2) FINALIDAD DE LA PARUSÍA
Además del momento en que
viene, tenemos que preguntarnos también por la finalidad de ambos sucesos, y así veremos una nueva diferencia.
En el capítulo XIX el Mesías tiene como objetivo inmediato guerrear
contra las dos Bestias y su ejército[1].
Por otra parte, Nuestro Señor en su Parusía viene a buscar
a la Iglesia, su prometida, para las bodas. No hay, en los pasajes alusivos
a la Parusía, mención alguna a la guerra sino a la vigilancia.
¿Hará falta citarlo todo?
Mateo XXII, 2-14: “El reino de los cielos es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo. Y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas, mas ellos no
quisieron venir. Entonces envió a otros siervos, a los cuales dijo: “Decid a
los convidados: Tengo preparado mi banquete; mis toros y animales cebados han
sido sacrificados ya, y todo está a punto: venid a las bodas”. Pero, sin
hacerle caso, se fueron el uno a su granja, el otro a sus negocios. Y los
restantes agarraron a los siervos, los ultrajaron y los mataron. El rey, encolerizado,
envió sus soldados, hizo perecer a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.
Entonces dijo a sus siervos: “Las bodas están preparadas, mas los convidados no
eran dignos. Id, pues, a las encrucijadas
de los caminos, y a todos cuantos halléis, invitadlos a las bodas”. Salieron
aquellos siervos a los caminos, y reunieron a todos cuantos hallaron, malos y
buenos, y la sala de las bodas quedó llena de convidados. Mas cuando el rey
entró para ver a los comensales, notó a un hombre que no estaba vestido con el
traje de boda. Díjole: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin tener el traje de
boda?” Y él enmudeció. Entonces el rey dijo a los siervos: “Atadlo de pies y
manos, y arrojadlo a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el rechinar
de dientes. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos”.
Mateo XXV, 1-13: “En aquel entonces el reino de los cielos será semejante a diez
vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron
al encuentro del esposo. Cinco de entre ellas eran necias, y cinco prudentes.
Las necias, al tomar sus lámparas, no tomaron aceite consigo, mientras que las
prudentes tomaron aceite en sus frascos, además de sus lámparas. Como el esposo
tardaba, todas sintieron sueño y se durmieran. Mas a medianoche se oyó un
grito: “¡He aquí al esposo! ¡Salid a su
encuentro!”. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron
sus lámparas. Mas las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro
aceite, porque nuestras lámparas se apagan”. Replicaron las prudentes y
dijeron: “No sea que no alcance para nosotras y para vosotras; id más bien a
los vendedores y comprad para vosotras”. Mientras ellas iban a comprar, llegó el esposo; y las que estaban prontas,
entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta. Después llegaron las
otras vírgenes y dijeron: “¡Señor, señor, ábrenos!”. Pero él respondió y dijo:
“En verdad, os digo, no os conozco”. Velad,
pues, porque no sabéis ni el día ni la hora”.