Los
miembros de la Iglesia (Reseña),
por
el Cardenal Louis Billot S. J.
Traducciones
CJ, 2026
La obra del Cardenal Billot, sin dudas uno de los teólogos más brillantes del siglo XX, a quien Pío XII puso como modelo de teólogo y que fuera llamado por el Cardenal Merry del Val “gloria y honor de la Iglesia y de Francia”, la obra del Cardenal Billot, digo, es una fuente inagotable de sabiduría y de la más alta teología.
Particularmente es cierto
del tratado de Ecclesia, sin dudas el mejor que se haya escrito, donde,
a decir de Monseñor Fenton, algunas cuestiones, que se habían quedado como
empantanadas en la literatura teológica, pudieron avanzar gracias a la
enseñanza del Cardenal Billot.
El texto que se presenta
al lector, traducido al español por primera vez, es, sin dudas, el ejemplo más paradigmático.
Al hacer del carácter sacramental del bautismo la causa de la membresía en la
Iglesia, dio por sentados dos principios para la membresía: por un lado, el
sacramento debía recibirse realmente y no bastaba el meramente putativo, y por
el otro, la virtud de la fe nada agregaba, en cuanto a la substancia, a la membresía.
Sobre estos principios,
Monseñor Fenton desarrollaría luego aún más esta parte de la teología al
relacionar la membresía con la santa Misa, llegando así, tal vez, a las razones
profundas y últimas de la membresía, tras lo cual parece que poco más se puede
avanzar.
Después de rechazar las
teorías heréticas de los protestantes y otros herejes, pasa a defender la necesidad
del bautismo real (contra San Roberto Belarmino) y de la indiferencia de la virtud
de la fe (contra Suárez y otros autores)[1],
para luego analizar lo que puede impedir el efecto natural del carácter
sacramental, es decir, lo que puede impedir la membresía, a saber, la herejía y
cisma públicos, y la excomunión vitandus. Todo ello defendido con sólidas
razones teológicas y de autoridad (las clásicas pruebas del magisterio, la
tradición y las Sagradas Escrituras).
En un tiempo donde la
confusión sobre estos temas (y casi se podría decir lo mismo de cualquier otro
asunto teológico) reina por todas partes, siempre es bueno disponer de textos
donde la claridad va de la mano con la ortodoxia.
Con este libro se da
comienzo a una nueva colección, llamada Biblioteca de Textos Teológicos,
que pretende sacar a la luz de habla hispana textos como el actual, y al que no
tienen acceso la mayoría de los lectores.
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[1] Es cierto que en ambos casos, como lo señala
el Autor, los autores hablaron, respectivamente, sea de una opinión no tan
buena, sea de manera impropia.
