Algunos siglos han pasado. La gran cortina de hierro se levanta sobre una descripción del estado moral del mundo que hace temblar. El trabajo de zapa del espíritu del mal ha estado activo. Lo podemos ver por la perversión de los hombres, por los crímenes contra-natura, por los vicios misteriosos, acompañados, sin duda, de procedimientos de magia negra, encantamientos, evocación de espíritus, encarnaciones psíquicas, todo un conjunto de procedimientos demoníacos.
“Viendo, pues, Yahvé que era grande la maldad del hombre sobre la tierra, que todos los pensamientos de su corazón se dirigían únicamente al mal, todos los días, se arrepintió de haber hecho al hombre en la tierra, y se dolió en su corazón. Y dijo Yahvé: «Exterminaré de sobre la faz de la tierra al hombre que he creado, desde el hombre hasta las bestias, hasta los reptiles, y hasta las aves del cielo, porque me arrepiento de haberlo hecho»” (Gén. VI, 5-7).
Dios quiere, pues, aniquilar su creación. Piensa, al igual que después de la caída angélica, entregar el bello orden del mundo a la destrucción total y permitir que el desorden se instaure con autoridad. Hubiéramos leído por segunda vez en los anales bíblicos “la tierra se volvió confusión y caos: tohu y bohu”, si el Eterno, ante la caída de la humanidad, la hubiera abandonado a su destino.
Pero he aquí que, entre la descendencia de Set, Lamec tuvo consciencia de la perversión de los que lo rodeaban. Cuando dio un hijo al mundo dijo:
“Éste nos consolará de nuestras fatigas y del trabajo de nuestras manos, causado por la tierra que maldijo Yahvé” (Gén. VI, 29).
Llamó a su primogénito Noakh (Noé), que significa “consolación” o “reposo”.
Ahora bien, también Noé fue fiel. Él era “justo y perfecto entre los hombres de su tiempo, pues anduvo con Dios” (Gén. 6, 9). Entonces halló gracia ante el Eterno.
La hora es solemne. Dios y la humanidad pervertida están frente a frente para el juicio y la destrucción, pero también Dios y Noé están frente a frente, para la misericordia y la salvación de un resto débil.
Un solo hombre, gracias a su integridad, va a lograr conservar la vida del mundo. ¡Qué impresionante y magnífica figura de Cristo, el único Santo, el único Justo, en medio de la totalidad de los pecadores, el único que puede constituirse en Salvador de los hombres perdidos por su desobediencia! Dios contempla a Noé, así como más tarde contemplará a su Cristo sobre la Cruz; por amor a Sí, salva a la descendencia de la mujer y conserva la vida a algunos hombres que tendrán descendencia. Guarda intacta la llama de su amor y sellará la alianza del Creador y su creatura bajo el arco iris.