martes, 6 de febrero de 2018

Venga tu Reino, por René Thibaut

Nota del Blog: El siguiente texto del P. Thibaut S.J., está tomado de la Nouvelle Revue Théologique, Tomo 49 (1922), p. 555 sig.

Lamentablemente pasa lo que vemos siempre: quitado el Milenio de la exégesis, todo se vuelve oscuro, complicado, forzado.


Cuando los Padres hablaban ora del reino de la gracia, ora del reino de la gloria, estaban en lo cierto porque esta petición incluye ambos aspectos, es decir, cuando pedimos que venga el reino de Dios, pedimos que venga a la tierra y no que nosotros vayamos al cielo, con lo cual es un reino de gracia, pero a su vez ese reino absoluto y universal de la gracia, sólo puede venir por medio de la Vuelta gloriosa de Nuestro Señor (Mt. XIX, 28; XXV, 31, etc.) que estará acompañado de los santos, de los ángeles, y de los raptados, y entonces será, para éstos, un reino de gloria. El mismo sentido vemos en las otras dos peticiones: santificado sea tu Nombre… en la tierra (Is. XXIX, 23 sobre Israel y Ez. XXXVI, 23 para los gentiles; y en el cielo: Is. VI, 3; Apoc. IV, 8) y hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, el cual no necesita mayores comentarios.


Texto hebreo del Padre nuestro representado en la
Iglesia del Pater Noster en el Monte de los Olivos

I.- Venga tu Reino (Mt. VI, 10: Lc. XI, 2).

Los Padres latinos, salvo San Ambrosio, vieron en el reino del Pater el reino final de la gloria, y los Padres griegos, salvo San Juan Crisóstomo, el reino previo de la gracia. Por esta razón la enseñanza usual adopta la pluralidad de sentidos[1].

Suárez, que toma parte también por el sentido múltiple, no ve ningún inconveniente en ello[2]. Sin embargo, sentido múltiple[3], sentido prácticamente confuso. Ahora bien, la voluntad solamente tiende decididamente a un término bien definido. Sin dudas que uno permanece libre de precisar el reino que pide actualmente, pero, dado que se trata de una oración común, ¿es conveniente que la precisión no se obtenga sino fuera de la unidad? ¿No habrá propuesto Nuestro Señor, a fin de salvaguardar ambos, un reino en particular, evidentemente el principal, al cual tienden en primer lugar nuestros deseos, dejando que se construyan sobre él los secundarios?

Jerarquizar nuestros deseos no significa empobrecerlos, muy por el contrario. Por otra parte, al poner en evidencia un solo reino, imitaremos al mismo tiempo a los Padres griegos y latinos que ciertamente difieren sobre el reino a elegir, pero concuerdan en elegir uno.

Desde el momento en que hay que elegir, es la gloria lo que hay que escoger; pues uno toma la gracia al mismo tiempo, pero en su rango: es decir, implícita y secundariamente. En efecto, ésta está encerrada en aquella como en comienzo en el fin; y el deseo tiende naturalmente primero a la obra maestra por la cual el boceto deviene, a su vez, deseable.


Máxime si el contexto, como lo mostró Maldonado (in Mt. VI, 10), impone la misma conclusión. El tuum caracteriza manifiestamente las tres primeras demandas, así como el nostrum especifica las siguientes. El sentido del adveniat regnum tuum no es, pues, que Dios reine especialmente en nosotros por la gracia, ni siquiera que nosotros reinemos con Él en la gloria, sino que el sentido formal y principal es que Dios reine universal y absolutamente. Así pedimos que su Nombre sea santificado y su Voluntad acatada no solo por nosotros sino por todos indistintamente[4]. Este reino, universal y absoluto, es el reino final, el único además digno de Aquel a quien se lo deseamos, Nuestro Padre que está en los cielos.

El mismo San Pablo nos enseña que el reino del Padre va a llegar al fin de los tiempos, cuando la Iglesia haya concluido, el infierno totalmente vencido, el pecado destruido hasta en la muerte:

“Después el fin, cuando Él entregue el reino al Dios y Padre, cuando anulare todo principado, y toda potestad y virtud… El último enemigo destruido será la muerte… Y cuando le hayan sido sometidas todas las cosas, entonces el mismo Hijo también se someterá al que le sometió todas las cosas, para que Dios sea todo en todo”. (I Cor. XV, 24-28)[5].

Y, en primer lugar, el reino se acabará. La Iglesia, en efecto, sin cesar de combatir hasta el fin y hasta el fin sobrecargada también y afeada por nuestros pecados, de repente, desde que tenga consigo a los justos el día de venganza y liberación, desde que el juicio haya quitado los miembros pútridos, la Iglesia victoriosa por siempre como su Esposo aparecerá al fin digna de Él: “sin mancha, ni arruga, ni nada semejante, sino santa e inmaculada” (Ef. V, 27).

Luego, la derrota de Satanás será consumada. El foco de la rebelión, dejado en el mundo, como la concupiscencia en el cuerpo, para darnos ocasión de lucha y triunfo (Ef. VI, 11-12), una vez terminada la prueba, será expulsado al abismo (Apoc. XX, 9)[6].

Finalmente, la misma muerte será destruida, ese último resto del pecado (I Cor. XV, 26). Victoria suprema que las tres Iglesias concuerdan en desear: la Iglesia del cielo que quisiera contemplar su Cabeza con los ojos del cuerpo, como María ya lo hace; la Iglesia del purgatorio que suspira por la restauración universal de la cual la resurrección de la carne será el signo, y la Iglesia de la tierra que con gusto se vería transfigurada sin pasar por el sepulcro (II Cor. V, 4).

Entonces[7], cuando se celebren las bodas del Cordero, cuando se haya restablecido el orden en todas partes, Dios será todo en todos (I Cor. XV, 28) ¿No es la fórmula ideal del Reino de Nuestro Padre?

Conclusión: La venida de la cual se trata formalmente en la segunda petición de la Oración dominical es el retorno glorioso del Salvador tanto amado por la Iglesia primitiva y por los Padres latinos.





[1] Ver la mayoría de los Catecismos, en particular el de Trento, 4º parte, ch. XI, l. II.

[2] De oratione vocali, cap. VIII, nº 11.

[3] Nota del Blog: Más que sentido múltiple preferimos ver en los Padres un sentido parcial, pues creemos, como dijimos en la nota inicial, que se trata de ambos aspectos y que los Padres se enfocaron en una parte del sentido.

[4] Nota del Blog: Acatada en la tierra, ergo, se trata de viadores también.

[5] Nota del Blog: Omite el ilustrísimo autor el v. 23:

“Pero cada uno por su orden: como primicia Cristo; luego los de Cristo en su Parusía; después al fin… etc.”.

[6] Nota del Blog: De nuevo: se fuerzan los textos a más no poder. La expulsión de Satanás en el Abismo tiene el carácter de una prisión temporaria como lo dice explícitamente el texto, ver Apoc. XX, 3.7, con lo cual, mal puede ser ese acto el último.

[7] Nota del Blog: Entonces… al fin del Milenio. No queda otra opción, pues en San Pablo vemos una sucesión de eventos y no mera simultaneidad.