martes, 24 de julio de 2012

Un texto de L. Bloy sobre la Comunión



"He aquí lo que he recibido en la comunión:

Voy a comulgar. El sacerdote ha pronunciado las palabras terribles que la piedad carnal llama consoladoras: “Domine non sum dignus…”, Jesús va a llegar y debo prepararme para recibirlo y no tengo más que un minuto… dentro de un minuto Él estará “en mi morada”.
No recuerdo haber barrido esta morada donde Él va a entrar como un rey o como un ladrón, pues no sé qué pensar de esa visita ¿He limpiado siquiera una vez mi morada de impudicia y de carne?
Echo en ella una mirada, una pobre mirada de espanto, y la veo llena de polvo y de basuras. En toda ella hay como un hedor de putrefacción y de inmundicia.
No me atrevo a escudriñar en sus rincones. En los sitios menos oscuros, advierto horribles manchas, antiguas o recientes, que me recuerdan que he masacrado inocentes, ¡a cuántos inocentes y con qué crueldad!
Los muros están cubiertos de podredumbre y su fría humedad me hace pensar en las lágrimas de tantos desdichados que me han implorado en vano, ayer, anteayer, hace diez, veinte, cuarenta años…
Pero ¡cómo! Allá, delante de esa puerta descolorida ¿qué monstruo es ese que no viera antes y que se asemeja al que a veces he entrevisto en mi espejo? Parece dormir sobre esa trampa de bronce cerrada y encadenada por mí con tantas precauciones, para no oír el clamor de los muertos y sus lamentables Miserere.
¡Ah verdaderamente es menester ser Dios para entrar sin temor en semejante morada!
¡Y Él está aquí ya! ¿Cuál será mi actitud y qué he de decir o hacer?
Absolutamente nada.
Aún antes de que Él haya traspasado mi umbral, no estaré ya allí, habré desaparecido, no sé cómo, pero estaré infinitamente lejos, entre las imágenes de las criaturas.
Él estará solo, y limpiará Él mismo la casa, ayudado por Su Madre, cuyo esclavo pretendo ser y que, en realidad, es mi humilde sierva.
Cuando Ellos hayan partido, el Uno y la Otra, para visitar otras cavernas, retornaré y traeré otras inmundicias."

El Peregrino de lo Absoluto, 17 de noviembre de 1912.

lunes, 23 de julio de 2012

Oratio Pro Conversione Iudaeorum


Et ingressus est in ea spiritus, et vixerunt, Ez. XXXVII

PRIÈRE pour la conversion des Juifs (1854). Avec Imprimatur

Seigneur, Dieu d'Abraham, d'Isaac et de Jacob, qui parmi toutes les nations aviez élu les Israélites pour devenir votre peuple et votre héritage privilégié, considérez l´état déplorable dans lequel ils gémissent depuis si longtemps ; ils sont abreuvés de mépris et d'opprobres, parce qu'ils ont méconnu votre Fils Jésus-Christ; ils ne reconnaissent pas encore leur erreur ni leur aveuglement, nous implorons donc pour eux votre miséricorde, Seigneur, et votre lumière.
Ouvrez vos entrailles de miséricorde pour les brebis égarées de la maison d'Israël, afin qu'elles reviennent au bercail du véritable Pasteur, et que l'Enfant Prodigue retrouve la maison paternelle. Exaucez, Seigneur, nos prières, nous les joignons à celles de leurs frères convertis, et aux mérites de  Jésus-Christ expirant sur la croix et disant ; 0 mon Père ! pardonnes-leur, car ils ne savent pas ce qu'ils font. Levez enfin le voile de dessus leurs cœurs, afin qu'ils reconnaissent avec nous Notre Seigneur Jésus-Christ. Amen.


ORACIÓN por la conversión de los judíos (1854), con Imprimatur.

Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, que entre todas las naciones habéis escogido a los Israelitas para que sean vuestro pueblo y vuestra herencia privilegiada, considerad el estado deplorable en el que gimen desde hace tanto tiempo; están llenos de desprecio y oprobios, porque no han conocido a tu Hijo Jesucristo; no reconocen todavía ni su error ni su ceguera; Señor os imploramos, pues, por ellos tu misericordia y tu luz.
Abrid vuestras entrañas de misericordia en favor de las ovejas perdidas de la casa de Israel, a fin que retornen al rebaño del verdadero Pastor, y que el Hijo Pródigo reencuentre la casa paterna. Atiende, Señor, nuestras súplicas, que unimos a las de sus hermanos conversos, y a los méritos de Jesucristo que expirando en la cruz dijo: Perdónalos Padre, porque no saben lo que hacen. Por último, quitad el velo que cubre sus corazones, a fin que reconozcan junto con nosotros a Nuestro Señor Jesucristo. Amén. 


domingo, 22 de julio de 2012

León Bloy sobre los Católicos modernos y el antisemitismo

León Bloy


A Madame X:

Su carta, aunque muy afectuosa, me ha dejado un tanto triste.
Yo quisiera que aquellos a quienes amo estuviesen verdaderamente conmigo, y que mi “misión” fuese bien comprendida. Otra cosa que presiento es la “Renovación”. Pero, amiga mía, yo no hago otra cosa desde hace treinta años y todos mis libros están llenos de ese presentimiento. Empero, es menester ponerse de acuerdo sobre la palabra “Renovación”. Nuestros católicos modernos, cuya perfecta mediocridad es tal vez el signo más horrible, piensan en su casi totalidad en recursos humanos. No se oye hablar más que de ligas, congresos, elecciones, etc.
A mi juicio, todo es inútil y profundamente estúpido. La verdad incontrovertible, para mí, es la inocuidad absoluta de ese parloteo y la impotencia, irremediable en lo futuro, de la sociedad cristiana, condenada irremisiblemente.
Todo es vano ahora, excepto la aceptación del martirio. Creo habérselo dicho.

sábado, 21 de julio de 2012

La Mujer Eterna, Cap. II, Primera Parte


II LA MUJER EN EL TIEMPO


La mujer en el tiempo parece significar la plena mitad de la existencia y de las vicisitudes humanas, o sea, también de lo histórico. Pero es evidente que no es la mujer, son el hombre y su obra, lo que constituye el contenido de la vida histórica. El hombre no sólo domina las grandes acciones políticas de los pueblos, sino que también determina la pujanza y el ocaso de sus culturas intelectuales. Y -quizá sea esto lo más importante- incluso lo religioso, que  vimos que está confiado especialmente a la mujer, en sus grandes manifestaciones históricas es formado  por el hombre y está representado por él en primera línea. Siempre que escuchamos la voz de los siglos, se le oye a él. Prescindiendo de excepciones, la mujer aparece con la plenitud intemporal de un silencio palpitante que acompaña o lleva la voz de aquél. ¿Significa la fuerza de entrega en el sentido de una renunciación metafísica a la vida histórica? ¿Significa lo religioso en este mundo también carencia de autoridad? ¿Significa acaso que su reino  no es de este mundo? ¿O es que ambas cuestiones sólo exigen que se profundice más? ¿Es que plantean el problema de una nueva medida de la valoración histórica? Aquí el problema desemboca de lleno en la problemática del presente. La  cuestión de la mujer en el tiempo se convierte en la cuestión de la mujer en nuestro tiempo.

viernes, 20 de julio de 2012

El Censo Parroquial y la Pertenencia a la vera Iglesia, J. C. Fenton

Nota del Blog: siguiendo con las publicaciones de Mons. Fenton, presentamos ahora un interesante trabajo sobre las distintas teorías esbozadas por los teólogos en lo que respecta a la pertenencia a la Iglesia, como así también las consecuencias que cada una déllas tiene con respecto a la visibilidad de la Iglesia. El punto de vista desde el cual aborda esta temática es del todo original y creemos que la conclusión a la que arriba es del todo cierta.
   English note: this post is the translation of Fenton´s "The Parish Census-List and Membership in the True Church". The original may be seen HERE 

Mons. J.C. Fenton

El censo parroquial y la pertenencia a la vera Iglesia

Autor: Monseñor Joseph C. Fenton, American Ecclesiastical Review CXXII, pág. 300-311. Año 1950.

Desde mediados del siglo XVI, la cuestión sobre la posibilidad que los herejes o infieles ocultos puedan ser realmente miembros de la Iglesia Católica ha sido discutida y disputada por los teólogos. Aunque S. Roberto Belarmino de ninguna manera fue el primer escritor en haber enseñado explícitamente que estos herejes ocultos puedan ser miembros de la Iglesia, sin embargo fue el primero en haber reunido las pruebas teológicas usualmente empleadas por los escritores que le sucedieron en favor de esta tesis.[1] Los argumentos contra S. Roberto sobre este tema fueron reunidos por Suárez, Tanner, Wiggers y Sylvio.[2] Además de una distinción sugerida por Pedro Dens durante el siglo XVIII y una definitiva contribución hecha por el Cardenal Billot, [3] asombrosamente ha habido poco progreso en el estudio desta cuestión desde mediados del siglo XVII. [4]

miércoles, 18 de julio de 2012

La Mujer Eterna, cap. I, Segunda Parte

Nota del Blog: La Primera Parte del capítulo I, que hemos decidido dividirlo en dos, puede verse AQUI.


(continuación)

El motivo de lo femenino resuena a través de toda la creación. Flota como un delicado y lejano preludio sobre el abierto regazo de la tierra virginal. Flota sobre el tierno animal madre de la espesura, que en su maternidad casi rompe los límites de su animalidad. Flota sobre la amante novia y esposa, y en gran manera sobre toda madre humana. Todas son iluminadas por el hijo. Pero también puede reconocerse en la amante que se prodiga sensualmente. Flota sobre la mínima, la más fugaz donación, sobre la más pequeña, la más cándida bondad; incluso sobre su simple intuición. Brota de la  esfera natural hacia la esfera espiritual y sobrenatural: allí donde la mujer es ella misma en toda su profundidad no es ya  ella misma, sino un ser que se entrega; pero siempre que se ha entregado es también novia y madre. La religiosa consagrada a la adoración, a la caridad, a las misiones, lleva el titulo de madre; lo lleva como virgo mater. También la Sibila, que  con la  “boca espumante” anuncia el nuevo eón,  es “madre del futuro”; toda profecía es sólo una forma de maternidad. De la misma manera que la Sibila precede a María, le sigue a ésta la Santa.  En ella vuelve el misterio primario a su origen. Por ello es profundamente comprensible que las más asombrosas obras realizadas por  la mujer estuvieran ligadas a la esfera de lo religioso. Santa Catalina de Siena recibió la misión de hacer regresar al Papa de Aviñón a Roma y la llevó a cabo; Santa Juana, incluso recibió la bandera de la batalla. Pero precisamente podemos decir de estas misiones extraordinarias que la mujer solo las recibe virginalmente como la prueba de toda gran misión femenina. Por ello Santa Catalina está presente a la entrada del Papa en Roma; pero Santa Juana recibió su velo en las llamas de la hoguera.

martes, 17 de julio de 2012

Un prólogo para meditar

Nota del Blog: las siguientes líneas corresponden al prólogo del libro "Melquisedek o el Sacerdocio Real" de Fr. Antonio Vallejo O.F.M. En cuanto al autor confesamos no saber mucho pero de seguro el lector versado en Castellani recordará su nombre.
   En lo que respecta al libro en sí, creemos que es sencillamente una joya. El autor, gran políglota, maneja con mucha precisión los términos e incluso parecería que cada palabra deste libro ha sido meditada antes de ser plasmada por escrito. Con esta seguridad se atreve a contradecir (tentados estamos a escribir "a refutar") la clásica definición de sacrificio que nos legara el gran Doctor de la Iglesia San Roberto Belarmino y que fuera adoptada por muchos teólogos, entre ellos, incluso el eminente Cardenal Billot.  
   El prólogo que transcribimos  a continuación pone el dedo en la llaga al indicar a los malos Católicos como la causa principal de la crisis de la Iglesia. Pensamiento que compartimos por completo y al cual el mismo Castellani, por nombrar sólo uno entre tantos, le dedicara tantas páginas.

Abraham pagando el diezmo a Melquisedek



DEVOTAMENTE,
AL MEJOR DE LOS FRANCISCANOS ARGENTINOS:
EL SIERVO DE DIOS MAMERTO ESQUIÚ;
EVOCANDO SU FE, SU ESPERANZA, SU CARIDAD
Y SU DOLOR,
SACERDOTALES,
EN UNA ARGENTINA DESGARRADA
COMO LA QUE ÉL AMÓ Y PADECIÓ.


Introducción

Las grandes herejías son siempre, a la hora de nacer, como la localización de un mal difuso en todo el cuerpo de la Iglesia. Y el punto crítico de irrupción y ruptura se da en aquella zona precisa en que más se resienten la fe y la virtud del pueblo cristiano. Antes de objetivarse en la voz de un heresiarca y de adquirir las proporciones de una mutilación social, toda doctrina heterodoxa fue previsible, como en su causa, en alguna falla espiritual perturbadora del sentir y de las prácticas del pueblo fiel, en cuanto fiel.
La monstruosa herejía que hoy padecemos -el materialismo en sus dos formas (comunismo ateo, es decir, ordenamiento de la multitud y de sus bienes terrestres contra los derechos personales de Dios y de los hombres; y personalismo laicista, es decir subversión de los apetitos individuales contra los derechos de la comunidad temporal y de la Iglesia)- ya estaba presente, como una sutil impregnación de los pensamientos y acciones del pueblo fiel, antes que Carlos Marx y Federico Nietzsche elaboraran y proclamaran las dos oposiciones más perfectas a la práctica y al espíritu del evangelio.