miércoles, 17 de junio de 2026

Fin

 Fin 

Como dice Salomón (Ecl. III, 1 ss.), hay un tiempo para todo en esta vida: nacer y morir, plantar y arrancar lo plantado, derruir y edificar, etc. Pues bien, podría agregar, hay un tiempo para abrir un blog y otro para cerrarlo.

Más de diez años han pasado desde entonces y no es tarea fácil mantenerlo en el tiempo, con cierta regularidad y línea de pensamiento.

Los dos fines principales (sobre todo uno de ellos) que me llevaron a abrirlo, se han cumplido con creces, y además creo que lo principal ya está dicho. En concreto, las entradas del blog podrían dividirse en tres grandes secciones:

 a) Sagrada Escritura: con un marcado énfasis en las profecías bíblicas, se ha pasado revista a las principales profecías bíblicas: 70 Semanas, Discurso Parusíaco, Katéjon y Apocalipsis.

 b) Teología: en este caso, el énfasis recaía en el tratado De Ecclesia. Se tradujeron/transcribieron muchos artículos e incluso un par de libros.

 c) Miscelánea: de categorización un tanto más difícil, esta última sección contiene temas espirituales, reseñas de libros o textos de autores que admiro, como León Bloy.

 Las entradas seguirán siendo visibles e incluso podrá consultarse, creo que con provecho, el Índice Escriturístico, como así también un listado de Libros recomendados.

Esta entrada permanecerá siempre como la última y es posible que cada tanto agregue algunas otras, sobre todo, reseñas de libros.

 Veni Domine Iesu!

lunes, 15 de junio de 2026

Lady Georgiana Fullerton, Vida de Santa Francisca Romana y de la Beata Lucía de Narni (reseña)

 Lady Georgiana Fullerton, Vida de Santa Francisca Romana y de la Beata Lucía de Narni, Traducciones CJ (2026), 200 pág. 


Santa Francisca Romana (1380-1440) es, sin dudas, una de las grandes santas de uno de los períodos más tumultuosos de la historia de la Iglesia, el llamado cisma de Occidente. Dios multiplicó ya desde niña las gracias con tal profusión, que algunas de ellas parecerían apenas creíbles.

Su padre la había prometido en matrimonio desde muy niña, lo que supuso para nuestra santa un choque muy grande que le hizo derramar numerosas lágrimas. Ante la consulta a su director espiritual, obtuvo un respuesta que es una verdadera joya llena de sabiduría celestial. 

«Si tus padres persisten en su resolución, acéptala, hija mía, como signo de que Dios espera de ti este sacrificio. Ofrécele en ese caso tu ardiente deseo de la vida religiosa. Él aceptará la voluntad por la obra y obtendrás de inmediato la recompensa de ese deseo y las gracias peculiares unidas al sacramento del matrimonio. Los caminos de Dios no son siempre como los nuestros, Francisca. Cuando Santa María Magdalena envió llamar al Señor Jesucristo para que viniera y sanara a su hermano, sin duda fue una prueba severa para ella que no fuera; que las largas horas del día y de la noche se sucedieran y que tardara en el camino, sin enviar mensaje ni señal de su amor. Pero cuando su hermano resucitó, cuando el sudario cayó de sus miembros y se presentó ante ella lleno de vida y de fuerza, comprendió el misterio y adoró la divina sabiduría de aquel retraso. Dios, en efecto, pide tu corazón, Francisca; pero también reclama tu ser completo como ofrenda; y, por lo tanto, tu voluntad, para que pueda moldearla en plena conformidad con la suya. Porque las obras pueden ser muchas y buenas, hija mía, y la piedad puede ser fervorosa y las virtudes eminentes, y aun así el más pequeño atisbo de amor propio o voluntad propia puede arruinarlo todo. ¿Por qué lloras, Francisca? ¿Porque la voluntad de Dios no se cumple o porque la tuya se ve frustrada? Nada más que el pecado puede estropear la primera y en esta prueba tuya no hay la menor sombra de pecado. En cuanto a tu propia voluntad, inclínala, rómpela, aniquílala, hija mía, y toma valor. Ten sólo un pensamiento: la buena y dulce voluntad de Dios; sométete a su Providencia. Deposita tus deseos como ofrenda en su altar; renuncia a aquel lugar más alto que, con justicia, habías codiciado; toma el inferior que ahora te asigna; y si no puedes ser su esposa, sé su fiel y amorosa sierva».