martes, 13 de agosto de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 4-5


4. Y subió el humo de los perfumes por las oraciones de los santos de mano del ángel ante Dios.

Notas Lingüísticas:

Ταῖς προσευχαῖς: según Zerwick, Graecitas, n. 55, dativus commodi: "El humo subió en favor de las oraciones".

Iglesias: “Como ayuda: para favorecer (Zw) las oraciones de los cristianos de la tierra (= los santos), purificándolas de imperfecciones, presentándolas en forma digna ante Dios. O quizás: en representación de las oraciones... Otros piensan en un matiz temporal de simultaneidad: a la vez que con las oraciones...”.


Comentario:

Alápide: “Las partes principales del templo antiguo fueron dos: el Santo y el Santo de los Santos, separados por un velo. En el santo estaba puesto este altar de los inciensos opuesto al Santo de los Santos, y tenía a su derecha el candelabro de oro de siete brazos, y a la izquierda la mesa de los panes de la proposición. En el Santo de los Santos estaba el arca con el propiciatorio y los Querubines que con sus alas juntas formaban para Dios como un trono para que en ellas se sentara”.

Muchos traducen “y subió el humo de los inciensos con las oraciones de los santos, etc”, pero Alápide muestra cómo el humo de los inciensos y las oraciones son, gramaticalmente, una misma cosa.

Allioli: “El incienso sube hasta Dios, es decir, la oración ha sido escuchada y el castigo va a comenzar pronto”.


5. Y recibió el ángel el incensario y lo llenó del fuego del altar y (lo) arrojó a la tierra. Y hubo truenos y voces y relámpagos y un terremoto.

Citas Bíblicas:

martes, 6 de agosto de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 3


3. Y otro ángel vino y se puso de pie ante el altar, teniendo un incensario de oro y se le dio muchos perfumes para que diese a las oraciones de todos los santos sobre el altar, el de oro, el que (está) delante del trono.

Notas Lingüísticas:

Zerwick: "προσευχαῖς: oraciones; dativo de relación (commodi); por las oraciones".


Comentario:

Estos Santos son los mártires del Anticristo. Ver el Excursus XIII.

Todo este pasaje está íntimamente relacionado con V, 8:

“Y cuando hubo recibido el libro, los cuatro Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron ante el Cordero, teniendo cada cual una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos”.

El altar del incienso (que está en el Santo), debe distinguirse del altar del holocausto de VI, 9 que está fuera del Santo.

Altar de los holocaustos (Ex. XXVII, 1 ss) = oraciones de los mártires del 5 Sello.

Altar de los inciensos (Ex. XXX, 1 ss) = oraciones de los mártires del Anticristo.

Arroja el fuego a la tierra (e.e. Babilonia) = 4 primeras trompetas.

Straubinger: “Los perfumes que el ángel recoge aquí son las oraciones de los santos que piden la venganza de su sangre en VI, 9 s. Sin ellos sería difícil explicarse cómo las oraciones de los santos de la tierra pueden producir tales calamidades sobre ella”.

sábado, 3 de agosto de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (V de X)


ἀπεσταλμένος: (enviado, v. 6a). Esta palabra griega del evangelio corresponde precisamente en el léxico a aquella con que el R. H. (1, 3a, etc.) designa a los mensajeros de la neomenia. Esa misma raíz traduce San Juan con la misma palabra griega en el capítulo IX, v. 7: Σιλωάμ, (ὃ ἑρμηνεύεται ἀπεσταλμένος), (Siloé, que se traduce “El Enviado”).

Óvoµa αὐτῷ Ἰωάννης: (se llamaba Juan, v. 6b). La expresión filológicamente tiene su relieve y solemnidad. También había cierta solemnidad para la admisión como testigo de la neomenia. El testigo no podía ser un desconocido. Expresamente advierte el R. H., en un pasaje arriba transcrito, que, a causa de las falacias de los minim, tan sólo era admitido como testigo aquel cuya personalidad fuera reconocida. Véase también lo que exigen el Muhtasar y la práctica hoy día vigente en el Islam en los textos que adelante insertaremos, donde se insiste sobre el carácter de adules, idóneos, para testificar.

ἦλθεν εἰς μαρτυρίαν (vino como testigo, v. 7ª). El verbo tiene aquí un sentido completamente literal y material, que recuerda las jornadas que hacían aquellos buenos israelitas, tan sólo para testificar acerca de la luz; así los que iban a Jerusalén a declarar ante el Sanedrín haber visto la luna nueva, como los que desde Jerusalem eran enviados a las villas para declarar la ya oficial noticia de la neomenia. El Bautista parece resumir en sí esta doble testificación en el orden mesiánico, dando la primera noticia directamente al pueblo y prescindiendo del Sanedrín, porque éste ya en ocasión de los Magos había quedado desautorizado por su indiferencia práctica y su descuido en buscar al Mesías. El Sanedrín reclamará de seguida (Jn. I, 19-29).

ἵνα μαρτυρήσῃ περὶ τοῦ φωτός (para dar testimonio acerca de la luz, v. 7b). Es la frase central de esos tres versículos y, casi podríamos decir, técnica al menos para expresar el acto de ir a dar la primera noticia de la aparición de la luz nueva (frase correspondiente a lo que se lee en RH. I, 9c; 4, 4, etc.).

miércoles, 31 de julio de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 2


2. Y vi a los siete ángeles, los que delante de Dios están de pie y se les dieron siete trompetas.

Notas Lingüísticas:

Iglesias: “Les fueron entregadas, se entiende, por Dios (sujeto agente de esa voz pasiva “teológica”); vale lo mismo para el v. siguiente: “se le entregaron”.

Zerwick: "Estar de pie ante" es un hebraísmo que significa a los siervos del rey (Dios) que están ante el trono prontos para todo servicio".


Comentario:

Estos siete ángeles “de la presencia” son los mismos que aparecen en I, 4 (siete espíritus delante del Trono); III, 1 (siete espíritus); IV, 5 (siete antorchas de fuego que arden ante el trono); V, 6 (siete cuernos y siete ojos).

Sobre los 7 Ángeles de la presencia ver Tob. XII, 5. Cfr. también Lc. I, 19 y tal vez Ez. IX, 2.

Straubinger: "En Tob. XII, 15 se habla también de los siete ángeles. El libro de Enoc (XX, 2-8) los nombra así­: Uriel, Rafael, Raguel, Miguel, Saraquiel, Gabriel, Remeiel".

Straubinger: "Las trompetas son señal de juicio (Is. XXVII, 13; Joel II, 1; Mat. XXIV, 31; I Cor. XV, 52; I Tes. IV, 16).

Allo: “Estos ángeles son figuras conocidas, como lo muestra el artículo τοὺς (los) antes de ἑπτὰ (siete). Son los “Ángeles del Rostro” o los “Ángeles de la presencia”.

Wikenhauser: "Al abrirse el séptimo sello el vidente contempla aún otro cuadro: la entrega de las siete trompetas a los siete ángeles que permanecen delante de Dios; la escena constituye la transición a la segunda serie de plagas. Estos ángeles son los siete príncipes de los ángeles o ángeles del trono, que en la Biblia reciben también el nombre de arcángeles, cfr. a propósito Tob. XII, 15: "Yo soy Rafael, uno de los siete santos ángeles que están en la presencia y tienen acceso a la majestad de Dios" (el códice Vaticano lee: "Yo soy Rafael, uno de los siete santos ángeles que transportan las oraciones de los fieles y tienen acceso a la gloria del Santo"); Lc. I, 19: "Yo soy Gabriel, que asisto ante Dios". Las palabras "que están de pie ante Dios" indican que se trata de un grupo de ángeles de elevada categoría, que sirven a Dios muy de cerca".

Wikenhauser: "La trompeta, que ya en el Antiguo Testamento aparece en relación con los sucesos escatológicos, también en el Nuevo Testamento anuncia la llegada de los últimos tiempos".

Fillion: “Tubae: σάλπιγγες: trompetas de guerra que debían dar la señal de crisis importantes. Cfr. Joel II, 1; Mt. XXIV, 31; I Cor. XV, 52, etc”.

domingo, 28 de julio de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (IV de X)


6 Ἐγένετο ἄνθρωπος, ἀπεσταλμένος παρὰ θεοῦ, ὄνομα αὐτῷ Ἰωάννης: 7 οὗτος ἦλθεν εἰς μαρτυρίαν, ἵνα μαρτυρήσῃ περὶ τοῦ φωτός, ἵνα πάντες πιστεύσωσιν δι' αὐτοῦ. 8 οὐκ ἦν ἐκεῖνος τὸ φῶς, ἀλλ' ἵνα μαρτυρήσῃ περὶ τοῦ φωτός.

“6 Apareció un hombre, enviado de Dios, que se llamaba Juan. 7 Él vino como testigo, para dar testimonio acerca de la luz, a fin de que todos creyesen por Él. 8 Él no era la luz, sino para dar testimonio acerca de la luz”.

En esa lucha de las tinieblas no queda la luz vencida. Después de un decrecimiento que, así como el menguante de la luna, semeja el preludio de su extinción definitiva, ella reaparece con nueva fuerza y con nuevo esplendor. Φαίνει (luce) dijo el versículo anterior, usando el tiempo presente para mejor designar la persistencia y también la identidad de la luz en el período de iluminación que acaba y en el otro que ahora comienza.

Es ya la neomenia mesiánica. ¡Y cuán naturalmente, y cuán bellamente el evangelista introduce aquí a San Juan como el portador del anuncio, como el testigo de la nueva luz!

En efecto, la neomenia de ordinario no podía celebrarse sin una testificación solemne. El cálculo astronómico no entraba en el ritual judío, sino que la neomenia era fijada cada mes mediante observación. Al aproximarse la fecha presumida, una expectación general, de que tan sólo pueden dar pálida idea algunas costumbres religiosas del Islam que de esa se derivan, dominaba en Jerusalén y en las ciudades y en las villas de Judea y de Galilea y de más allá del Jordán. Las miradas de todos se fijaban en el horizonte y, al punto de aparecer la luna nueva, los caminos de la ciudad santa se llenaban de celosos israelitas para ser los testigos primeros, los testigos oficiales y ganar las albricias de la nueva luz. Un día, refiere el Rosch ha-schana (1, 6, en lo sucesivo sea R. H. la sigla), desde las llanuras de Séphela y de Sarón subían presurosos más de cuarenta pares de testigos, pasaban ya por Lydda cuando allí los detuvo Rabbi Akiba: era día de sábado y faltaban aún cuarenta kilómetros para llegar a Jerusalén; además, ¿a qué cansarse en una competencia inútil y para un testimonio que había de ser tardío? Pero lo supo Rabban Gamaliel y envió quien dijera al atrevido Rabbi, en tono de autoridad y de severa reconvención:

"Si tú detienes así a la gente, sepas que te haces responsable de los tropiezos del porvenir".

jueves, 25 de julio de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 1


Capítulo VIII

1. Y cuando abrió el sello, el séptimo, se hizo silencio en el cielo como media hora.

Comentario:

Sobre el silencio en otros contextos puede verse Sof. I, 7; Hab. II, 20 y Zac. II, 17.

Straubinger: “Véase la probable explicación de este silencio en la nota a VI, 12 ss. Según ello este silencio sería la continuación del 5º sello y el silencio sería el de los santos que allí clamaban y ahora esperan los acontecimientos que se describen de aquí en adelante. Según otros, el silencio sería simplemente la interrupción de las alabanzas de IV, 8 ss y V, 8 ss, mas no explican el motivo de ella. Pirot reconoce que “aquí esperábamos el desenlace final y solo vemos un final de acto”, y añade que “la apertura del 7º sello permite la introducción de una nueva serie de catástrofes”, cosa que no parece posible según las expresiones de nuestra citada nota a VI, 12 ss. Cfr v. 3 y nota”.

Creemos que el principal error está en ver en VI, 12-17 al sexto Sello. La solución parece mucho más sencilla: cuando el Cordero abre el sexto Sello, San Juan ve los sucesos previos a la Parusía (VI, 12-17), cuya visión termina con la pregunta “¿quién puede estar de pie?”. Esta pregunta es respondida con dos visiones: la primera es el sexto Sello propiamente dicho (VII, 1-8), mientras que la segunda visión responde quiénes van a estar de pie en el cielo cuando suceda la Parusía (así como el sexto Sello indica los que van a estar de pie en la tierra. Cfr. Lc. XXI, 36).

Ahora bien, al abrirse el séptimo Sello, hay en el cielo un silencio de media hora. Este silencio implica que tanto antes como después hubo voces o algún tipo de sonido. Lo que hubo antes son las oraciones de los mártires del quinto Sello pidiendo venganza por su sangre derramada, los cuales callan al abrirse el séptimo Sello, y después del silencio de media hora, suena la primera Trompeta (a menos que el silencio sea interrumpido en realidad por los truenos, voces, etc. del v. 5).

Bover: “El silencio en el cielo como de media hora es silencio de expectativa: es el preludio de las siete trompetas. El último cuadro de la primera película, la de los sellos, es un anuncio de la siguiente. El séptimo sello comprende, por tanto, el ciclo entero de las trompetas. Así lo exige la solemnidad con que se introduce la abertura del libro de los siete sellos, cuyo remate no puede ser un silencio de media hora, en que nada se ve ni oye, si no es el ciclo de las trompetas”.

lunes, 22 de julio de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (III de X)


Estimamos, por lo contrario, que las consideraciones hasta ahora aducidas, aun a primera vista, han de parecer obvias y razonables y que son realmente tales que ya sobrepasan los límites de una noble y objetiva congruencia. Con todo no se adelantan aquí como prueba, sino para que, al surgir la prueba, quede ella desde luego confirmada, y brille de seguida la realidad de la tesis en su punto y en su orden dentro del prólogo y dentro la amplitud de todo el evangelio. La verdadera prueba, empero, ha de estar en la perícope I, 5-9. Intentemos ahora inquirirla mediante una exégesis sencilla y documentada, siquiera tan sólo sea de los elementos literarios del pasaje, sin bajar al fondo teológico que, como todos los comentaristas católicos, admitimos y suponemos.

a) καὶ τὸ φῶς ἐν τῇ σκοτίᾳ φαίνει (y la luz en las tinieblas luce)
b) καὶ ἡ σκοτία αὐτὸ οὐ κατέλαβεν (y las tinieblas no la recibieron) (v. 5)

a) ¿Cuál es esta luz? Seguramente aquí se habla del Verbo de Dios. La grandiosidad de la idea induce a buscar el elemento comparativo, con que se la expresa, fuera de lo vulgar, en los grandes luminares del firmamento; no en el sol que preside el día y no luce en la obscuridad, como requiere el texto, antes bien la disipa enteramente; sino en la luna que tiene para tan sacra comparación el título también sagrado de ser el astro indicador de las solemnidades religiosas; el astro que, presidiendo la noche, da siempre la sensación de luz que brilla en las tinieblas, sobre todo durante los períodos de su crecimiento y de su decrecimiento final (Cfr. Gen. I, 16; Enuma Elis t. V. l. 12-13. ANAL. SAC. TARRAC. I, 214).

b) Esta variedad de fases lunares impresionó la imaginación popular y dió origen a una serie de locuciones que llevan la imagen más o menos expresa de una lucha entre luz y tinieblas, locuciones que se hallan en todas partes, que pertenecen al lenguaje de las apariencias sensibles y que no incluyen en sí ninguno de los varios elementos mitológicos con que en no pocos pueblos antiguos fueron precisándose y viciándose, bajo las influencias de sus falsas concepciones religiosas.

De aquel fondo popular, pero limpio e incontaminado, tomaron los escritores bíblicos bellos rasgos descriptivos. Ejemplos tenemos en este verso del prólogo de San Juan y en uno de los versos finales de la citada estrofa del Eclesiástico sobre la luna (XLIII, 9): pasajes bien paralelos y que por tanto hemos de juntar aquí, para que mutuamente se expliquen y corroboren.