viernes, 31 de julio de 2015

Algunas Notas a Apocalipsis II, 8-9

8. Y al Ángel de la Iglesia en Esmirna escribe: "Estas cosas dice el primero y el último, que fue muerto y vivió”.

Comentario:

Esmirna significa mirra y corresponde a la edad de las persecuciones. Así Castellani, Billot, Holzhauser, Eyzaguirre.

Este título de Cristo se encuentra en I, 17-18:

“No temas: Yo soy el primero y el último y el Viviente, y fui muerto y he aquí que estoy vivo por los siglos de los siglos…".

Castellani: “La edad de las Persecuciones, desde Nerón a Diocleciano. Smyrna en griego significa mirra; substancia usada en la antigüedad para restaño o restaurativo de las heridas y para preservar de la corrupción; substancia amarga, símbolo en la Escritura de los dolores corporales y de embalsamamiento…”.

Idem Alápide en cuanto al nombre.

Si esto es así entonces San Juan escribe durante la segunda Iglesia, lo cual parece ser un problema, como queda dicho.

Allo: “ἔζησεν aoristo, en lugar de ζῇ, ζῶν ἐστί, llamando la atención sobre el hecho y el momento de la resurrección (Bousset, Swete).”

Fillion: “Vivit. En aoristo en griego: ἔζησεν, es decir, ha vuelto a la vida. Lo mismo se encuentra más abajo en XIII, 14b”. (Bestia del Mar).

Bartina: "Son interesantes las modalidades verbales. Cristo, por mano ajena, pasó por un devenir hacia la muerte (ἐγένετο νεκρὸς) y en acción puntual revivió (ἔζησεν) para siempre (cf. Rom. XIV, 9)”.

Caballero Sánchez: "En el mensaje de Esmirna Jesucristo se presenta a su "Ángel" como víctima consumada, con los títulos relativos a su anonadamiento y sacrificio: "el último, el que estuvo muerto", rebajado por debajo de los "ángeles": títulos que fueron como la causa de su soberano ensalzamiento: "el primero, el que vivió".

Caballero Sánchez: "Noten los "sabios" cómo cambia Jesucristo la expresión usada: "fui muerto y he aquí que soy el que vivo" (I, 18). Aquí dice: "el que vivió", indicando su resurrección corporal con la misma palabra que más tarde se pondrá para la resurrección primera de los mártires, al iniciarse el milenio: "y vivieron". Desde ahora Cristo mismo corta de raíz el capricho de los comentaristas que querrán entender allá sólamente una resurrección moral o espiritual…".


9. Sé la tribulación tuya y la pobreza -pero eres rico-, y la blasfemia de los que se dicen ser judíos y no son sino sinagoga de Satanás.

Comentario:

Allo: “Remarcar los dos paréntesis enérgicos, ciertos en estos casos, que muestran el estilo del autor, y pueden ayudar a interpretar otros cambios abruptos de construcción, como II, 2.”

Allo: "συναγωγὴ τοῦ Σατανᾶ (Sinagoga de Satanás): Cfr. III, 9. Contraste querido con la Sinagoga de Dios, de Num. XVI, XX, XXXI".

Y luego nota dos cosas:

1) San Juan tiene en alta estima el nombre de “judío”.

2) Esta carta es justo la opuesta de Laodicea.

Fillion: “La palabra blasphemaris debe ser tomada en sentido lato para significar las calumnias, los ultrajes en las palabras”.

Mills: "El griego tiene dos palabras para pobre: penia que significar carecer de lo superfluo, ptocheia que significa la pobreza abyecta, destitución. Este verso usa el último término".

lunes, 27 de julio de 2015

La Infalibilidad en las Encíclicas, por Mons. Fenton (III de V)

La Infalibilidad en las Encíclicas

2) La segunda razón generalmente alegada contra la existencia de enseñanza infalible en las encíclicas se encuentra en la doble afirmación que el Santo Padre habla infaliblemente sólo cuando da una definición o promulgación ex cathedra y que una afirmación en una encíclica papal no puede ser un pronunciamiento ex cathedra.

Tanto el Cardenal Billot como el P. Salaverri se oponen a la primera de estas afirmaciones. Ambos están convencidos que existen afirmaciones doctrinales infalibles promulgadas por el Santo Padre que no están comprendidos en la clasificación de juicios ex cathedra. Es conforme con esta convicción que el Cardenal Billot admitía la existencia de enseñanzas infalibles en las encíclicas papales, las que no consideraba como documentos ex cathedra.
Sin embargo, un buen número de teólogos sostiene firmemente que no existe algo así como una declaración pontificia infalible que no sea un pronunciamiento ex cathedra[1]. Me parece que su posición es absolutamente correcta. Además, no creo que la descripción que hace el Concilio Vaticano de un pronunciamiento ex cathedra excluya en modo alguno la posibilidad de tal declaración en una encíclica o en cualquier otro acto del magisterium ordinario del Santo Padre.

La descripción de la definición ex cathedra se encuentra en la declaración solemne del Concilio del dogma de la infalibilidad Papal:

… enseñamos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra - esto es, cuando cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal -, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia[2].

Así, según las enseñanzas del Concilio Vaticano, el Santo Padre habla infaliblemente cuando pronuncia una definición ex cathedra, lo cual sucede cuando se verifican las siguientes condiciones:

a) Habla en su capacidad como gobernador y maestro de todos los cristianos.

b) Usa su suprema autoridad apostólica.

c) La doctrina sobre la cual habla tiene que ver con fe y costumbres.

d) Pronuncia un juicio cierto y definitivo sobre esa enseñanza.

e) Quiere que ese juicio definitivo sea aceptado como tal por la Iglesia universal.

jueves, 23 de julio de 2015

De los Evangelios en General, por el P. Bover

DE LOS EVANGELIOS EN GENERAL

Nota del Blog: Sirva esta pequeña introducción del P. Bover como un complemento (o tal vez, mejor aún introducción) del excelente trabajo del mismo Padre sobre la Cuestión Sinóptica cuya primera parte puede verse AQUI

NOMBRE.

Evangelio primitivamente significó albricias; luego pasó a significar la misma buena nueva. En sentido cristiano significó la Buena Nueva por antonomasia, “el mensaje de la salud” humana (Ef. I, 13).


TRIPLE FASE DEL EVANGELIO.

La Buena Nueva de Cristo presentó tres fases sucesivas; 1) su realización histórica; 2) su anuncio o divulgación; 3) su redacción escrita; es decir: 1) el Evangelio realizado; 2) el Evangelio predicado; 3) el Evangelio escrito.

Conviene determinar lo que fué el Evangelio oral, que tiene por objeto el Evangelio realizado y es la base del Evangelio escrito.


EL EVANGELIO ORAL.

La Predicación apostólica hubo de ser, ante todo, apologética: habían de probar que Jesús de Nazaret era el Mesías e Hijo de Dios. Los que creían en Jesu-Cristo, naturalmente concebían vivos deseos de conocer sus hechos y sus dichos, sus milagros y sus discursos. Espontáneamente se harían eco de aquellas palabras del Maestro: “Dichosos vuestros ojos, que vieron, y vuestros oídos, que oyeron” (Mt. XIII, 16). Tal fué el objeto de la catequesis evangélica: suplir la visión y audición personal. Para la realización de este ideal, el hombre apropiado era Pedro. Aunque desprovisto de cultura refinada, era hombre inteligente y despierto, que había observado atentamente cuanto Jesús había dicho y hecho y lo conservaba grabado en su memoria. Dos cosas hubo de hacer Pedro: seleccionar la materia y ordenarla.

En cuanto a la selección, Pedro, hombre perspicaz, pronto vió que lo que Jesús había enseñado y obrado por su propia iniciativa conforme a un plan premeditado, se contenía principalmente en su predicación galilaica; lo demás, hasta el último viaje a Jerusalén, había sido más bien ocasional. Al ministerio galilaico se atuvo, por tanto.

El orden fué el que debía ser. La predicación de Galilea había sido una serie de viajes y excursiones. Esta serie de viajes, ya de suyo fácil de retener, la conservaba Pedro en su tenaz memoria. Con sólo seguir este orden itinerario se tenía el orden deseado, que era indirectamente orden cronológico.

Esta predicación oral, iniciada en Jerusalén y dirigida a los judíos, al ser trasladada más tarde a Antioquía y a Roma, hubo de adaptarse a la mentalidad de los nuevos oyentes, griegos y latinos.  De ahí las tres formas o variedades del Evangelio oral: la jerosolimitana, la antioquena, la romana. De ellas procedieron los Evangelios escritos.

domingo, 19 de julio de 2015

La Infalibilidad en las Encíclicas, por Mons. Fenton (II de V)

La Infalibilidad en las Encíclicas

Lo que puede considerarse como los argumentos principales en contra de la existencia de tales enseñanzas infalibles en las encíclicas, pueden, me parece, ser resumidas bajo estos cuatro títulos:

1) Las encíclicas son documentos del magisterium ordinario del Santo Padre, el cual no ejerce su carisma de decisión doctrinal infalible en el magisterium ordinario.

2) El Santo Padre enseña infaliblemente solamente cuando habla ex cathedra, y las encíclicas no son documentos ex cathedra.

3) El Santo Padre tiene el poder de hablar auténticamente en temas doctrinales sin usar su carisma de la infalibilidad, y las encíclicas son documentos en los cuales habla desta manera.

4) El Código de Derecho Canónico establece explícitamente que “no se ha de tener por declarada o definida dogmáticamente ninguna verdad mientras eso no conste manifiestamente”, y lo que se afirma solamente en las encíclicas ciertamente no está definido manifiesta y ciertamente en forma dogmática.

Creo que incluso un breve examen de estos argumentos, en realidad van a mostrar serias evidencias a favor de la tesis misma contra la cual generalmente se emplean. Básicamente ninguna de ellas da fundamento alguno adecuado que las encíclicas no contienen afirmaciones que deben ser aceptadas como infaliblemente verdaderas en razón de las mismas encíclicas.

1) Antes que nada, está el tema del magisterium ordinario del Santo Padre. Es interesante notar que Salaverri no basa su posición en la negación de la posibilidad de enseñanza infalible dentro del compás de la actividad doctrinal ordinaria del Papa. Enseña clara y firmemente que el Santo Padre puede enseñar infaliblemente tanto en su magisterium ordinario como también en el solemne o extraordinario[1].

Es interesante notar, dicho sea de paso, que hay algunos teólogos que sostienen que una definición ex cathedra, aquella que el Concilio Vaticano describió en su definición de la infalibilidad doctrinal del Santo Padre, es necesariamente un acto solemne o extraordinario[2]. El Cardenal Billot y el P. Salaverri, extrañamente, coinciden en este punto[3]. También coinciden en que el Santo Padre puede enseñar infaliblemente de otra manera que no sea una definición ex cathedra[4]. Difieren en que el Cardenal Billot incluye lo que es enseñado explícita y directamente en las encíclicas dentro del compás desta enseñanza infalible pero no ex cathedra, mientras que, definitivamente, el P. Salaverri excluye este material.

Ahora bien, un argumento muy serio que ha sido alegado en contra de la posibilidad de la enseñanza infalible dentro del magisterium ordinario del Santo Padre ha sido tomado de la misma encíclica Humani generis. El ahora famoso párrafo veinte de ese documento ha sido interpretado de tal forma que parece excluir la posibilidad de la enseñanza infalible en el magisterium ordinario papal, o por lo menos en las encíclicas.

El texto latino deste párrafo es el siguiente:

miércoles, 15 de julio de 2015

Algunas Notas a Apocalipsis II, 6-7

6. Pero esto tienes: que odias las obras de los Nicolaítas, que yo también odio.

Comentarios:

Sobre los Nicolaítas, la verdadera respuesta nos parece que es la que trae Poirier. Ver AQUI.

Discuten los exégetas de dónde tomaron el nombre los nicolaítas y en qué consistían sus obras, pero como se vé por las citas, no hay nada convincente.

Straubinger: "Nicolaítas (cf. v. 15): créese que fuera una secta de falso ascetismo que prohibía el matrimonio, el vino y el consumo de carne (véase Hech. VI, 5; Col. II, 16 y notas). S. Ireneo dice que vivían indiscretamente, por lo cual se duda, dice Allo, si su abuso consistía en entregarse a los placeres de la carne, o a la inversa, a una maceración excesiva. Algunos la explican por su etimología de nikao (conquistar) y laos (pueblo) y piensan que el nicolaísmo era odioso a Dios porque pretendía dominar a las almas so capa de religiosidad, contrariando lo enseñado por Jesús en Mt. XXIII, 8 (cf. v. 2 y nota). Observa Pirot a este respecto que el sentido de esa palabra en griego equivale al de Balaam en hebreo. Cfr. v. 14 y nota".

Scío: “Estos herejes se llamaban así de Nicolás de Antioquía, que habiéndose hecho prosélito, fue elegido por la Iglesia de Jerusalén de entre los que parecían tener mayor caudal de sabiduría: para que fuese uno de los siete primeros diáconos, Act. VI, 5. Algunos, después de San Ireneo y San Epifanio, han creído que aquel diácono cayó en excesos que dieron ocasión a esta secta impura; pero el mayor número de Padres defiende y justifica a este diácono, entre ellos Clemente de Alejandría, Teodoreto y Eusebio, y San Agustín refiere las impiedades de aquellos herejes que por autorizarse tomaron aquel nombre”.

Castellani: “La primera herejía, atribuida a Nicolao, uno de los siete primeros Diáconos, estaba muy extendida, pues la veremos luego extendida en Pérgamo y Tiatira. La primera herejía, por lo que sabemos de ella, se parece a la última herejía; quiero decir, a la de nuestros tiempos; y se puede decir que transcurre transversalmente toda la historia de la Iglesia, y es como el fondo de todas las herejías históricas. Era una especia de gnosticismo dogmático y laxismo moral, un sincretismo, como dicen hoy los teohistoriógrafos. Era una falsificación de los dogmas cristianos, adaptándolos a los mitos paganos, sin tocar su forma externa, por un lado; y concordantemente, una promiscuación con las costumbres relajadas de los gentiles; nominalmente en la lujuria y en la idolatría, como les reprocha más abajo el Apóstol. Comían de las carnes sacrificadas a los dioses, en los banquetes rituales que celebraban los diversos gremios, lo cual era una especie de acto religioso idolátrico, o sea de comunión; y se entregaban fácilmente a la fornicación, que entre los paganos no era falta mayor ni vicio alguno; incluso, según parece, después y como apéndice de los dichos banquetes religiosos”.

Allo, sin ver en las siete Iglesias una historia de la Iglesia, dice sin embargo lo siguiente al respecto (Exc. XI): “Cuatro iglesias asiáticas sobre siete, han de sufrir el asalto de graves peligros interiores, relacionados con la doctrina o la moral; Éfeso lo pudo resistir, aunque se le reprendió por otras cosas; solo Esmirna y Filadelfia, expuestas a la humillación de los judíos, no merecieron sino elogios. Este peligro podía revestirse de diversos modos según las ciudades; sin embargo la unidad tan perfecta de interés, cultura, espíritu y religión (…) hace suponer que había un fondo común a estos errores, y que se los podría incluir a todos bajo una misma denominación.
Dos de los mensajes, a Pérgamo y a Tiatira, parecidos a la carta a Éfeso, nos ayudan a precisar en qué consistían. En estas dos primeras ciudades, las tendencias disolventes habían tomado la forma de una doctrina διδαχὴ (II, 14.15.20.24). Los que la profesaban se creían autorizados a “fornicar” y a comer lo sacrificado a los ídolos no sólo en sus casas, lo cual hubiera sido lícito (I Cor. X, 25 ss) sino en los templos paganos mismos. Hemos mostrado cómo el atractivo y el poder de los cultos de Pérgamo, al igual que las condiciones económicas de Tiatira, pudieron arrastrar a los cristianos no muy fervorosos o fuertes a tales compromisos. Por eso es que fueron estigmatizados con los nombres simbólicos de Balaam y de Jezabel (…) nada más natural que pensar en algún misticismo sincretista, sobre todo si uno recuerda el gnosticismo que amenazaba arrastrar las iglesias del tiempo de San Pablo…”.

sábado, 11 de julio de 2015

La Infalibilidad en las Encíclicas, por Mons. Fenton (I de V)

La Infalibilidad en las Encíclicas

Nota del Blog: presentamos en esta oportunidad otro de nuestros trabajos favoritos de Mons. Fenton, uno de los más grandes eclesiologistas de la historia de la Iglesia.

Si bien el tema (Magisterio ordinario del Papa – Infalibilidad en las encíclicas) es ciertamente muy poco explorado, sin embargo nos parece que los argumentos de Fenton son concluyentes e irrebatibles. Hacemos nuestras, por lo que valga, todas sus conclusiones.

Hemos modificado un tanto algunos párrafos (punto aparte en lugar de punto seguido, etc.) para mayor comodidad.

Fuente: American Ecclesiastical Review, CXXVIII (1953), pag. 177-198.

Original text HERE.


P.S. Casi al mismo tiempo que nuestra traducción apareció la versión portuguesa de este trabajo de Fenton en el interesantísimo y no menos inteligente Blog Acies Ordinata. Blog de consulta necesaria para todas estas cuestiones teológicas y donde se podrán ver varios artículos más no sólo de Mons. Fenton sino de otros autores y referidos ya a este ya a similares temas.

Ver Mons. Joseph Clifford FENTON, A Infalibilidade nas Encíclicas, mar. 1953; trad. br. por F. Coelho, São Paulo, ag. 2015, blogue Acies Ordinatahttp://wp.me/pw2MJ-2z0.

Mons. Fenton

Ciertamente el Cardenal Louis Billot fue uno de los eclesiologistas más grandes de la generación que acaba de pasar. Muchos lo consideran el escritor más capaz con respecto al tratado de ecclesia desde el Concilio Vaticano. El P. Joaquín Salaverri, de la facultad Jesuita de teología en el Instituto Pontificio de Comillas en España, tiene una posición muy parecida en el mundo teológico de mediados de siglo a la que ocupaba el Cardenal Billot unos cincuenta años atrás.
En general, las tendencias científicas manifiestas en la obra del P. Salaverri son casi las mismas que aparecieron en los escritos de su distinguido predecesor. En varios casos, la enseñanza del P. Salaverri aparece en realidad como un legítimo y laudable desarrollo de la doctrina descrita en los volúmenes de Billot sobre la Iglesia. Sin embargo, en un punto importante y súmamente práctico, sus opiniones son diametralmente opuestas. Se trata de la afirmación del exacto valor doctrinal de la enseñanza presentada explícita, incondicional y directamente en las encíclicas papales[1].

Así, la opinión del P. Salaverri es que “en las cartas encíclicas doctrinales dirigidas a todo el mundo Católico, la doctrina que se enseña assertive et principaliter es propuesta por los teólogos con razón como algo que debe ser tenido simpliciter como doctrina catholica[2].

He retenido alguno de los términos claves latinos en esta afirmación de Salaverri debido a su importancia fundamental para cualquier comprensión precisa de su enseñanza. Así una doctrina enseñada assertive es obviamente algo dado incondicionalmente, sin calificación. Hago una afirmación cuando digo que algo es verdadero. No es una afirmación, ni una declaración hecha assertive, cuando digo que parecería que algo es verdadero, que hay razones para sostener que es verdadero, o que no es seguro sostener que no es cierto. En otras palabras, la afirmación es la manera en la cual el hombre expresa ordinariamente un juicio cierto y definitivo, opuesto a uno meramente opinable o tentativo.
En su contexto, la palabra “principaliter” lleva un doble significado. Una doctrina enseñada principaliter en una encíclica papal es aquella que el Santo Padre quiere manifiestamente dar a conocer en ese documento. Así, pues es algo presentado data opera y no como un obiter dictum. Además, es el significado expresado en primer lugar en cualquier afirmación, como algo distinto de las inferencias más o menos inmediatas que pueden sacarse legítimamente desa declaración.

martes, 7 de julio de 2015

Algunas Notas a Apocalipsis II, 4-5

4. Pero tengo contra ti que tu amor, el primero, has dejado.

Comentario:

A las alabanzas sigue el reproche.

Cfr. Hech. XIX, 17-20; Ef. I, 15.

Castellani: “La caridad fraterna de los primeros fieles fue extraordinaria: ponían sus bienes en común a los pies de los Apóstoles, no había entre ellos ni ricos ni pobres, dirimían sus pleitos con el arbitraje, se sometían a la confesión pública y a rigurosos castigos en caso de caída en pecado, practicaban la hospitalidad y la defensa mutua. Esta caridad y fraternidad era no solo la admiración y espanto de los gentiles, sino que constituía la fuerza política incontrastable que los mantenía. Este estado de comunismo ideal, muy diferente al de Lenin, tenía que decaer rápidamente, ya vemos en los Actos de los Apóstoles el caso de Ananías y Zafira...”.

Fillion: "Por caritatem… primam hay que entender el amor más intenso y generoso de los primeros tiempos".

Charles: "El amor referido aquí es el fraternal: cfr. v. 19; Mt. XXIV, 12 y II Jn. 5-6".


5. Recuerda, pues, de dónde has caído y arrepiéntete y haz las primeras obras; si no, vengo a tí, y moveré tu candelabro de su lugar, a menos que te arrepientas.

Notas lingüísticas:

Μνημόνευε (recuerda): aquí y en Sardes (III, 3).

Μετανόησον (arrepiéntete): palabra clave que designa la reprehensión. Se encuentra en todas las Iglesias excepto en Esmirna y Filadelfia.

Οἶδα (): común a todas las Iglesias: II, 2.9.13.19; III, 1.8.15.

Mateos: "μνημόνευε οὖν πόθεν πέπτωκες[1]: recuerda, pues, de dónde caíste (y quedaste caído)".


I) Recuerda, pues, de dónde has caído
y arrepiéntete y haz las primeras obras

Castellani: "La Iglesia Apostólica surgió directamente de Cristo. El texto griego dice péptokes: "de dónde decaíste".


II) si no, vengo a tí

Vengo a ti”: cfr. AQUI.


III) moveré tu candelabro de su lugar, a menos que te arrepientas

Castellani: "Cuando una Iglesia – o una época de la Iglesia – decae y se corrompe, lo que hace Dios simplemente es retirarle su luz, con lo cual termina de pudrirse, surgiendo en otro lugar el resplandor de la fe y el fervor".

Más que una traslación local se trata de un cambio de época.

La amenaza a Éfeso prueba que esta Iglesia no había terminado cuando San Juan escribió el Apocalipsis.




[1] "El aspecto propio del perfecto se traduce en la permanencia o definitividad de un estado o situación creada por la acción instantánea puntual".

viernes, 3 de julio de 2015

Una interesante distinción en el capítulo XI del Apocalipsis y su posible aplicación en la actualidad


Elías y Enoc

Ciertamente no será ésta la primera vez que se busque en el Apocalipsis una aplicación a la avanzada tecnología actual, pero hasta donde sabemos las razones que vamos a esgrimir no se encuentran en los comentadores.

Como es conocido por todos, el capítulo XI desarrolla la prédica de los dos Testigos seguida de su muerte, resurrección y posterior asunción.

Veamos primero el texto y luego señalemos nuestras observaciones y posteriores conclusiones:

7. Y cuando hayan consumado su testimonio, la Bestia, la que sube del abismo, hará contra ellos guerra y los vencerá y los matará.
8. Y sus cadáveres (yacerán) en la plaza de la ciudad, la grande, que es llamada espiritualmente Sodoma y Egipto, donde también su Señor fue crucificado.
9. Y ven (βλέπουσιν) de entre los pueblos y tribus y lenguas y naciones sus cadáveres tres días y medio y sus cadáveres no dejan que sean puestos en un sepulcro.
10. Y los que habitan sobre la tierra se regocijan sobre ellos y se alegran y se enviarán dones unos a otros, porque estos, los dos profetas, atormentaron a los que habitan sobre la tierra.
11. Y después de los tres días y medio, un espíritu de vida de parte de Dios entró en ellos y se pusieron sobre sus pies y un gran temor cayó sobre quienes los contemplaban (θεωροῦντας).
12. Y oyeron una gran voz del cielo diciéndoles: “Subid acá”. Y subieron al cielo en la nube y los contemplaron (ἐθεώρησαν) sus enemigos.
13. Y en aquella hora se produjo un gran terremoto y la décima parte de la ciudad cayó y murieron en el terremoto siete mil nombres de hombres y los restantes quedaron despavoridos y dieron gloria al Dios del cielo.

Como puede verse, el Vidente establece una clara distinción entre dos verbos similares: ver y contemplar.

Del primero se dice que participan aquellos de entre “los pueblos y tribus y lenguas y naciones”[1], mientras que luego, en el otro caso, se usa el verbo “contemplar” (apax en el Apocalipsis).

¿Cuál puede ser la razón deste cambio de palabras cuando lo más lógico era continuar usando el mismo verbo “ver”, tan común, por otra parte, en el resto del Apocalipsis? Cfr. I, 11.12; III, 18; V, 3.4; IX, 20; XVI, 15; XVII, 8; XVIII, 9.18; XXII, 8.

Además, ¿por qué usar únicamente aquí, en todo el Apocalipsis, el verbo contemplar (θεωρεῖν)?

Todo parecería indicar que tiene que haber alguna razón para semejante cambio, y creemos que el mismo se descubre fácilmente al consultar lo que dicen los lingüistas al explicar las diferencias entre ambos verbos.

Zorell dice[2]: