I
EL CUARTO CONCILIO ECUMÉNICO DE LETRÁN
En Firmiter, el primer capítulo de las declaraciones doctrinales del Cuarto Concilio de Letrán, encontramos la siguiente declaración: ““Una sola es la Iglesia universal de los fieles fuera de la cual absolutamente nadie se salva”.[1]
Esta fórmula presenta una singular semejanza con la que se encuentra en la profesión de fe prescripta por Inocencio III en 1208 para los Valdenses que querían retornar a la Iglesia: “De corazón creemos y con la boca confesamos una sola Iglesia, no de herejes, sino la Santa, Romana, Católica y Apostólica, fuera de la cual creemos que nadie se salva”[2].
Cada uno de estos documentos presenta tres proposiciones diferentes como verdades realmente reveladas por Dios, y por lo tanto como enseñanzas que los hombres están obligados a aceptar con asentimiento de fe divina. Por una implicancia inmediata y necesaria estas proposiciones condenan como heréticas las enseñanzas contradictorias a estos tres dogmas de fe Católica. Estas verdades de fe afirman:
1) Es una verdad divinamente revelada que hay sólo una verdadera ecclesia o Iglesia de Dios.
2) Es una verdad divinamente revelada que esta verdadera ecclesia es la Iglesia Católica, aquella unidad social llamada propiamente “la Iglesia universal de los fieles”.
3) Absolutamente nadie, según la propia revelación de Dios, puede salvarse si, al momento de la muerte, se encuentra “fuera” desta sociedad”.



