P. Esteban José Piat O.F.M.,
Historia de una Familia.
La familia de Santa Teresa del
Niño Jesús
(Reseña)
CJ Traducciones, 2025, pp. 231
A esta altura, este libro del P. Piat es casi un clásico. Es muy común pasar
por alto, o al menos no tener suficientemente en cuenta, un aspecto importantísimo
en la vida de los santos: el ambiente familiar en el que fue criado.
A diferencia de otros casos, aquí fue toda la familia (incluso los cuatro
hermanitos de la Santa que murieron siendo niños) la que conspiró para producir
uno de los frutos más hermosos de los tiempos modernos.
Los padres de la Santa destacan rápidamente por sus virtudes. Dos almas modelos de esposos
que, antes de unir sus almas y sus cuerpos, compartieron incluso los mismos fracasos:
la vida religiosa. Vida que los persiguió, con cierta nostalgia, hasta sus
últimos días.
Zélie, la madre de Santa Teresita, fue avisada por una voz interior con respecto a su futuro esposo. Vale la pena citar el episodio:
“La esposa del capitán Martin no se resignaba a ver a Louis, que estaba
por cumplir los treinta y cinco años, sepultarse en la piadosa soledad de la
relojería del Puente Nuevo y del Pabellón. Lo reprendía amistosamente, sin que
pareciera inmutarse. En los cursos profesionales que seguía en sus ratos libres
para especializarse en cierto tipo de encaje célebre y asegurar ingresos
complementarios al hogar, había coincidido con la joven Zélie Guérin y había
notado sus sólidas cualidades envueltas en tanto encanto. ¿No era la esposa
ideal para su hijo? Se volvió persuasiva y logró quebrar una resistencia que
parecía invencible.
Una intervención misteriosa facilitó el acercamiento.
Un día, al cruzar Zélie Guérin el puente San Leonardo, se encontró con un joven
cuya noble fisonomía, porte reservado y actitud llena de dignidad la
impresionaron. En ese mismo instante, una voz interior le murmuró en secreto:
«Ese es el que te he preparado»”.
Situaciones como estas fueron, no diría comunes, pero sí se dieron con cierta regularidad en la vida de la madre de nuestra santa.
Sabido
es que los primeros meses de matrimonio los vivieron en perfecta castidad y que
fue necesaria la autoridad del confesor para que consumaran el matrimonio. ¿Cómo
no brotaría de allí, de ese matrimonio tan puro, una descendencia llena de
virtudes?
Louis Martin era de Misa diaria, sobre la cual tiene frases como éstas, que parecen sacadas de los diarios de León Bloy:
“Entre semana, las jóvenes se reunían a las seis, junto a la Catedral,
en el bonito santuario gótico dominado por la efigie de la Madre de Dios. Su
padre las llevaba, indiferente a las tormentas, la nieve o el hielo. Prefería
la primera Misa:
«Es la única –decía– a la que pueden asistir los
sirvientes y los obreros. Allí estoy en compañía de los pobres».
No será sin pesar que la dejará más tarde por la de las siete, para ahorrar a los suyos la molestia de levantarse demasiado temprano.”
La
vida de los padres estuvo marcada, como no podía ser de otra manera, por la
cruz: muerte prematura de cuatro niños, invasión de Alemania en 1870,
enfermedades muy dolorosas y humillantes, etc., pero todo llevado con una gran resignación
cristiana, no carente de lágrimas, por supuesto.
Decía Ernest Hello, hablando del gran Profeta Elías, que los hombres suelen colocar a los grandes personajes muy lejos y muy alto a fin de tener la excusa perfecta para no imitarlos, pero, así como Elías fue preso de un terror incomprensible para con una mujer, en el relato de estas páginas, vemos a menudo la sencillez de la vida cotidiana al alcance de todos. ¿Cómo no emocionarse incluso con pasajes como éste?
“Más tarde, un alegre compañero los acompañará con sus brincos. No
contenta con criar conejos de suave pelaje, Teresa solicita de su padre «un
animal con pelos» que salte y retoce a su alrededor. El Sr. Martin adquiere un magnífico
spaniel que, bajo el nombre de Tom, pasa a formar parte del decorado
de los Buissonnets. La niña lo colma de caricias; él se acuesta a sus pies
cuando estudia sus lecciones. ¿Está a punto de morir? lo salva de la muerte
dándole, bocado tras bocado, una papilla de su invención. Este buen perro,
elegante como un paje y fiel como un caballero servidor, hará huelga de hambre
durante el viaje de su amo a Europa Central.
No olvidará a su dueña cuando entre al Carmelo. En 1889, cierto día
en que Santa Teresa del Niño Jesús ayudaba a la portera a introducir obreros en
el monasterio, aparecerá por casualidad en la puerta de clausura y correrá a
refugiarse bajo el velo de la querida Santa, que llorará de emoción”.
El amor, la devoción, que las hijas tenían por sus padres se ve reflejada en estas líneas de una gran profundidad, que lo resumen todo:
“Oh tú, el mejor de los padres, que das a Dios a manos llenas toda la esperanza de tu vejez, la gloria es para ti, la gloria que no pasa; sí, padre amado, te glorificaremos, como mereces ser glorificado, convirtiéndonos en santas. Otra cosa sería indigno de ti”.
La
caridad para con los pobres, la actitud hacia las sirvientas, la devoción a
Nuestra Señora de La Salette, e incluso el vínculo que el gran Dom Guéranger tuvo
con esta familia, especialmente con la hermana de Zélie, religiosa de la
Visitación, son apenas un puñado de temas más que interesantes que se pueden
apreciar en esta múltiple biografía.
Señala el P. Piat, con mucho acierto, y con esto termino, la importancia que la vida en familia y su educación tuvieron en la espiritualidad de Santa Teresita.
“La santidad de Teresa es el ápice de toda una estirpe en busca de la
perfección. La herencia le transmite, junto con el fuego espiritual y el
instinto caballeresco que brillan en los ojos paternos, el equilibrio
perfecto, la solidez del juicio y la sabiduría nunca defraudada que
caracterizan a la Sra. Martin y que serán tan necesarias para la «Doctora» del
caminito de la infancia.
Llegada en noveno lugar a un hogar ya visitado muchas veces por la
prueba, encuentra allí el espíritu de abnegación y el sentido del sacrificio,
la educación completa lo recibido por nacimiento. Para afinar este perfil
moral, se da como una admirable confluencia: todos se empeñan con entusiasmo. La
madre lo hace con precisión de pinceladas, firmeza de trazo y sabia utilización
de las fuerzas afectivas, de modo que Teresa, más tarde, no tendrá más que
inspirarse en ella para convertirse en una maestra de novicias insuperable. El
padre instruye a su «Reina» en los secretos de la unión con Dios. Pauline guía
su infancia antes de orientar su vuelo hacia el claustro. Marie prepara con
respeto a la primera comulgante, calma las angustias de la adolescente y
despierta las confidencias de la joven monja. Léonie la provoca hacia la
generosidad extrema cuando, en plena crisis vocacional, la llama en su auxilio
espiritual. Céline comparte sus ímpetus de amor y, deseosa también de
inmolación total, cede en todo para permitir su ingreso al Carmelo a los quince
años. Incluso los cuatro pequeños difuntos la ayudan con sus sufragios,
desatando la crisis de escrúpulos que desde hacía tiempo la atormentaba. Las
lecciones del Breviario traducen la exacta realidad cuando, al exaltar la
heroicidad de sus virtudes, asocian al elogio a toda la familia en cuyo seno
floreció su alma.
¿Nos hemos de extrañar, pues, que encontremos en la doctrina de nuestra
santa, sintetizados, profundizados y madurados por la contemplación interior,
los principios que regían la conducta del hogar?...
La que había de revelarnos el «ascetismo de la
pequeñez» experimentó la dulzura de ser en casa la novena, la última, la
benjamina.
Sin mimarla en exceso, la colmaban, la devoraban a besos, acudían en auxilio de
su fragilidad, se enternecían ante su gracia menuda. Sintió con agudeza el
prestigio de tal debilidad. La lección no se perdió. Trasladada al plano
sobrenatural, le enseñó a reconocer su impotencia y a amar su nada...
Para abrirse a la confianza, no tuvo más que llevar al
infinito, en el Corazón del Padre Celestial, lo que leía de bondad en el
corazón de sus padres...
El Sr. Martin era para ella la encarnación viva de la
condescendencia. De él esperaba todo: perdón, apoyo, impulso. Saboreaba con
deleite el abrigo de sus caricias. Si tal era la ternura de un hombre, ¿qué será la
caridad sin límites de Aquel de quien Tertuliano decía: «Nadie es tan
Padre»?...
De esta confianza sin límites, el abandono es el fruto
espontáneo... se veía de nuevo al pie de la escalera, esforzándose en vano por
subir el primer peldaño o frente al columpio, donde anhelaba sentarse
rápidamente.
El padre y la madre, acudiendo a su llamado, se conmovían ante su esfuerzo y,
tomándola en brazos, la hacían franquear de un salto el obstáculo. ¡Qué
felicidad ser tan pequeña para ser así objeto de tanta solicitud!...
No exige más que una cosa a cambio de esta intervención decisiva: que
el pequeñito ponga toda su ingeniosidad en agradarle. No se trata de buscar
sacrificios eminentes, de montar en sueños heroicos ni de agotarse en
penitencias...
El realismo cristiano que iluminaba de divino los tranquilos días de su infancia impregnará después, para elevarla hasta el heroísmo, su existencia de carmelita. Fue en el seno de la familia donde se formó su capacidad para hacer de modo extraordinario las cosas más ordinarias... La Historia de un alma constituye realmente un documento de carácter familiar”.
La traducción está hecha en base a la edición de 1964
El libro está disponible en Amazon ACÁ.
