III. SAN PEDRO Y SAN PABLO EN ANTIOQUÍA
El llamado incidente de Antioquía, con el discurso
de San Pablo contra San Pedro a que
dió lugar, parece a primera vista una grave dificultad contra el primado de San
Pedro. No es, pues, de maravillar que los protestantes hayan querido sacar
partido de esa dificultad, que han exagerado, contra la tesis católica del
primado de San Pedro. Sin embargo, mirada de cerca, esa dificultad se
desvanece; más aún, se convierte en argumento positivo, más eficaz todavía que
los anteriores, en favor de la tesis católica. Vamos a demostrarlo. Mas antes
será conveniente reproducir el pasaje en que habla San Pablo del incidente de Antioquía.
Dice el Apóstol:
Mas cuando vino Cefas a Antioquía, me opuse a él abiertamente, porque
era culpable. Porque antes que viniesen ciertos [hombres] de parte de Santiago,
comía con los gentiles; mas cuando vinieron, se retraía y recataba de ellos,
temiendo a los de la circuncisión. Y le imitaron en esta simulación también los
demás judíos, tanto que el mismo Bernabé se vió arrastrar a esta simulación.
Mas cuando vi que no andaban a las derechas conforme a la verdad del Evangelio,
dije a Cefas en presencia de todos: "Si tú, judío como vives a lo gentil,
y no a lo judío ¿cómo fuerzas a los gentiles judaizar?"…
(Gal. II, 11-14).
Antes de analizar este
pasaje conviene notar dos cosas.
Primeramente, algunos antiguos
pretendieron que el Cefas de quien se habla no era San Pedro, o bien que la
actitud de San Pablo no fué de seria oposición, sino una especie de comedia
convenida de antemano con el mismo San Pedro. Sin duda, estas hipótesis
cortarían de raíz la dificultad. Pero no las admitirnos, ni nadie las admite
hoy día. Supondremos, porque es evidente, que San Pablo habla con San Pedro, o,
si se quiere, contra San Pedro, y que
habla de veras.
Además, hablamos ahora de la autoridad de San
Pedro, no de su infalibilidad. En absoluto, puede subsistir la autoridad
sin la prerrogativa de la infalibilidad, como de hecho la tienen los jefes de
los estados. Notemos, sin embargo, de
paso, que San Pablo no ataca la doctrina de san Pedro, sino su proceder
práctico. Más aún, desde el momento que ataca a San Pedro de inconsecuencia y
de simulación, por el mismo caso da testimonio positivamente de que San Pedro no erró en la doctrina; si erró
fué precisamente porque no conformaba sus obras con su doctrina. Queda en pie la
sentencia de Tertuliano: que el error de
Pedro "conversationis fuit vitium, non praedicationis" (De praescript., 23. ML 2, 42). O como alguien
ha dicho modernamente, con un juego de palabras insinuado por San Pablo, el
error de Pedro no fué de ortodoxia,
sino de ortopedia.