domingo, 2 de julio de 2017

Castellani maldito, por Sebastián Randle

  Sebastián Randle, Castellani maldito, 1949-1981. Vórtice, Buenos Aires, 2017. Pag. 712. Ver AQUI.


Y al final salió. Se hizo esperar nomás, pero salió. La (re)conocida editorial Vórtice del infatigable Alejandro Bilyk ha dado a luz por fin la segunda parte de la biografía de Castellani escrita por Sebastián Randle.

Casi 15 años han pasado desde la primera parte, la cual generó entre no pocos lectores un inmenso revuelo por ciertas conclusiones del Autor[1]. Conclusiones sobre las cuales no hablaremos, entre otras cosas porque leímos el libro allá lejos y hace tiempo cuando todavía éramos junior (o al menos más que ahora) y deberíamos leerlo de nuevo para poder opinar.

Pero sí vamos a decir algo, aunque más no sean dos palabras, sobre la segunda parte.

La edición, como ya nos tiene acostumbrado Vórtice, es impecable: buena calidad de papel, mejor encuadernación, y a diferencia del famoso ladrillo verde, este tomo es portable sin mayores problemas. Y como diría el Autor: Je.

Sobre el contenido, antes que nada, es forzoso reconocer la elegante prosa del Autor, en extremo agradable y que hace que el libro se lea sin dificultad de un tirón (o de cuatro) a pesar de la abultada cantidad de páginas.

Como se desprende del título, la segunda parte abarca los últimos 33 años de vida que el Autor va siguiendo uno a uno en forma muy prolija; período en extremo interesante y el más rico en cuanto a la producción literaria.

La biografía está muy bien lograda y el autor sabe hacernos apreciar y saborear lo mejor de Castellani.

Entremos de a poco en el libro.

Lo primero que salta a la vista es la profusión de notas (¡más de 1000!) que denotan, claro está, una riqueza de bibliografía inigualable.

El libro posee dos ventajas inapreciables. En primer lugar, el acceso a muchos textos inéditos, en particular a los diarios del Padre (¡una verdadera joya!) como así también a muchas cartas escritas por Castellani que ayudan a situar las cosas en su debido contexto y en segundo lugar, todos los testimonios de primera mano que el Autor pudo reunir a lo largo de los años.

Mientras leíamos el libro, la pregunta que saltaba constantemente a nuestra mente era “¿cuándo se terminarán las disputas legales tan estériles como estúpidas y podrán editar los diarios completos?”. Sí, com-ple-tos, y nada de excusas (pag. 673).

Otra idea que se nos vino, y que seguramente no hemos sido los primeros, fue “¿cuándo van a publicar las cartas?”. Cartas a Gamallo, a Graffigna, e via dicendo.

Hay que decir que 38 años después de su muerte, Castellani tuvo su Bollery[2] y parece imposible imaginar que alguien pueda alguna vez superar esta biografía.



***

¿Nada para criticar?

Y… convengamos en que es prácticamente imposible estar 100% de acuerdo con el Autor… y con Castellani después de más de 700 páginas. Ciertamente, aquí y allá, hay cosas que no compartimos, pero no es la idea de esta recensión detallar nuestras diferencias. Lo que sí diremos, como para decir algo, pace Auctore, es que nos dio la sensación que se explayaba demasiado sobre la historia política argentina.

Sí, sí, ya imaginamos la respuesta, que debería venir por el lado de lo que dice hacia el final del libro (pag. 679/80) para justificar un par de casos puntuales, pero simplemente queremos hacer notar que el acento no está puesto en la historia política qua historia sino en el demasiado. Por otra parte, como dijimos, no es más que una sensación, que ni vale la pena llamar crítica.

Lo que sí pudimos constatar fueron varias erratas.

Van algunas:

Pag. 20: la nota 13 ha desaparecido.

Pag. 36 y 318: se lee jesui-tas y siguie-re.

Pag. 140: “Vi los rayos tocaban y bañaban a la gente…”, parece que falta un “que” después de rayos.

Pag. 146: “Et eritis odio omnibus propter nomen deum”, donde debería leerse meum.

Pag. 290: “Jerusalén, Jerusalén que matas a tus profetas…”. Léase los.

Pag. 528: “Ei pasaje”. Léase El.

Pag. 550 nota: “Ou en est le Mouvement liturgique. Leer .

Pag. 620: “A modo de ejemplo, fíjense como reacciona ante un pequeño accidente que tuvo”. Leer cómo.

Y al revés en pag. 643: “No padre, qué va (cómo se dice aquí en los días que corren…). Leer como.

En pag. 650 prácticamente repite la frase de pag. 648: “No. Y poco a poco, se fueron alzando voces de protesta…”.

Enough.


***

Una cosa que siempre nos ha llamado poderosamente la atención en la vida de Castellani, y era imposible no notarlo mientras leíamos el libro, es la poca afinidad que Castellani siente para con Bloy. Bueno, no sé si poca, pero ciertamente que uno esperaría más. Nos parece que Bloy hubiera sido un poderoso auxilio para Castellani en medio de sus tribulaciones (de hecho, por momentos parecen almas gemelas) y sin embargo, para nuestra sorpresa, Castellani siente preferencia hacia otros autores, por caso, un Chesterton o un Belloc.

No sabemos a qué se deberá esto, pero se nos ocurren dos razones. La primera (que no nos convence) es que tal vez las similitudes no son tantas ni tan importantes como creemos.

- ¿Y la segunda?

- Bueno, la segunda mejor nos la guardamos para nosotros que a lo mejor se enojan los castellanianos.


***

Un capítulo que nos gustó mucho, y que forma una especie de paréntesis o excursus, es aquel donde el Autor analiza la relación de Castellani con el Vaticano II. Nos parece que coincidimos si no en todo al menos en lo sustancial con el autor.

Por otra parte, nos hubiera gustado que el Autor se preguntara (total no cuesta nada) qué haría Castellani hoy y nos da la sensación que seguiríamos pensando igual.

Por otro lado, nos sorprendió mucho, fuerza es reconocerlo, la confesión que el Autor hace al final del libro cuando afirma que Castellani no es santo de su devoción, hasta tal punto que no sabemos ni qué decir al respecto. Así que mejor silencio.

Ya para ir terminando, no podemos cerrar estas pequeñas palabras sin agradecer la amable referencia del Autor en una de sus notas para con el Blog. Tanto más cuanto seguramente debe ser difícil para un biógrafo aceptar críticas a su biografiado y máxime tratándose del tema central en los estudios de Castellani: las profecías bíblicas y más en concreto el Apocalipsis.
 Lo cual denota, a no dudarlo, lealtad y amor a la verdad[3].

Bueno, ya tenemos una estupenda biografía de Castellani y de ahora en más todo aquel que quiera tratar algún aspecto de la vida del Padre, tendrá que pasar, velis nolis, por aquí.

Solo resta agradecer a Sebastián Randle por semejante obra y esperar que Vórtice publique la segunda edición del tomo 1, cosa que, nos aseguran, está más o menos encaminado.

Vale!





[1] A tal extremo llegó ésto que hasta llegaron a decirnos que el Autor había desistido de hacer la segunda parte ¡Menos que fue una falsa alarma nada más!

[2] La alusión, claro está, es a Joseph Bollery, el reconocido bloysiano fundador de los Cahiers Léon Bloy y de su magistral biografía en 3 tomos, el último de los cuales fue publicado en 1954, lo que nos da 37 años desde la muerte de Bloy.

[3] Esto, obviamente, independientemente que las críticas que le hicimos al Apocalipsis de Castellani sean verdaderas o no.

Y ya que estamos, digamos, a unos tres años de distancia (empezamos en oct. de 2013 y terminamos en dic. de 2014) que, si bien no cambiaríamos ni una coma en cuanto a lo sustancial de las críticas, seguramente modificaríamos bastante el tono. De hecho, después de haber publicado las primeras entregas nos hicieron esta observación que, créase o no, tuvimos en cuenta.

Hoy en día, si tuviéramos que escribirla de nuevo, sería aún más desapasionada.

¡De los errores se aprende, qué se le va a hacer!