En la
Primera Parte de nuestro estudio planteamos la dificultad y vimos la opinión de
tres grandes autores Católicos que, a nuestro parecer, no solucionaron el
problema… ahora bien si ninguna de las soluciones que traen los exégetas nos
convence… ¿cuál es, pues, la respuesta?
La
respuesta a esta objeción nos parece ser un tanto más sencilla que la que traen
los autores. Veamos:
Al
leer el comentario del P. Lagrange[1]
a Lucas XVIII, 8 pensamos instintivamente en que su explicación podía
aplicarse igualmente a todos estos pasajes para resolver las objeciones.
Como corolario
de una misteriosa parábola sobre el juez y la viuda[2]
Nuestro Señor dice:
7. “¿Y
Dios no habrá de vengar a sus elegidos, que claman a Él día y noche, y se
mostrará tardío con respecto a ellos?
8. Yo
os digo que ejercerá la venganza de ellos prontamente”.
Y el P.
Lagrange comenta el versículo 8 diciendo: “… el juicio, a pesar de
lo que pueda creerse, tendrá lugar ἐν τάχει, con una prontitud medida sin
embargo por los designios de Dios. ¡Será pronto! Naturalmente, la
prontitud no es relativa al tiempo en el que habla Jesús, sino al de la
oración. Pero sería una escapatoria traducir ἐν τάχει por “en forma rápida”, bajo el pretexto de que un juicio
diferido por mucho tiempo puede ser ejecutado rápidamente”[3].

