III
Probables antecedentes del
símil de la neomenia mesiánica en la literatura evangélica. - La comparación
hecha por Cristo en la perícopa del testimonio paralela al prólogo: Jn. V,
31-40; los fuegos anunciadores y los regocijos populares de la neomenia. - El
esquema isaiano del Benedictus, Lc. I, 78-79: la neomenia astro que nace de
lo alto; la iluminación nocturna de la caravana mesiánica, costumbres antiguas,
textos bíblicos, costumbres actuales del Oriente. - Conclusión general.
***
Como
en las soluciones nuevas no es prudente ser muy afirmativos, aun sosteniendo
las ideas principales arriba expuestas, no hemos de dar por definitivas otras
que son secundarias y que están escritas a rápida impresión. Dentro ese orden
de probabilidades ofrecemos todavía, siquiera sea brevísimamente, otros
conceptos que nos ocurren al inquirir el origen de este símil de la neomenia en
la literatura evangélica. Ellos nos llevan a los días de la predicación de
Cristo, y a los del nacimiento del Bautista. ¿No podríamos pensar que proviene
de una tradición nacida junto a la cuna del Precursor? Los textos que entran
ahora en consideración son dos: Jn. V, 35 y Lc. I, 78-79; a saber, dos pasajes
en que también se habla de luz mesiánica y de San Juan Bautista y de su testimonio,
y que por tanto tienen un triple título para ser considerados como paralelos al
del prólogo, que en el anterior capítulo hemos estudiado.
I
a) ἐκεῖνος ἦν ὁ λύχνος ὁ
καιόμενος καὶ φαίνων, (Él era antorcha que
ardía y brillaba)
b) ὑμεῖς δὲ ἠθελήσατε ἀγαλλιαθῆναι
πρὸς ὥραν ἐν τῷ φωτὶ αὐτοῦ (y vosotros quisisteis
regocijaros un momento a su luz) Jn. V, 35
Para
proceder con más orden hemos dividido el verso en dos hemistiquios; uno de la
luz, otro de la exultación.
a) 1. Que ó λύχνος pueda referirse a la luz que
servía para trasmitir el testimonio de la neomenia, lo prueba más que el pasaje
poético de Eurípides (Cycl. 514. Cfr. 455, 614, 615) en que el término se dice
del gran tizón ardiente con que Ulises debela al Cíclope en su cueva, los dos
calificativos que aquí le acompañan, los cuales no son ciertamente los de
una lámpara casera, sino más bien los de un fuego mayor; calificativos
idénticos a los que usa Homero, al describirnos las fogatas que arden y lucen
en la cumbre solitaria de los altos montes, resplandeciendo en la lejanía a los
pobres marineros en horas de tempestad (Ilíada, 19, 375, etc.).
Así
los dos calificativos evangélicos nos traen a la memoria aquellos otros fuegos
de los montes, descritos en el Rosch ha-schana, o por lo menos las antorchas de
que nos habla Bartenora, encendidas para el testimonio de la declaración
oficial de la neomenia.
2. Y, por otra parte, es de testimonio, y
justamente de San Juan como testigo, que se trata en este versículo donde se le
compara al λύχνος. Pues hállase él en el centro de la sección V, 31-40, a
saber, de la llamada perícope del testimonio, porque en ella Jesús habla de
todos los testimonios que se han dado sobre su persona, y de un modo tan
determinado que la palabra "testimonio" se repite hasta diez veces en
los diez versículos de que consta, diciendo al llegar al Bautista:
"Vosotros
enviasteis a Juan y dio testimonio a la verdad... él era la luminaria que ardía
y resplandecía y vosotros quisisteis por una hora regocijaros a su luz".
b) En este segundo hemistiquio parécenos ver alusión
clara a las exultaciones con que era acogida la luna nueva y con que lo serían
por tanto las luminarias que la anunciaban. Además del nexo literario de esas
dos imágenes en un versículo, hay para pensarlo otros indicios de carácter
histórico, notables y numerosos.
1. "Jam nemo tubas nemo aera fatiget - una
laboranti poterit succurrere lunae" (Que
nadie dé la lata a las trompetas ni a los címbalos: sólo ella por sí misma
podrá remediar los eclipses de la luna), decía Juvenal en su sátira 6, v.
442; y a propósito de ello nota el viejo escoliasta: "solebant enim
veteres cum luna obscuratur clamores emittere" (solían los antiguos emitir clamores cuando la luna se oscurecía). Y
así como la desaparición de la luna en su última fase era motivo de
lamentaciones, el nacimiento de la luna nueva era celebrado con manifestaciones
de júbilo en muchos pueblos antiguos, según es de ver en las obras de historia
y de etnología. Ahora sólo nos interesan los pueblos semitas; y que tal en
ellos aconteciera lo prueba la supervivencia de tal costumbre en ciertas
regiones de Arabia, consignada por los modernos exploradores.
"En
la actualidad el árabe del desierto saluda la nueva luna con devotas
jaculatorias, y las mujeres cantan su refrán perpetuo de un solo verso, y
danzan por una o dos horas" (Smith. I. C. C. Samuel, p. 185, citando a Doughty. Travels in Arabia Deserta, I,
366, 455).
2. Aún mucho más significativo por la amplitud y
antigüedad que revela, es que la palabra hebrea, de donde viene la cuasi
técnica expresión de júbilo "Alleluya ", tiene su primera raíz y
exacta correspondencia en el árabe "halla" (Cfr. Gesenius H. u. A.
Handw.; Alfred Jeremias, Das Alte Test. im Lichte, etc.). Y esta raíz árabe
ofrece los dos sentidos conjuntos, el de "neomenia" y el de
"manifestación jubilosa", como es patente en la siguiente tabla,
formada con elementos transcritos de los diccionarios árabes de B. Kazimirski,
Belot, Dozy, Beaussier, Lerchundi; del cual, con particular interés, recogemos
el "exultavit '', por ser precisamente el mismo término que usa la Vulgata
en el presente hemistiquio.
Neomenia (formas verbales):
Hálla I.
Aparecer, empezar a mostrarse en el horizonte (se dice de la nueva luna).
Comenzar (se dice del mes lunar). (Kaz., Belot, Beaussier.)
II. Dar a alguna cosa la
forma de la nueva luna, de una media luna; curvar a alguien hasta que tenga la espalda doblada, con acus. (Kaz.)
IV. Esperar la nueva luna, la
aparición de la nueva luna. – Apercibir la nueva luna, con ac.; en lugar de emplear el acusativo, se debe
decir: ahlalna ´an lilasi kada (tr. 1): hemos visto la nueva luna en tal o
cual noche. (Kaz.). – Empezar a hacerse ver
(nueva luna). (Kaz., Bélot.)
X. En pasivo ustuhilla
aparecer, comenzar a relucir y ser divisado (se dice de la nueva luna). (Kaz.)
– Comenzar a relucir (nueva luna).
(Bélot, Lerch., Beaussier).
Manifestación
de júbilo (formas verbales):
Halla
l. Gritar de alegría,
entregarse a una alegría bulliciosa (Kaz.). - Alegrarse (persona). (Bélot.)
II. Hacer aclamaciones, Bc. (Dozy). – Hacer escándalo,
Bc. (Dozy). - Se regocijó mucho, saltó de gozo, "exultavit";
"gaudere", R. Mart. (Lerch.)
V. Estar en el júbilo, en la alegría. - Brillar, ser
brillante por su resplandor, con "bi" (se dice de una nube o de un
rostro de tez resplandeciente) (Kaz.)
VIII. 1. Tener brillo, una tez resplandeciente (se dice del
rostro). - 2. Dejar ver sus dientes
al sonreír, con '"an" los dientes (Kaz.).
X. jsthl. l. sarih.- Clamare,
Voc. (Dozy). – Estar lleno de gozo,
llenarse de gozo (se dice del rostro de un hombre que está alegre)
Neomenia (Formas nominales)
hill. – Comienzo del nacimiento (Kaz.)
hill, hálla, híl-la (v. Sir). Comienzo, sobre todo de un mes lunar
(Belot). Comienzo, aparición de las cosas (Kaz.).
hilal,
pl. ahílla y ahálil.
– Luna de los primeros o últimos días del mes. Creciente. Todo lo que
tiene forma de medialuna. (Bélot, Beaussier, Kaz.). - Luna, lunación
(Beaussier). Medialuna, marca que tiene forma de medialuna, etc. (Kaz.)
ihlál,
istihlál. – Comienzo de un mes lunar (Kaz., Bélot.)
muhallál. – Recortado en forma de medialuna (Kaz.).
Hecho en forma de medialuna (Bélot.)
mustahíl.
– Que comienza a aparecer (nueva luna). Mustahíllan. Al comienzo del mes
(lunar).
hilalíj.
- Lunar, Bc.; hilalíj
as-sákl, que tiene forma de luna nueva, Pap. Smith 1732 (Dozy).
Manifestación
de júbilo (Formas nominales)
húlla. – Alegría, sobre todo la que viene después de la
tristeza (Kaz., Bélot.)
tahlíl. – Jubilación, alegría (Kaz.) – aclamación,
Bc. (Dozy.)
mustahíllan. - Que se pone a gritar. Alegre, sonriente,
feliz (rostro).
tahallúl. – Júbilo, alegría (Belot)
halúlína. – Grito de júbilo, de alegría (de los pueblos o de
los niños que juegan).
hailúla. – Aclamación, algarabía, estrépito, Bc (Dozy.)
Se
juntan, pues, los dos conceptos en una sola raíz porque las dos realidades se
juntaban en el espíritu de aquellos pueblos semitas, en los cuales eran
comunísimas las manifestaciones de alegría con motivo de la aparición de la luz
nueva.