lunes, 27 de mayo de 2019

Un texto capital de San Hipólito


Un texto capital de San Hipólito

Introducción. -

El texto que presentamos a continuación está tomado del primer comentario completo cristiano que existe a uno de los Libros Sagrados[1]; nos referimos al que San Hipólito hizo del profeta Daniel, del cual ya habíamos dado en su momento la reseña de parte, nada más y nada menos, de Ramos García (ver AQUI).

El texto data de comienzos del siglo III (202-204) y es de los primeros comentarios bíblicos del santo que luego había de explicar los Salmos, el Hexamerón, el Génesis, las Bendiciones de Jacob y de Moisés, el Éxodo, el Eclesiástico, el Cantar de los Cantares, el comienzo de Isaías, algunos pasajes de Ezequiel, Zacarías y el Evangelio de San Mateo.

El libro merece la pena ser leído en su totalidad pues tiene cosas interesantísimas y no sólo la que traemos en esta ocasión; sirva como ejemplo la interpretación típica de la historia de la casta Susana, imagen de la Iglesia, perseguida por los dos viejos judíos, representantes de Israel y los gentiles; Joaquín, su Esposo, es Jesús; el baño es el Bautismo, etc. etc.

San Hipólito fue, como él mismo lo dice en otra de sus obras, y no es un dato menor, discípulo de San Ireneo, de quien seguramente aprendió parte de la escatología bíblica, como el Milenio y es digno de notar que además trae, como su maestro, la no muy conocida anécdota sobre Judas y el Milenio.

Sin más, pasemos al texto y digamos al final dos palabras:


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Libro IV, cap. 50.


El Anticristo matará a los dos testigos y precursores de Cristo venidos para anunciar la gloriosa Parusía y su descenso del cielo, según la palabra del Profeta (Apoc. XI, 3):

“Y daré a mis dos testigos y profetizarán días mil doscientos sesenta, vestidos con sacos”.

Y también según lo que fue dicho a Daniel (IX, 27):

“Él confirmará el pacto con muchos durante una semana, y a la mitad de la semana mi sacrificio y mi oblación serán suprimidos[2].

Esto prueba que la semana comprende dos partes: en primer lugar, durante tres años y medio los dos testigos predicarán, luego el Anticristo, durante la segunda parte de la semana, hará la guerra a los santos y transformará el mundo entero en desierto, para que se cumpla la palabra (Dan. XII, 11-12):

“Harán la abominación de la desolación durante mil doscientos noventa días. ¡Bienaventurado el que haya esperado a Cristo, y llegue a mil trescientos treinta y cinco días!”[3].

Es entonces cuando vendrá (Mt. XXIV, 21):

“Tribulación grande, cual no ha sucedido desde el principio del mundo”.

Pues los hombres serán enviados en todas direcciones, a toda ciudad, a todo país, a fin de exterminar a los fieles. Los judíos se alegrarán de sus muertes, las naciones estarán en la alegría, los infieles los ayudarán. Los santos errarán desde el poniente al levante, otros serán perseguidos desde el levante al sur, otros se esconderán en las montañas y en las cavernas porque por todas partes la “abominación” les hará la guerra, los matará por tierra y por mar, por orden del Anticristo. Emplearán todos los medios para eliminarlos del mundo. Los santos, en efecto, no podrán ni vender lo que poseen, ni comprar lo que no poseen a menos que lleven sobre su mano la marca del Anticristo (Apoc. XIII, 17). Pues los fieles serán perseguidos por todas partes, expulsados de las casas, de las ciudades, estarán en las prisiones del Estado, serán castigados con toda clase de tormentos y, en una palabra, desterrados del mundo entero”.

Hasta aquí las palabras de San Hipólito que a continuación nos dará una descripción muy gráfica y terrible de la persecución del Anticristo.


***

Grande fue nuestra sorpresa y alegría al ver que este pequeño texto presentaba varias coincidencias importantes con algunas de las conclusiones a que habíamos arribado en su momento.

Apenas las mencionaremos y las acompañaremos de unas pocas líneas.

1) Los dos testigos tienen por misión profetizar la segunda Venida.

Si bien en lo que respecta a la identidad de los dos testigos, no coincidimos con el Santo, pues creemos que son Moisés y Elías[4], sin embargo, vemos claramente formulada la misma afirmación que ya hemos hecho en otra oportunidad.

Al hablar del contenido de la prédica de los dos Testigos concluíamos (ver ACA):

“Econtenido del Evangelio que predicarán los dos Testigos y que será repetido en el mundo entero en testimonio a las naciones [consistirá en el]: abandono del culto de los ídolos, adhesión al Dios único, vivo y verdadero y la pronta venida de Jesús. Nada más será necesario. Bastará repetir, pues, la predicación de Jesús, del Bautista y de los Apóstoles”.

Con respecto a la famosa profecía de las LXX Semanas tenemos varias coincidencias, que pueden verse en nuestro estudio sobre ella.

2) En primer lugar, y la más importante, es en lo que atañe al tiempo de la septuagésima y última Semana: San Hipólito no sólo la da como futura, sino que la divide en dos partes iguales atribuyendo la primera mitad a Elías y la otra al Anticristo.

Francamente, esta conclusión nos parece extremadamente obvia y confesamos que nos sorprende mucho que los autores no la vean.

3) El pacto del que habla no es el del Anticristo que hará que los judíos y los árabes firmen un tratado de paz de siete años, tal como quieren muchos protestantes hoy en día, sino el pacto entre Dios e Israel, el cual, vuelto a su Dios tras la venida de Elías, hará que vuelva a correr el cómputo de las Semanas que estaba suspendido.

4) El Sacrificio y la Oblación que son suprimidos son el de Dios y no se trata de un culto sacrílego, o dicho en otras palabras: el sacrificio suprimido será la santa Misa[5].

5) Interpreta literalmente el objeto de la marca de la Bestia: comprar y vender. Los que no quieran ser marcados no van a poder ni siquiera comprar lo básico para subsistir, y como esto no ha pasado, por lo tanto, es futuro.

6) Tanto aquí como en otros lugares del mismo libro parece identificar “la abominación de la desolación” con el Anticristo.

En otra oportunidad es más claro y dice[6]:

“En efecto, cuando hayan terminado las 62 semanas, cuando Cristo haya aparecido y el Evangelio haya sido anunciado en todo lugar, cuando los tiempos se hayan cumplido, faltará una semana, la última, durante la cual aparecerán Enoc y Elías y es a la mitad de esta semana que vendrá la abominación de la desolación, es decir, el Anticristo, anunciador de la desolación del mundo. Cuando haya hecho su aparición, serán suprimidos el sacrificio y la oblación ofrecidos hoy a Dios en todo lugar por las naciones”.

En nuestro estudio sobre el Discurso Parusíaco habíamos llegado a la misma conclusión (ver ACA).

Hasta aquí, pues, nuestras principales coincidencias con el Santo. ¡No hace falta decir que la lectura de las palabras que hemos citado fueron para nosotros una más que gratísima sorpresa!



[1] Hasta finales del siglo XIX existía el texto griego, bastante incompleto, pero gracias al descubrimiento de una versión eslava se pudo reconstruir prácticamente todo el comentario.

[2] Es la versión del mismo San Hipólito.

Straubinger traduce:

“Él confirmará el pacto con muchos durante una semana, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la oblación”.

[3] De nuevo, es la traducción de San Hipólito, no literal, pero sí según el sentido, el cual es por demás interesante.

Straubinger:

“Desde el tiempo en que será quitado el sacrificio perpetuo y entronizada la abominación desoladora, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Bienaventurado el que espere, y llegue a mil trescientos treinta y cinco días!”.

[4] Sobre lo cual deberemos tratar en algún momento ex professo.

[5] Y dado que la supresión tendrá lugar en el Templo como lo dicen Jesús y san Pablo, entonces se sigue lógicamente que el Templo de Salomón va a ser reconstruido durante el tiempo de la predicación de Elías y usado para fines laudables. Decimos esto porque el Santo afirma en otra parte que es el Anticristo quien va a reconstruir el Templo.

No vemos cómo conciliar ambas afirmaciones.

[6] Op. cit. IV, 35. Ver también el párrafo XLIX, LV y LVIII.