martes, 9 de junio de 2015

Algunas Notas a Apocalipsis I, 19

19. Escribe, pues, lo que has visto y lo que es y lo que va a suceder después de esto.

Comentario:

Bover: "Se insinúa la división del Apocalipsis en tres partes desiguales: Lo que viste se refiere a la precedente visión; lo que es, a las siete cartas que reflejan el estado presente de las Iglesias; lo que ha de ser, a lo que sigue desde el capítulo IV".

Sales: "San Juan debe escribir: 1) la visión tenida precedentemente; 2) lo que le será revelado en torno a las cosas presentes (lo que es), lo cual se refiere especialmente a lo que está contenido en los cap. II y III; 3) lo que le será revelado en torno a los futuros sucesos de la Iglesia (lo que debe suceder), lo cual se refiere especialmente al contenido de los capítulos IV-XXII, 5".

Bartina: "Lo que ha de escribir, o sea el objeto del imperativo divino, son las cosas que ha visto de la presente visión, pues las revelaciones ya han comenzado; las cosas que son, es decir, el estado de las siete iglesias, cifra de totalidad a través de la particularidad, y es lo que se dice en los cap. II-III; y, finalmente, las cosas que han de suceder. Al comienzo del c. IV se manda a Juan que suba al cielo, donde se le mostrará las cosas que "van a suceder después de esto" (IV, 1)".

Notar que de esta triple división: lo que has visto, lo que es, y lo que debe suceder después de esto, la segunda no es una visión.

Las dos visiones están compuestas por la de Cristo de los vv. 12-18 y todo lo que sucede desde el cap. IV en adelante.

En el primer caso están incluídas las primeras cinco iglesias y en el segundo las dos últimas.


I) Escribe, pues, lo que has visto

Comentario:

Bartina: "Jesucristo reanuda el encargo, interrumpido en el v. 11. Esta conexión de sentido se logra por medio de la partícula οὖν (pues). Solo se emplea cuatro veces en todo el Apocalipsis (II, 16; III, 3.19). En cambio, en el cuarto Evangelio aparece 195 veces".


II) Lo que es

Comentario:

Allo: "ἃ εἰσὶν (…) corresponde a las "cosas del presente", de las cuales tratarán las cartas (cap. II-III) opuestas a "las del futuro" (ἃ μέλλει γενέσθαι μετὰ ταῦτα) que no comenzarán sino después del cap. IV".


III) Lo que va a suceder después de esto

sábado, 6 de junio de 2015

Pusillus Grex (III de III)

Pusillus Grex

 “Buscad el reino de Dios y estas cosas se os darán por añadidura.
 No temáis, pequeño rebaño, porque plugo
a vuestro Padre daros el reino” (Lc. XII, 31-32).


Santa Teresita del Niño Jesús

V.- Cualidades del Pusillus

Avancemos un paso más con las cualidades del Pusillus antes de su conversión y veamos en qué consistirá su principal falta.

Todo el capítulo XII (y el XIII) de San Lucas parece referirse a los mismos últimos tiempos.

Los versículos 1-5 son una exhortación a huir del fariseísmo, tras la cual viene la advertencia ya conocida: “No temáis a los que matan el cuerpo, etc”.

“Mientras tanto, habiéndose reunido miles y miles del pueblo, hasta el punto que unos a otros se pisoteaban, se puso a decir, dirigiéndose primeramente a sus discípulos: “Guardaos a vosotros mismos de la levadura –es decir de la hipocresía– de los fariseos. Nada hay oculto que no haya de ser descubierto, nada secreto que no haya de ser conocido. En consecuencia, lo que hayáis dicho en las tinieblas, será oído en plena luz; y lo que hayáis dicho al oído en los sótanos, será pregonado sobre los techos. Os lo digo a vosotros, amigos míos, no temáis a los que matan el cuerpo y después de esto nada más pueden hacer. Voy a deciros a quién debéis temer: temed a Aquel que, después de haber dado la muerte, tiene el poder de arrojar en la gehenna. Sí, os lo digo, a Aquel temedle”.

Los versículos 6-9 ya nos van mostrando algo del tipo de solicitud del Pusillus: la falta de confianza en la Providencia[1].

“¿No se venden cinco pájaros por dos ases? Con todo, ni uno solo es olvidado de Dios. Aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No tenéis vosotros que temer: valéis más que muchos pájaros. Yo os lo digo: a quien me confesare delante de los hombres, el Hijo del hombre lo confesará también delante de los ángeles de Dios. Mas el que me haya negado delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios”.

Los versículos 10-12 nos advierten sobre el pecado contra el Espíritu Santo y luego San Lucas habla de los mártires del quinto sello al citar el Discurso Parusíaco que traen Mt X, 19-20 y Mc. XIII, 11.

“A cualquiera que hable mal contra el Hijo del hombre, le será perdonado, pero a quien blasfemare contra el Santo Espíritu, no le será perdonado. Cuando os llevaren ante las sinagogas, los magistrados y las autoridades, no os preocupéis[2] de cómo y qué diréis para defenderos o qué hablaréis. Porque el Espíritu Santo os enseñará en el momento mismo lo que habrá que decir”.

Los versículos 13-31 especifican un poco más las preocupaciones de la vida al hablar de cosas tales como: herencia (vv. 13-14), avaricia (vv. 15-21) y solicitud por la comida, la bebida y el vestido (vv. 22-28).

jueves, 4 de junio de 2015

Algunas Notas a Apocalipsis I, 17-18

17ab. Y cuando le vi caí a sus pies como muerto y Él puso su diestra sobre mí y dijo: “No temas:

Notas Lingüísticas:

Zerwick: "Μὴ φοβοῦ: deja de temer".


Comentario:

Allo: "ἔπεσα (caí): Así cayeron Isaías (VI, 5), Ezequiel (I, 28), Daniel (passim) y Enoc (XIV, 24), etc".

Allo: "Μὴ φοβοῦ (no temas): Cfr. Daniel X, 12.19 y las palabras de Nuestro Señor en el Evangelio (ἐγώ εἰμι· μὴ φοβεῖσθε, "Soy Yo, no temáis") Mt. XIV, 27 y paralelos; Jn. VI, 20, etc".

Alápide: Caí a sus pies como muerto: no por reverencia sino por un gran miedo, que lo dejó como sin alma, debido a la tan augusta y terrible visión de Cristo, a la espada que salía de su boca, y a la voz terrible que hablaba. Lo mismo le pasó a Daniel, X, 9 y a los Apóstoles en la transfiguración de Cristo, Mt XVII, 6”.

Notar que en XIX, 10 y en XXII, 8 no se dice que San Juan tuviera miedo, si bien tiene el mismo gesto de caer a los pies del que le habla.


17c. Yo soy el primero y el último 18. y el Viviente, y fui muerto y he aquí que estoy vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y del hades.

Jesucristo se declara no solamente Dios (el primero y el último), sino también el Viviente por excelencia, el cual por medio de su muerte y resurrección obtuvo poder sobre "la muerte y el hades".

En San Juan "la muerte y el Hades" siempre representan una entidad malvada. Es llamada "la primera muerte", por oposición a la segunda, que es el lago de fuego y azufre.

En concreto, es el lugar donde residen las almas de los condenados, las cuales no podrán salir de allí hasta que Jesús abra sus puertas. Esto sucederá en dos ocasiones: primero en su Parusía, donde resucitarán algunos malvados para ser arrojados antes que los demás a la segunda muerte y en segundo lugar en el juicio final (XX, 11 ss).

Charles: "Este versículo nos muestra la triple concepción de Cristo en Juan: la vida que habita por siempre que Él tenía independientemente del mundo; su humillación incluso hasta la muerte y su resurrección a la vida no sólo eterna en sí misma sino a la autoridad universal sobre la vida y la muerte".

lunes, 1 de junio de 2015

Pusillus Grex (II de III)

Pusillus Grex

 “Buscad el reino de Dios y estas cosas se os darán por añadidura.
 No temáis, pequeño rebaño, porque plugo
 a vuestro Padre daros el reino” (Lc. XII, 31-32).


Iglesia Stella Maris, Monte Carmelo

III) Los Temerosos de Dios y
los Pequeños y Grandes en el Antiguo Testamento

La situación se torna en extremo interesante cuando vemos este mismo grupo citado en varias oportunidades en el Antiguo Testamento[1].

Empecemos por uno de los más elocuentes:

1) El Salmo CXIII b dice (vv. 9-13)[2]:

"La casa de Israel confía en Yahvé;
Él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en Yahvé;
Él es su auxilio y su escudo.
Los temerosos de Yahvé confían en Yahvé.
Él es su auxilio y su escudo.
Yahvé se acuerda de nosotros y nos bendecirá;
bendecirá a la casa de Israel,
bendecirá a la casa de Aarón,
Bendecirá a los que temen a Yahvé,
tanto a pequeños como a grandes".

Sobre este Salmo, además de los temerosos de Yahvé divididos en pequeños y en grandes, notemos las siguientes coincidencias con el Apocalipsis:

A) Se pide la gloria no para los mortales sino para el Nombre de Dios (v. 1) = Ap. XI, 13 y XIV, 7.

B) La referencia a los ídolos de plata y oro (v. 4-8) nos lleva a los mismos tiempos, a los de la sexta Trompeta narrada en Apoc. IX, 20. Cfr. Sal. CXXXIV, 15-17.

C) Se habla de Dios como creador del cielo y la tierra (v. 15) = Apoc. X, 6 y XIV, 7.

Comentando estos versículos, los exégetas concuerdan en ver en este grupo a los gentiles prosélitos.

Repasemos algunos:

Calès[3]:

"Los grupos de Israel, sucesivamente enumerados, son los laicos de origen israelita, los sacerdotes aarónicos y los prosélitos (que son llamados "los temerosos de Dios" o "los que veneran a Dios")".

 Zorell[4]:

"Los que temen al Señor, puesto que ya todos los israelitas han sido conmemorados en el v. 9 s, parecería que son los prosélitos, que adoraban al único vero Dios junto con los Judíos (cf. Hech. XVI, 14; XVIII, 7 al.; III Rey. VIII, 41 ss)".

Lo mismo enseñan los Rabinos. Comentando este Salmo, Aben-Ezra lo explica de la misma manera y agrega: “De cualquier nación que sean” (citado en la Biblia de Pirot).

sábado, 30 de mayo de 2015

Algunas Notas a Apocalipsis I, 16

16. Y tenía en su diestra siete estrellas y de su boca salía una espada aguda de dos filos y su aspecto como el sol que brilla en toda su fuerza.


I) y tenía en su mano derecha siete estrellas

Notas lingüísticas:

Zerwick: "ἔχων: teniendo; participio en lugar del verbo finito = tenía; lo mismo dígase de los participios que siguen, donde hay casi siempre una construcción perifrástica".

Bartina: "Un modismo semítico introduce este versículo. El verbo en participio (καὶ ἔχων) equivale a un tiempo finito (…) pero con cierta idea de acción continuada presente".


II) y de su boca salía una espada aguda de dos filos

Comentario:

Espada: cfr. Is. XI, 4; XLIX, 2; Sab. XVIII, 15; Ef. VI, 17; Heb. IV, 12; Apoc. II, 16; XIX, 15.21.

Apoc. XIX, 15: "Y de su boca sale una espada aguda, para que hiera con ella a las naciones. Y Él las regirá con cetro de hierro y Él pisa el lagar del vino del furor de la ira de Dios, el Todopoderoso".

II Tes. II, 8: “Y entonces se hará manifiesto el inicuo, a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca y destruirá con la manifestación de su Parusía.”

Heb. IV, 12: “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz y más tajante que cualquier espada de dos filos, y penetra hasta dividir alma de espíritu, coyuntura de tuétanos, y discierne entre los afectos del corazón y los pensamientos”.

Straubinger: “La espada de dos filos es figura del poder de la Palabra de Dios. La misma imagen se encuentra en XIX, 15 y Heb. IV, 12. Cfr. II Tes. II, 8”.

Fillion: "El nombre griego ῥομφαία (espada) se aplica a la espada larga y pesada de los Tracios; es usada a menudo en este libro (II, 12.16; VI, 8, etc.) y solamente una vez más en el N. Testamento (Lc. II, 35). Nuestro libro menciona también la μάχαιρα, una suerte de espada más corta (Cfr. VI, 4; XIII, 10.14)".

Ῥομφαίᾳ: cfr. I, 16; II, 12.16; VI, 8; XIX, 15.21.

Μάχαιρα: Cfr. VI, 4; XIII, 10.14.

En realidad, parecería que el significado de la espada de dos filos es doble: por un lado la Palabra de Dios y por el otro es figura del castigo de sus enemigos.


III) y su aspecto como el sol que brilla en toda su fuerza

Notas lingüísticas:

Ὄψις (aspecto): Es usado sólo por San Juan en todo el NT. La palabra aparece dos veces más: en Jn. VII, 24 y en XI, 44. En el primer caso significa apariencia y en el segundo rostro.


Comentario:

Esta imagen se asemeja a la de la Transfiguración de Nuestro Señor y a la de los justos:

Mt. XVII, 2: "Y se transfiguró delante de ellos: resplandeció su rostro (πρόσωπον) como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz".

Mt. XIII, 43: "Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre".

Y lo mismo el Ángel en X, 1.


Según esto, parecería que había que traducir rostro pero el problema es que San Juan no usa la palabra πρόσωπον en el Apocalipsis con ese sentido.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Pusillus Grex (I de III)

Pusillus Grex

 “Buscad el reino de Dios y estas cosas se os darán por añadidura.
 No temáis, pequeño rebaño, porque plugo
 a vuestro Padre daros el reino” (Lc. XII, 31-32).

II Parte y III Parte


La Gruta de la Leche. Belén.

    Mucho se ha hablado, y se lo hace sobre todo en nuestros días, del pequeño rebaño, cuya aplicación al caos actual es casi un lugar común.

¿Será posible saber de qué grupo de personas está hablando Nuestro Señor? ¿A quiénes se dirigen estas consoladoras palabras?

Creemos que sí, pero es preciso ir por partes.

Antes que nada debemos notar que este grupo tiene como dos características propias: por un lado una relación con el temor y por el otro con la pequeñez.

Tratemos de avanzar en este sentido.


I.- Los Temerosos de Dios en el Nuevo Testamento.

Un breve repaso por los lugares donde este término es usado en el Nuevo Testamento nos convencerá, en primer lugar, que no se trata de judíos sino de gentiles que adoran al verdadero Dios, y por lo tanto de Católicos.

1) Comencemos con los Hechos de los Apóstoles:

A) Hech. X, 2: “Había en Cesarea un varón de nombre Cornelio, centurión de la cohorte denominada Itálica. Era piadoso y temeroso de Dios, con toda su casa… ”. Cfr. v. 22.

B) Hech. XIII, 16: “Levantóse entonces Pablo y haciendo señal (de silencio) con la mano, dijo: “varones israelitas y los que teméis a Dios…”.

C) Hech. XIII, 26: “Varones, hermanos, hijos del linaje de Abrahám, y los que entre vosotros sois temerosos de Dios, a vosotros ha sido enviada esta palabra de salvación…”.

D) Hech. XIII, 43: “Y clausurada la asamblea, muchos de los judíos y de los prosélitos temerosos de Dios siguieron a Pablo y a Bernabé…”.

Cfr. también Hech. X, 35; XVI, 14; XVII, 4.17; XVIII, 7.

Zorell[1] confirma todo esto cuando dice:

"σεβομένοι τὸν Θεόν (temerosos de Dios) (Hech. XVI, 14; XVIII, 7), más breve σεβομένοι (temerosos) (Hech. XIII, 50; XVII, 4.17), una vez σεβομένων προσηλύτων (temerosos prosélitos) (Hech. XIII, 43) se llamaban aquellos gentiles, que seguían los ritos sagrados judíos, sin embargo, sin circuncidarse ni llevar toda la carga de la Ley, sino de suerte tal de adorar al único Dios en lugar de los simulacros, frecuentar las sinagogas, y observar algunas leyes y ceremonias (descanso sabático, comida prohibida o permitida)".

Y en otra parte:

"τοῖς φοβούμενοι αὐτόν (los que le teméis), Lc. I, 50; Hech. X, 35; Apoc. XIV, 7; XV, 4; XIX, 5; en el mismo sentido: τοῖς φοβουμένοις τὸ ὄνομά σου (los que temen tu nombre), Apoc. XI, 18 (…) por el contrario, los impíos se llaman τὸν Θεὸν μὴ φοβούμενος (no teme a Dios), Lc. XVIII, 2.4; XXIII, 40; en particular φοβούμενος τὸν Θεὸν (temerosos de Dios), Hech. X, 2.22; XIII, 16.26 son aquellos que en otra parte son llamados σεβομένοι (τὸν Θεόν)".

domingo, 24 de mayo de 2015

Algunas Notas a Apocalipsis I, 14-15

14. La cabeza de Él y los cabellos eran blancos como lana blanca, como nieve y sus ojos como llama de fuego.


I) La cabeza de Él y los cabellos eran blancos
 como lana blanca, como nieve

Notas Lingüísticas:

Allo: "λευκαὶ, etc. (blancos, etc), cabeza y cabellera, Cfr. Dn. VII, 9 y Henoc XLVI, 1, atributos de Dios".


Comentario:

Allo: "La blancura de su cabeza ("Anciano de días" en Daniel), significa la antigüedad, es decir la preexistencia de la persona de Jesús (…) En otras palabras: Jesús es Dios".

Wikenhauser: "Expresión de altísima dignidad es su aspecto. Cabeza y cabello semejan lana blanquísima (Dn. VII, 9). El color blanco no es símbolo de la eternidad de Cristo sino del esplendor de los seres celestiales, entre los que Él se cuenta".

Idem Gelin.


II) sus ojos como llama de fuego

Notas Lingüísticas:

Allo: "φλὸξ πυρός (llama de fuego): imagen clásica, cfr. Dan. X, 6, descripción de un ángel".


Comentario:

Allo: "Los ojos son "como flama de fuego", es la mirada de la que no se puede huir, la penetración de su ciencia divina que escruta las conciencias y corazones".

Alápide: "Ribera: los ojos de Cristo inflamados significan la ira de Cristo y la venganza contra los perseguidores de los cristianos y otros impíos. Esto se ve en XIX, 12".

Cfr. Apoc. XIX, 12; Dan. X, 6.