Cristo y la destrucción del templo de Jerusalén.
Expresa el autor su admiración de haberse encontrado en este pasaje de Daniel con un verdadero cripto y cronograma y recuerda a este propósito las palabras de Jesús en S. Mateo 24, 15: "Cuando veáis la abominación de la desolación predicha por el profeta Daniel, estar en el lugar santo, quien lee, entienda".

lunes, 18 de febrero de 2013

Algunos lugares paralelos en el Apocalipsis (II de III)

I Parte
III Parte

II) Los Mártires del Anticristo y los 144.000 sellados.

Siguiendo con los lugares paralelos vamos a analizar tres visiones que tienen algunos puntos en común.

VII

9. Después de esto miré y he aquí una gran muchedumbre que nadie podía contar, de entre toda nación y tribus y pueblos y lenguas, que estaban de pie ante el trono y ante el Cordero, vestidos de túnicas blancas, con palmas en sus manos.
10. Y clamaban a gran voz diciendo: “La salud a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero”.
11. Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron sobre sus rostros ante el trono y adoraron a Dios,
12. diciendo: “Amén, la alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amen”.
13. Y uno de los Ancianos, tomando la palabra, me preguntó: “Estos que están vestidos de túnicas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?”.
14. Y yo le dije: “Señor mío, tú lo sabes”. Y él me contestó: “estos son los que vienen de la tribulación, la grande y lavaron sus túnicas y las blanquearon en la sangre del Cordero”.
15. Por eso están delante del trono de Dios y le adoran día y noche en su templo; y el que está sentado en el trono fijará su morada sobre ellos.
16. Ya no tendrán hambre ni sed; nunca más los herirá el sol ni ardor alguno.
17. Porque el Cordero, que está en medio del trono, los pastoreará, y los guiará a las fuentes de las aguas de la vida; y Dios les enjugará toda lágrima de sus ojos.[1]

domingo, 17 de febrero de 2013

Nuestra Señora de los Siete Dolores y la Madre de los Macabeos. IV Dolor

IV Estación

CUARTO DOLOR

El historiador sagrado cuenta que el rey y todos los que estaban con él admiraron el valor de ese tercer adolescente que miraba como nada los tormentos. Es el único de los siete a quien Antíoco, experto exquisito en torturas y en heroísmos, haya gratificado con su voto. "Una vez muerto éste —agrega el Libro Sagrado— el cuarto fué atormentado de la misma manera, y cuando estaba a punto de morir, habló así: “Es ventajoso a los hambres condenados a morir poner su esperanza en Dios, que debe resucitarlos, pero vuestra resurrección no será para la vida”[1]. Este niño habla con una increíble autoridad: ¡vuestra resurrección no será para la vida! Sus hermanos no han hablado más que de una resurrección para la vida. Pero éste parece tener otros pensamientos. Habla corno si fuera profeta de los que están en los sepulcros con sus malas obras, y que oirán un día la voz del Hijo de Dios que los hará salir para que resuciten a su condenación[2]. ¿Será por haber cantado la esperanza que este inocente percibe el infierno? ¡Acaba de decir que espera en Dios, declara que es la cosa más ventajosa del mundo y he ahí que profetiza la desesperación!

sábado, 16 de febrero de 2013

Algunos lugares paralelos en el Apocalipsis (I de III)

II Parte
III Parte

El Apocalipsis, libro misterioso si los hay, ha sido estudiado y explicado por muchos autores y en diversos sentidos. Creemos que aún se está lejos de una comprensión cabal del mismo y que todavía quedan muchas cosas sin explicar.
En este breve ensayo, que dividiremos en tres partes, procuraremos indagar si algunas de las visiones se repiten bajo distintos puntos de vista.
Al analizar las diferentes visiones procuraremos indagar no sólo la similitud en las palabras sino también dejar asentado a qué tiempos se refieren.

I) Los tres Heraldos de los Juicios de Dios.

Con este título un tanto confuso, como veremos más adelante, nos introduce Straubinger a las visiones que siguen a la del Cordero y los 144.000 vírgenes en el Monte Sión.
Creemos que estos tres Heraldos aparecen en otras partes del Apocalipsis. Primero veamos el más obvio y luego pasemos a los que presentan alguna dificultad:

jueves, 14 de febrero de 2013

La santa Cuaresma. "Tiempo de la gracia." B. Baur O.S.B.



1. La santa Iglesia camina con el Señor "hacia Jerusalén". Quiere padecer, morir y resucitar con Él. Anhela ardientemente la luz de la Resurrección; pero sólo puede llegar a ella compartiendo antes la pasión y muerte de Jesús. Cuanto más parte tome en ellas, tanto más crecerá en ella la vida de Cristo. Con esta convicción entra la santa Iglesia, y entramos también nosotros, en la santa Cuaresma. Antiguamente la Cuaresma comenzaba con el primer Domingo de la Cuaresma actual.

martes, 12 de febrero de 2013

La Iglesia Católica y la Salvación, Cap. IV (III de III)


El acto de fe divina es completamente necesario a fin de que el hombre pueda convertirse a Nuestro Señor, en quien solamente se encuentra la salvación. De “Nuestro Señor Jesucristo” fue que San Pedro dijo: “Y no hay salvación en ningún otro. Pues debajo del cielo no hay otro nombre dado a los hombres por medio del cual podemos salvarnos”[1].
Pío IX propuso esta oración y esta obra que compete a los Obispos de la Iglesia Católica como algo que tenía que ser hecho por caridad. En efecto, es esencialmente obra desta virtud. La caridad es el amor de amistad sobrenatural hacia Dios, un amor que necesariamente lleva con él el amor por nuestro prójimo basado sobre este afecto para con Dios. El amor de amistad hacia Dios incluye necesariamente un sincero deseo de hacer su voluntad. Ahora bien, la voluntad de Dios es que todos los hombres se salven. En la Primer Epístola a Timoteo leemos de Dios nuestro Salvador que “quiere que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad”[2].

domingo, 10 de febrero de 2013

Melkisedek o el Sacerdocio Real, por Fr. Antonio Vallejo. Cap. V, I Parte.


V. INSTAURACION DEL SACERDOCIO ETERNO

I. La plenitud del sacerdocio

Una nube de tinieblas en torno a la montaña trepidante; relámpagos y truenos sobre el llanto y la vociferación de las doce tribus espantadas; el toque de atención interminable, insoportable, cada vez más terrible, de una trompeta sobre la cumbre del monte; y por encima del tronar del cielo, del clamor de las multitudes y del clangor del ángel, la voz tonante de Yahveh. Así fué solemnizada la entrega del primer código divino para regimiento de la primera nación sacerdotal[1].
Nube más densa y mayor séquito de fulgores, clamores y prodigios se dieron - y aún son motivo de asombro y de fe - con la promulgación de la Nueva Alianza: concepción inmaculada, fecundidad, parto y maternidad divina de la Virgen; epifanía del Verbo hecho hombre; su predicación inaudita y su señorío sobre las leyes naturales; la vocación y elección de sus apóstoles; la institución de su Cuerpo y su Sangre y demás sacramentos; su pasión y muerte; su resurrección y ascensión; la misión de su Espíritu; la primavera carismática de su Iglesia, con los milagros que prolongan el ímpetu inicial de Pentecostés; la asunción de su Madre santísima; la muchedumbre de actos heroicos de sus primeros discípulos; y la extensión e influjo temporales de su evangelio, contra los más poderosos enemigos de su verdad y de su amor.
La Nueva Alianza transciende infinitamente el valor de la Antigua y aun el de la alianza de amistad entre Dios y el primer hombre[2]. Ya hemos dicho que sobre la religación obrada por la fe y la justicia originales descuella, incomparablemente más estrecha y adecuada, la que realiza la gracia de unión, gracia exclusiva de la humanidad de Jesús. Nadie más semejante a Dios, como que es la imagen substancial del Padre[3]. Nadie con más derecho a la prelacía absoluta, en la gloria y en el dolor, en el conocimiento del bien y del mal. Porque su santidad, la única absoluta, al mismo tiempo que lo separa del pecado y lo encumbra por encima de los cielos[4], lo identifica con los pecadores[5], en fuerza de un amor que transciende los modos de ser y llega al ser mismo de todas las cosas.

jueves, 7 de febrero de 2013

Cartas a su Novia, por Léon Bloy.

Nota del Blog: Sigue a continuación la traducción del prólogo de las Lettres a sa Fiancée tal cual aparecieron en su versión original. 
Ya antes habíamos publicado AQUI el prólogo a la versión española.

Agradecemos al Blog amigo Alexandria Catolica por habernos facilitado el texto original. 

Jeanne Molbech


Es con angustia de corazón que entrego a las miradas ajenas estas Cartas de Léon Bloy a su Novia.
Mi sentimiento es análogo al del compositor que -dejando escapar en armonías la melodía que cantaba en su corazón- descubre que su secreto ya no es más suyo.
Pero Léon Bloy me lo pide.
Tengo que dar testimonio. Mi vida no tiene otro sentido desde que murió.
Que quede claro: Estas cartas ya no me pertenecen. He sido la ocasión, es cierto, pero su Palabra debe ir más lejos, hasta el alma desconocida que la espera en algún lugar y que será “la Novia de su pensamiento”.


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sábado, 2 de febrero de 2013

Nuestra Señora de los Siete Dolores y la Madre de los Macabeos. III Dolor


TERCER DOLOR

Llegado al tercer niño, el Espíritu Santo, por uno de esos artificios sublimes que la miseria del lenguaje humano podría llamar el genio de la Escritura, traza en tres rasgos de la más expresiva y de la más envolvente belleza sintética la vida entera de Nuestro Señor Jesucristo. "Después de éste dice, hablando del segundo, el tercero fué puesto en irrisión, ofreció su lengua a los que se la pidieron, y extendió sus manos con constancia"[1]. El Libro de Job y los Salmos del Rey santo parecen magníficas tempestades de deseos, iluminadas de relámpagos, pero esos relámpagos, ordinariamente, no muestran más que el detalle, y sólo por un instante. En este pasaje de la narración de los Macabeos todo nos muestra de un solo golpe, no en la claridad fugitiva de un movimiento lírico y apasionado, sino en la inmóvil claridad de la historia. Este niño privilegiado no puede hacer un gesto sin que toda la Redención aparezca en él. Respondiendo al insulto y a ese afán de burla que es la eterna necesidad de los impuros convidados de la mesa de Antíoco, ofrece su lengua a quien se la pide, para contar las beatitudes de los pobres y de los oprimidos, paral decir que el reino de los Cielos es parecido a los niños pequeños, para anunciar delante de todos los sepulcros que él es la Resurrección y la Vida y para advertir a todo el Universo que la desolación de Jerusalén se aproxima. En seguida, estando a punto de rendir su alma a su Padre, extiende sus manos para atraerlo todo a sí, y exclama con confianza: "He recibido estos miembros del Cielo, pero los desprecio ahora a causa de las leyes de Dios, porque espero que Él me los devolverá un día"[2].