4) Is. VII, 14: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo,
y le pondrá por nombre Emmanuel”.
Opinión del P. Pacios:
Es la prueba clásica de la virginidad de María. Su interpretación viene
impuesta al católico por el hecho de que Mt. (I, 23) advierte que en María se
cumplió esta profecía. De ahí la unanimidad de la tradición cristiana
en su interpretación. Creemos inútil extender nos en la argumentación de
Jerónimo, que, por otra parte, nos parece excelente.
Sólo advertiremos:
a) Que el testimonio
que alega de David Kimhi (ses. 40) no nos parece muy convincente, ya que éste,
al menos según la edición que nosotros tuvimos a mano, reconoce que la palabra alma puede aplicarse a una virgen, pero
también a la que no lo es, aunque incluyendo siempre el significado de algo
oculto y recatado.
b) Que, aunque esté bien su explicación etimológica de la
palabra alma, hubiera hecho mejor en insistir en el uso; de éste, en efecto, más que
de la etimología, depende el significado de las palabras. Según el uso, bétulá significa virgen, hecha abstracción de la edad; alma, en cambio, doncella casadera y,
por consiguiente, virgen, ya que quien no ha contraído matrimonio debe
presumirse tal.
La palabra alma se encuentra en
siete pasajes, a más de Is. VII, 14: en Gen. XXIV, 43, de
Rebeca; Ex. II, 8 de María, hermana de Moisés, cuando velaba a su hermano en
las aguas; Cant. VI, 8, de las doncellas en el palacio de Salomón en oposición
a reinas y concubinas. En estos tres lugares se toma, pues, como sinónimo de virgen joven. En otros tres lugares
(Sal. XLVI, 1; LXVIII, 2; I Paral. XV, 20) aparece en plural alamót), como término musical para
designar voz de soprano, es decir, atiplada, virginal. Sólo en Prov. XXX, 19
parece tratarse de una joven que no es virgen, es decir, que sin casarse es
violada clandestinamente por un hombre: el escritor sagrado le da un título
jurídico, porque no consta el real, que permanece oculto, por lo que tampoco
aquí significa “no virgen”. Por tanto, no puede argüirse de este texto contra
la significación de virgen, ya que se trata de una que se presume tal, aunque
de hecho no lo sea, cosa inadmisible tratándose de la Madre del Mesías, de que
habla Isaías.
c) Tampoco insiste Jerónimo en el significado que se dio antiguamente
a la palabra, cosa que, sin embargo, creemos corroboraría la prueba. En efecto,
la Sinagoga entendió “virgen” hasta
el s. II p. C. Sólo desde entonces, y por oposición a los cristianos, comenzó a
traducirla por joven. Por “virgen” la tradujeron los LXX, judíos buenos
conocedores del hebreo; su versión fué reconocida no sólo en la Diáspora, sino
aun en la misma Palestina, donde se usaba en las Sinagogas de lengua griega. Y
nadie reclamó contra la versión virgen
hasta bien entrado el siglo II, y los que entonces reclamaron no pudieron
presentar testimonios anteriores en su apoyo”.
Por lo demás, la argumentación de Jerónimo a base de Is. VII,
14 nos parece plenamente eficaz, y creemos que la tesis quedó plenamente
demostrada en la Controversia. Sólo añadiremos que su razonamiento de que
Isaías anuncia un milagro y que ése no se daría si se tratase de una concepción
natural y no virginal, es de honda raigambre patrística y lo juzgamos por sí
solo suficiente para evidenciar que alma
significa virgen.
Nuestra opinión: