martes, 16 de junio de 2026

La distinción entre la Sede y el ocupante de la Sede Apostólica Escolio sobre el Cisma de Occidente (reseña)

 La distinción entre la Sede y el ocupante de la Sede Apostólica

Escolio sobre el Cisma de Occidente

 por el Cardenal Juan Bautista Franzelin, S. J.;

CJ Ediciones – pp. 48, 2026

 



Lamentablemente, no abundan las traducciones de los grandes clásicos teológicos, escritos, en su gran mayoría, en latín. Pequeñas y parciales traducciones como éstas, intentan, aunque sea mínimamente, llenar este vacío[1].

La eximia figura del Cardenal Franzelin es sinónimo de escritos serios y profundos. Considerado el teólogo del Concilio Vaticano I, formó parte, en la segunda mitad del siglo XIX, de ese renacimiento de los estudios filosóficos y teológicos impulsados en gran manera desde la cátedra romana con la Encíclica Aeterni Patris de León XIII.

Profesor de Teología dogmática en el Colegio Romano, enseñó allí, entre otras cosas, el tratado de Ecclesia, de donde están traducidas estas páginas.

La primera parte trata sobre la Sede y el ocupante de la Sede, cuándo se pueden distinguir y cuándo no; cuándo es erróneo hacerlo y cuándo no; y cuáles son las consecuencias de semejantes errores.

El error básico que combate Franzelin es el de aquellos que aplicaban las promesas de Cristo, no al Papa que ocupaba la sede, sino a la cátedra ocupada a través de los siglos; como si el Papa pudiera errar sin que la las promesas de Cristo resultaran falsas. Deshace el Autor con mucha facilidad los sofismas de los innovadores, como se los llamaba en esa época, y que pretendían basarse en Papas de los primeros siglos, para sacar luego importantes conclusiones de carácter dogmático.

La segunda parte, que no es más que un escolio de lo anterior, es un análisis dogmático-histórico del cisma de Occidente y cómo se puede resolver a la luz de la recientes definiciones dogmáticas del Concilio.

Defiende de manera muy convincente, y para ello no teme contradecir a grandes lumbreras como San Roberto Belarmino y Suárez, no sólo que la línea verdadera fue la de Urbano VI (cosa que ya nadie negaba en su época), sino la manera en que se resolvió el cisma, sin negar ninguno de los principios definidos en el Concilio, viendo allí, por supuesto, la mano de la divina Providencia que siempre guía de manera suave e infalible la barca de Pedro.

Esperemos que este tipo de publicaciones sigan viendo la luz y que algún día podamos tener traducidos de manera completa esta clase de libros. 

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[1] Algunas cosas aparecen aquí y allá. Ver, por ejemplo, la colección “Estudios Tomístas” AQUÍ