jueves, 5 de septiembre de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (VIII de X)


III

Probables antecedentes del símil de la neomenia mesiánica en la literatura evangélica. - La comparación hecha por Cristo en la perícopa del testimonio paralela al prólogo: Jn. V, 31-40; los fuegos anunciadores y los regocijos populares de la neomenia. - El esquema isaiano del Benedictus, Lc. I, 78-79: la neomenia astro que nace de lo alto; la iluminación nocturna de la caravana mesiánica, costumbres antiguas, textos bíblicos, costumbres actuales del Oriente. - Conclusión general.


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Como en las soluciones nuevas no es prudente ser muy afirmativos, aun sosteniendo las ideas principales arriba expuestas, no hemos de dar por definitivas otras que son secundarias y que están escritas a rápida impresión. Dentro ese orden de probabilidades ofrecemos todavía, siquiera sea brevísimamente, otros conceptos que nos ocurren al inquirir el origen de este símil de la neomenia en la literatura evangélica. Ellos nos llevan a los días de la predicación de Cristo, y a los del nacimiento del Bautista. ¿No podríamos pensar que proviene de una tradición nacida junto a la cuna del Precursor? Los textos que entran ahora en consideración son dos: Jn. V, 35 y Lc. I, 78-79; a saber, dos pasajes en que también se habla de luz mesiánica y de San Juan Bautista y de su testimonio, y que por tanto tienen un triple título para ser considerados como paralelos al del prólogo, que en el anterior capítulo hemos estudiado.

I

a) ἐκεῖνος ἦν ὁ λύχνος ὁ καιόμενος καὶ φαίνων, (Él era antorcha que ardía y brillaba)

b) ὑμεῖς δὲ ἠθελήσατε ἀγαλλιαθῆναι πρὸς ὥραν ἐν τῷ φωτὶ αὐτοῦ (y vosotros quisisteis regocijaros un momento a su luz) Jn. V, 35

Para proceder con más orden hemos dividido el verso en dos hemistiquios; uno de la luz, otro de la exultación.

a) 1. Que ó λύχνος pueda referirse a la luz que servía para trasmitir el testimonio de la neomenia, lo prueba más que el pasaje poético de Eurípides (Cycl. 514. Cfr. 455, 614, 615) en que el término se dice del gran tizón ardiente con que Ulises debela al Cíclope en su cueva, los dos calificativos que aquí le acompañan, los cuales no son ciertamente los de una lámpara casera, sino más bien los de un fuego mayor; calificativos idénticos a los que usa Homero, al describirnos las fogatas que arden y lucen en la cumbre solitaria de los altos montes, resplandeciendo en la lejanía a los pobres marineros en horas de tempestad (Ilíada, 19, 375, etc.).

Así los dos calificativos evangélicos nos traen a la memoria aquellos otros fuegos de los montes, descritos en el Rosch ha-schana, o por lo menos las antorchas de que nos habla Bartenora, encendidas para el testimonio de la declaración oficial de la neomenia.

2. Y, por otra parte, es de testimonio, y justamente de San Juan como testigo, que se trata en este versículo donde se le compara al λύχνος. Pues hállase él en el centro de la sección V, 31-40, a saber, de la llamada perícope del testimonio, porque en ella Jesús habla de todos los testimonios que se han dado sobre su persona, y de un modo tan determinado que la palabra "testimonio" se repite hasta diez veces en los diez versículos de que consta, diciendo al llegar al Bautista:

"Vosotros enviasteis a Juan y dio testimonio a la verdad... él era la luminaria que ardía y resplandecía y vosotros quisisteis por una hora regocijaros a su luz".

b) En este segundo hemistiquio parécenos ver alusión clara a las exultaciones con que era acogida la luna nueva y con que lo serían por tanto las luminarias que la anunciaban. Además del nexo literario de esas dos imágenes en un versículo, hay para pensarlo otros indicios de carácter histórico, notables y numerosos.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 10-11


10. Y el tercer ángel trompeteó y cayó del cielo una estrella grande, ardiendo como antorcha y cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre las fuentes de aguas.

Comentario:

Antorcha se dice de los 7 Arcángeles en IV, 5, pero en este caso no parece ser Satanás.

Esta trompeta se dirige contra las aguas dulces.

Straubinger: “La caída de esta estrella, que simboliza a un ángel con nombre de amargura (v. 11, cfr. Enoc LXXXVI, 1 ss), hace pensar en la palabra de Jesús que comparó la caída de Satanás con la de una estrella (Lc. X, 18). Véase IX, 1 y nota. Cfr. XII, 9 ss”.

Como es sabido, los ángeles llevan en su nombre su misión.


11. Y el nombre de la estrella se dice “el Ajenjo”. Y se convirtió la tercera parte de las aguas en ajenjo y muchos de los hombres murieron a causa de las aguas por haberse amargado.

Notas Lingüísticas:

Πολλοὶ τῶν ἀνθρώπων (muchos de los hombres): el artículo "de los" ¿podría hacer alusión a una clase determinada de hombres, a saber, "los habitantes de la tierra"?

Abel: “Ὁ Ἄψινθος (masc.) en lugar de ἡ Ἄψινθος (fem.) porque se trata del nombre de un astro”.


Citas Bíblicas:

Jer. XXIII, 15: “Por tanto, así dice Yahvé de los ejércitos contra los profetas: “He aquí que les daré para comida ajenjo, y para bebida agua envenenada, porque de los profetas de Jerusalén la impiedad se ha difundido sobre todo el país”.

Am. V, 7: “Vosotros tornáis el derecho en ajenjo, y echáis por tierra la justicia”.

Am. VI, 13: “¿Corren acaso los caballos por las peñas? ¿O se puede arar (allí) con bueyes? Así vosotros trocáis en veneno el juicio, y el fruto de justicia en ajenjo”.


Comentario:

Allo: "No muere un "tercio" de los hombres, sino solamente "muchos"; es que la masacre de la tercera parte de los hombres está reservada a la plaga de la sexta Trompeta".

Alápide: "Y muchos de los hombres murieron: De aquí se hecha de ver que esta amargura fue excesiva y por lo tanto venenosa y letal; pues, por el contrario, la amargura moderada es sana y conserva el cuerpo de la putrefacción".

Gelin: "La tercera plaga mira sin dudas una epidemia causada por las aguas vueltas amargas y envenenadas. Un cambio semejante es notado por IV Esd. V, 9: "En las aguas dulces se encontrará sal", de la misma forma que, a la inversa, el Mar Muerto se sanará en los tiempos mesiánicos (Ez. XLVII, 8). La plaga está relacionada con la caída de una estrella, tal vez un ángel, por analogía con IX, 1, o más probablemente con un bólido…".

Garland: "Es importante notar que Dios describe la idolatría como "raíz que produzca veneno y amargura" (Deut. XXIX, 18). La idolatría es un pecado recurrente de los habitantes de la tierra durante este período del juicio (IX, 20; XIII, 15-16). Así Dios juzga su amargura de ajenjo, dándoles a beber ajenjo. Es el mismo juicio que Dios le dio a Israel por ir en pos de falsos dioses (Jer. VIII, 14; IX, 14-16; XXIII, 15). El ajenjo describe también el fruto de la injusticia, que ha de ser una característica predominante del período de la Tribulación (Am. V, 7; VI, 12; cfr. II Tim. III, 2-4)".

viernes, 30 de agosto de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (VII de X)


Con todo, como de las cuatro escuelas ortodoxas de jurisprudencia mahometana, la Malechita, la Sciafeíta, la Hanafita y la Hanbalita, la primera, a la cual pertenece nuestro texto, es la que más contactos suele ofrecer con los ritos judaicos, quisimos extender nuestra investigación a los textos antiguos de las otras escuelas, para comprobar más y más la generalidad de la ley y de la costumbre. No habiendo podido de momento tenerlos a mano, escribimos al autorizadísimo arabista español don Miguel Asín, quien nos contestó con una carta que, como la de Sid Mohamet, mucho agradecemos, y cuya transcripción valdrá por todos los textos deseados.

"Sr. D. B. Pascual. - Palma de Mallorca. - Mi distinguido colega: Puede usted estar seguro de que la doctrina canónica sobre el principio del ramadán (fijado por observación experimental o deposición de testigos), que ha encontrado usted en el manual de derecho de Sidi Jalil (trad. Guidi), es suficiente para su propósito. - Esa doctrina, en efecto, no es de las discutibles en que discrepan las varias escuelas o ritos ortodoxos del islam (hanefíes, xafeíes, hanbalíes y malequíes), sino que es común a todas las escuelas y tan antigua en el islam como el islam mismo. Todos los libros de moral y dogmática la citan textualmente igual y la apoyan en hadices o tradiciones atribuidas a Mahoma y tenidas por auténticas para todas las escuelas. Algazel, por ejemplo, que es como Santo Tomás entre nosotros, da la misma doctrina, y era xafeí de escuela y no malequí como Sidi Jalil. Cfr. lhía (edición Cairo, I, 166-7). - No debe usted, pues, dudar en cuanto a la antigüedad de esa doctrina, ni necesita más datos que los de Sidi Jalil. - De usted affmo. s. s. q. e. s. m. - Miguel Asín. - Madrid, 24 de octubre 1926."

Baste pues lo dicho. El lector ahora, dando una mirada retrospectiva, advierta que la línea extrabíblica, que en cierto orden hemos señalado como paralela a los versículos 6, 7, 8, no es un perfil borroso o fugaz, sino un rasgo preciso, marcadísimo, que se prolonga solemnemente, dentro del judaísmo y después dentro del islamismo, a través de los siglos, desde antes de los días de Cristo Nuestro Señor hasta el momento actual. Que la exégesis bíblica lo tome en consideración está, por tanto, sobradamente legitimado.

Y viéndose en este pasaje la alusión propuesta, queda patente la consustancialidad de esos versículos del testimonio de la neomenia mesiánica con el anterior que la prepara y con el siguiente que la desarrolla, y por ende también demostrado cuan absurdas son las tentativas que hace la moderna crítica fragmentaria para disociarlos y negar aquí, a pretexto de ellos, la unidad inconsútil del prólogo de San Juan.

martes, 27 de agosto de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 8-9


   8. Y el segundo ángel trompeteó y como un monte grande, en fuego ardiendo, fué arrojado al mar y se volvió la tercera parte del mar sangre.

   Citas Bíblicas:

   Esta plaga coincide con la primera de Egipto:

   Ex. VII, 19-24: "Yahvé dijo también a Moisés: "Di a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus canales, sobre sus ríos, sobre sus lagunas y sobre todos sus depósitos de agua. Y se convertirán en sangre. Habrá sangre en toda la tierra de Egipto, lo mismo en las vasijas de madera que en las de piedra". Hicieron Moisés y Aarón como les había mandado Yahve: Levantó (Aarón) la vara y golpeó las aguas en presencia del Faraón y de sus servidores, y se convirtieron todas las aguas del río en sangre. Los peces que había en el río murieron, quedó apestado el río y los egipcios no podían beber las aguas del rio; y hubo sangre en todo el país de Egipto. Pero lo mismo hicieron los magos de Egipto con sus encantamientos; por lo cual se endureció el corazón del Faraón y no los escucho, como había dicho Yahvé. Luego volvióse el Faraón y se retiró a su palacio sin hacer caso de estas cosas. Y todos los egipcios cavaron en los alrededores del rio para hallar agua potable, porque no podían beber las aguas del rio".

   Mt. XVII,20: “Porque en verdad os digo: Que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diríais a esta montaña: “Pásate de aquí, allá”, y se pasaría, y no habría para vosotros cosa imposible”.

   Mt. XXI, 21: “Y Jesús les dijo: “En verdad, os digo, si tenéis fe, y no dudáis, no solamente haréis lo de la higuera, sino que si decís a esta montaña: “Quítate de ahí y échate al mar”, eso se hará”.

   Mc. XI, 23: “En verdad, os digo, quien dijere a este monte: “Quítate de ahí y échate al mar”, sin titubear interiormente, sino creyendo que lo que dice se hará, lo obtendrá”.


   Comentario:

   ¿El Salmo XLV hace referencia a las dos primeras trompetas?

   2-4: "Dios es para nosotros refugio y fortaleza; mucho ha probado ser nuestro auxiliador en las tribulaciones. Por eso no tememos si la tierra vacila y los montes son precipitados al mar. Bramen y espumen sus aguas, sacúdanse a su ímpetu los montes. Yahvé de los ejércitos está con nosotros; nuestro alcázar es el Dios de Jacob".

   Cfr. Apoc. XI, 6: "Estos tienen la autoridad de cerrar el cielo para que lluvia no llueva los días de su profecía y autoridad tienen sobre las aguas para convertirlas en sangre y para herir la tierra con toda plaga cuantas veces quisieren”.

sábado, 24 de agosto de 2019

La Neomenia Mesiánica en el Prólogo del cuarto Evangelio, por B. Pascual (VI de X)


Bien sabemos que el diamante se labra con el diamante y que la Escritura Santa mejor se interpreta en su doctrina con otros textos de la misma Santa Escritura; pero aquí vamos buscando los elementos materiales de un símil. Así nadie tome a profanidad el que, a la página divina del prólogo de San Juan, ante la cual hacemos genuflexión reverente todos los días en el santo altar, hayamos aproximado tanto esas páginas del Mischna judío y que vayamos a aproximar todavía por un momento una página de costumbres y de legislación mahometanas en que también vibra el testimonio de la neomenia. En tales documentos no buscamos teología, sino la simple reconstitución del medio histórico antiguo.

Como el rabinismo depende del viejo Testamento, así no pocas costumbres religiosas del Islam son tomadas de los judíos; y se da el caso de que, si ésos por las condiciones de sujeción política y social han tenido que ir suprimiendo y deformando antiquísimos ritos tradicionales para que cupiesen dentro los estrechos límites de un ghetto o de una sinagoga, los mahometanos, en cambio, con su tenacidad religiosa y su independencia y libertad política, han podido mantenerlos en su primitiva y amplia expansión sobre la vida pública, en las regiones de su dominio; por manera que esa ceremonia, originariamente judía, del testimonio de la luz, es hoy algo muy vivo y que puede comprobarse en las tierras del Islam.

Hemos prometido arriba proceder documentalmente y entramos ahora en un terreno que no es el nuestro; mejor será, pues, que traslademos aquí los mismos textos que nos hemos procurado de ilustrados árabes y de competentísimos arabistas. Y sea el primero de ellos la interesante carta que desde la vecina costa africana nos escribe estos días, como testigo de cosas propias, Sid Mohamed Medina, describiendo las costumbres actuales de aquellas tierras, muestra seguramente de las que vigen en otras regiones islamíticas.

martes, 20 de agosto de 2019

Algunas Notas a Apocalipsis VIII, 6-7


6. Y los siete ángeles, los que tienen las siete trompetas se prepararon para trompetear.

Comentario:

Straubinger: “Las siete trompetas son otras tantas plagas y recuerdan las de Egipto (Ex. VII ss). San Ireneo y Lactancio las interpretan en sentido literal”.


7. Y el primero trompeteó y hubo granizo y fuego mezclados con sangre y fue arrojado a la tierra y la tercera parte de la tierra fue incendiada y la tercera parte de los árboles fue incendiada y toda hierba verde fue incendiada.

Citas Bíblicas:

Esta plaga coincide con la séptima de Egipto:

Ex. IX, 22-26: "Dijo entonces Yahvé a Moisés: "Extiende tu mano hacia el cielo, y caiga granizo en todo el país de Egipto, sobre los hombres, sobre los animales y sobre todas las plantas que hay en la tierra de Egipto". Extendió, pues, Moisés su vara hacia el cielo, y Yahvé envió truenos y granizo; el relámpago discurría sobre la tierra, y Yahvé hizo llover granizo sobre el país de Egipto. El granizo, y el fuego mezclado con el granizo cayeron con fuerza tan extraordinaria, que nunca hubo semejante en toda la tierra de Egipto desde que comenzó a ser pueblo. El granizo hirió en todo el país de Egipto cuanto había en el campo, desde los hombres hasta las bestias. El granizo destrozó también todas las hierbas del campo, y quebró todos los árboles campestres. Solamente en la región de Gosen, donde habitaban los hijos de Israel, no hubo granizo".


Comentario:

Seguramente el granizo no ha de caer donde estén los 144.000 sellados, como pasó con los judíos que estaban en Gosen.

Esta trompeta se dirige contra la tierra, es decir, contra Babilonia.

Cfr. Apoc. XI, 6: "Estos tienen la autoridad de cerrar el cielo para que lluvia no llueva los días de su profecía y autoridad tienen sobre las aguas para convertirlas en sangre y para herir la tierra con toda plaga cuantas veces quisieren”.

viernes, 16 de agosto de 2019

San Benito José Labre (Reseña)




 Charles Grolleau, San Benito José Labre. Alfa Ediciones. Córdoba, 2019.  alfa.editorial@gmail.com


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   De cualquier vida de Santo se puede decir sin sombra de duda que lleva consigo una condena del mundo con todos sus halagos, pero en muy pocos casos tal vez esa oposición se haya hecho tan patente como en San Benito José Labre (1748-1783).

   Sus padres abrigaban la esperanza de verlo sacerdote, pero sus delicias estaban, así lo creía él, en el claustro. Golpeó una y otra vez las puertas de la Trapa y la Cartuja, pero o la entrada le fue directamente negada, o al cabo de algún tiempo el Abad se veía en la obligación de despedirlo por falta de vocación. Casi podría decirse que la vida religiosa nunca había sido más apropiada para persona alguna, pero aun así, el pobre Benito no encontraba su vocación.

   Después de varios fracasos, por fin pudo encontrarla: “peregrino y mendigo”. Sublime vocación.

   La historia nos dice que, en su peregrinación a Roma, en donde viviría la mayor parte de su nueva vida, se detuvo en Dardilly y pasó allí una noche en casa del abuelo paterno de otro gran Santo: el Cura de Ars.

   Dejemos hablar por unos instantes al mejor biógrafo del Santo Cura, el P. Trochu[1]: