ARTÍCULO II
I Proposición
Los cuartodecimanos no celebraban nunca en el
catorce de la luna
lo que llamamos hoy Fiesta de la Pascua
Lo que hoy llamamos la fiesta de la Pascua es la fiesta de la Resurrección, pero los cuartodecimanos no celebraban nunca la fiesta de la Resurrección el catorce de la luna. Es lo que me propongo probar.
En primer lugar, sostengo que no se encontrará ningún autor antiguo más de trescientos años después del Concilio de Nicea que haya culpado o acusado a los cuartodecimanos que solemnizaban la fiesta de la Resurrección el catorce de la luna, ninguno que, hablando de sus polémicas con las otras iglesias, haya dicho eso. Se dice correctamente que hacían la Pascua el catorce de la luna, pero pretendo probar que por la palabra Pascua no se debe entender el misterio de la Resurrección.
En segundo lugar, ¿con qué sentido hubieran solemnizado ese día el misterio glorioso de la Resurrección del Salvador? La fiesta fue instituida en la Iglesia desde el nacimiento del Cristianismo en memoria del triunfo de Jesucristo y de la victoria que reportó sobre la muerte y el infierno. No fue sino el dieciséis y diecisiete que triunfó de esa manera. Por qué hacer la memoria el catorce, día en que fue arrestado, entregado a sus enemigos, que sucumbió por algún tiempo bajo su fuerza, y Él mismo pronunció esta palabra: Pero ésta es la hora vuestra, y la potestad de las tinieblas (Lc. XXII, 53).
En tercer lugar, atribuir a los cuartodecimanos una conducta tan bizarra como esta, es atribuírsela no solamente a muchos sabios y santos Obispos de las iglesias de Asia en tiempos del Papa Víctor y a muchos más de la misma índole que vivieron desde entonces hasta el Concilio de Nicea, sino que además es atribuírsela a San Policarpo, discípulos de los Apóstoles, y por último a San Felipe y al mismo San Juan.
Pues hay que señalar aquí que la tradición sobre la cual el Obispo de Éfeso y sus colegas, los demás Obispos, se apoyaban para oponerse al Papa Víctor era una verdadera tradición. Polícrates prueba bien su verdad y nadie jamás la refutó.
"Pues nosotros celebramos el día verdadero y genuino, sin añadir ni quitar cosa alguna. Pues en Asia se han extinguido algunos grandes luminares, que han de resucitar en el día de la venida del Señor, cuando éste baje del cielo, lleno de majestad y de gloria, y resucite a todos los santos. A saber: Felipe, uno de los doce Apóstoles, que murió en Hierápolis, y dos de sus hijas que envejecieron en la virginidad; y además otra hija del mismo, que, inspirada por el Espíritu Santo, vivió y descansa en Éfeso. También Juan, que se recostó en el seno del Señor, que fue también sacerdote y llevó la lámina (de oro en la frente); fue, por último, mártir y doctor. Este Juan acabó sus días en Éfeso. También Policarpo, que fué obispo en Esmirna y mártir, y Tráseas, obispo de Eumenia y mártir, que descansa en Esmirna. ¿Qué decir de Sagar, obispo y mártir, que murió en Laodicea? ¿Qué del bienaventurado Papirio, qué del eunuco Melitón que hizo todas las cosas inspirado por el Espíritu Santo, el cual está enterrado en Sardis, esperando la venida del Señor de los cielos, en el cual ha de resucitar? Todos ellos observaron conforme al Evangelio el día de la Pascua en la luna decimocuarta, sin variar nada, sino siguiendo constantemente la regla de la fe. También yo, Polícrates, el menor de todos vosotros, conforme a la tradición de mis antepasados, a algunos de los cuales he alcanzado: pues siete de mis parientes fueron obispos, a los cuales me he sumado en octavo lugar. Todos ellos celebraron el día de la Pascua cuando el pueblo judío rechaza la levadura”[1].