I.- TRONOS (θρόνοι)
En primer lugar
encontramos los Tronos, que parecen
identificarse con los Querubines, Serafines y los cuatro Vivientes (o Animales) del Apocalipsis.
Estos ángeles, como su
nombre lo indica y se ve por los textos, son como el lugar donde sede la divinidad.
Ellos son como el asiento o carro de Dios.
1) Col, I, 16: “por Él fueron creadas todas las cosas, las
de los cielos y las que están sobre la tierra, las visibles y las invisibles,
sean Tronos, o Dominaciones, o Principados,
o Potestades…”.
I a.- Vivientes:
1) Apoc. IV, 6-9: “y
delante del trono algo semejante a un mar de vidrio, como cristal; y en medio
ante el trono, y alrededor del trono, cuatro vivientes llenos de ojos
por delante y por detrás. Y el viviente primero era semejante a un león
y el segundo viviente semejante a un becerro y el tercer
viviente con cara como de hombre y el cuarto viviente
semejante a un águila que vuela. Y los cuatro vivientes, cada uno con
seis alas alrededor, y están llenos de ojos por dentro, y claman día y noche
sin cesar diciendo: Santo, Santo, Santo el Señor Dios, el Todopoderoso, el que
era y que es y que viene”. Y cada vez que los vivientes dan gloria, honor y
acción de gracias al Sedente en el trono, al que vive por los siglos de los
siglos…”.
2) Apoc. V, 6-14: “Y
vi en medio del trono y de
los cuatro Vivientes y en medio de los ancianos un Cordero de pie, como
inmolado, que tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de
Dios enviados por toda la tierra. Y vino y tomó (el libro) de la diestra
del Sedente en el trono. Y cuando hubo
tomado el libro, los cuatro vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero, teniendo
cada cual una cítara y fialas de oro llenas de incienso, que son las oraciones
de los santos. Y cantan un cántico nuevo diciendo: “Tú eres digno de tomar el
libro, y de abrir sus sellos; porque Tú fuiste inmolado, y con tu sangre
compraste para Dios (hombres) de toda tribu y lengua y pueblo y nación.
Y los has hecho para nuestro Dios un reino y sacerdotes y reinarán sobre la
tierra”. Y vi y oí voz de muchos ángeles alrededor del trono y de los vivientes
y de los ancianos; y era el número de ellos miríadas de miríadas, y millares de
millares. Los cuales decían a gran voz: “Digno es el Cordero, el inmolado, de
recibir el poder y riqueza y sabiduría y fuerza y honor y gloria y alabanza”. Y
toda creatura que está en el cielo y sobre la tierra y debajo de la tierra y
sobre el mar, y todas las cosas que hay en ellos, oí que decían: “Al Sedente en
el trono y al Cordero, la alabanza y el honor y la gloria y el imperio por los siglos
de los siglos”. Y los cuatro Vivientes
decían “Amén”. Y los Ancianos se postraron y adoraron.
3) Apoc. VI, 1-8: “Y vi
cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, y oí al primero de los cuatro Vivientes que
decía, como con voz de trueno: “Ven”. Y vi y he aquí un caballo blanco y el
que lo montaba tenía un arco, y se le dio una corona; y salió venciendo y para
vencer. Y cuando abrió el segundo
sello, oí al segundo Viviente que
decía: “Ven”. Y salió otro caballo, color de fuego, y al que lo montaba le
fue dado quitar de la tierra la paz, y hacer que se matasen unos a otros; y se
le dio una gran espada. Y cuando abrió el tercer sello, oí al tercer
Viviente que decía: “Ven”. Y
vi, y he aquí un caballo negro, y el que lo montaba tenía en su mano una
balanza. Y oí como una voz en medio de los cuatro Vivientes que decía: “A un
denario la medida de trigo; a un denario tres medidas de cebada; pero al aceite
y al vino no los dañes”. Y cuando
abrió el cuarto sello, oí la voz
del cuarto Viviente que decía: “Ven”. Y vi y he aquí un caballo pálido, y
el que lo montaba tenía por nombre “la Muerte” (la Peste): y el Hades
seguía en pos de él. Y se les dio potestad sobre la cuarta parte de la tierra
para matar a espada y con hambre y con peste y por medio de las bestias de la
tierra”.
4) Apoc. VII, 11: “Y todos los ángeles que estaban de pie
alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron sobre sus rostros ante el trono y se
postraron ante Dios…”.
5) Apoc. XIV, 2-3: Y oí una voz del cielo, como voz de muchas aguas,
y como voz de un gran trueno; y la voz que oí era como de citaristas que tañen
sus cítaras. Y cantan un cántico nuevo delante del trono, y delante de los
cuatro Vivientes y de los Ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino
los ciento cuarenta y cuatro mil, los comprados de la tierra”.
6) Apoc. XV, 5-8: Y después de esto miré y fue abierto el templo del
tabernáculo del testimonio en el cielo. Y del Templo salieron los siete ángeles
que tenían las siete plagas, vestidos de lino puro y resplandeciente, y ceñidos
alrededor del pecho con ceñidores de oro. Y uno de los cuatro Vivientes dio
a los siete ángeles siete copas de oro, rebosantes del furor del Dios que vive
por los siglos de los siglos. Y el Templo se llenó del humo de la gloria de
Dios y de su poder; y nadie podía entrar en el Templo hasta que fueran
consumadas las siete plagas de los siete ángeles”.
7) Apoc. XIX, 4: “Y cayeron los veinticuatro ancianos y los
cuatro vivientes y se postraron ante el Dios sentado en el Trono,
diciendo: “Amén. ¡Aleluya!”.
I b.-
Serafines:
1) Isaías VI, 1-7: “… Vi al Señor sentado en un trono alto y excelso
y las faldas de su vestido llenaban el Templo. Encima de Él había Serafines,
cada uno de los cuales tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro, con
dos los pies y con dos volaban. Y clamaban unos a otros diciendo: Santo, Santo,
Santo es Yahvé de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria”. Y los
fundamentos de los umbrales se conmovieron a la voz del que clamaba; y la Casa
se llenó de humo… y voló hacia mí uno de los Serafines, que tenía en su mano
una brasa ardiente, la cual con las tenazas había tomado de encima del
altar…”.