domingo, 11 de noviembre de 2018

El Evangelio y los Últimos Tiempos (I de II)


  Cuando leemos la opinión de los autores con respecto a lo que se encuentra en el Evangelio referido a los últimos tiempos[1] es común ver reducido todo, ¡y a veces ni eso!, a Mt. XXIV-XXV, Mc. XIII y Lc. XXI, mientras que otros por ahí agregan alguna que otra cita como Lc. XVIII, 8, o algunas de las parábolas del Reino de Mt. XIII, pero no mucho más que eso.

  Sin embargo, nos parece que una lectura un poco más atenta nos mostrará que apenas si hay un solo capítulo en todo el Evangelio que no hable, o al menos tenga una referencia implícita, de los últimos tiempos y veremos algo así como una constante en la predicación de Nuestro Señor sobre todos esos sucesos.

  Así creemos que se iluminarán algunos pasajes bíblicos y se realzará, de esta manera, el sentido literal, tan encomendado por los Papas a la hora de interpretar las Escrituras.

  Para que no se nos acuse que pre-juzgamos el tema, citaremos simplemente el testimonio de uno de los Padres más reconocidos tanto por su antigüedad como por su doctrina: San Ireneo.

  Daremos primero la cita y luego ampliaremos el análisis con un detalle un poco más minucioso del texto evangélico, sobre todo desde el punto de vista del vocabulario.

  En su reconocida obra Contra las herejías comenta[2]:

“Más claramente significó San Juan, discípulo del Señor, en el Apocalipsis, sobre los últimos tiempos y los diez reyes entre los que se dividirá el imperio que reina actualmente, explicando cuáles eran los diez cuernos que Daniel había visto, diciendo que así se le había dicho (XVII, 12-14):

“Y los diez cuernos que viste, diez reyes son, que reino aún no han tomado, mas autoridad, como reyes, por una hora reciben con la Bestia. Estos un propósito tienen y su poder y autoridad a la Bestia dan. Estos contra el Cordero guerrearán y el Cordero los vencerá (porque Señor de señores es y Rey de reyes)”.

Es claro, pues, que el que ha de venir matará a tres de éstos, y los demás se le someterán y que él será el octavo entre ellos; y destruirán Babilonia y la quemarán con fuego, y darán su reino a la bestia y perseguirán a la Iglesia; después de lo cual serán destruidos por el advenimiento de Nuestro Señor.

Que el reino, pues, deba ser dividido y así perecer, el Señor lo dijo (Mt. XII, 25):

“Todo reino dividido contra sí mismo, es desolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no subsistirá”.

El reino, y la ciudad y la casa deben ser divididos en diez y de esta forma ya prefigura la partición y división”.

  Esta exégesis de San Ireneo es interesante porque nos muestra, por un lado, que las parábolas miran cosas concretas y no meras abstracciones y por el otro, que hay una coincidencia con lo que Daniel dice al interpretar el cuarto reino de la estatua de Nabucodonosor en Dan. II, 43:

“El reino estará dividido”.

  División que vemos insinuada también en su misma composición en Dan. VII, y que luego retomará San Juan: cabeza de león, patas de oso y cuerpo de pantera.



[1] Tomamos este término para significar, básicamente, la 70° Semana de Daniel y lo que sucederá después (juicio de las Naciones, Parusía, rapto de la Iglesia y, por supuesto, el Milenio o juicio de vivos); uno verbo, el día del Señor.

[2] Libro V, 26.1