miércoles, 29 de junio de 2022

He aquí que vengo, por Magdalena Chasles, Segunda Parte, Israel Congregado, Misterio de la Tierra

 a) Misterio de la Tierra 

Si admitimos la congregación de Israel, a la luz profética, como un hecho cierto, dos cuestiones, sin embargo, permanecen obscuras: ¿dónde tendrá lugar esa congregación? ¿Cuándo tendrá lugar? Misterio de la tierra, misterio del tiempo. 

Parece que actualmente todo lo que concierne al país de la congregación de Israel está, para las miradas humanas, rodeado de incertidumbre. Un dilema angustioso se presenta: ¿de quién es la Palestina? 

Al alba del Sionismo, cuando Herzl lanzaba la idea; cuando, al fin de la guerra de 1914, Lord Balfour abría a los judíos la Palestina el 2 de noviembre de 1917; cuando Hitler, por su gesto abominable, exiliaba y perseguía a los judíos de Alemania, y que en masa se iban a refugiar en Palestina, creemos que las profecías se cumplen rápidamente y que toda la Palestina les será devuelta. 

Pero los árabes se levantaron, al principio, contra los judíos “invasores”, reclamando sus derechos de antiguos ocupantes. 

El conflicto árabe-israelí continuó, debido a los problemas y al terrorismo, desde el 13 de octubre de 1933. El alto Comisionado inglés los reprimió desde el comienzo y declaró que, si Gran Bretaña había aceptado el mandato de la Palestina desde hacía trece años, quería también al mismo tiempo facilitar el establecimiento de un hogar nacional judío y respetar al mismo tiempo los intereses de los árabes. 

En febrero de 1935, los jefes del Islam en Palestina se reunieron en Jerusalén, en congreso, en el salón de la escuela musulmana, cerca de la mezquita de Omar. Decretaron penas terribles contra aquellos que vendieran tierras a los judíos: los honores fúnebres les serían negados a aquellos malos descendientes de Ismael y sus cuerpos no serían enterrados en el recinto de los cementerios musulmanes. 

A menudo se desarrollaron grandes manifestaciones contra los Sionistas, con juramentos sobre el Corán, a fin de que no se les cediera un poco de tierra a los judíos. 

sábado, 25 de junio de 2022

Fiesta de San José, por el P. Bover (III de V)

 4. SANTIDAD DE SAN JOSÉ 

Esposo de la Madre de Dios, Padre del Hijo de Dios, elevado al orden de la unión hipostática, San José alcanzó la eminente santidad que a tan soberanas prerrogativas correspondía. Y, como por estas prerrogativas, San José excede en dignidad a todos los santos, a excepción solamente de la Madre de Dios, así los aventaja incomparablemente a todos en gracia y santidad. 

“Ley es general de todas las gracias singulares que a alguna criatura racional se comunican, escribe San Bernardino de Sena, que, cuando la divina gracia escoge a uno para alguna gracia singular o para algún sublime estado, le otorgue todos los carismas que a la tal persona así escogida y a su oficio le son necesarias y copiosamente la adornan. Lo cual principalmente se verificó en San José, Padre putativo de nuestro Señor Jesu-Cristo y verdadero Esposo de la Reina del mundo y Señora de los Ángeles…: oficio que San José cumplió con toda fidelidad” (Sermón I de San José). 

Con razón, pues, escribía Su Santidad Benedicto XV: 

“¡Con cuántas y cuán excelentes virtudes adornó San José la humildad de su condición y de su fortuna! Con aquellas ciertamente con que debía resplandecer el que era Esposo de Maria Inmaculada y que era tenido como Padre de Jesús Señor nuestro” (Motu proprio Bonum sane, 25 Jul. 1920). 

Fácil cosa fuera acumular razones y testimonios que pusiesen de manifiesto la santidad encumbrada y singular del glorioso Patriarca. Pero basta lo dicho para demostrar una verdad tan evidente. 

5. PATRONATO DE LA IGLESIA UNIVERSAL 

martes, 21 de junio de 2022

He aquí que vengo, por Magdalena Chasles, Segunda Parte, Israel Congregado

 3. Israel Congregado

El desarrollo profético de Israel disperso está profundamente unido a la primera parte del rollo del Libro. ¡Todo lo que fue anunciado, desde Moisés hasta el mismo Jesús, se realizó de manera total, precisa e impresionante! 

Ahora bien, las profecías sobre la congregación de Israel en su tierra, y las que conciernen a esta misma tierra, muchos más numerosas que las precedentes, se deben cumplir no menos literalmente. 

Pero, evidentemente, solamente la fe en la Palabra de Dios nos puede asegurar que la fertilidad se extenderá de nuevo sobre la Palestina –el Eretz Israel– y que el pueblo de Dios, congregado, luego convertido a su Salvador, a su Rey de gloria, retomará el rol que le fue asignado. 

Los anuncios de la congregación de Israel tienen, por primera vez, un comienzo de realización desde que el Sionismo intenta rehacer una Palestina judía, a pesar de la oposición árabe. Las dificultades de la hora actual son muy grandes –parece que mayores que hace diez años– pero la Palabra de Dios está allí para afirmar que un día Israel reencontrará su tierra ampliada y maravillosamente fértil, cuando haya conocido horas crueles, las de su purificación. 

Moisés, que había visto los sufrimientos de su pueblo a través de los siglos, y su dispersión, anunció también su congregación y su gloria futura: 

“Si te vuelvas a Jehová, tu Dios, escuchando su voz –es necesario el arrepentimiento y la obediencia; Israel no lo ha entendido aún– entonces Jehová, tu Dios, te hará volver del cautiverio, y se compadecerá de ti, y de nuevo te congregará de en medio de todos los pueblos, entre los cuales te habrá dispersado. 

Aun cuando tus dispersados estuviesen en las extremidades del cielo, de allí te recogerá Jehová, tu Dios, y de allí te sacará; y te llevará Jehová, tu Dios, al país que poseyeron tus padres; tú lo poseerás, y Él te hará bien y te multiplicará más que a tus padres. 

Jehová, tu Dios, circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes –el de la mujer– para que ames a Jehová, Dios tuyo, con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que tengas vida. 

Entonces Jehová, tu Dios, arrojará todas estas maldiciones sobre tus enemigos y sobre los que te han odiado y perseguido. 

Tú, empero, volverás a obedecer la voz de Jehová” (Deut. XXX, 2-8). 

viernes, 17 de junio de 2022

Fiesta de San José, por el P. Bover (II de V)

   2. PATERNIDAD INEFABLE 

De este primer título se deriva otro no menos glorioso, y ciertamente más misterioso: la inefable paternidad de San José respecto de Jesu-Cristo. Inefable, decimos, y lo es en todo rigor; pues no se ha hallado hasta ahora un nombre que exprese adecuadamente esta misteriosa paternidad. Se llama frecuentemente a San José padre adoptivo, padre nutricio, padre putativo, padre legal de Jesús; mas semejantes denominaciones son, si no inexactas, por lo menos deficientes. La de padre adoptivo es impropia; puesto que la adopción recae en un sujeto extraño: y Jesús no era extraño a San José. La de padre nutricio expresa solamente un oficio de la paternidad: nada dice sobre la paternidad misma. La de padre putativo es meramente negativa: pues solamente significa que San José no es padre natural de Jesús. Algo más se acerca a la verdad la de padre legal, derivada de la ley del levirato; pero que dista mucho todavía de la verdad y propiedad con que San José es apellidado padre de Jesu-Cristo. Algunos han llamado matrimonial a esta paternidad; y pudiera llamarse jurídicamente (no físicamente) natural. Mas sea lo que fuere del nombre, lo que más interesa es la realidad que con toda esa variedad de nombres no se ha logrado expresar adecuadamente. 

En general, puede afirmarse que San José, fuera de su concurso físico, posee prerrogativas y derechos de la paternidad. Más en particular, conviene notar que Jesús nace de la Esposa de San José; que nace bajo la sombra y en virtud del casto matrimonio de San José con la Virgen María, providencialmente ordenado a este nacimiento, que nace sin otro padre terreno, como quien a boca llena y exclusivamente había de ser llamado Hijo de Dios; que nace, y debía nacer, virginalmente: para lo cual la virginidad conyugal de San José era condición esencial y positiva, no meramente negativa, de su nacimiento. Por esto, aun la ausencia del concurso físico de San José queda notablemente reducida o atenuada. Porque este concurso no es sustituído por el de otro hombre, sino suplido milagrosamente por el Espíritu Santo, que, al intervenir sobrenaturalmente, no quita a San José ninguno de los derechos que sobre el fruto de su matrimonio con la Virgen María naturalmente le correspondían. En consecuencia, la paternidad de San José, como derivada de la naturaleza misma del matrimonio, esto es, del mismo derecho natural, pudiera apellidarse, si la expresión no fuera malsonante, paternidad natural: no, cierto, físicamente, pero sí jurídicamente natural. En suma, Jesús es fruto precisamente del matrimonio de San José con la Virgen María; es fruto de la Esposa de José, precisamente en cuanto Esposa suya; es fruto precisamente de la virginidad de María, que, en virtud del matrimonio, era propiedad de José. Y la intervención sobrenatural del Espíritu Santo eleva y dignifica la naturaleza de este matrimonio, pero no la destruye. 

Tal es, en efecto, el sentir de los Santos Padres y Teólogos que más profundamente han escudriñado el misterio de esta inefable paternidad. Bastará citar algunos de los más ilustres. San Agustín escribe: 

En virtud de este fiel matrimonio ambos merecieron ser llamados padres de Cristo, de suerte que no solamente María es madre, sino también José es padre suyo, como esposo que es de su madre: lo uno y lo otro espiritual, no carnalmente” (De nupt. et concup. lib. 1, cap. 11. ML 44, 421). 

Y en otro lugar añade: 

lunes, 13 de junio de 2022

He aquí que vengo, por Magdalena Chasles, Segunda Parte, Israel disperso (II de II)

   La dispersión debía seguirse. Moisés lo había predicho –¡y en qué términos, tan precisos como conmovedores!– después de la descripción de los sufrimientos de Jerusalén. 

Te esparcirá Jehová por entre todos los pueblos, de un cabo de la tierra hasta el otro cabo de la tierra… Y entre esos pueblos no encontrarás reposo ni descanso para la planta de tu pie; pues allí te dará Jehová un corazón tembloroso, ojos decaídos y un alma abatida. 

Tu vida estará ante ti como pendiente de un hilo, tendrás miedo de noche y de día, y no confiarás de tu vida. A la mañana dirás: ¡Ojalá que fuera la tarde!, y a la tarde dirás: ¡Ojalá que fuera la mañana!, a causa del miedo que agita tu corazón y a causa de lo que tus ojos verán” (Deut. XXVIII, 64-67). 

Lo que Moisés anunció con términos poderosos fue confirmado también a menudo por los Profetas. La destrucción de Jerusalén, el abandono de la tierra de Israel, la dispersión, fueron como los temas recurrentes que hubieran debido despertar el espíritu de los judíos y conducirlos por la vía recta. 

Haré de ella una desolación y no será podada ni cultivada; brotarán allí zarzas y espinas; y mandaré que las nubes no lluevan sobre ella” (Is. V, 6). 

Sión será arada como un campo; Jerusalén será un montón de escombros” (Miq. III, 12). 

En el año 132, el Emperador Adriano hizo pasar el arado sobre la explanada del Templo, cumpliendo la profecía sin conocerla. 

Y he aquí que Jeremías clama a Jerusalén: 

“¡Oh muro de la hija de Sión, derrama, cual torrente, tus lágrimas noche y día!” (Lam. II, 18). 

El Muro de los Lamentos era como contemplado por el profeta, que lloraba a su pueblo ingrato y rebelde. El muro, donde lloran siempre a su “santa Sión” centenares de judíos, es el testigo permanente del pasado y de la veracidad de la profecía. 

jueves, 9 de junio de 2022

Fiesta de San José, por el P. Bover (I de V)

Fiesta de San José, por el P. Bover 

Nota del Blog: El siguiente texto del P. Bover está tomado de Homilías Evangélicas, pág. 273-301 (1946). 

*** 

“La generación, de Cristo fué así. Estando desposada María su Madre con José, antes de que cohabitasen, se halló que había concebido por obra del Espíritu Santo. José, su marido, como fuese justo, y no quisiese infamarla, resolvió repudiarla secretamente. Estando él en estos pensamientos, he aquí que un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María tu mujer; porque lo que se ha engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Todo esto acaeció a fin de que se cumpliese lo que dijo el Señor por el profeta que dice (Is. VII, 14): He aquí que una virgen concebirá y parirá un hijo, y llamarán su nombre Emmanuel; que traducido quiere decir: “Dios con nosotros”. Despertado del sueño, José hizo como le había ordenado el ángel del Señor, Y recibió consigo a su mujer; la cual, sin que él antes la conociese, dio a luz un Hijo, y él le puso por nombre Jesús” (Mt. I, 18-25). 

LA DEVOCIÓN AL PATRIARCA SAN JOSÉ 

INTRODUCCIÓN: A GRANDES MALES GRANDES REMEDIOS 

La oportunidad de esta devoción la proponía no hace muchos años Su Santidad el Papa Benedicto XV en su Motu proprio «Bonum sane» de 25 de julio de 1920. En este documento, consagrado a conmemorar la solemne proclamación del patrocinio universal de San José, el soberano Pontífice, reconociendo gustoso los maravillosos progresos que durante los cincuenta años transcurridos desde aquella fecha memorable había hecho la devoción del pueblo cristiano al glorioso Patriarca, añadía, sin embargo, que las calamidades siempre crecientes que, después de la gran guerra, sobre todo, oprimían a todo el género humano, exigían mayor acrecentamiento todavía de tan saludable devoción. 

“Al considerar, decía, la situación angustiosa, que aflige a la humanidad, salta a la vista la necesidad de que esta devoción se promueva con mucho mayor ahínco entre los pueblos y se propague mucho más extensamente”. 

Con estas graves palabras proclamaba el gran Pontífice de la Paz aquel principio que siempre ha gobernado a la Iglesia católica: que a grandes males hay que oponer grandes remedios. Estos grandes remedios de los males que pesan sobre la tierra hay que buscarlos en el cielo. La devoción al Corazón de Jesu-Cristo, a la Virgen Inmaculada, Medianera universal de la divina gracia, y también, según enseña el mismo Pontífice, al glorioso Patriarca San José, son esos grandes remedios de los inmensos males que nos aquejan y de los mayores que nos amenazan. Y Su Santidad el Papa Pío XI, al aprobar y bendecir la intención general que durante el mes de marzo de 1928 el Apostolado de la Oración recomendaba a todos sus socios, renovó la recomendación de Su Ilustre Predecesor, de que, para poner un dique a esa invasión arrolladora de calamidades y peligros, hay que intensificar y extender más y más cada día la devoción de los fieles al castísimo Esposo de la Virgen Madre de Dios. 

domingo, 5 de junio de 2022

He aquí que vengo, por Magdalena Chasles, Segunda Parte, Israel disperso (I de II)

 2. Israel disperso 

¿Acaso existe en toda la Biblia alguna profecía cuya realización haya sido más clara y literal que las que proclamaban la dispersión de Israel? Creemos que no. 

Esta expatriación de los judíos fue anunciada primero por Moisés. Distingue dos tiempos: el de la cautividad asiria o babilonia y la dispersión a través de todos los pueblos de la tierra, después del sitio y la toma de Jerusalén por las legiones romanas de Tito. 

Este doloroso futuro fue visto con quince siglos de antelación, al mismo tiempo que Dios revelaba a su profeta la infidelidad de su pueblo, causa de todos sus sufrimientos. 

“Jehová te transportará a ti y al rey (Sedecías) que pongas sobre ti[1], a un pueblo desconocido de ti y de tus padres (Asiria-Babilonia); y allá servirás a otros dioses, a leño y piedra. Y vendrás a ser un objeto de espanto, de proverbio y de befa entre todos los pueblos adonde Jehová te llevará… 

Por cuanto no serviste a Jehová, tu Dios, con alegría y buen corazón a pesar de que abundaba todo, servirás a tus enemigos que Jehová enviará contra ti, en hambre, en sed, en desnudez y todo género de miserias[2]. Él pondrá sobre tu cuello un yugo de hierro, hasta aniquilarte” (Deut. XXVIII, 36-37.47-48). 

Israel, que no quiso reconocer al Eterno como a su único Dios, como a su Rey, como a su Proveedor, olvidando que lo había alimentado en el desierto, caerá bajo el yugo de hierro del rey de Babilonia, se inclinará ante las divinidades paganas, conocerá toda clase de miserias. 

Pero aún más explícita es la profecía de Moisés anunciando el sitio atroz de Jerusalén y la toma de la ciudad por Tito, en el año 70 d.C., sobre lo cual Flavio Josefo, testigo ocular, constató el minucioso cumplimiento.