domingo, 14 de abril de 2024

Próspero Ruggeri de Casal y los misterios de la primera palabra de la Biblia: בראשית (III de V)

   Pero recibe ahora la segunda exposición de seis letras por medio de seis palabras. 

Bereschit

1. ב

2. ר

3. א

4. ש

5. י

6. ת

 

Bereschit

1. בן

2. רוח

3. אב

4. שלושתם

5. יחר

6. תענודו 

Es decir, 1. Hijo; 2. Espíritu Santo; 3. Padre; 4. su Trinidad; 5. Juntos; 6. Adorarás. He aquí el misterio de la adoración de las tres Personas, pero no de tres dioses, sino de uno. 

He aquí la tercera. 

Bereschit

1. ב

2. ר

3. א

4. ש

5. י

6. ת

 

1. בכורי

2. ראשוני

3. אשר

4. שמו

5. ישוע

6. תענודו

 

1. Bechari; 2. Riscioni; 3. Ascer; 4. Scemo; 5. Iesciuang; 6. Tangauodu. 

Es decir, 1. Mi Primogénito; 2. Mi primero; 3. Cuyo; 4. Nombre es; 5. Jesús Salvador; 6. Adorable. ¿No vemos aquí otro misterio de los cristianos sobre la adoración de Jesucristo como Dios? 

He aquí la cuarta, más clara. 

Bereschit

1. ב

2. ר

3. א

4. ש

5. י

6. ת

 

1. בבוא

2. רבן

3. אשר

4. שמו

5. ישוע

6. תענודו

 

1. Bevo; 2. Rabban; 3. Ascer; 4. Scemo; 5. Iesciuang; 6. Tangauodu. 

Es decir, 1. Cuando venga; 2. El Maestro; 3. Cuyo; 4. Nombre es; 5. Jesús; 6. Adorable. Aquí está indicado el Misterio de la Encarnación y de la Natividad de Jesucristo, tal como enseña la religión cristiana.

miércoles, 10 de abril de 2024

Próspero Ruggeri de Casal y los misterios de la primera palabra de la Biblia: בראשית (II de V)

  David Tintore era muy conocido entre los príncipes de Italia, mercader de gemas, familiar de las cortes y tenido en gran estima, de forma que se le llamaba el Duque de los Judíos. Próspero era uno de sus amigos. Sin embargo, odiando cada vez más a los hebreos que procuraban alejar a los hombres del judaísmo, oyendo que David afirmaba en público que quería asar el corazón de Próspero y dárselo a comer a los perros, estando una vez juntos en casa de un cristiano, le preguntó si era cierto lo que se decía. David no lo negó y dijo que Próspero hubiera dicho lo mismo si hubiera sido de la misma religión. Entonces Próspero le dijo:

– ¿Seguirías diciendo lo mismo si te constara la verdad de la fe católica?

Dav. De ninguna manera –respondió–, pero ¿cómo vas a mostrarme que es la verdadera?

Prósp. Te voy a abrir los misterios de la fe cristiana que están encerrados en la primera palabra de la Ley Mosaica.

Dav. Si me muestras esto, inmediatamente me confesaré cristiano.

Prósp. Recuerda David, lo que has prometido.

Dav. Una vez más, lo prometo con sinceridad.

Prósp. Vamos al asunto. ¿Cómo lees la primera palabra de la Ley?

Dav. בראשית, Bereschit, es decir, En el Principio.

Prósp. ¿Pero por qué lo lees así?

Dav. Porque así me lo enseñan las puntuaciones.

Prósp. ¿Aceptarías el Sefer Torá [copia de la Torá] que se lee en la Sinagoga si estuviera escrito con puntos?

Dav. De ninguna manera, pues sería פּסול, Pasul, es decir, profano.

Prósp. ¿Por qué?

Dav. Porque así lo decretaron nuestros sabios, pues si se escribieran los puntos, se determinaría un sentido, mientras que sin ellos hay libertad para infinitos sentidos, tal como debe concederse a la palabra de Dios.

sábado, 6 de abril de 2024

Próspero Ruggeri de Casal y los misterios de la primera palabra de la Biblia: בראשית (I de V)

 Próspero Ruggeri de Casal y los misterios de la primera

palabra de la Biblia: בראשית

  

Drach, La Armonía entre la Iglesia y la Sinagoga, vol. 2, pp. 34-35.

11. Próspero Ruggeri de Casal, en el Piamonte, antes de su bautismo Rabí Salomón Meir[1], hijo de Moisés Novare, personaje distinguido en su nación. Se había hecho una gran reputación como cabalista, no sólo en Venecia, donde los judíos no podían admirar suficientemente sus sermones, y en Jerusalén, donde fue nombrado rabino, sino en todas partes del mundo. Antes de abandonar su tierra natal, la toma de Casal por los españoles, que saquearon la ciudad, fue fuente de una gran fortuna para él. No pudiendo resistir más a tantas pruebas de la verdad del cristianismo, que encontraba continuamente en la Cábala, se bautizó el 25 de junio de 1664. Al mismo tiempo, convirtió a varias familias judías. Su esposa, al principio obstinada en el judaísmo, se bautizó el 6 de agosto. El relato de esta notable conversión se encuentra en la biblioteca de la Propaganda de Roma, entre los manuscritos dejados por el erudito P. G. Pastritius, profesor de teología polémica en el colegio del mismo establecimiento. Bartolocci ha insertado una parte en el vol. IV de su Bibl. Rab. pp. 526 sigs.

12. La conversión de Próspero, como es bien sabido, despertó una gran animosidad contra él entre los judíos, sobre todo porque era muy celoso de la conversión de sus hermanos de sangre. Había entonces en Italia un joyero judío, David Tintore, que era opulento, muy estimado y bien recibido en las cortes de todos los príncipes. Era un gran señor, un Rothschild de la época. Se le llamaba el Duque de los Judíos. Odiaba aún más al neófito porque habían sido amigos. Decía: Mi felicidad sería asar el corazón de Próspero y dárselo a comer a los perros. Éste, informado de ello, se dirigió a él con valentía y le mostró, en el primer versículo del Génesis, explicado según los principios de la Cábala[2], la trinidad de Dios y la encarnación del Verbo divino. Continuó probando los demás artículos de la fe católica de la misma manera. David Tintore se lanzó al cuello de su antiguo amigo, declarando que, a partir de ahora, eran hermanos en Jesucristo. 

*** 

Bartolocci, Bibliotheca Magna Rabbinica, vol. IV, pp. 526-537. 

1951. R. Salomón Meir Ben Mosis Navarra.

domingo, 31 de marzo de 2024

La Humani generis y el Magisterio Ordinario del Santo Padre, por Mons. Fenton (III de III)

La última afirmación del vigésimo párrafo de la Humani generis contiene una de las lecciones más valiosas e importantes de toda la encíclica. Responde a una cuestión fundamental que debe ser considerada antes de que pueda darse cualquier apreciación práctica de la enseñanza de la Iglesia. La pregunta es la siguiente: ¿cómo podemos saber que una determinada afirmación de una encíclica papal (o de cualquier otro documento del magisterium de la Iglesia) es una afirmación que los católicos están obligados a aceptar en conciencia en virtud de la autoridad del propio documento?

La Humani generis no intenta ofrecer una respuesta completa a esta pregunta. Se contenta con señalar un caso en el que los católicos están definitiva y obviamente obligados en conciencia a dar un asentimiento interno a las enseñanzas de un documento papal. Este caso se da, según la Humani generis, cuando el Santo Padre se toma la molestia de emitir un pronunciamiento sobre un tema que, hasta la emisión de ese documento particular en el que se contiene el pronunciamiento, se ha considerado como abierto a controversia.

Evidentemente, nada puede considerarse discutible entre los católicos cuando ha habido una palabra definitiva y directa del magisterium eclesiástico autoritativo sobre este tema. Por lo tanto, la res hactenus controversa [cuestión hasta entonces discutida] a la que se refiere la Humani generis debe ser una cuestión aún no decidida por la autoridad de la Santa Sede o de la ecclesia docens en su conjunto. El punto establecido en la encíclica es que cuando el Santo Padre, data opera [de propósito], emite una declaración sobre esta cuestión, ya no se puede considerar legítimamente como estando todavía abierta a debate entre los teólogos. Esto sigue siendo cierto incluso cuando la sententia pronunciada por el Romano Pontífice no se plantea como irrevocable, es decir, cuando la contradicción de la enseñanza afirmada debe ser condenada con una censura teológica menor que de fide o erronea.

lunes, 25 de marzo de 2024

La Humani generis y el Magisterio Ordinario del Santo Padre, por Mons. Fenton (II de III)

   La segunda frase de este vigésimo párrafo de la encíclica tiene gran importancia para los estudiantes modernos de teología sagrada. Afirma que las encíclicas son órganos del magisterium ordinarium del Santo Padre, y que la promesa que Nuestro Señor hizo a sus apóstoles (y a través de ellos a sus sucesores en la ecclesia docens) de que "quien a vosotros oye, a mí me oye" (Lc. X, 16), se aplica al magisterium ordinarium con la misma verdad que a las sentencias solemnes emitidas por el mismo Santo Padre o por la ecclesia docens en su conjunto. Esta misma frase añade el comentario de que la mayoría de las afirmaciones que los fieles están obligados a aceptar de las encíclicas ya han sido asignadas dentro del campo de la doctrina católica bajo algún otro título. En otras palabras, la Humani generis tiene en cuenta el hecho de que ninguna carta pontificia individual se compone enteramente (o incluso en gran parte) de afirmaciones que nunca antes hayan sido expuestas con autoridad por la ecclesia docens.

De manera general, la literatura teológica que trata del poder de   enseñanza infalible y autoritativa de la Iglesia ha tendido a restringir el término "magisterium ordinario y universal" a las enseñanzas de los obispos residenciales de la Iglesia Católica dispersos por todo el mundo y unidos al Romano Pontífice. La terminología de estos volúmenes dejó poco espacio para cualquier estudio del magisterium ordinario del Romano Pontífice. De vez en cuando nos encontramos con algún escritor teológico lo suficientemente descuidado como para negar que el Santo Padre puede enseñar de forma infalible si no es mediante un juicio o definición solemne[1]. Sin embargo, la mayor parte de los comentarios sobre el magisterium ordinarium del Romano Pontífice son muy escasos. De ahí la declaración de la Humani generis en el sentido de que la enseñanza presentada con autoridad (es decir, de tal manera que los católicos están obligados en conciencia a aceptar y adoptar como propia) en las encíclicas papales nos llega por medio del magisterium ordinarium es definitivamente una contribución al pensamiento teológico moderno.

jueves, 21 de marzo de 2024

La Humani generis y el Magisterio Ordinario del Santo Padre, por Mons. Fenton (I de III)

La Humani generis y el Magisterio Ordinario del Santo Padre,

por Mons. Fenton

Nota del Blog: El siguiente texto de Mons. Fenton está tomado del American Ecclesiastical Review (AER), CXXV, (Julio de 1951), pág. 53-62. 

*** 

Existe una sección de la encíclica Humani generis del Santo Padre que ha despertado mucha atención en nuestro país. Se trata del siguiente párrafo, el que lleva el número 20. 

“Tampoco ha de pensarse que no exige de suyo asentimiento lo que en las Encíclicas se expone, por el hecho de que en ellas no ejercen los Pontífices la suprema potestad de su magisterio. Puesto que estas cosas se enseñan por el magisterio ordinario, al que se aplica también lo de quien a vosotros oye, a mí me oye (Lc. X, 16), y las más de las veces, lo que en las Encíclicas se propone y se inculca, pertenece ya, por otros conceptos, a la doctrina católica. Y si los Sumos Pontífices en sus documentos pronuncian de propósito sentencia sobre alguna cuestión hasta entonces discutida, es evidente que esa cuestión, según la mente y voluntad de los mismos Pontífices, no puede ya tenerse por objeto de libre discusión entre los teólogos”[1]. 

Cada frase de este párrafo contiene una importante verdad teológica. La primera expresa un hecho, a veces obscurecido, sobre la actividad docente del Santo Padre. La segunda frase pone de manifiesto una verdad que hasta ahora no ha sido expuesta con mucha frecuencia en la sección de los escritos teológicos que tratan del poder de enseñanza del Santo Padre. Constituye una importante contribución a la literatura teológica. La tercera es una inferencia necesaria de las primera y segunda frases. Tiene consecuencias definitivas e intensamente prácticas para los teólogos actuales.

La primera afirmación de este párrafo condena cualquier minimización de la autoridad de las encíclicas papales que pudiera basarse en el subterfugio de que el Santo Padre no utiliza la plenitud de su poder doctrinal en tales documentos. La enseñanza de las encíclicas postula un assensum per se, una aceptación por parte de los católicos precisamente porque es la enseñanza de la suprema autoridad doctrinal dentro de la Iglesia universal de Jesucristo sobre la tierra. Exige tal aceptación incluso cuando el Santo Padre no utiliza supremam sui Magisterii potestatem [la potestad suprema de su magisterio]. En otras palabras, los católicos están obligados a ofrecer, no sólo un reconocimiento cortés, sino una aceptación interna genuina y sincera a las enseñanzas que el Santo Padre establece con una nota o calificación menor que de fide o incluso doctrina certa.

Es imposible ver el significado completo de esta enseñanza sin tener una comprensión precisa de lo que constituye la suprema magisterii potestas del Romano Pontífice. Aquí hay que evitar dos errores distintos. La suprema magisterii potestas no se limita en modo alguno a la actividad docente solemne del Santo Padre, con exclusión de los pronunciamientos doctrinales que realiza de manera ordinaria. Tampoco se limita en modo alguno al objeto primario de la competencia doctrinal de la Iglesia, con exclusión de las verdades que se encuentran dentro de lo que se conoce como objeto secundario de la potestad docente infalible de la Iglesia. El Santo Padre ejerce realmente su suprema magisterii potestas cada vez que emite una decisión o pronunciamiento doctrinal infalible o irrevocable que obliga a la Iglesia militante universal. El modo o la forma de tal pronunciamiento puede ser solemne y extraordinario, u ordinario. Puede hablar dentro del campo del objeto primario de la potestad docente infalible de la Iglesia, o dentro del objeto secundario. En todo caso, cuando la decisión es definitiva y se dirige a la Iglesia militante universal y la obliga, el pronunciamiento es un ejercicio de la suprema magisterii potestas. Esto sigue siendo cierto, hay que recordarlo, tanto si la declaración es un juicio solemne como también si se trata de un pronunciamiento del magisterium ordinario.

domingo, 17 de marzo de 2024

Introducción al Libro de lo justo, por L. B. Drach, rabino converso (XII de XII)

APÉNDICE[1]

 Sobre la autenticidad mosaica del Pentateuco

 [De la Respuesta de la Comisión Bíblica, 27 de junio de 1906]

 Dz. 1997, Duda I: Si los argumentos, acumulados por los críticos para combatir la autenticidad mosaica de los libros sagrados que se designan con el nombre de Pentateuco son de tanto peso que, sin tener en cuenta los muchos testimonios de uno y de otro Testamento considerados en su conjunto, el perpetuo consentimiento del pueblo judío, la tradición constante de la Iglesia, así como los indicios internos que se sacan del texto mismo, den derecho a afirmar que tales libros no tienen a Moisés por autor, sino que fueron compuestos de fuentes en su mayor parte posteriores a la época mosaica.

 Respuesta: Negativamente. 

Dz. 1998, Duda II: Si la autenticidad mosaica del Pentateuco exige necesariamente una redacción tal de toda la obra que haya de pensarse en absoluto que Moisés lo escribió todo con todos sus pormenores por su propia mano o lo dictó a sus amanuenses; o bien, puede permitirse la hipótesis de los que opinan que Moisés encomendó la escritura de la obra, por él concebida bajo la divina inspiración, a otro u otros; de suerte, sin embargo, que expresaran fielmente sus pensamientos, nada escribieran contra su voluntad, nada omitieran, y que finalmente, la obra así compuesta, aprobada por Moisés su principal e inspirado autor, se publicara bajo su nombre. 

Respuesta: Negativamente a la primera parte; afirmativamente a la a la segunda. 

Dz. 1999, Duda III: Si puede concederse, sin perjuicio de la autenticidad mosaica del Pentateuco, que Moisés, para componer su obra, se valió de fuentes, es decir, de documentos escritos o de tradiciones orales, de las que, según el peculiar fin que se había propuesto y bajo el soplo de la inspiración divina, sacó algunas cosas y las insertó en su obra, ora literalmente, ora resumidas o ampliadas en cuanto al sentido. 

Respuesta: Afirmativamente. 

Dz. 2000, Duda IV: Si puede admitirse, salva la autenticidad mosaica esencial y la integridad del Pentateuco, que hayan podido introducirse en él algunas modificaciones, en tan prolongado transcurso de siglos, tales como: adiciones después de la muerte de Moisés, o apostillas de un autor inspirado o glosas y explicaciones insertadas en el texto, ciertos vocablos y formas de la lengua antigua trasladadas a lenguaje más moderno, en fin, lecciones mendosas atribuibles a defecto de los amanuenses, acerca de las cuales es lícito discutir y juzgar de acuerdo con la crítica. 

Respuesta: Afirmativamente, salvo el juicio de la Iglesia.


[1] Nota del blog: Damos, como complemento de lo dicho por Drach, las decisiones de la Comisión Bíblica sobre este tema, unos treinta años después de su muerte, y que confirman su postura.