martes, 29 de diciembre de 2020

Una opinión de Fr. Luis de León sobre la cronología de la Pascua, por Salvador Muñoz Iglesias (VI de VI)

    Una tercera dificultad— más seria aún y en el ámbito del Antiguo Testamento-prevé Fr. Luis contra su sentencia. Proviene esta objeción del capítulo XII del Éxodo versículo 18, donde, hablando de los ácimos, dice Moisés que se coman desde el día 14 ad vesperam hasta el día 21 ad vesperam.  De aquí el angustioso dilema que se plantea Fr. Luis: 

“La otra objeción tiene algo de engañoso y está sacado del capítulo XII del Éxodo, donde se dice: Comeréis, pues, panes ácimos en el mes primero desde el día catorce del mes por la tarde, hasta la tarde del día veintiuno del mes. No se halle levadura en vuestras casas por espacio de siete días (vv. 18-19). 

Si se cuenta, se dirá, esos siete días desde la primera noche del catorce, donde pretendo que se comió el Cordero, terminarán pues en la primera noche del veintiuno y así el veintiuno no estaría incluido en los días de la Pascua y no sería una fiesta, lo cual es falso y en contra de lo señalado en el Levítico, donde el día séptimo se empieza a contar desde el quince y por lo tanto el veintiuno es un día de fiesta que cierra la solemnidad de la Pascua. Por lo tanto, es preciso contar los siete días desde la segunda noche del catorce y por lo tanto poner allí la manducación del Cordero, pues es por ella que comienza el Ázimo”. 

Solución: Él no puede escoger la segunda parte del dilema porque daría a la expresión "día catorce a la noche” una significación contraria a la que le dio en el Lev. XXIII y en todos los textos que hablan de la Cena Pascual. Escoge, pues, como era obligado, la primera parte del dilema dando a la frase "día catorce a la noche” el significado de primeras vísperas del 14 o sea el 13 por la tarde, en la que con la cena del cordero había que comer pan ácimo, aunque en el resto del 14 fuera lícito el fermentado. No se le oculta la dificultad de que, según esto, los ácimos terminaban en las primeras vísperas del 21. Pero la soluciona ingeniosamente diciendo que la obligación de los ácimos comprendía las primeras vísperas del 21 inclusive y, por lo tanto, según la manera de computar hebrea, todo el día 21: 

Moisés ordenó en el Éxodo que se comiera pan sin levadura durante siete días, y que desde el primero no se encontrase levadura en las casas: Por siete días comeréis panes ácimos, por lo cual desde el primer día apartaréis de vuestras casas la levadura (Ex. XII, 15) y agrega que serán días de fiesta el primer y el último de estos días: El primer día tendréis asamblea santa; asimismo el día séptimo os reuniréis en asamblea santa (v.  16). 

Un par de líneas más adelante, agrega todavía estas palabras: Comeréis, pues, panes ácimos en el mes primero desde el día catorce del mes por la tarde, hasta la tarde del día veintiuno del mes (v. 18). 

sábado, 26 de diciembre de 2020

La Disputa de Tortosa (XXXI de XXXVIII)

    Tesis 11: La actual cautividad judía tiene por causa el pecado de odio al verdadero Mesías que rechazaron. 

Respuesta de los Rabinos: 

Los rabinos asignaron como causa los pecados: no podían hacer menos, ya que Dios había prometido a Israel la posesión pacífica de su tierra, pero vinculando esa promesa a su fidelidad. Si, pues, no la poseen, es que le han sido infieles, y aún siguen siéndolo, pues también Dios les prometió volverlos a su tierra, siempre y cuando de todo corazón se convirtieren (Deut. XXX, 1-5). La dificultad está en determinar qué pecado o pecados han motivado esa cautividad; en su asignación no están conformes los mismos judíos: unos ponen los pecados cometidos antes de la cautividad de Babilonia, que en ese cautiverio no fueron debidamente purgados; otros la falta de caridad entre sí, el “odio gratuito” de unos a otros. 

 

Contrarréplica de Jerónimo: 

El mismo Cristo asigna claramente la causa cuando anuncia la destrucción de Jerusalén y dispersión del pueblo, precisamente como castigo de no haberle aceptado a Él como Mesías (Lc. XIX, 41-44): 

“Por no haber conocido el tiempo de tu visitación”. 

1) La causa de la cautividad presente no son los pecados cometidos durante el primer templo: 

a) Porque se purgaron en Babilonia (Dan. IX, 11; II Paral. XXXVI, 20-21). 

b) Jer. XXIX, 10-11.32 promete grandes bienes pasados los setenta años. Luego ya estaban purgados para entonces. 

c) Dios sólo castiga hasta la cuarta generación, y esto si los hijos perseveran en los pecados de los padres (Ez. XVIII). 

2) Tampoco es causa de la actual cautividad ninguno de los pecados mencionados determinadamente en la ley, pues los más graves de ellos (homicidio, idolatría, adulterio) ni se daban cuando la destrucción del segundo templo, ni se dan ahora entre los judíos, al menos en una escala tal, que justifique un castigo colectivo tan grave. 

martes, 22 de diciembre de 2020

Una opinión de Fr. Luis de León sobre la cronología de la Pascua, por Salvador Muñoz Iglesias (V de VI)

 4. Armonía entre S. Juan y los Sinópticos 

Terminada la exposición de su sistema, pasa Fr. Luis a esclarecer los lugares evangélicos que dieron lugar a la dificultad y que, en su sentencia, se explican fácilmente. 

Primera dificultad: Cristo cenó, según los Sinópticos, el primer día de los ácimos, lo que parece indicar el día 15 incoado, o sea el 14 por la noche; mientras que, según San Juan, cenó el día antes de la Pascua, lo que más bien hace suponer — si Pascua es sinónimo de Cordero Pascual— que adelantó un día la fecha legítima, celebrando su cena — con cordero o sin él— en la noche del 13 al 14. 

Solución de Fr. Luis: Según la Ley, era obligatorio el uso de los ácimos durante siete días desde la víspera del 15 hasta el 21 y, según esto, el primer día de los ácimos era el 15, que comenzaba el 14 por la tarde. Pero como también en la cena del Cordero que se celebraba un día antes (el 13 por la noche) estaban prescritos los ácimos, aunque se pudiera comer fermentado en el resto del día 14, se llamaba primer día de los ácimos al 14, que comenzaba el 13 por la noche, y en este sentido habla Josefo de ocho días de ácimos: 

“La razón por la que se llamaba a ese día el primero de los Ázimos, es que se comenzaba a comer pan sin levadura desde entonces, a saber, desde el festín del Cordero Pascual: Comerán la carne en aquella misma noche. La comerán asada al fuego, con panes ácimos y con hierbas amargas (Ex. XII, 8). Lo cual no impedía que se usara pan con levadura en las otras comidas. Pues la prohibición de tener pan con levadura en la casa, no era más que por los siete días llamados propiamente los días de los Ázimos según la ley: No se halle levadura en vuestras casas por espacio de siete días (Ex. XII, 19). Y esta denominación no se extendía hasta el día catorce más que por el uso fundado en el hecho que se servían desde ese día panes ázimos en el festín del Cordero Pascual. 

Así, pues, se dirá, habría ocho días de Ázimos. Respondo que según las palabras de la Ley y hablando en rigor, no había más que siete, pero según la manera ordinaria de hablar, fundada sobre lo que acabo de decir, había ocho y que no se trata de una conjetura de la que me valgo por la necesidad de sostener mi Sistema, sino que es del mismo Josefo que la tomo, el cual encerrando en la fiesta de Pascua todas las ceremonias que estaban relacionadas y que representaban a los israelitas todas las circunstancias de su liberación de la esclavitud de Egipto, cuenta expresamente ocho días. En recuerdo de aquella escasez, celebramos durante ocho días la fiesta que llamamos los Ázimos (Libro II, cap. V de las Antigüedades Judaicas). 

El P. Ruppert, sin tener en cuenta el testimonio de Josefo concluyó del pasaje del Éxodo que he citado varias veces, que había ocho días de Ázimos. Pues, dice, Moisés cuenta el primer día y además aún siete días de Ázimos. Comeréis, pues, panes ácimos en el mes primero desde el día catorce del mes por la tarde, hasta la tarde del día veintiuno del mes (Ex. XII, 18). Así, sin forzar nada, coinciden perfectamente en mi Sistema el Antiguo y el Nuevo Testamento”. 

sábado, 19 de diciembre de 2020

La Disputa de Tortosa (XXX de XXXVIII)

    Tesis 9: Con la venida del Mesías, habían de cesar los sacrificios antiguos, sustituidos por el sacrificio de pan y vino, tal cual hoy se celebra en la Santa Misa 

Predominan las pruebas bíblicas: 

a) Sal. LXXI, 16: “Habrá abundancia de trigo en la tierra, en las cumbres de los montes”. 

b) Por el sacrificio de Melquisedec, Gen. XIV, 18, que Jerónimo corrobora con el comentario de Moisés ha-Darshán (Béreshit Rabbá, in Gen. XIV, 18). Este texto de Gen. XIV, 18 va unido al Sal. CIX, 4: “Tú eres sacerdote para siempre a la manera de Melquisedec”. 

c) Mal. I, 11: “Porque desde la salida del sol hasta el ocaso es grande mi Nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi Nombre incienso y ofrenda pura, pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahvé de los ejércitos”. 

 

Opinión del P. Pacios (que hacemos nuestra): 

El argumento del Sal. LXXI, ineficaz si se hace a base del texto mismo, adquiere más eficacia haciéndolo, como lo hace Jerónimo, a base del Targum de Jonatán: “Habrá sacrificio de pan en la tierra, en las cumbres de los montes de la sinagoga”. 

El segundo texto prueba con evidencia que el Mesías instituirá un nuevo sacrificio a base de pan y vino, es decir, el sacrificio de la misa[1]. 

Sobre Malaquías, Jerónimo lo expone brevemente, pero de un modo completo y eficiente. En su exposición, sigue la exégesis tradicional católica que más tarde había de sancionar el Concilio Tridentino. Es la que se desprende del mismo texto, y de ahí que todos los Santos Padres coincidan en su interpretación. Con esta sola prueba queda bien asentada la tesis de Jerónimo, aunque se prescindiera de todas las demás. 

 

Tesis 10: Con la venida del Mesías habían de cesar los preceptos ceremoniales, como la ley de los manjares prohibidos, y el sacerdocio vinculado a la descendencia de Aarón 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Una opinión de Fr. Luis de León sobre la cronología de la Pascua, por Salvador Muñoz Iglesias (IV de VI)

 2. Todos comieron el cordero en la fecha legítima 

Se prueba, ante todo, por el testimonio de los Sinópticos: 

“Supongo, según el sentimiento casi general de todos los fieles, de todos los Padres, y de todos los Teólogos, que Nuestro Señor Jesucristo hizo la Pascua con las ceremonias ordinarias la noche que precedió a su muerte. Lo que pregunto es si lo hizo el día estipulado por la Ley o si adelantó el día, tal como lo pretenden los Griegos y algunos Doctores Católicos. La autoridad de los Evangelios es tan formal para mostrar que no lo adelantó que, sin entrar más en materia, creo tener el derecho de suponer por un momento ese sentimiento como verdadero en virtud de las solas palabras de los tres Evangelistas. “El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” (Mt. XXVI, 17); “El primer día de los Ázimos, cuando se inmolaba la Pascua, sus discípulos le dijeron”, etc. (Mc. XIV, 12); “Llegó el día de los Ázimos, en que se debía inmolar la pascua”, etc. (Lc. XXII, 7). ¿Se pueden leer estas palabras sin comprender que ese día era el primer día de los Ázimos en Jerusalén, que era el día que los Judíos inmolaban y que estaban obligados a inmolar la Pascua? 

Sobre estas palabras tan expresivas como aquellas, supongo que Nuestro Señor Jesucristo no adelantó el día marcado por la Ley para hacer la Pascua. Pero, en esta suposición mantengo que, habiendo hecho la Pascua el día catorce del mes, la hizo la noche que era el comienzo de ese día catorce (como ha probado antes)”. 

b) En segundo lugar, lo mismo consta si se examina la fecha histórica en que de hecho comieron el cordero los israelitas al salir de Egipto, porque es de presumir que se mandara celebrar su memoria la misma hora en que ocurrió:  

“¿Pero se puede dudar que el Cordero no se inmolase hacia la misma hora en la que los Hebreos lo inmolaron cuando estaban por salir de Egipto?”. 

Ahora bien; los israelitas, al salir de Egipto, comieron el cordero en la tarde del 13 al 14. Así lo dice expresamente Josefo:

 “Habiendo declarado Dios que con una plaga más obligaría a los egipcios a dejar salir a los hebreos, mandó a Moisés a decir al pueblo que tuviera listo un sacrificio, preparando el décimo día del mes de Xántico, para el día catorce (mes que los egipcios llaman Farmuti y los hebreos Nisán y los macedonios le dicen Xántico), y que él mismo condujera a los hebreos con todas sus pertenencias. Habiéndolos reunido Moisés en un mismo lugar, los dividió por familias y los tuvo listos para la marcha. No habiendo llegado todavía el día décimo cuarto (ἐνστάσης δὲ τῆς τεσσαρεσκαιδεκάτης) cuando todos hicieron el sacrificio para salir, purificaron sus casas con la sangre del Cordero, por medio de hisopos. Después de cenar quemaron el resto de la carne del Cordero como estando listos para partir; de ahí viene la costumbre de hacer esta inmolación todos los años. La fiesta se llama Pascua”. 

Así se deduce también claramente de la Sagrada Escritura. Según ella, consta que 

α) Salieron de Egipto (de la primera estación de Ramesés) por la noche: 

domingo, 13 de diciembre de 2020

La Disputa de Tortosa (XXIX de XXXVIII)

    Tesis 7: El Mesías había de venir a salvar a todo el género humano 

Jerónimo usó esta vez no sólo de pruebas talmúdicas, sino también de numerosos textos bíblicos. Gracias a ello, adquieren sus pruebas singular firmeza. Por lo demás, la tesis no era muy difícil de demostrar, ya que las promesas mesiánicas respiran universalidad. Jerónimo demostró primero que el Israel de los tiempos mesiánicos no son precisamente los descendientes de Jacob, sino los creyentes en el Mesías, sean o no israelitas según la carne, basándose en Is. XLIV, 5; Sal. CI, 9; Is. LXII, 2 y LXV, 15. Luego pasó a demostrar cómo la venida del Mesías había de servir principalmente para la conversión y salvación de todas las naciones. Entre los numerosos textos que atestiguan esta verdad, escogió tan sólo algunos, pero claros; así, se sirvió del Gen. XLIX, 10; Is. XI, 10; II, 2; XLII, 1.4; Zac. II, 11 y Sal. LXXI, 11, corroborando luego estas pruebas con algunas autoridades talmúdicas. 

Finalmente, les hizo ver cómo el concepto judío de redención mesiánica, consistente en subyugar todas las naciones bajo el poderío temporal de Israel, no sería “la bendición” de las naciones que anuncian las profecías, sino la esclavitud de las mismas. 

 

Opinión del P. Pacios (que hacemos nuestra): 

La tesis quedó así excelentemente probada, sin que lograran debilitarla las objeciones judías (ses. 43), a las que debidamente respondió Jerónimo en la misma sesión. 

 

Tesis 8: El Mesías había de dar una ley nueva 

Respuesta de los Rabinos: 

Según los judíos, la ley mosaica es perfecta y perpetua; por consiguiente, el Mesías no dará ley nueva: su actuación se limitará en esto a enseñar la ley antigua, como antes de él hicieran los profetas. 

Además, Alianza o pacto nuevo no es sinónimo de Ley nueva. 

 

Contrarréplica de Jerónimo:

jueves, 10 de diciembre de 2020

Explicación del Apocalipsis, por San Beda el Venerable (Recensión)

  San Beda el Venerable: Explicación del Apocalipsis. Ed. Athanasius, Córdoba, Argentina, 2020, pag. 280. Precio $ 650. Contacto: Tel. +5493516576114. Email: librerialectio@arnet.com.ar




Desde el centro de la República Argentina siguen apareciendo los buenos libros; en esta ocasión, la editorial Athanasius presenta una traducción inédita del Comentario al Apocalipsis de San Beda el Venerable, considerado uno de los mayores exégetas de la Iglesia. 

La traducción, introducción y notas son debidas a la pluma del Lic. Francisco Cornavaca. 

Si bien la exégesis de San Beda al Apocalipsis no es la misma que propugnamos en este Blog, creemos que no por ello se debe despreciar o dejar de lado, pues, además del valor intrínseco que tiene de por sí el comentario bíblico de un Padre de la Iglesia, creemos que siempre es posible sacar cosas buenas de todos los autores. 

Para tener una idea general de la exégesis seguida por San Beda, dejemos hablar al erudito y famoso Allo, quien reseña las cualidades de este comentario con las siguientes palabras[1]: 

“Divide el Apocalipsis en siete libros, lo que termina siendo ley para muchos de sus sucesores. Cita a Ticonio, al cual sigue mucho y cuyas siete reglas aplica, y a Primasio, a quien sigue con preferencia, dando también la opinión de otros Padres de la Iglesia. – 

Recapitulación. Los sellos, así como las Trompetas, llegan hasta el fin del mundo. La séptima trompeta trae el día del juicio, el séptimo sello “el inicio del descanso eterno”. Los septenarios expresan los diversos aspectos de la vida de la Iglesia, con una relación especial al tiempo del Anticristo, sobre todo en lo que atañe a las Copas. Los siete libros son: I-III; IV-VI; VII-XI; XII-XIV; XV-XVI; XVII-XX; XX-XXIII”.

Decíamos más arriba que de todos los autores se puede encontrar cosas buenas y será oportuno traer, aunque más no sea, un par de ejemplos al respecto. 

En primer lugar, relaciona la Iglesia de Esmirna con la persecución y nota que hay quienes ven en esta Iglesia las diez persecuciones romanas, coincidiendo, o al menos ciertamente aceptando como posible, una interpretación simbólica de las siete Iglesias. 

Por otra parte, al comentar el silencio de media hora del comienzo del capítulo VIII, dice: 

Después de la muerte del Anticristo, se cree que va a haber en la Iglesia un poco de descanso, acerca de lo cual Daniel predijo de este modo: “Bienaventurado el que espera y llega al día 1335” (Dan. XII, 12)…”.

Y sobre la Ciudad puesta sobre una montaña, dirá (XXI, 10): 

Después de la ruina de Babilonia, se ve la ciudad santa, la esposa del Cordero, puesta sobre un monte. La piedra que se desprendió del monte sin mano, destrozó el simulacro de la gloria mundana, y creció hasta ser un monte grande, y llenó todo el universo (Dan. II, 35.45)”.

Palabras que podrían dar a entender no sólo un tiempo después del Anticristo sino también un reinado de Cristo tras la destrucción del Anticristo y Babilonia. 

No obstante estas afirmaciones, sigue siendo cierto que, en líneas generales, San Beda mantiene una interpretación más bien alegórica del Apocalipsis, viendo en este hermoso libro una historia de la Iglesia. 

Dicho lo cual, insistimos que no es poca cosa hoy en día traducir y publicar una obra como ésta (y lo sabemos por propia experiencia), y es por eso que no podemos menos que esperar y augurar que la aceptación entre los lectores corra pareja con el esfuerzo realizado y esperemos que algún día puedan verse nuevas traducciones inéditas como la presente.


 [1] L`Apocalypse, Gabalda, 1921 (2 ed.), pag. CCXXVI sig,

lunes, 7 de diciembre de 2020

Una opinión de Fr. Luis de León sobre la cronología de la Pascua, por Salvador Muñoz Iglesias (III de VI)

 C) La opinión de Fr. Luis 

Su teoría se puede condensar en los siguientes puntos: 

1. Jesús y los judíos comieron el Cordero Pascual en el mismo día, que fue en la primera víspera del 14 de Nisán, o sea el 13 por la tarde. 

2. Obrando así, unos y otros se ajustaron a la fecha legítima que debía celebrarse la Cena del Cordero Pascual. Nada de anticipaciones o retardos. 

3. Jesús murió, por lo tanto, a la hora de nona del 14 de Nisán, antes de que con la puesta del sol comenzara la gran Solemnidad de la Pascua o 15 de Nisán. 

4. Cuando San Juan habla (XVIII, 28) de que los judíos no quisieron entrar en el Pretorio para no contaminarse y poder comer la Pascua, se ha de entender no del Cordero Pascual (que todos habían comido legítimamente la noche precedente), sino de los sacrificios del gran Día de la Pascua que aquella misma tarde comenzaban, y de los panes ácimos que se habían de comer con pureza legal en los días sucesivos. 

En la demostración de estos puntos, Fr. Luis prescinde en absoluto de las determinaciones talmúdicas y atiende solamente a la exégesis objetiva del texto del Pentateuco. 

Su argumentación, en algunos puntos quizá discutible, procede con la claridad y nitidez en él características. 

 

1. Todos comieron el cordero el 13 por la noche 

viernes, 4 de diciembre de 2020

León Bloy, La Sangre, la Mujer y el Misterio de Israel (Recensión)

León Bloy, La Sangre, la Mujer y el Misterio de Israel. Ed. Lectio, Córdoba, Argentina, 2020, pag. 613. Precio $1400. – Contacto: Tel. +5493516576114. Email: librerialectio@arnet.com.ar


La editorial Lectio ha dado comienzo a una nueva colección llamada Lectionantes y no ha tenido mejor idea que iniciarla con León Bloy. Tres obras en un solo volumen es ciertamente todo un desafío, pero somos muchos los bloysianos que veremos con gran alegría una nueva edición de sus libros. 

El título alude a tres de las mejores obras de Bloy. La Sangre del Pobre, La Mujer Pobre y La Salvación por los judíos. La obra consta de una introducción general más un prólogo por cada una de las obras. No podemos dejar de señalar que el prólogo de La Salvación por los Judíos es obra del gran seguidor de Castellani y Bloy, el conocido periodista español Juan Manuel de Prada. 

Por último, cabe señalar que el libro consta de un apéndice a La Salvación por los Judíos, más algunas notas explicativas para orientar al lector, tan rico es el vocabulario que maneja Bloy. 

¿Qué podemos decir de los tres libros? Para resumirlos en una oración, podría decirse que: 

La Sangre del Pobre es una diatriba contra los burgueses y los ricos inmisericordes; La Mujer Pobre es esa clase de libros que fácilmente marcan un antes y un después en la vida de una persona, mientras que La Salvación por los Judíos era considerado por el mismo Bloy como el único libro que se atrevería presentar ante Dios, y con esto está todo dicho. 

Sólo resta agradecer a la editorial Lectio por difundir esta clase de libros y esperemos no sea el único. Los bloysianos se lo agradeceremos.

lunes, 30 de noviembre de 2020

La Disputa de Tortosa (XXVIII de XXXVIII)

   Tesis 4: El fin primario de la venida del Mesías era salvar a las almas de la pena del infierno en que incurrieron por el pecado de Adán.

Tesis 5: Con la venida del Mesías fué redimido el pecado de Adán.

Tesis 6: El Mesías había de morir para expiar el pecado de Adán. 

Jerónimo rechazó la opinión judía de que el Mesías había de venir directa y principalmente para librar al pueblo de Israel de la cautividad corporal, para lo cual adujo tres razones: 

a) La tierra material sería un premio mezquino a la fe de los patriarcas, a quienes tan magníficas promesas hizo Dios. 

b) Los que habiendo esperado y creído en el Mesías murieron antes de entrar en la tierra prometida o no más entrados en ella, se quedarían sin premio. 

c) La prosperidad, lejos de ayudar a la observancia de la ley, más bien es fuente de mayor impiedad, como lo demuestra toda la historia del pueblo judío. 

Para probar la creencia de los judíos en la muerte redentora del Mesías, les citó este pasaje del Béreshit Rabbá, de Moisés ha Darshán, reconocido por los Rabinos: 

“Pregunta el doctor: ¿Qué luz es aquella que vió Daniel, cuando dijo: “Y la luz está con él” (Dan. II, 22)?”. 

Dice Rabbi Abba: Esta es la luz del rey Mesías. Nos Enseñó Daniel que Dios mira o atiende al rey Mesías, y guardó para los de su generación aquella luz bajo el trono de su gloria. 

Y dijo Satán a Dios: Señor del mundo, esta luz que está oculta bajo el trono de tu gloria, ¿para qué es? 

Respondióle Dios: Para el Mesías y su generación. 

Y dijo Satán: Señor, dame licencia para tentar al Mesías y a su generación. 

Respondióle Dios: No tendrías poder sobre él. 

Y dijo Satán: Dame licencia, que yo tendré poder sobre él. 

viernes, 27 de noviembre de 2020

Una opinión de Fr. Luis de León sobre la cronología de la Pascua, por Salvador Muñoz Iglesias (II de VI)

 B) Diversas Soluciones 

Bastará enumerarlas brevemente para que se vea la originalidad de la opinión de Fr. Luis. 

Se dividen los exegetas en dos grandes grupos, según que tomen como base la cronología de los Sinópticos o la de San Juan: 

Los primeros (cronología sinóptica = quintodecimanos) convienen en que Jesús murió el día 15 y celebró la Cena del cordero Pascual el 14 por la noche. A su vez, se subdividen en otros dos grupos: unos que tratan de armonizar la fecha de la Cena Pascal (tanto Jesús como los sinedritas la celebraron el 14), y otros que defienden el aplazamiento de dicha fecha por parte de los judíos. 

Los segundos (cronología de San Juan = cuartodecimanos) ponen la muerte de Jesús el 14 de Nisán, y se dividen en dos subgrupos: unos niegan que el Señor celebrase la cena ritual del cordero, y otros dicen que lo hizo anticipando la fecha legítima del 14 al 13 por la noche:

 En virtud de su autoridad como Señor del sábado; 

O porque la mala visibilidad de la luna nueva (clave del calendario judaico) había dado lugar aquel año a cierta ambigüedad en la computación de los días y unos tenían por 14 lo que para otros era 13 todavía; 

O porque Jesús se acomodó a la costumbre de los galileos que celebraban la Pascua en la primera víspera del 14 (o sea el 13 por la noche, mientras que los judíos la celebraban en las segundas vísperas del día 14; 

O bien, finalmente, porque cayendo aquel año la tarde del 14 en víspera del sábado, se anticipaba al 13 por la noche el sacrificio de los corderos quedando a libre elección comerlo en la noche del 13 o en la del 14[1]. 

Nos abstenemos de citar los patronos y defensores de cada sentencia, los argumentos con que la prueban y las observaciones que contra ellas pueden hacerse, porque el lector podrá encontrarlos en cualquier manual de Exégesis Evangélica o de Cronología bíblica[2]. 

Doble es el fundamento de todas estas soluciones, como arriba dijimos: 

1. La fecha legal de la Cena Pascual es el 14 por la tarde, después de puesto el sol. Por eso los que ponen la muerte del Señor el 14, tienen que recurrir a la Cena sin cordero, o a la anticipación por parte de Jesús (Cf. Holzmeister, I y IV sistema). Y por eso, los que sostienen que Jesús celebró la Cena Legal en su legítimo tiempo tienen que poner su muerte el 15 (II y III sistema). 

2. Comer la Pascua, en Jn. XVIII, 28, es necesariamente la Cena del cordero. Por eso, sea cual fuere el día de la muerte del Señor, como quiera que al juzgarle aún no habían comido los judíos, hay que concluir que o Jesús no la comió (I), o la anticipó (IV), o los judíos la retrasaron (III).


 [1] El siguiente cuadro del P. Holzmeister, o. c., pág. 217, puede dar una idea bastante exacta de los principales sistemas: 

DIVISIÓN DE LOS SISTEMAS

LA CENA PASCUAL SE CELEBRABA EN UN SOLO DIA

LA CENA PASCUAL SE CELEBRABA EN DOS DÍAS

Muerte de Cristo el día 14 De Nisán (Cronología Joánica)

I. Última Cena sin Cordero. Cristo ya no comió la Pascua del N.T. ya que murió algunas horas antes del tiempo legítimo.

IV. Sistema de la Anticipación; Cristo comió el Cordero el 13 de Nisán, un día antes del tiempo determinado por la ley mosaica, mientras que los Sanedritas permanecieron en el día legal, el 14 de Nisán.

Muerte de Cristo el día 15 de Nisán (Cronología de los Sinópticos)

II. Sistema armónico: Cristo comió el cordero al mismo tiempo que los Sanedritas y murió mientras se celebraba el día de la fiesta.

III. Sistema de la posposición o traslación: los Sinedritas comieron el cordero y retrasaron el día de la fiesta de la Pascua al día siguiente (15 y 16 de Nisán); Cristo permaneció en el día legal.

 

[2] Véase v. g. Holzmeister, o. c., pag. 213-220. 

Simon-Prado, Praelectiones Biblicae. Novum Testamentum. Vol. I. Introductio et commentarius in 4 Jesu Christi Evangelia. Torino-Madrid, 19304, p. 514-518. 

Prat, Jésus Christ, sa vie, sa doctrine, son œuvre . Paris, 1933, II, 507-520.

martes, 24 de noviembre de 2020

La Disputa de Tortosa (XXVII de XXXVIII)

   Tesis 3: El Mesías ha de ser verdadero Dios y verdadero Hombre 

Esta tesis la demostró Jerónimo casi exclusivamente por autoridades talmúdicas y midráshicas, ya que no insiste en los textos bíblicos que aduce, sino en las autoridades que los comentan. 

El P. Pacios se detiene en señalar tres de las pruebas: 

a) Is. LII, 13: “He aquí que mi Siervo está lleno de sabiduría, será grande, excelso y ensalzado sobremanera”, con la translación caldea: “He aquí que prosperará el Mesías mi siervo”, y las palabras de R. Salomón Rashi: “Nuestros rabinos declaran y entienden esta profecía sobre el Mesías, porque dicen que el Mesías había de ser atormentado y padecer, según se dice en el capítulo siguiente: “En verdad que él tomó nuestras debilidades, y llevó sobre sí nuestros dolores...”. Y nuestros rabinos declaran así este texto: “Será exaltado más que Abraham y se elevará más que Moisés, y será mucho más alto que los ángeles”. De donde concluye Jerónimo con un razonamiento que tiene mucha semejanza con el que para el mismo fin usa San Pablo en su Carta a los Hebreos I, 4-III, 6 que, si el Mesías es superior no sólo a los hombres todos, sino a los mismos ángeles, tiene que ser Dios. 

b) La del Cantar III, 11: “Salid, oh hijas de Sión, a contemplar al rey Salomón con la corona que le tejió su madre en el día de sus desposorios, el día del gozo de su corazón” con el comentario de R. Hanina en el Midrash Shir ha-Shirim, que coincide admirablemente con la interpretación cristiana. 

c) La autoridad de R. Iohanan, sobre el Sal. XXXV, 10: “Pues en Ti está la fuente de la vida, y en tu luz vemos la luz”. 

 

Opinión del P. Pacios (que hacemos nuestra): 

Sus razonamientos son buenos y buenas sus réplicas a las objeciones judías, pero la eficacia de los argumentos aducidos es meramente dispositiva. Creemos que el mismo Jerónimo no pretendía tampoco más: con esas autoridades hacía ver a sus oyentes que muchos lugares de la Escritura son susceptibles de ser entendidos de un Mesías Dios; y, asimismo, los comentarios aducidos hablan del Mesías, seguramente sin que sus autores lo pretendieran, como si fuera Dios; eso indica que la divinidad del Mesías había sido oscuramente revelada a los profetas. La venida de Cristo, presentándose como Dios, nos da la clave de la inteligencia de esas profecías, enseñándonos que deben tomarse tal como suenan cuando le dan títulos propiamente divinos. Así, el Antiguo Testamento propone veladamente esa divinidad y quita los obstáculos a su admisión; pero la prueba última y definitiva hay que sacarla del Nuevo. Así, pues, el valor de la argumentación de Jerónimo radica en disponer a los judíos a la admisión de la divinidad del Mesías, haciéndoles ver que el Antiguo Testamento no sólo no la niega, sino que la indica no pocas veces y que el admitirla es conforme a una exégesis razonable de esos textos. Si, pues, esa divinidad se nos reveló después claramente en Jesucristo, no es razonable oponerse a ella por una falsa idea preconcebida, que ya los mismos profetas tendieron a desarraigar.

sábado, 21 de noviembre de 2020

Una opinión de Fr. Luis de León sobre la cronología de la Pascua, por Salvador Muñoz Iglesias (I de VI)

 Una opinión de Fr. Luis de León sobre la cronología de la Pascua 

Nota del Blog: El siguiente artículo del P. Salvador Muñoz Iglesias está tomado de la Revista Estudios Bíblicos, vol. III (1944), pag. 79-96. 

*** 

Entre las graves e intrincadas cuestiones cronológicas que se agitan en torno a la vida del Señor, pocas han suscitado disputas tan antiguas y enconadas como ésta de la fecha de su muerte. 

Desde las controversias de los primeros siglos sobre el día de la Pascua hasta los últimos tiempos ha preocupado siempre a los exégetas la dificultad de conciliar los datos de los Sinópticos en este punto con los del cuarto Evangelio. 

Nuestro maestro Fr. Luis de León, O. S. A.—casi completamente desconocido como exégeta en el extranjero, y menos estimado de lo que se merece en este sentido dentro de España—, estudió, con la profundidad y competencia en él características, este difícil problema, aportando una solución original y nueva, que no hemos visto registrada en los autores posteriores, ni siquiera en aquellos que, como el P. Urbano Holzmeister, intentan, con verdadero alarde de erudición, agotar la materia[1]. 

Escribió Fr. Luis de esta espinosa cuestión en un opúsculo que él mismo dio a la imprenta en el año 1590 con el título: "Fr. Luysii—Legionensis—Augustiniani—divinorum librorum—apud Salmanticenses- interpretis—De utriusque agni, typici atque veri, immolationis-legitimo tempore Ad Joannem Grialum—Sup. permissu— Salamanticae- Apud Guillelmum Foquel—Anno 1590". 

Posteriormente los PP. Agustinos de Salamanca lo incluyeron en el tomo VII (págs. 343-359) de las obras latinas de Fr. Luis[2]. Por ser más fácil hallarse esta edición a mano de nuestros lectores haremos por ella las citas de nuestro trabajo. 

Para mejor entender lo que hay de original en la opinión de Fr. Luis, conviene tener presente el nudo de la dificultad y las diversas soluciones con que se ha intentado desatarlo. 

 

A) ¿En que esta la dificultad? 

miércoles, 18 de noviembre de 2020

La Disputa de Tortosa (XXVI de XXXVIII)

    4) Is. VII, 14: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”. 

Opinión del P. Pacios: 

Es la prueba clásica de la virginidad de María. Su interpretación viene impuesta al católico por el hecho de que Mt. (I, 23) advierte que en María se cumplió esta profecía. De ahí la unanimidad de la tradición cristiana en su interpretación. Creemos inútil extender nos en la argumentación de Jerónimo, que, por otra parte, nos parece excelente. 

Sólo advertiremos: 

a) Que el testimonio que alega de David Kimhi (ses. 40) no nos parece muy convincente, ya que éste, al menos según la edición que nosotros tuvimos a mano, reconoce que la palabra alma puede aplicarse a una virgen, pero también a la que no lo es, aunque incluyendo siempre el significado de algo oculto y recatado. 

b) Que, aunque esté bien su explicación etimológica de la palabra alma, hubiera hecho mejor en insistir en el uso; de éste, en efecto, más que de la etimología, depende el significado de las palabras. Según el uso, bétulá significa virgen, hecha abstracción de la edad; alma, en cambio, doncella casadera y, por consiguiente, virgen, ya que quien no ha contraído matrimonio debe presumirse tal. 

La palabra alma se encuentra en siete pasajes, a más de Is. VII, 14: en Gen. XXIV, 43, de Rebeca; Ex. II, 8 de María, hermana de Moisés, cuando velaba a su hermano en las aguas; Cant. VI, 8, de las doncellas en el palacio de Salomón en oposición a reinas y concubinas. En estos tres lugares se toma, pues, como sinónimo de virgen joven. En otros tres lugares (Sal. XLVI, 1; LXVIII, 2; I Paral. XV, 20) aparece en plural alamót), como término musical para designar voz de soprano, es decir, atiplada, virginal. Sólo en Prov. XXX, 19 parece tratarse de una joven que no es virgen, es decir, que sin casarse es violada clandestinamente por un hombre: el escritor sagrado le da un título jurídico, porque no consta el real, que permanece oculto, por lo que tampoco aquí significa “no virgen”. Por tanto, no puede argüirse de este texto contra la significación de virgen, ya que se trata de una que se presume tal, aunque de hecho no lo sea, cosa inadmisible tratándose de la Madre del Mesías, de que habla Isaías. 

c) Tampoco insiste Jerónimo en el significado que se dio antiguamente a la palabra, cosa que, sin embargo, creemos corroboraría la prueba. En efecto, la Sinagoga entendió “virgen” hasta el s. II p. C. Sólo desde entonces, y por oposición a los cristianos, comenzó a traducirla por joven. Por “virgen” la tradujeron los LXX, judíos buenos conocedores del hebreo; su versión fué reconocida no sólo en la Diáspora, sino aun en la misma Palestina, donde se usaba en las Sinagogas de lengua griega. Y nadie reclamó contra la versión virgen hasta bien entrado el siglo II, y los que entonces reclamaron no pudieron presentar testimonios anteriores en su apoyo”. 

Por lo demás, la argumentación de Jerónimo a base de Is. VII, 14 nos parece plenamente eficaz, y creemos que la tesis quedó plenamente demostrada en la Controversia. Sólo añadiremos que su razonamiento de que Isaías anuncia un milagro y que ése no se daría si se tratase de una concepción natural y no virginal, es de honda raigambre patrística y lo juzgamos por sí solo suficiente para evidenciar que alma significa virgen. 

 

Nuestra opinión: 

domingo, 15 de noviembre de 2020

El año terrible en la vida de León Bloy (VI de VI)

   Y ya para terminar, nada mejor que dejar la pluma al mismo Bloy que estampa, al final del Mendigo Ingrato, un grito doloroso, desgarrador y que es, al mismo tiempo, la mayor alabanza que se haya escrito sobre su mujer: 

Basta. No puedo más. Aquí estoy. ¡Comedme, perros! He aquí las entrañas de un hombre. 

¡Ciertamente, era necesario que fuera especial y terriblemente elegida para encontrarse conmigo la noble muchacha escandinava, la primogénita y la preferida del poeta Christian Molbech!  

En cualquier parte, sin duda, los sufrimientos y las amarguras de la muerte se hubieran lanzado sobre ella, como proscritos hacia un refugio, como amantes de Dios hacia un lugar santo, lleno de luces. ¿No estaba, acaso, elegida muy especialmente para la penitencia voluntaria y la propiciación? 

Pero era necesario, seguramente —absolutamente necesario, y desde la eternidad— que fuera yo la configuración privilegiada de su holocausto. 

¿Podía descender más abajo esta alma, en su ambición de inmolarse? 

¡Ser, por propia elección, la compañera de un hombre universalmente detestado! ¡Compartir la ignominia y la escasez de pan de un fabricante de libros, a quien los más viles ganapanes de las letras se creen con derecho a cubrir de inmundicias! ¡Aceptar para sí misma el abandono completo, el ultraje infame, el ridículo, el desprecio, la calumnia! Todo eso y mucho más, si Dios se lo pide, por no cometer la infamia, que hace temblar las Columnas, de haber pasado junto al Abandonado sin percibir en él la grandeza. 

¡La magnánima quiso hacer lo que ningún hombre había tenido el valor ni el pensamiento de emprender, y he aquí que se muere… y de qué muerte!”. 

Y a renglón seguido, termina su diario, y nosotros con él: 

El rodar de varias semanas, tan pesadas como los carromatos de los Profetas, me ha triturado el corazón. 

Mi mujer muy amada no morirá, es cierto. El cáliz de los tormentos aún desborda, ¿y quién me ayudará a beberlo? 

Pero en cierto lugar hay una pequeña tumba más, y en medio del griterío inhumano del populacho que nos rodea debemos escuchar a veces esta melopea lastimera y desgarradora de nuestra pequeña Verónica, la última criatura que nos queda: 

Mi hermanito Andrés ha muerto.

Mi hermanito Pedro ha muerto.

Mi mamita ha muerto.

Mi papito ha muerto.

Ya no hay más jardín.

Ya no tenemos casa.

Y la nena anda sola por la calle. 

La veo y la oigo todavía a la querida hijita, sentada en uno de los escalones de nuestra humilde vivienda perdida en su sueño, y cantando - ¿para quién Señor? - con una voz dulce y grave de tórtola que muere, ¡imposible de expresar…!