21. Y alzó un ángel fuerte una piedra como un molino grande, y (la) arrojó al mar, diciendo: “Así con ímpetu será arrojada Babilonia, la gran ciudad y no será hallada ya.
Concordancias:
Ἦρεν (alzó): cfr. Apoc. X, 5.
Ἀγγελος (ángel): cfr. Mt. XI, 10; Mc. I, 2; Lc. VII, 27 (San Juan Bautista); Lc. VII, 24; IX, 52 (mensajeros); Sant. II, 25 (dos mensajeros de Josué); Apoc. I, 1; V, 2; VII, 2; VIII, 3-5; X, 1.5.8-10; XIV, 6.8-9.15.18; XVIII, 1; XIX, 17; XXII, 16 (San Gabriel); VIII, 2.6.8.10.12-13; IX, 1.13-14; X, 7; XI, 15 (7 Arcángeles que tocan las siete trompetas); I, 20; II, 1.8.12.18; III, 1.7.14 (Jerarquía); III, 5; V, 11; VII, 1.2.11; XIV, 10 (ángeles); IX, 11 (ángel del abismo); IX, 14-15 (ángeles malos de la sexta Trompeta); XII, 7 (ángeles de San Miguel); XII, 7.9 (ángeles de Satanás); XIV, 17.19 (un ángel con la hoz afilada); XV, 1.6-8; XVI, 1; XVII, 1.7; XXI, 9; XXII, 8 (ángeles de las siete Copas); XVI, 5 (ángel de las aguas); XX, 1 (San Miguel); XXI, 12 (12 Apóstoles); XXII, 6 (¿Cristo?).
ἰσχυρὸς (fuerte): cfr. Mt. III, 11; XII, 29; Mc. I, 7; III, 27; Lc. III, 16; XI, 21-22; Apoc. V, 2; VI, 15; X, 1; XVIII, 2.8.10; XIX, 6.18.
Ἀγγελος ἰσχυρὸς (ángel fuerte): cfr. Apoc. V, 2; X, 1. Ver Apoc. XVIII, 2.
λίθον (piedra): cfr. Mt. XXI, 44 y Lc. XX, 18 (Parusía); Lc. XVII, 2 (Babilonia); I Cor. III, 12; Apoc. IV, 3; XVIII, 12.16.21; XXI, 11.19.
Μύλινον (molino): cfr. Mt. XVIII, 6 (escándalo – arrojar al mar); XXIV, 41; Mc. IX, 42 (escándalo – arrojar al mar); Apoc. XVIII, 22.
Ἔβαλεν (arrojó): cfr. Mt. III, 10; V, 25.29; VI, 30; VII, 19; XIII, 42.48.50; XVIII, 8-9.30; XXI, 21; Mc. IX, 42.45.47; XI, 23; Lc. III, 9; XII, 49.58; Jn. XV, 6; Apoc. XIV, 16.19; XIX, 20; XX, 3.10.14-15. Ver Apoc. II, 10; VI, 13; VIII, 5.7-8; XII, 9-10.13.
θάλασσαν (mar): cfr. Apoc. VII, 1-3; VIII, 8-9; X, 2.5.8; XII, 12.17; XIII, 1; XVI, 3; XX, 13 (?); XXI, 1 (?). Ver Apoc. IV, 6; V, 13; X, 6 XIV, 7; XV, 2; XVIII, 17.19; XX, 8.
Ὁρμήματι (con ímpetu): Hápax absoluto.
Βαβυλὼν ἡ μεγάλη (Babilonia la grande): cfr. Dan. IV, 27; Mt. VII, 24-27; Lc. VI, 46-49; Apoc. IX, 14; XVI, 12 (Éufrates); XVI, 19 (¿Babilonia?) XIV, 8; XVI, 21; XVII, 1.5.18; XVIII, 2.16.18-19.21; XIX, 2 (Babilonia). Ver Apoc. XVIII, 10: “Babilonia, la ciudad, la fuerte”.
Ἡ μεγάλη πόλις (la gran ciudad): cfr. Apoc. XI, 8; XVI, 19; VII, 18; XVIII, 10.16.18-19. Ver Apoc. XIV, 8; XVII, 5; XVIII, 2.
Εὑρεθῇ (será hallada): cfr. Apoc. II, 2; III, 2; V, 4; IX, 6; XII, 8; XIV, 5; XVI, 20; XVIII, 14.22.24; XX, 11.15.
Notas Lingüísticas:
Zerwick: “οὐ μὴ (no): cfr. v. 7”.
Zerwick: “εὑρεθῇ (hallada): cfr. v. 14”.
Concordancias:
Ex. XV, 5: “Los cubrió el abismo; como una piedra cayeron al fondo”.
Jer. LI, 63, 64: “Y después de leer este libro, atarás a él una piedra y lo arrojarás en medio del Éufrates; y dirás: “Así se sumergirá Babilonia, y no se recobrará del mal que voy a traer sobre ella. Así quedarán destruidos”.
Comentario:
Straubinger: “Significa la sorprendente rapidez (cfr. v. 8) y el carácter irreparable con que será destruida la fortaleza del mundo anticristiano”.
Allo: “Sobre estos tres versículos (21-23), cfr. el modelo de esta escena en Jer. LI, 63-64, en donde Seraías, siguiendo la orden de Jeremías, arrojó una piedra en el Éufrates a fin de simbolizar la ruina irremediable de Babilonia. Para el vidente de Patmos será, naturalmente, en el mar; el mar, aparece por todas partes en la puesta en escena en VII, 1; VIII, 18 ss; X, 2 ss; XII, 12.18; XIII, 1; XIV, 3-4 e infra”.
Alápide: “Pero ¿dónde será arrojada? En el abismo, es decir, en el infierno. De aquí que la versión arábiga diga: “De esta forma caerá Babilonia, y será enviada al lago grande, profundo; y la ciudad grande no será más hallada”.
Esto podría explicar que el mar entrega sus muertos para el juicio final (XX, 13).
Garland: “La declaración de Jeremías es otra prueba que señala que la Babilonia del fin es una ciudad literal reconstruida a la orilla del Éufrates. Puesto que Seraías fue enviado a una ciudad literal a fin de declarar un juicio literal sobre ella. El juicio que se lee nunca se cumplió en la historia. En el fin, las palabras de Dios sobre la ciudad, tal como fueron escritas por Jeremías y declaradas por Seraías, encontrarán su definitivo cumplimiento en la destrucción de la antigua ciudad reconstruida.
Toda palabra es empleada
para impresionarnos con su rapidez y totalidad. Y teniendo en cuenta que toda
profecía cumplida lo fue literalmente, y que Babilonia, aunque cayó
gradualmente, y muy bajo, nunca sufrió semejante destrucción, no queda más que
una conclusión… revivirá y excederá toda su antigua magnificencia (Bullinger).
Jesús aludió a la destrucción de Babilonia predicha
por Jeremías cuando enseñó sobre la gravedad de “escandalizar a uno de estos
pequeñitos que creen en Mí (Mt. XVIII, 6; Mc. IX, 42; Lc. XVII, 2)”.